Juan David García Bacca: Un filósofo de la disrupción tecnológica

[José Manuel Iglesias Granda (IFS-CSIC)]

Juan David García Bacca nace en Pamplona en 1901 y fallece en Quito 91 años después. Vivió pues una larga vida, dedicada en su totalidad a la filosofía, enseñando principalmente en diversas universidades latinoamericanas dada su condición de exiliado republicano. García Bacca desarrolla una obra ingente y, en cierta medida, poliédrica. No obstante, si hubiera que seleccionar un motivo principal de su filosofar, este sería sin duda la tecnología.

García Bacca fue un filósofo apasionado de la tecnología. Un tecnófilo. Y tuvo en su larga vida tiempo suficiente para experimentar e intuir el desarrollo presente y futuro de la misma. En ese sentido, dedicó múltiples de sus obras no sólo a reflexionar temáticamente acerca de la técnica sino a articular en torno a ella toda una filosofía. Principalmente, una ontología y una antropología. De esta manera, puede decirse que el pensamiento de García Bacca oscila en torno al eje principal de la tecnología y de su carácter disruptivo. Constituyéndose así, muy posiblemente, en el principal filósofo de la tecnología en lengua española que vivió y pensó a lo largo del siglo XX.

El acalorado optimismo con que García Bacca piensa la técnica le lleva a articular en torno a la misma no solo es un camino y un horizonte para el género humano sino una reflexión profunda acerca de su identidad y de su relación con el conjunto de la realidad. En este texto trataré de exponer la perspectiva que el filósofo exiliado dibuja con relación al fenómeno tecnológico; intentando demarcar la posible actualidad de sus posicionamientos de cara a unos tiempos que ya han sido bautizados por algunos como IV Revolución Industrial (Schwab, 2016). En esta dirección, comenzaré ofreciendo la perspectiva ontología que subyace a la filosofía de la técnica de García Bacca; centrándome en su intento de superar todo naturalismo y esencialismo, articulando una ontología de la creación y de la novedad en la cual la técnica se constituye como verdadero agente metafísico transformador de la realidad. Posteriormente, me ocuparé de la perspectiva antropológica; centrándome en su concepción del hombre como ser “transfinito” y en sus ideas acerca de la mejora y superación de lo humano; y, por último, me ocuparé de su concepción del trabajo y de la técnica como modelos últimos de actividades creadoras y disruptivas.

1.   LA TECNOLOGÍA: UNA PERSPECTIVA ONTOLÓGICA

A)  LA SUPERACIÓN DE TODO NATURALISMO

García Bacca parte de una concepción novedosa del “ser” basada fundamentalmente en sus conocimientos de física contemporánea. A sus ojos, el ser es un concepto basado en el equilibrio entre diferentes posibilidades. No existe un ser único y cerrado, sino que “ser” es mera posibilidad… realidad indeterminada e inagotable en recursos. De esta manera, la realidad y la necesidad se encuentran subordinadas a la posibilidad. Lo real es únicamente un recorte del conjunto de posibilidades que constituyen el ser; y el ser puede, de hecho, hacerse equivalente al caos como “estado de combinatoria pura”. En pocas palabras, el ser, en cuanto fundamento de todo real, es caos o barro ontológico (García Bacca 1969; 1984).

De aquí se sigue que el concepto de ente que García Bacca maneja se corresponde con “una de las múltiples posibilidades de realización del ser”. Frente a la indeterminación del ser, el ente es una estructura determinada y de concreción absoluta. No obstante, para nuestro filósofo, el ente esconde un peligro: el de agotar en su propia estructura toda la plasticidad y variedad de posibilidades que incluye el concepto de ser. Así pues, el ente se comportaría como una barrera limitadora de las posibilidades inherentes al ser. Cayendo en el esencialismo —o enfermedad entitativa— el cual equivaldría a la limitación y a la imposibilidad de creación. En resumen, el ente y sus derivados tanto en forma de naturalismo como de esencialismo ocultan la verdadera cara de la realidad en cuanto caos originario o multiplicidad inagotable de posibilidades.

