Fe profética y razón crítica frente a los imperialismos: en memoria de Francisco

Introducción

[Agustín Ortega] En este tiempo, estamos celebrando el aniversario del querido Francisco y,  con este artículo, seguimos haciendo memoria de su legado, de su vida, enseñanza y testimonio; especialmente, vamos a remarcar cuestiones de la historia del pensamiento y de la doctrina social (DSI), moral y antropológica inspiradas en la fe e iglesia. Como asimismo está continuando esta herencia de Francisco el actual Papa León XIV. siendo testigo de esta fe y a través de su magisterio, por ejemplo, con su significativa e imprescindible Dilexi te (DT).

Las mismas ciencias sociales o humanas, como es la psicología, nos indican que la verdadera espiritualidad y mística van unida inseparablemente a la misión-acción profética; con el anuncio y servicio de la fe, con la denuncia y crítica a los poderes e imperialismos opresores junto a sus idolatrías de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia que van en contra de esta fe. Es la unión inseparable entre espiritualidad y moral con su misericordia, fe y amor unidos siempre al compromiso por la justicia con los pobres de la tierra. No se pueden disociar la mística, con “ojos abiertos” y su compasión, de la propia política en su sentido ético de promover el bien común más universal, la civilización del amor. Tal como nos transmite Francisco en continuidad con sus predecesores (cf. LS 228-232, FT 176-179, ), es la constitutiva dimensión social y pública de la fe, de la vida teologal, la caridad política. La caridad junto a la misericordia, Dios mismo y esencia de la fe con su moral, se expresa así ineludiblemente en este amor civil, más universal e inteligente que reclama unas  relaciones, estructuras e instituciones sociales más pacificas, más solidarias y justas.

La  realidad histórica y teológica, como nos muestra la Palabra de Dios con la Tradición de la iglesia junto a su magisterio, apuntan a una verdad clara y diáfana. Esto es, como se revela en el Antiguo (Primer) y Nuevo Testamento, el pueblo de Dios con su verdadera profecía ha sido constantemente atacado, perseguido y hasta martirizado por los imperios, por estos imperialismos dominadores. El mismo Dios revelado y encarnado en Jesucristo, entraña de toda esta realidad, padeció dichos ataques, persecuciones y muerte martirial hasta ser crucificado por los poderes e imperialismos que dominaban. Como el romano o el judío (los grupos romanos e israelitas más enriquecidos y poderosos) con sus instituciones de gobierno, del emperador, del sanedrín, del templo… que crucifican a Jesús por su amor, por su entrega al Reino de Dios Padre y su justicia que trae la salvación liberadora e integral del mal, del pecado, de toda muerte e injusticia.

La actualidad de la Tradición y patrística en la época antigua

De esta forma, como el mismo Evangelio de Jesús nos transmite, desde sus mismos orígenes sus seguidores, con su fe e iglesia profética, han padecido el mismo destino de agresiones, persecuciones e incluida la muerte martirial por parte de los citados poderes e imperialismos: los mismos apóstoles e iglesia apostólica; y continuando por los santos padres, los primeros santos, religiosos, teólogos, filósofos, obispos u otros ministerios. Esa época gloriosa de la fe que fue la patrística, corazón e hito de la Tradición de la iglesia, con su enseñanza teológica-social y moral visibilizan ejemplarmente la Palabra de Dios, a los profetas y el seguimiento de Jesús pobre, humilde y crucificado (cf. DT 39-48).

Francisco ha valorado y transmitido el legado de estos santos padres desde el inicio de su magisterio (EG), como es un san Juan Crisóstomo, al que valora como “un sabio de la antigüedad”, para mostrar su enseñanza social a “los expertos financieros y a los gobernantes de los países: «no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos»” (EG 57). Esta enseñanza del Crisóstomo, al que asimismo León XIV considera un modelo y predicador “ardiente de la justicia social”, Francisco la vuelve a citar en su segunda encíclica social, para tratar la inherente dimensión social de la propiedad. Igualmente para ello, se refiere a “san Gregorio Magno: «cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo»” (FT 119).

Y, como afirma san Agustín junto a los otros santos padres explicando la Sagrada Escritura, «hazte amigos con las riquezas injustas (Lc 14, 9). Las riquezas son injustas o porque las adquiriste injustamente, o porque ellas mismas son injusticia, por cuanto tú tienes y otro no tiene, tú abundas y otro vive en la miseria. En cualquier caso, hazte amigos con estas riquezas inicuas …Los demás bienes, los que te son superfluos a ti, son necesarios a otros. Los bienes superfluos de los ricos son necesarios a los pobres. Y siempre que poseas algo superfluo, posees lo ajeno” (In Psalmos 48, 147). Siguiendo el Evangelio de Jesús, desde su inicio la enseñanza social y moral de la fe con los santos padres, pues, deja claro estos males e injusticias, el pecado del robo e idolatría de la riqueza-ser rico, de la codicia y del tener.

