¿Qué es la conciencia? La emergencia de la conciencia a propósito de la obra de Paul L. Nunez

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(Por Javier Monserrat) La reciente obra del profesor americano Paul L. Nunez, titulada precisamente La nueva ciencia de la conciencia, puede servirnos de hilo conductor para replantear, una vez más, el problema “duro” de la conciencia. Nunez es inicialmente un físico que proyecta su interés sobre la neurología. Por tanto, tiene especial relevancia su forma de explorar la complejidad del cerebro, de la mente y del “yo” o sujeto personal fenomenológico. En su análisis juega siempre un papel especial la relación con el mundo físico que, incuestionablemente, debe ser entendido como el evidente “soporte físico de la conciencia”. Sin embargo, Nunez no adopta la posición simple posición de un “materialismo fisicista” (la reducción de la conciencia a un evento sólo físico, similar a los otros eventos físicos descritos en una mecánica clásica de corte newtoniano). Nunez establece que las evidencias físicas y neurológicas no solo hacen posible hipótesis materialistas, más o menos clásicas, sino que también hacen posible hipótesis, que el llama “dualistas”, que responden al reconocimiento de que, detrás de nuestra experiencia fenomenológica de la conciencia, podrían esconderse dimensiones desconocidas, que en parte podrían ser explicadas por el postulado o conjetura que se denomina RQTC (que postularía que la relatividad, la mecánica cuántica, la termodinámica, podrían formar parte del sistema causal que explica la naturaleza de la conciencia).

 

El libro de Nunez, La nueva ciencia de la conciencia (The New Science of Consciousness, Prometeus Books, New York 2016) pretende estar escrito en un lenguaje serio, pero asequible a una amplia gama de lectores. En 2010 había publicado Nunez una obra titulada Brain, Mind and the Structure of Reality, escrita de una forma más técnica y menos asequible. En la obra de 2016, que aquí comentamos, asume los resultados de 2010, los interpreta y los enmarca en las referencias más modernas. Teniendo en cuenta que es habitual hoy la referencia a la “nueva ciencia” (New Science) en física, es decir, la que supera y reinterpreta los resultados de la mecánica clásica a partir de la mecánica cuántica y la física de campos aparecida en el siglo XX, cabe interpretar que Nunez quiere también dar la versión de una “nueva ciencia” de la conciencia (new science of consciousness), fundada en la Nueva Ciencia de la física en el siglo XX.

 

EL ENFOQUE GENERAL DE PAUL L. NUNEZ

 Nunez propone una serie de preguntas científicas decisivas. ¿Cuáles son las causas de enfermedades como el Alzheimer, el autismo, la esquizofrenia? ¿En qué se diferencia la conciencia humana de la conciencia en animales inferiores? ¿Disponemos de una auténtica libre voluntad, albedrío, o somos esclavos de nuestros propios sistemas inconscientes? Los computadores conscientes, ¿son teoréticamente posibles? Pero, sobre todo, el enigma esencial: ¿cómo puede la interacción entre cientos de miles de millones de neuronas llevar a la emergencia de esa misteriosa condición psíquica que llamamos “conciencia”? Para responder hay que considerar el cerebro, sin duda, como un sistema complejo a gran escala. En el cerebro a gran escala podrían aparecer propiedades que no son detectables a pequeña escala en cada una de sus partes, y tanto más cuanto más pequeñas fueran. En estas funciones complejas podrían también estar involucrados evolutivamente los sistemas a gran escala que quedan abiertos en el medio ambiente físico y social. Queda abierta, en todo caso, la Big Question, ¿emergen las mentes de nuestros cerebros? ¿Hay algo más involucrado en la emergencia de la mente? ¿Qué es ese “algo más”? ¿Cómo puede ser descrito y, sobre todo, caracterizado “operativamente”?

El easy problem y el hard problem de la conciencia

“Desde que mi antigua dedicación pasó de la ingeniería y la física teórica a la neurociencia, mi vida profesional ha focalizado el easy problem de la conciencia, explorando las relaciones entre el cerebro y la actividad de la mente, por los llamados signos o huellas de la conciencia. Las medidas experimentales de la actividad cerebral, talles como electroencefalografía (EEG) y las imágenes de resonancia magnética funcional (fMRI), son críticamente importantes para la ciencia sobre el cerebro. En contraste, el hard problem, el cómo y por qué de la experiencia consciente, presenta un puzzle mucho más profundo. Científicos y filósofos están en disconformidad sobre la eventualidad de que el hard problem pueda ser resuelto en algún momento; algunos incluso niegan que ese problema exista. Como tanto científicos y no científicos, también yo tengo una antigua fascinación por el misterio de la conciencia, lo que motiva mi interés en algunos campos científicos interrelacionados” (9-10).