Advertida la diferencia entre ser y ente, no resulta extraño que García Bacca rechace toda perspectiva filosófica que se empeñe en mantener la existencia de esencias fijas y absolutamente inmutables. La propuesta de nuestro filósofo pasará, en cambio, por la sustitución del esencialismo clásico por un proyecto que haga justicia a la concepción del ser como ámbito de posibilidades. García Bacca niega la unidireccionalidad y limitación de la esencia y al proponer la sustitución de éstas por “planes” busca confirmar que las cosas y los entes no tienen una dirección determinada, sino que pueden estructurarse según finalidad inventada. Son verdaderos materiales en bruto disponibles para la creación (García Bacca 1963; 1969).

B)   UNA ONTOLOGÍA DE LA CREACIÓN Y DE LA NOVEDAD

Esta ontología de la probabilidad conduce en García Bacca a una ontología de la creación. Si no hay formas definidas, ni límites insuperables, ni lo establecido como “natural” o “esencial” constituye la única posibilidad de lo real, el concepto creación adquiere una relevancia inédita. Unir posibilidad y creación en una perspectiva ontológica supone dar fundamento racional a la creación y mostrar cómo ésta es, de hecho, la única forma en que puede aparecer la posibilidad. En pocas palabras, el sujeto creador se convertiría en desvelador de la “realidad de verdad”, de la entraña del ser… superando la superficialidad de los entes y conectando con el núcleo de lo real: la indeterminación pura.

Transformación y creación son particulares formas de “cambio” o “trueque” que manifiestan el nivel mismo de movilidad de las diferentes posibilidades o probabilidades típicas de ser. Trocar algo en algo es una mostración de lo mucho de ser que tienen los entes. Trocar algo por algo es una operación real de desentificación de entes. Trocable en y trocable por son funciones de ser, o funciones ontológicas; y lo que cada ente tenga de trocable en o trocable por dará la medida de lo que de ser está teniendo tal ente. Así pues, la creación muestra la realidad de los entes y la estructura del ser como caos probabilístico. Crear es siempre partir de material en bruto para convertirlo en algo diferente, en encarnación de novedad e invento.

Si la creación tiene un fundamento ontológico, también lo tiene la actividad creadora y los productos de esa actividad. Un determinado tipo de trabajo que haga reales proyectos concretos, que invente fines, y que, aun sin advertirlo, transustancie un ente en otro, es un tipo especial de trabajo que supone un nuevo sujeto de indudable alcance antropológico. Pues solamente en cuanto creador y transubstanciador el hombre será realmente hombre… tomando el control de su propia vida y ajustando la misma a la estructura última del ser, más allá de las superficiales apariencias de la naturaleza o la esencia (García Bacca, 1984).

C)   LA TÉCNICA COMO VERDADERA METAFÍSICA. EL PROYECTO TRANSUBSTANCIADOR

García Bacca construye un significado peculiar para el concepto de metafísica. A sus ojos, esta constituye, a la vez, un lugar teórico y práctico para comprender y ejecutar la transformación de ser en entre, de ente en ser y de ente en ente (Izuzquiza, 1984). De esta manera, la metafísica rebasa, para García Bacca, su dimensión tradicionalmente descriptiva y se hace cargo, principalmente, de la creación. En este sentido, nuestro filósofo recoge el hilo de la Tesis XI sobre Feuerbach; según la cual la filosofía no solo debe preocuparse de entender el mundo sino de transformarlo; pero lo hace desde una perspectiva ontológica. Y es que, todo verdadero proyecto metafísico ha de conducir a que todo lo real aparezca como abierto a otras posibilidades y a que sea transformable infinitamente para que no pierda nada de su ser.

Precisamente, aquí cabe introducir un concepto clave en el pensamiento de García Bacca: el de transubstanciación. La transubstanciación es un cambio o trueque que afecta a la misma constitución del ser —y no solo a sus apariencias u objetivaciones—. La transubstanciación muestra la realidad de verdad del ser, reconoce la ausencia de límites, la no existencia de objetividades inamovibles y revela la raíz del ser en cuanto novedad y posibilidad ilimitada. Se contrapone a la mera interpretación y abre la puerta a nueva manera de estar el hombre el mundo, basada en la continua generación de novedades y en la ruptura con todo lo establecido o previamente determinado (García Bacca, 1987). El sujeto transubstanciador será un sujeto permanentemente disruptivo en base a quien se manifestará la realidad de verdad.

Ahora bien, esta concepción garcíabacciana de la metafísica difícilmente puede reducirse a la disciplina filosófica, o al menos, tal y como tradicionalmente se la ha entendido. De alguna manera, podría decirse que la metafísica implicaría a la filosofía en tanto cuanto elaboradora de unas coordenadas programáticas desde las que orientar la acción (Sevilla, 2017). No obstante, para nuestro filósofo, el papel principal del proyecto metafísico no lo jugaría ella, sino la tecnología.

