Razón, ciencias y fe desde J. Habermas

[Dr. Agustín Ortega Cabrera]

El considerado como filósofo y pensador actual más significativo, J. Habermas, acaba de fallecer, por lo que vamos a exponer el legado y temáticas o cuestiones que el autor alemán nos deja en herencia. En una de sus más recientes publicaciones, una monumental historia de la filosofía, Habermas muestra como nuestra razón moderna e ilustrada se ha nutrido de las claves u horizontes de la fe religiosa y cristiana-católica, que ha traducido a categorías o lenguaje conceptual, científico y filosófico. En esta línea, va de la mano con los fundadores y clásicos de las ciencias sociales, que han mostrado esta interrelación inseparable e imprescindible entre la vida sociocultural y la experiencia religiosa.

Habermas, ya desde el inicio de su trayectoria y progresivamente, ha ido tratando el fenómeno religioso acogiendo todo este potencial y caudal de la fe que inspira o sostiene la razón, la filosofía, la cultura y la ciencia. En este sentido, en su diálogo con la teología y algún colega teólogo, se ha transmitido la relevancia de la religión para una memoria y ética solidaria en la justicia con las víctimas, lo cual puede profundizar el pensamiento habermasiano.

Efectivamente, continuando con la escuela de la “Teoría crítica” en la que se inserta como miembro de su segunda generación, la filosofía y ciencia social de Habermas comprende las asimetrías y patologías de la totalidad (sistema) social, con su racionalidad predominante científico-técnica, mercantilista y burocrática. Estas patologías del poder económicos y político con su razón utilitarista e instrumental, que impone la dominación, ha colonizado el mundo de la vida, a la razón y comunidad ética, comunicativa y solidaria con sus valores e ideales, que es la que tendría que gestionar a los mercados y estados. Y, de esta forma, ir logrando una democracia más real, participativa y deliberativa con esta filosofía y ética del discurso, comunicativa y dialógica, ejercida por esta esfera solidaria del mundo de la vida o sociedad civil.

Unas sociedades, pues, más democráticas y morales que orienten a estos sistemas sociales de la economía (mercado) y de los gobiernos (estados), para dar respuestas a las necesidades, aspiraciones vitales, a la verdad, justicia y bien común de todas estas comunidades `éticas, comunicativas y solidarias. Se puede observar, desde esta teoría crítica con Habermas, que es esencial al mismo tiempo comprender y renovar integralmente tanto las estructuras-sistemas sociales como al ser humano con su razón y conciencia moral, sus pasiones y afectos, sus comunidades…., como nos muestra lo más valioso del pensamiento y las ciencias. Hay que realzar así esta memoria solidaria de la com-pasión y la justicia ante el sufrimiento e injusticia que padecen los otros, las víctimas y oprimidos.

En esta senda, hay que clarificar las pretensiones e intereses del conocimiento, sus fines y medios, los tipos de razón que conforman nuestra epistemología científica y filosófica o ética, orientándolos por los valores e ideales morales que nos liberen de estas patologías de la razón y de poder. Asimismo, la distinción o demarcación de la finalidad y racionalidad de las ciencias con sus objetos de estudios como son las naturales para conocer lo real, las hermenéuticas-interpretativas como la historia e incluyendo la misma filosofía, que tratan de comprender o valorar el mundo con su realidad histórica. Las ciencias sociales o humanas, como es la psicología, que pretenden la emancipación y liberación integral del ser humano.

Claro que para todo esto, como Habermas ha ido poniendo de relieve, es vital e ineludible la fe con sus manantiales de razón e inteligencia ética, social, emocional y espiritual: que nutren la promoción de la vida y dignidad de la persona, contra la cultura de la muerte, apuntando en esta dirección a la importancia de la reflexión bioética; que reconocen la naturaleza humana y digna de cada persona, para no caer en las manipulaciones ideológicas y mediáticas del poder con sus patologías.

Por este camino, se irá logrando un verdadero desarrollo moral, social y liberador guiados por estos valores e ideales universales de la solidaridad, de la justicia, la paz, la verdad, la vida, la dignidad y el bien común. Y es que, como se explicitó en el célebre dialogo entre Habermas con el entonces J. Card. Ratzinger, futuro Benedicto XVI, las sociedades políticas con sus democracias y estados de derecho requieren de esta base ética con sus fuentes religiosas, de una razón moral e inteligencia espiritual con dichos valores e ideales. De lo contrario, se impone la barbarie, los fundamentalismos, los terrorismos y totalitarismos de todo tipo, el mal, la muerte y la injusticia.

He aquí por tanto, en este legado y diálogo desde (con) Habermas junto a la teoría crítica, que permanece abierto el horizonte metafísico, la búsqueda de sentido, la teología de la trascendencia y la esperanza. Ese anhelo de lo totalmente Otro, del mismo Dios de la vida, que nos regala la redención, la salvación liberadora, integral y escatológica con el triunfo de la verdad, del bien, de la justicia, la belleza y de la vida plena-eterna sobre el mal, el sufrimiento, la muerte y toda injusticia.

*Agustín Ortega Cabrera PhD es colaborador de Fronteras CTR, profesor en la Universidad Católica de Chimbote (Perú) e investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México).