Es evidente que en Nunez se manifiesta la fascinación por el problema de la conciencia que han tenido otros muchos científicos (recordemos, recientemente, a Francis Crick). Es compresible, puesto que la conciencia es, como él mismo dice, the big question, el gran enigma. Es el enigma del cómo y del por qué de que el proceso evolutivo haya llegado a producir el hecho de que existan seres vivos con conciencia, y más en concreto de que exista la mente humana. Es relativamente fácil investigar las correlaciones entre el cerebro, el sistema neural, y la experiencia fenomenológica de la conciencia y sus funciones. Algunos piensan que la ciencia cognitiva no puede ir más allá de la investigación de estas correlaciones (así, por ejemplo, Chalmers). Pongamos un ejemplo: la correlación entre mi experiencia de la imagen visual y la activación de ciertas áreas corticales (easy problem). ¿Es la conciencia un mero producto que emerge de la activación de esas áreas cerebrales? Aparte de la activación cerebral, ¿hay alguna otra causa que produzca la emergencia de la conciencia? Pero, además, si la conciencia es un mero producto de la física del cerebro, entonces, ¿qué es el mundo físico? ¿Qué es la materia, para que de ella pueda emerger algo tan extraño al puro mundo físico? En definitiva, si la conciencia depende y es producida por el soporte físico del universo, entonces, ¿cómo debe entenderse el mundo físico para que esta emergencia sea posible? ¿Cuál es el soporte físico de la conciencia? (hard problem).

El hecho es que Nunez está fascinado por el hard problemy se interesa por él. Pero la verdad es que no se compromete en una respuesta definida. Sin embargo, sí apunta con una cierta claridad y decisión hacia el marco en el que deberá surgir la respuesta que nos lleve a hacer luz en el hard problem. Veamos lo que nos dice introductoriamente.

“¿Qué decir sobre la controvertida idea de que la mecánica cuántica subyace a la conciencia en un cierto sentido? Esta atribuida conexión ha sido discutida en muchas publicaciones, incluyendo mi libro de 2010, pero no se examina aquí (en la obra de 2016, que comentamos) en detalle. Sin embargo, perfilo el postulado conocido como RQTC, la conjetura de que la relatividad, la mecánica cuántica, y la termodinámica podrían, en alguna manera, jugar un papel esencial en el teatro de la conciencia. No ofrezco ninguna evidencia conclusiva, solamente trazos de posibles relaciones. Sin embargo, si el estudio de la conciencia nos lleva en profundidad a un estudio de la realidad más general, como yo firmemente creo, la imagen del mundo derivada de la física moderna debe ser considerada seriamente, junto con las evidencias que provienen de la ciencia sobre el cerebro” (11-12).

Nunez, por tanto, sabe que no existe todavía una teoría consolidada y con evidencias firmes para explicar el origen de la conciencia. Sin embargo, intuye que no hay otro camino explicativo que apostar heurísticamente por el postulado RQTC. En cierta manera, Nunez es una actualización de la hipótesis Von Neumann-Stapp que afirma que la resolución del problema de la conciencia debe apuntar a una hipótesis heurística (de búsqueda): que, dado el paralelismo entre las propiedades del mundo cuántico y el mundo de la conciencia, no puede hoy evitarse el supuesto de que la posible explicación del soporte físico de la conciencia deberá hallarse en los fenómenos cuánticos que son el sustrato profundo de la realidad. Como dice Nunez, si el estudio de la conciencia nos lleva en profundidad a la realidad, ese fondo profundo de la realidad física está hoy constituido por formas primigenias de materia que responden a las propiedades cuánticas. Volveremos sobre esto más adelante.

 

EL ANÁLISIS DE PAUL L. NUNEZ

Coherencia, resonancia y sincronía cerebral

Gran parte del libro de Nunez, los primeros seis capítulos, están dedicados a presentar una revisión general, en diversos campos, del easy problem, a saber, la constatación de las correlaciones entre estados neuronales y actividad psíquica, incluyendo siempre, como un fondo esencial, la conciencia.

Nunez constata que el cerebro funciona, y funda la actividad psíquica, a través del establecimiento de una compleja red de engramas, o conexiones cerebrales, que pueden ser a baja escala (pequeñas localizaciones cerebrales) y a larga escala (abarcando, en casos, hasta casi el cerebro en su conjunto). La conciencia estará relacionada (será el correlato) de redes a larga escala. Veamos cómo entiende Nunez, en síntesis, el trazado de estas redes, su coherencia, resonancia y sincronía cerebral.

“Las redes cerebrales continuamente se forman y se disuelven, creando unos patrones dinámicos siempre cambiantes que dependen de una interna y externa transferencia de información. Este proceso de transmisión debe incluir, al menos, tres propiedades: emisor, medio de transmisión y receptor. En las redes, el emisor y el receptor son normalmente los nódulos de la red, y el medio de transmisión es la conexión, el link. Los receptores pueden estar ampliamente distribuidos o ser altamente específicos; la especificidad de la conexión cerebral se realiza por los seleccionados axones de conexión, receptores químicos especiales, o fenómenos de resonancia” (234-35).