La tecnología es, para nuestro filósofo, un verdadero experimento de ontología que pretende mostrar lo que tienen los entes de ser. Constituye el plan mismo de dominar la naturaleza en el sentido de anonadarla y convertirla en mera posibilidad para la creación. Pero el atentando contra lo real, propio de la técnica, no es un atentado realizado de una vez por todas, sino un enfrentamiento continuo. La técnica actúa como un agente disruptivo constante, capaz de romper continuamente con todo lo que hay y de abrir nuevos horizontes de posibilidad. En palabras de García Bacca, es un atentado, un anonadamiento continuamente potenciado, a modo de explosión continuada. Comparando nuestra técnica con la de épocas anteriores, García Bacca afirma que es técnica de explosivos… mientras que la anterior al Renacimiento lo fue de analizadores o imitadores. Nuestra técnica consiste en hacer explotar o estallar lo natural. Es convertir lo natural en explosivo, sirviéndose de lo natural mismo. Es pervertir y subvertir la materia, forma, fin y causas eficientes naturales. Mediante la explosión, lo natural queda abierto a transustanciación, al tiempo que muestra, en el límite mismo de su realidad, la composición de ser que le hace ser un ente determinado: explosionar lo natural es hacer volver el nivel de la probabilidad y posibilidad característico del ser; es ser una peculiar destrucción para encontrar, precisamente, la más auténtica estructura del ser (García Bacca, 1987).

En este preciso sentido, García Bacca afirma que “un motor de explosión es un tratado de ontología más eficaz y certero que el conjunto de ensayos ontológicos de la tradición clásica en filosofía” (García Bacca, 1987, 47-49). Además, para nuestro autor, la técnica no reconoce ningún límite definitivo y prefijado… es la mostración misma de que lo “llamado” natural y esencial es lo mudable y transmutable por excelencia, el material adecuado a cambios sin límites. La técnica moderna nos enfrenta con la misma infinitud, y por ello quien la usa y hace “se desboca técnicamente hacia la infinitud”.

2.   LA TECNOLOGÍA: UNA PERSPECTIVA ANTROPOLÓGICA

A)  EL HOMBRE COMO SER TRANSFINITO

La lectura que García Bacca lleva a cabo de la tecnología como elemento de disrupción ontológica tiene innegables consecuencias antropológicas. De hecho, la antropología de nuestro autor posee una sólida base ontológica. El concepto que García Bacca acuña para referirse al hombre es el de “transfinito”. Esto significa que el ser humano en cuanto tal es finito pero a la vez capaz de superar cualquier límite que se le oponga. Dicho de otra manera, el hombre es —para nuestro autor— la criatura llamada a luchar agónicamente contra los límites… superándolos siempre, pero encontrándose a su vez con otros nuevos continuamente. La transfinitud implica encontrar siempre nuevos límites más potentes y sutiles que sólo lo serán en cuanto puedan ser superados, esto es, sometidos a invención, transustanciación y creación.

El hecho de que el hombre sea transfinito y de que la conciencia de su transfinitud apunte hacia la negación de todo límite finito, obliga a nuestro autor a plantear un nuevo fin para el hombre. Ya no se trata de un fin determinado y fácilmente identificable, sino de un fin que encuentra íntima relación con el ser como ámbito de posibilidad que es la realidad de verdad de todo lo existente. De alguna manera, García Bacca retoma de manera novedosa un motivo constante de la historia de la filosofía occidental; el de identificar al hombre —en lo más genuino de sí mismo— con el núcleo de lo último de lo real. Ahora bien, si la tradición solía enfocarse en el logos humano y en la estructura racional del cosmos; García Bacca conecta el carácter transfinito o indefinido —de alguna manera— del hombre con una semejante comprensión del ser como barro ontológico o multiplicidad de posibilidades. Si antes el ser humano era del desvelador del logos por medio de su razón; ahora será el desvelador de la indefinición y del carácter probabilístico del ser por medio de su acción (García Bacca, 1969; 1984).

En palabras de nuestro autor, el hombre es omnímoda disponibilidad. Y esa disponibilidad radical es también fundamento para creación e invento; y no solo creación e invento de cosas sino también del mismo hombre. “Lo grande de verdad es hacerse otra cosa de lo que comenzó siendo hombre” (García Bacca, 1987).

B)   MEJORA DEL HOMBRE Y SUPERACIÓN DEL CUERPO

Con lo que conseguido hasta aquí, no ha de resultar extraño el rechazo de García Bacca hacia cualquier concepción esencialista del sujeto humano. Y sobre todo hacia aquellas que definen al hombre como algo finito y limitado y, consecuentemente, sin ningún margen de maniobra para (auto)transformarse y mejorarse. Mantener esencias es mantener la finalidad y limitar al hombre a un determinado modo de ser. Por ello, afirma, “es necesario suscitar la duda y despertar las ganas de que el hombre sea de muchas maneras” (García Bacca, 2003, 13). A sus ojos, la libertad del hombre es superior a su ser natural; lo cual lo pone a ser o a no ser; y más de una vez le lleva a perder la partida. La libertad humana, unida a los recursos y diferentes dimensiones que tiene el hombre, posibilita el suicidio evidente que supone ser de una u otra forma y resolver, en uno u otro sentido, una contradicción constitutiva. Ahora bien, es evidente que, para García Bacca, no tener esencia no puede equivaler a no tener límite alguno en la realización de posibilidades propias del hombre; pero sí supone una nueva consideración del poder ontológico humano, ya que los hombres “no somos, evidentemente, omnipotentes, pero sí potentados ontológicos” (García Bacca, 1982, 63).

García Bacca construirá una antropología positiva del hombre artificial: para ello rechaza la apariencia falsa y neutral del hombre natural. Pero conviene no olvidar que ese rechazo mostrará la realidad de verdad del ser humano. El hombre artificial es, de hecho, el nuevo tipo de sujeto antropológico que busca García Bacca y que es correspondencia misma de ser frente a ente natural. En sus propias palabras (García Bacca, 1987, 133):

“El hombre es el explosivo de sí y del mundo —el Gran Triquitraque, el Combustible del Universo, la Bomba del Ser. […] Podemos afirmar, sin desmesurada exageración, que el hombre actual —a partir del Renacimiento— no ha dejado ni deja “títere con cabeza”. Es el gran tanteador o experimentador, el El Tanteador y El Experimentador. Él sólo, y no otro ser alguno”.

En esa línea, nuestro filósofo califica la vida humana con un rasgo muy particular. A sus ojos, la vida humana en lo que tiene de superior frente a todas las demás es “amiboide”. García Bacca utiliza esta comparación porque las amebas no tienen en principio ningún órgano definitivamente establecido… de tal manera que su vitalidad queda íntegramente disponible después de cada operación y es capaz de movilizarse única y exclusivamente ante un determinado objetivo o fin. La ameba no respeta su cuerpo ni se pone límite alguno en lo que a él se refiere; lo transforma continuamente en función de las finalidades que se proponga. Por el contrario, en la humanidad esto no sucede. La vida realmente amiboide es la mental; dentro de la humanidad surgen herejes, cismáticos, innovadores, fundadores, aventureros… los modos de vivir y de pensar se transforman continuamente al igual que lo hacen las teorías y conceptos y las formas de relacionarse con el entorno. Sin embargo, el cuerpo humano parecer ser un límite infranqueable.

“Creemos aún que el estado de “salud”, ese sentirnos bien —tan bien que no nos sintamos consciente o explícitamente bien— constituye el ápice, acmé o colmo propio y natural de nuestro cuerpo viviente. La medicina se supone conservarlo o restituírnoslo; mas no superarlo” (García Bacca, 1987, 133).

García Bacca se posiciona contrario a esta situación. Es un error que el ser humano se detenga ante límite alguno; y mucho menos ante los límites impuestos por su propio cuerpo. Ha de enfocar sus esfuerzos en ir más allá de él; no sólo en mejorarlo, dotándolo de múltiples capacidades nuevas… sino incluso superándolo morfológica y fisiológicamente. A sus ojos, hemos de hacer con el cuerpo como con el alma. No tener miedo en ser herejes, en arriesgarlo, en ponerlo en peligro y en correr aventuras a su costa.