La idea ordinaria en neurología señala, en efecto, que el cerebro está organizado por patrones neurales (o engramas, mapas, circuitos…) que conectan unos nódulos con otros, quedando activados simultáneamente en tiempo real. La activación de unos patrones u otros (varios pueden ser activados en paralelo) es el fundamento neural que funda las experiencias psíquico-conscientes relacionadas (una imagen visual o auditiva, un sentimiento, una idea, concepto o pensamiento, un plan de acción…).

“Estudios experimentales sobre eventos y sus potenciales relacionados revelan los característicos patrones covariantes asociados con las tareas mentales… demostrando una rama especial de la conectividad funcional” (236).

“Coherencia es la extensión natural de la sincronía, cuando se dan sustanciales retrasos en la transferencia de la información entre nódulos y sistemas. Los EEG revelan una actividad en coherencia a gran escala asociada a la conciencia, a la que se suma la banda-gamma de baja escala que funda la sincronía en potenciales de campos locales (LEP)” (236).

“La coherencia en otras bandas de frecuencias puede ser muy pequeña (incoherente), permitiendo a otras partes del cerebro comprometerse en acciones independientes. De nuevo, los cerebros sanos parecen operar entre dos extremos, la segregación funcional total, por una parte, y, por otra, una coherencia global” (237).

El cerebro está, pues, organizado como red neuronal por medio de patrones que aúnan diversos nódulos y neuronas en una misma actividad funcional. Pero los ámbitos de coherencia (coincidencia en la misma actividad funcional, en los casos mencionados por Nunez, medida por EEG) pueden ser a baja escala, permaneciendo independientes unos de otros, pero pueden aparecer ámbitos de coherencia funcional más globales. Todo esto responde sólo a la investigación del easy problem.

Redes neurales multiescalares

“Como sucede en numerosas aplicaciones en física y en ingeniería, los modelos de los sistemas cerebrales pueden estar basados bien en redes, bien en medios continuos. Los modelos continuos asumen que el medio (la sustancia) llena el espacio que ocupa. Este enfoque como acción-de-masa, que se conoce formalmente como una clase amplia de sistemas físicos calificados como mecánica del continuo (continuum mechanics), ignora el hecho de que la materia está hecha de redes de moléculas, en que ellas mismas consisten en redes de átomos. Por ello, la materia no es, en realidad, continua; sin embargo, al tratar problemas que envuelven escalas de dimensiones que son mucho más grandes que las distancias intermoleculares, tales modelos (los continuos) son con frecuencia bastante precisos. Los cerebros, como otros sistemas complejos, pueden estar modelizados bien como redes (discontinuas), bien como medios continuos; los dos enfoques son con frecuencia compatibles. Tales modelos son aplicados para explicar diversas clases de actividad mental, así como el problema más general de la conexión neural (binding problem), o sea, el medio por el que las redes individuales actúan juntas para crear una conciencia uniforme” (271).

El problema de la continuidad y discontinuidad de la materia que constituye el cerebro es un problema clásico, aquí apuntado por Nunez. Es claro que la materia, entendida desde la mecánica clásica, es discontinua. Sin embargo, muchas experiencias psíquicas y el funcionamiento clásico global que pone en coherencia e interacción a gran escala partes globales, y distanciadas, del cerebro, parecen explicarse mejor en el supuesto del modelo de un medio continuo. Aquí se mueve Nunez siempre en el supuesto de que todo funciona según la mecánica clásica. Por ello, el supuesto de continuidad no deja de ser un supuesto que, en el fondo, estaría sin explicar clásicamente, aunque pueda postularse y usarse sólo funcionalmente. Otra cosa sería abordar la explicación por la mecánica cuántica, ya que esta permitiría entender que, en realidad, los campos unificados, continuos, de materia existen y constituyen el soporte de la experiencia psíquica de continuidad. Nos referiremos a esto.

En todo caso, para explicar la conciencia, siempre, repito, en el supuesto clásico, Nunez recurre a la hipótesis o conjetura multiescalar. La conciencia es un efecto de coherencia multiescalar que integra patrones y estructuras de zonas amplias del cerebro.

“¿Qué tiene que ver esta imagen general de una resonancia multiescalar en el cerebro con la emergencia de la conciencia? Deberemos discutir la conjetura multiescalar que postula que la emergencia de la conciencia requiere la producción de patrones en múltiples escalas. Mientras muchos admiten la existencia de alguna especial C-escala (escala de la conciencia) que codifica la conciencia, la conjetura multiescalar, en cambio, entiende que no se requiere una C-escala. En contraste, para emerger la conciencia se exige muchas escalas diferentes, operando en concierto armónico. La conjetura multiescalar puede ser interpretada de dos maneras: como modelo materialista de la conciencia único, o, como alternativa, como una introducción a interpretaciones más dualistas” (274).