“Advirtamos, con todas las letras, que, mientras persista ese trato dual del hombre para con la salud de su cuerpo y para con la de su alma, el hombre, en total y en uno, se sentirá ser híbrido real; aventurero de alma en cuerpo de conservador; hereje de alma en cuerpo de fiel; einsteniano de alma, en newtoniano de cuerpo; riemanno de alma, euclidiano de cuerpo…” (García Bacca, 1987, 135)

En esta línea, García Bacca se considera partidario de la mejora o intervención genética del ser humano. Al igual que se transforma el genoma de animales y plantas y se obtienen resultados beneficiosos, ha de hacerse lo propio con el del género humano. No hacerlo sería recaer en una concepción naturalista de la realidad que condenaría de nuevo al ser humano a conformarse con lo dado aun teniendo medios para transformar por completo sus condiciones de vida. García Bacca va más allá y sueña incluso con que el hombre consiga hacerse genéticamente diverso de los animales… con que deje de parecerse a los monos, por haber inventado la manera de hacerse diverso de ellos. Lo genuino humano, al igual que el resto de la realidad, debe abrirse a las novedades que porta la técnica. A ojos de nuestro filósofo también ha de ser objeto de disrupción. En sus propias palabras:

“El ser natural es el estado inercial del ser, el ser técnico es su estado dinámico. El estado inercial está abierto a futuro; el dinámico, a porvenir. Más futuro y porvenir son dos maneras dimensionalmente diversas […] de apertura hacia el ‘aún no’” (García Bacca, 1987, 139).

En resumidas cuentas, el hombre no ha de limitarse a lo terapéutico sino que ha de insistir en la transformación total de su cuerpo todo… al igual que ya es capaz de transformar materia en energía, algún día será capaz de acabar con los condicionamientos biológicos de la humanidad. Para él, la técnica no tiene límites; y el fin último sería hacer del hombre una ameba en todos los sentidos, y no sólo en los mentales.

C)   EL TRABAJO HUMANO COMO CREACIÓN Y LA TÉCNICA CONTEMPORÁNEA COMO MODELO DE ACTIVIDAD CREADORA.

Una vez establecido que el sujeto humano es sujeto creador y que el conjunto de la realidad —incluido su propio cuerpo— son objetos de su actividad creadora, cabe ahondar en la actividad creadora por excelencia, a ojos de García Bacca. Esta actividad es el trabajo humano y tiene su paradigma en la técnica contemporánea. El trabajo humano es una actividad creadora que crea estructuras, según fines y valores determinados mediante proyectos; es la realización de determinados proyectos que, en distintos grados o niveles, reflejan el elemento constitutivo del hombre, su poder creador (García Bacca, 1964; 1984).

Al trabajar de modo creador, el hombre crea novedades en lo real y se crea a sí mismo como sujeto; se trata de un doble movimiento que no puede disociarse y que constituye una de las dificultades y peculiaridades del concepto de trabajo en García Bacca. El trabajo es el que hace del hombre explosivo de la realidad, motor de explosión… es la empresa por medio de la cual se constituye en gobernador o ciberneta de la realidad en cuanto explosiva en nuevos seres (García Bacca, 1963). Además, mediante su propio trabajo, el hombre puede regular su poder explosivo, planificar su poder transformador.

Todo el ámbito del trabajo humano y de sus productos es el ámbito de lo artificial, y sólo desde este nivel puede realizarse adecuadamente una antropología. El trabajo es la verdadera actividad disruptiva por medio de la cual el ser humano se pone a sí mismo y a lo real a ser o a no ser. Rompiendo con lo natural y establecido y generando un nuevo mundo de creaciones y finalidades humanas donde el hombre es el centro y gobernador de todo.

En esta línea, García Bacca encuentra en la realidad de la técnica contemporánea un claro ejemplo y realización de la actividad creadora del hombre. La técnica es la mostración de ese poder creador humano, que crea un mundo y se crea también, a sí mismo, en una continua serie de creaciones que van superándose a sí mismas. Ahora bien, no toda técnica puede cumplir esta misión. Solo un determinado tipo de sujeto puede llevar a cabo esta hazaña de la técnica, uno en quién se dé una verdadera apropiación de sí mismo y de sus creaciones. Donde no exista alienación de los bienes y donde todos los sujetos —y concretamente el sujeto social (Nos)— sean dueños de todas las finalidades inherente a la tecnología y a su actividad creadora (García Bacca, 1964).