Nunez se refiere a intentos repetidos de hallar en el cerebro una localización concreta y relativamente limitada, que sucedería, por tanto, en una escala definida, en la que se produciría una resonancia local que causaría la conciencia. Nunez, avalado por las evidencias aducidas en los seis primeros capítulos, considera que la conciencia debe entenderse como un fenómeno que pone en interacción diversas partes del cerebro, en zonas, por tanto, diversas y distanciadas, con patrones de diferentes escalas, que entrarían en una resonancia “clásica” global. En este sentido se hablaría de una concepción multiescalar de la conciencia. Esta resonancia, insistimos, tendría “continuidad global” sólo como un supuesto funcional (que sirve para explicar las cosas) pero que no tiene una explicación apropiada en la mecánica clásica.

Nunez, al terminar el texto citado, hace referencia a que esta concepción multiescalar es compatible tanto con una visión materialista como con interpretaciones más dualistas. Esto plantea un problema al que me referiré más adelante: su concepción de “materialismo” y, al mismo tiempo, lo que quiera decir al hablar de interpretaciones “más dualistas”.

Paradigma multiescalar de la ultra-información: el hard problem 

Nunez define desde el principio de su obra que, a partir del conocimiento sobre el easy problem, busca entrar en el oscuro hard problem. “A pesar de las severas limitaciones de nuestra reconocida ignorancia, podemos quizá hacer un poco de luz sobre el misterio. Al hacerlo exploramos ideas especulativas… sin embargo, nuestras especulaciones no parecen violar las leyes establecidas en física y en biología” (326). Nunez, por tanto, es muy moderado en cuanto al alcance de sus orientaciones para hacer luz en el hard problem.

“Nuestros mensajes principales giran en torno a la conjetura multiescalar, que propone que la conciencia está ´codificada´ en escalas múltiples, espaciales y temporales. Esto implica que la dinámica multiescalar de patrones es necesaria para que emerja la conciencia: las interacciones top-down y bottom-up en ubicaciones multiescalares (causalidad circular) son esenciales para la conciencia” (326).

“La conjetura multiescalar puede suministrar una conexión perdida (missing link) para conectar los patrones de información cerebral con un marco menos radical o, al menos, incluso con un marco conceptual no-materialista que estuviera en el fundamento del hard problem” (326-27).

“La vida ordinaria consiste en estructuras en múltiples escalas, organizadas en forma de jerarquías de nidos. Aquí focalizamos los niveles moleculares, y más pequeños, moléculas, electrones, y últimamente la escala de Plank, donde se considera que el mismo espacio-tiempo ha llegado a su fin. Los sistemas de gran escala emergen desde las interacciones a pequeña escala y despliegan nuevas propiedades que están más allá de las entidades a escalas más pequeñas. Es aceptado que las macromoléculas de las células vivientes obedecen a los principios de la mecánica cuántica. Pero esta conexión que relaciona múltiples escalas puede haber llevado a algunos científicos y filósofos a abrazar una falacia importante, a saber, que la bioquímica es simplemente física aplicada. Aunque no se conocen propiedades de las macromoléculas que violen la mecánica cuántica, este resultado no implica que los científicos puedan predecir propiedades a gran escala surgidas del nivel atómico. Más bien, la bioquímica se apoya en las propiedades emergentes de las macromoléculas, que surgen en no pequeña parte de las condiciones ambientales en que se forman las macromoléculas. Las condiciones ambientales pueden precisamente acompasarse a desconocidos principios organizativos fundamentales, quizá algunas ´propiedades informacionales´. Pero, en todo caso, la bioquímica es claramente mucho más allá que una pura física aplicada” (327).

¿Qué quiere decir Nunez cuando habla, en este texto, de una “falacia importante”? más adelante nos referimos a ello. En todo caso, vemos que Nunez, en efecto, considera que lo que sucede en el nivel microfísico de moléculas y otras entidades más pequeñas es hoy entendido por la física desde una perspectiva cuántica. De esto no cabe duda. Hoy sabemos que toda la materia en su naturaleza profunda es cuántica y responde a los principios cuánticos. El mundo clásico nace del mundo cuántico al cumplirse ciertas condiciones que hacen posible la formación de los cuerpos estables que constituyen el mundo macrofísico de nuestra experiencia clásica. ¿Tiene esto algo que ver con la “falacia importante” mencionada?

En relación con el concepto de información, propone Nunez, con relación a la conciencia, introducir un nuevo paradigma que nombra como “nuevo paradigma informacional”.

“Información tiene sentidos muy diferentes, dependiendo del contexto. La información ordinaria consiste tanto en la información accesible como en la información inaccesible, o entropía. Aquí proponemos una categoría más amplia que incluye la información ordinaria y la ultra-información. Esta categoría se define como lo que distingue una cosa de otra. El input sensorial del mundo físico envuelve varias maneras de información ordinaria: luz y sonido, además de los eventos internos fisiológicos como potenciales de acción, actividad química de conexión, procesos físicos desconocidos, y la conciencia. Así, pensamientos, emociones, auto-conciencia, memoria, y los contenidos del inconsciente son, por definición, categorías de ultra-información, bien estos procesos mentales consistan o no consistan de información ordinaria” (327-28).

Sobre la mecánica cuántica, nos dice:

“No ofrezco ninguna prueba de una conexión directa entre la mecánica cuántica y la conciencia. Sin embargo, serios efectos cuánticos producen ciertas huellas enigmáticas sobre posibles relaciones cuánticas (con la conciencia, añadido nuestro). La mecánica cuántica procede en dos estadios. El primero envuelve la matemática y la función de ondas cuántica. El segundo estadio concierne al estado actual de la investigación experimental. Incluyendo la preparación del experimento y la elección de las opciones de medida. El easy problem de la mecánica cuántica envuelve los cálculos de la función de onda, pero el hard problem, comúnmente conocido como el problema de la medida, envuelve interpretaciones ontológicas de las posibles observaciones cuánticas” (328).

Finalmente, esta conjetura informacional (la conciencia dependería de la información), unida a la conjetura multiescalar, permiten a Nunez introducir una nueva conjetura: la conjetura RQTC que afirmaría que la conciencia depende de la relatividad, la mecánica cuántica y la termodinámica. Estas tres propiedades de la materia constituyen su ontología profunda y, por tanto, cabe especular, puesto que la conciencia nace de la ontología profunda de la materia, que tendrán un efecto causal en la forma en que nace la conciencia y en su naturaleza propia.

“Las leyes físicas que gobiernan el universo son leyes informacionales. La termodinámica requiere que la información inaccesible (entropía) en sistemas cerrados debe incrementarse con el tiempo. La relatividad limita la velocidad con que la información puede ser transmitida a través del espacio. La mecánica cuántica produce información estadística sobre las observaciones experimentales, pero impone límites estrictos sobre lo que nunca podrá ser conocido. Si nosotros consideramos la conciencia como cierta clase de procesamiento de información de alto nivel, la posible existencia de cierto tipo de relación entre los mundos físico y mental aparece plausible, aunque tengamos una pobre idea, o ninguna idea en absoluto, sobre cómo esta relación pueda actuar. Esta relación atribuida (postulada) es la conjetura RQTC, aplicada a la relatividad, a la mecánica cuántica, a la termodinámica y a la conciencia, con independencia de las formas en que tal conexión se produzca” (328).

Por consiguiente, Nunez planteaba, al comenzar su obra, su intención de apuntar a la intrigante big question, el hard problem acerca de la conciencia. La débil respuesta que Nunez nos ofrece al final es muy limitada: consiste el postular (conjeturar) que la posible resolución del hard problem debe de depender de la relatividad, la mecánica cuántica y la termodinámica. Pero ¿de qué forma estas propiedades del mundo físico producen la conciencia? Nunez no lo sabe, ni cree que nadie pueda saberlo. De ahí, desde una oscuridad de fondo, queda abierta una puerta a la posibilidad de que se pudiera construir bien una respuesta materialista (que Nunez no parece mirar con simpatía), bien una respuesta alternativa que dejara la puerta abierta a posibles interpretaciones dualistas.

Pero procedamos a una valoración global de la obra de Nunez.

 

VALORACIÓN FINAL: OPCIÓN POR LA HIPÓTESIS HEURÍSTICA RQTC

Como acabamos de decir, Nunez defiende que el hard problemde la conciencia debe de poder resolverse, si es que se llega a una solución (no está claro, según Nunez, que pueda llegarse) en el marco de lo que llama la conjetura RQTC. La conciencia está producida por la ontología profunda de la materia que la ciencia atisba por la relatividad, la mecánica cuántica y la termodinámica. La imagen de la realidad que la ciencia alcanza por RQT nos habla de lo que constituye la materia en profundidad. Pero la ciencia no ha llegado al final: es sólo una aproximación que deja en penumbra todavía la naturaleza última de la ontología del mundo. Por tanto, Nunez postula, es decir, conjetura que la ontología profunda de la materia debe de explicar qué es la conciencia y cómo se produce desde su soporte físico. ¿Lo explica? Pueden atisbarse algunos perfiles, pero deja zonas inmensas de oscuridad. De ahí que esa “oscuridad”, digamos, permite también conjeturar que podría ir clarificándose en la línea de un, dice Nunez, materialismo, o en la línea de que dentro de esa oscuridad pudieran argumentarse interpretaciones o hipótesis dualistas.