3.   ACTUALIDAD DE LOS PLANTEAMIENTOS DE GARCÍA BACCA

Si bien la cuestión de la “disrupción tecnológica” parece ser una de las más evidentes claves interpretativas de nuestro presente, este texto busca poner encima de la mesa las reflexiones acerca de la cuestión de un pensador poco conocido pero de gran relevancia en cuanto al volumen y calidad de sus aportaciones. Vivimos un presente marcado por el crecimiento imparable de los avances tecnológicos, los cuales permean ya en casi todos los ámbitos de nuestra vida, transformando muchas de nuestras prácticas más habituales y generando, a su vez, múltiples nuevas formas de interrelación con nuestros congéneres.

Necesariamente, la filosofía está llamada a tratar de pensar y aclarar las consecuencias de todo esto que nos está sucediendo y que nos sucederá. A pensar los cambios y disrupciones que se anuncian más que evidentes… y que, necesariamente, tendrán sus ventajas y desventajas. En ese sentido, a día de hoy se hace más que nunca precisa una reflexión profunda acerca del alcance ontológico y antropológico de estos fenómenos. Y es que, sin una comprensión acerca del ser de la tecnología y de sus implicaciones en lo tocante al género humano, difícilmente podremos calibrar las consecuencias de lo que nos sucede. ¿Qué es la tecnología? ¿Quién es el ser humano? Se convierten de nuevo, ¿cuándo no lo han sido?, en dos interpelaciones cuya respuesta no podemos postergar.

García Bacca, con sus luces y sus sombras, trató de pensar hasta sus últimas consecuencias estas dos preguntas. ¿Qué es la técnica? ¿qué es la realidad? ¿qué es el hombre? Y fruto de ese esfuerzo fue capaz de articular una propuesta de pensamiento que, sin dejar de ser arriesgada, continúa estando a la altura de nuestro presente y de los debates que en él existen. García Bacca responde y se posiciona en el debate acerca de si existe o no una naturaleza humana que debamos preservar y proteger frente a la intervención científico-técnica; propone una profunda comprensión de la técnica como elemento desvelador de la entraña probabilística de la realidad y dibuja, en esa línea, un proyecto de humanismo basado en una actividad creadora que no debe detenerse ante límite alguno. Se posiciona también en lo que toca a los actuales debates acerca de la biomejora humana, pudiendo, quizá, considerarse sus tesis dignas precedentes de las de los actuales transhumanistas. Y, además, ofrece una reflexión en torno al trabajo como actividad disruptiva y a sus relaciones con la tecnología que no dejan de tener actualidad en unos momentos en los que el desarrollo tecnológico amenaza con transformar el ámbito de la actividad laboral.

Con todo, los posicionamientos de García Bacca no dejan de tener sus limitaciones y puntos flacos; resultando, en cierta medida, excesivamente optimistas o ingenuos con relación a la tecnología y a su alcance. Quizá su “fobia” a las esencias y definiciones le llevase a abandonar la necesaria tarea de delimitar la técnica o al menos de acompañar su desarrollo y aplicación con una sólida reflexión ética capaz de establecer ciertos límites que, aunque él no lo viese así, son, a mi modo de ver, ciertamente necesarios. Con todo, su propuesta no deja de ser digna de estudio como una aportación de la filosofía en lengua española a los debates contemporáneos de filosofía de la tecnología.

BIBLIOGRAFÍA

García Bacca, J.D., Metafísica natural estabilizada y problemática metafísica espontánea, México: FCE, 1963.

García Bacca, J.D., Humanismo teórico, práctico y positivo según Marx, México: FCE, 1964.

García Bacca, J.D., Antropología filosófica contemporánea, Barcelona: Anthropos, 1982.

García Bacca, J.D., Invitación a filosofar según espíritu y letra de Antonio Machado, Barcelona: Anthropos, 1984.

García Bacca, J.D., Elogio de la técnica, Barcelona: Anthropos, 1984.

García Bacca, J.D., Cursos sistemático de filosofía actual, Caracas: Alfadil Ediciones, 1991.

Izuzquiza, I., El proyecto filosófico de Juan David García Bacca, Barcelona: Anthropos, 1984.

Schwab, K., La cuarta revolución industrial, Madrid: Debate, 2016.

Sevilla, S., “La presencia de Marx en la obra de García Bacca”, en Sánchez Cuervo, A. (ed), Liberalismo y socialismo: cultura y pensamiento político en el legado del exilio de 1939”, Madrid: CSIC, 2017.

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