Aunque no he visto que los cite, el punto de vista de Nunez coincide, como decía antes, con lo que se ha venido en llamar la hipótesis Von Neumann-Stapp sobre la relación entre la mecánica cuántica y la explicación de la conciencia. Es también una hipótesis heurística: hipótesis de búsqueda (heurística) que solo dice que todo apunta a que el problema de la conciencia deba ser resuelto por la investigación sobre la mecánica cuántica y sobre la presencia de campos cuánticos en los organismos vivientes, biológicos. No sabemos cómo, cuándo y por medio de qué mecanismos y procesos físico-biológicos se produce la emergencia de la sensibilidad y de la conciencia en el proceso evolutivo. Pero la ciencia señala una orientación científica para buscar cómo la naturaleza de la materia explica la naturaleza de la conciencia. Lo que la hipótesis Von Neumann-Stapp considera es que entre las propiedades del psiquismo (experiencia campal, libertad-indeterminación, unidad del mundo físico) y las propiedades del mundo cuántico (campalidad, indeterminación, unidad profunda del universo) existe un paralelismo. No así con la imagen mecano-clásica del universo (discontinuidad, determinismo) que hace imposible (como el mismo Nunez reconoce) la explicación del mundo de la sensibilidad-conciencia. De ahí que el hard problem, de acuerdo con los resultados de la ciencia nos coloque ante una hipótesis de búsqueda definida: profundizar en el estudio de la mecánica cuántica y de la presencia de los efectos cuánticos en el mundo biológico. La naturaleza cuántica de la materia (complementada por R y T) podría llevar a entender en qué sentido y cómo la naturaleza de la materia constituye el soporte físico de la conciencia.

Esta hipótesis de búsqueda (heurística) es científícamente legítima. Puede arguirse que esta hipótesis es oscura (Koch, discípulo de Francis Crick, dice que explicar la conciencia por la mecánica cuántica equivale a explicar un misterio por otro misterio). Pero asumir que la mecánica clásica explica la conciencia es asumir algo mucho más oscuro, puesto que todos estamos de acuerdo en que ésta no explica la conciencia. De lo que se trata es de situarse en la hipótesis más verosímil de acuerdo con la ciencia. Es lo que hace Nunez, de manera discreta, tímida, y un poco vergonzante, digámoslo, ya que parece aspirar a que le perdonen la vida por situarse en la conjetura RQTC.

La imagen del cerebro y de la conciencia

La imagen del funcionamiento cerebral que ofrece Nunez en los seis primeros capítulos es la ordinaria. Recapitulemos, y ampliemos, lo que nos dice. En el fondo de trata de exponer cosas que sabemos empíricamente y que nos mantienen todavía en la imagen de easy problem de la conciencia. Es la constatación de las correlaciones entre los mundos físico y psíquico o mental.

Una red de patrones neurales. Nunez explica la conciencia a partir de un paradigma que conocemos como paradigma de redes neurales. Precisemos algunos detalles. Admitimos hoy que cuando tenemos una sensación interna o externa se produce una trasmisión de información (impulsos neurales físicos) que concluye en la producción en tiempo real de un patrón neural (engrama, mapa, circuito…) que queda así “facilitado”. Este patrón me permite tener una sensación o una imagen en tiempo real. Por ello, además, puedo recordar después la imagen del león que vi en zoo: porque se reactiva el patrón neural que evoca en mi conciencia la imagen que se registró en un tiempo pasado. Las distintas modalidades sensoriales, internas y externas, se registran así en localizaciones cerebrales preferentes (módulos), relacionados entre sí por densas tramas de links. Cuando veo una imagen visual, por ejemplo, mi sistema sensitivo-perceptivo actúa globalmente: así, veo un paisaje, pero al mismo tiempo, en paralelo, tengo una sensación-percepción de mi cuerpo (que incluye muchas sensaciones específicas), tengo una sensación auditiva del medio ambiente (el aire, por ejemplo), siento un estado emocional, tengo en mi mente la representación vaga de quién soy, de mis planes de acción inmediatos o a medio y largo plazo, etc. La conciencia es el resultado armónico de esa red de engramas, diversas a medida que transcurre el tiempo, que se reflejan en la existencia de un sujeto-psíquico (el yo) que ha emergido también evolutivamente.

La conciencia, por tanto, en palabras de Nunez, es resultado del establecimiento de una red global de armonía de engramas que podemos llamar multiescalar. La imagen visual, por ejemplo, depende de la información del código fotónico que llega a ambas retinas. De ahí, la información fotónica transcodificada en impulsos nerviosos químico-eléctricos (de forma misteriosa para que se pueda mantener la diferenciación de los detalles de la imagen y se transmita al cerebro superior) por ambos nervios ópticos se distribuye en las zonas visuales del cerebro: colículo superior, núcleo geniculado lateral, en ambos hemisferios, y su proyección hacia las zonas visuales del córtex, preferentemente V1, V2 y V3. Al producirse la imagen (la experiencia fenomenológica de la imagen visual por el sujeto psíquico) se produce una inter-activación en tiempo real de multitud de patrones a baja escala (por ejemplo, desde el colículo superior a las zonas corticales, entrando en armonía e interacción las zonas antiguas que producían imagen en los animales inferiores con las modernas, con el cerebro cortical. La imagen supone un patrón global que abarca todo el cerebro con la activación multiescalar de otros muchísimos patrones locales. Por ello, Nunez insiste, como hemos visto, en clave mecano-clásica, en que la conciencia sucede como efecto de una activación global del cerebro, apoya en patrones de escala local.

La pura imagen visual, por tanto, no constituye la conciencia, pero está integrada en ella, tal como antes decía. Pero en el cerebro, además de los patrones que producen sensación o conciencia, hay otros muchos patrones, formados también evolutivamente, que regulan inconscientemente el funcionamiento del organismo y sus automatismos. Así, por ejemplo, el lenguaje y la motricidad están soportados por una inmensa pirámide de patrones inconscientes que los regulan automáticamente, aunque desde arriba la conciencia, el sujeto, impulsa la forma de activación de esa densa red de engramas inconscientes para decidir qué decimos o por dónde caminamos.

El fundamento ontológico-real del campo de conciencia

Sin embargo, tras esta imagen del funcionamiento cerebral en apariencia coherente se esconde un serio problema. Para entenderlo debemos atender a lo que llamamos la dimensión fenomenológica de la experiencia humana, y supuestamente animal. A lo largo de su obra Nunez no profundiza, a nuestro entender, lo que debería en presentar esta dimensión fenomenológica como un hecho real que debe ser explicado por la ciencia. Tiene solo un acto de presencia vaga e impreciso. Pues bien, entre otras cosas, el hecho fenomenológico, que la ciencia debe explicar, es la dimensión campal, holística, de la experiencia psíquica: el hombre siente su cuerpo como una unidad, como un campo de realidad continuo. Al mismo tiempo, abre los ojos, y se le presenta la imagen visual de un mundo externo que constituye igualmente un campo de realidad que se percibe.

Ya hemos visto que, como el mismo Nunez explica, la mecánica clásica ofrece una imagen discontinua de la realidad, es decir, del mundo físico. Por ello, entiende que en ocasiones las ciencias del cerebro (clásicas) pueden hacer uso del modelo de un “medio continuo” para explicar lo que sentimos, y se constata clásicamente: a saber, que en la conciencia se hayan unificados campos globales del cerebro y que, además, tenemos la experiencia fenomenológica de que la realidad es sentida como campo de realidad unitaria, aunque esto sea en distintas modalidades (propiocepción, visión, emoción, pensamiento representativo, etc.).

Este modelo continuo es una recurrencia funcional que se justifica porque, al fin y al cabo, existe una oscuridad profunda sobre la forma en que el paradigma RQTC produce conciencia. Esta oscuridad es la que permite hacer una hipótesis materialista, recurrir a la hipótesis funcional del medio continuo, pero también deja abierta la posibilidad de interpretaciones, como dice Nunez, de naturaleza dualista. Es decir, en el fondo, no sabemos cómo se produce la conciencia y sería posible recurrir a causas diversas del mundo físico. Sería lo que Nunez vagamente llama explicaciones dualistas.

En este contexto, debemos recordar que Nunez se mueve estrictamente dentro de lo que hemos llamado la hipótesis Von Neumann-Stapp, puramente heurística. Sin embargo, no ofrece ninguna hipótesis sobre las posibles propuestas para explicar de qué manera la naturaleza del mundo físico que hace posible lo que la hipótesis Von Neumann-Stapp postula. En este sentido Nunez ignora completamente, y no las valora, las propuestas existentes para explicar cómo (yendo más allá de Von Neumann-Stapp) la mecánica cuántica produce la conciencia, y, en concreto, la experiencia campal, holística de la conciencia. Estamos mencionando, por ejemplo, la hipótesis Hameroff-Penrose, basada en propiedades cuánticas como la coherencia cuántica, la superposición cuántica, la indeterminación cuántica y la acción a distancia o efectos EPR. Nos hemos referido ampliamente a estas cuestiones en otros escritos. Todo esto no es discutido por Nunez y se mantiene simplemente en postular la hipótesis RQTC, como hemos visto.

Sin embargo, si estas hipótesis fueran correctas, y describieran lo que sucede en la ontología profunda de los seres vivos y de sus sistemas nerviosos, entonces, para algunos, aspectos esenciales de la experiencia fenomenológica de la conciencia, podrían comenzar a explicarse de forma suficientemente convincente. Así, la experiencia campal, holística, que caracteriza lo que los seres vivos sientan podría explicarse porque los organismos producen campos reales de coherencia cuántica que serían el “soporte físico” de la experiencia fenomenológica real. Igualmente, los estados de superposición cuántica dados en las redes de patrones neurales podrían ser el camino para comenzar a explicar por qué los organismos no son sistemas cerrados y deterministas (clásicos), sino que, bajo el impulso del sujeto psíquico, pueden activar unos sistemas u otros en un marco de indeterminación, o libertad en el caso humano.

La oscuridad de la conjetura RQTC

La oscuridad que deja abierta la ciencia física permite especular con dos posibles hipótesis que explicaran la naturaleza de la conciencia a partir de su ontología profunda. Una hipótesis es calificada por Nunez como “materialista”. La otra como “interpretaciones dualistas”, que son también posibles ya que dentro de la oscuridad final de la ontología del mundo (y de la conciencia) pudiera haber factores distintos al mundo físico ordinario, y en este sentido se establecería un dualismo: el mundo físico que describe la ciencia y “lo otro”, es decir, un dualismo.

Por esto precisamente “parece molestar” a Nunez que la mecánica cuántica pudiera utilizarse para ofrecer una visión del mundo físico y de la conciencia que eliminara las dificultades de explicación, redujera la “oscuridad” y reforzara la posición materialista.

Veamos lo que nos dice Nunez (en un texto antes citado que repetimos aquí):

“Es aceptado que las macromoléculas de las células vivientes obedecen a los principios de la mecánica cuántica. Pero esta conexión que relaciona múltiples escalas puede haber llevado a algunos científicos y filósofos a abrazar una falacia importante, a saber, que la bioquímica es simplemente física aplicada”. La mecánica cuántica, en efecto, si se aplica, supongamos con éxito, a explicar el soporte físico de la conciencia, nos mostraría un universo monista donde la oscuridad sobre su ontología profunda podría ir reduciéndose. Reduciéndose hasta el punto de que cada vez habría menor margen de oscuridad en el que especular con posibles hipótesis “dualistas”.

Expongo mi opinión, argumentada ya en otros escritos. Entiendo que los términos “materialismo” y “dualismo” son hoy un poco anticuados, por no decir arcaicos. La ciencia ofrece una visión unitaria y monista del universo, donde todo ha sido producido evolutivamente desde un mismo tipo de “materia”, o realidad primordial, que, como sabemos responde a los principios que han sido descubiertos por la mecánica cuántica. Todo el universo es cuántico. Por tanto, es muy difícil no ser monista. El materialismo clásico tendría una concepción de la materia solo mecano clásica, mecanicista y determinista, en el fondo un universo cerrado y robótico. El monismo moderno tiene la idea de que la materia es en el fondo cuántica y el mundo clásico, rígido y estable, se explica desde la materia cuántica, al cumplirse ciertas condiciones.

Nunez tiene una idea de materialismo clásico, determinista, pero ignora que el estilo del “materialismo antiguo” (clásico, determinista) se ha convertido actualmente en un monismo abierto, cuántico en su profundidad, que deja abierta la posibilidad de argumentar la experiencia psíquica de campos. el humanismo de la libertad y permite otras vías para argumentar lo trascendente, sin necesidad de recurrir a los dualismos clásicos.

Oscuridad, interpretaciones dualistas, religión

El último párrafo de la obra de Nunez es significativo:

“Los escépticos pueden suponer que los que proponen el dualismo o la conjetura RQTC están intentando defender puntos de vista religiosos poco ajustados. Algunos pueden temer el abrir una puerta trasera que permita a la religión deslizarse hacia dentro y pervertir los argumentos lógicos. Los escépticos apuntan argumentos válidos; sin embargo, la justificación para mi especulación es esta. Si los estudios de la conciencia están en el marco legítimo de la investigación científica, RQTC debe ser seriamente considerada, aunque solo sea porque la física clásica no puede en efecto abordar la explicación de la conciencia. Terminamos este libro con la idea envolvente, altamente especulativa, de que una cierta ultra-información desconocida está actuando top-down sobre nuestros cerebros, de tal manera que actúan como antenas interactuando con el mundo exterior. No aportamos ninguna evidencia para esta idea “loca”; solo podemos decir que esta, o alguna similar, imagen dualista es teoréticamente posible” (329).

El pensamiento de Nunez se mueve tímidamente y con inseguridad en el marco moderno de la epistemología, la filosofía y la moderna teoría de la mente. Cree que la ciencia es materialista al estilo antiguo, pero en realidad ya no lo es. Cree que lo que se opone ese materialismo solo tiene la alternativa de los dualismos, cuando hoy, admitiendo el monismo general del universo, se han abierto otras vías para mostrar el enigma del universo y la apertura metafísica a lo último, y en su lugar a lo religioso, es posible por otras vías. En otras palabras: el humanismo y lo religioso no dependen hoy de presentar una imagen dualista de la realidad.

 

Javier Monserrat, Universidad Autónoma de Madrid, Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión, Universidad Pontificia Comillas, Madrid.

 

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