Como se puede observar, esta patrología social es la base de  la DSI, de sus valores y principios claves como es el destino universal de los bienes, con su prioridad sobre la propiedad, que por ello siempre tiene un inherente sentido solidario y social. Así lo transmite Francisco (LS 93, FT 120) en continuidad con los anteriores papas y su DSI. Efectivamente, como sigue enseñándonos dicha patrología con León XIV, el mismo maestro de san Agustín, san Ambrosio, remarca esta “exigencia ética de compartir los bienes: «lo que das al pobre no es tuyo, es suyo. Porque te has apropiado de lo que fue dado para uso común». Para el obispo de Milán, la limosna es justicia restaurada, no un gesto paternalista. En sus sermones, la misericordia adquiere un carácter profético: denuncia las estructuras de acumulación y reafirma la comunión como vocación eclesial….En resumen, se puede afirmar que la teología patrística fue práctica, apuntando a una Iglesia pobre y para los pobres ” (DT 43, 48).

Una teología profética alimentada por la espiritualidad y mística que critica, cuestiona y denuncia la raíz perversa del imperialismo, como fue el romano con su mismo derecho y actualmente lo es el neoliberalismo con el capitalismo dominante, su  propietarismo individualista e insolidario. Tal como se ha estudiado, su idolatría del dinero, de la riqueza-ser rico y la propiedad privada. Y es que, continuando la DSI con los papas como san Pablo VI (PP 23) o san Juan Pablo II (LE 14), Francisco recuerda que toda esta Tradición patrística y de la iglesia “nunca reconoció como absoluto o intocable el derecho a la propiedad privada, subrayó la función social de cualquier forma de propiedad privada», que está subordinado al derecho natural o primario del destino universal de los bienes” (FT 120). Estos imperialismos, como el romano u hoy el capitalista o el comunista colectivista (colectivismo), siempre han querido mantener estos privilegios e intereses de la riqueza y de la propiedad mediante el poder militar, con la fuerza, la violencia y la guerra. Y, como estamos viendo, han perpetrado toda esta persecución y martirio, comenzando por Jesús y sus apóstoles hasta llegar a nuestra época con testimonios como el querido san Oscar Mons. Romero, al que tanto veneran Francisco y León XIV (DT 88).

Pues bien, desde el Evangelio de la paz y no violencia con el perdón que nos trae Jesús, en estos orígenes de la fe con los santos padres como el mismo San Agustín: la “gloria de Dios es dar muerte a la guerra con la palabra, y alcanzar y conseguir la paz con la paz y no con la guerra”; así lo recuerda Francisco que rechaza toda guerra, ya no hay “guerra justa” (FT 258), promoviendo el desarme mundial, los medios pacíficos como defensa y solución a los conflictos bélicos en la línea de dicha DSI con Pío XII, san Juan XXIII (PT 113-139), el Vaticano II (GS 80-82) o san Juan Pablo II (C 52, EV 27).

La referencia clave de san Francisco de Asís y los mendicantes en la edad media

Como es sabido, Francisco ha puesto singularmente como modelo de toda este fe profética, con su significado social y ético, al santo de Asís. San Francisco es todo un paradigma de espiritualidad, de mística y profecía, de seguimiento del Dios encarnado en Jesús humilde y pobre-crucificado. El santo italiano es un pionero profético de la fraternidad solidaria, de la pobreza espiritual (evangélica), de la paz, la no violencia y una ecología integral (LS 10-12, FT 1-4). Frente al imperialismo y ostentación feudal de su época con su ansia e ídolos del lujo, del lucro, de la riqueza-ser rico, del poder, de las guerras y violencias. San Francisco de Asís junto al movimiento mendicante, como remarca León XIV, es signo profético de esta iglesia humilde y pobre con los pobres, en ese amor compasivo, misericordioso y solidario con los últimos (cf. DT 63-67).

Los movimientos y ordenes mendicantes, con san Francisco o santo Domingo de Guzmán, “representaron una revolución evangélica, en la que el estilo de vida sencillo y pobre se convierte en un signo profético para la misión, reviviendo la experiencia de la primera comunidad cristiana (cf. Hch 4,32). El testimonio de los mendicantes desafiaba tanto la opulencia como la frialdad de la sociedad urbana” (DT 63). De ellos surgen los maestros como san Buenaventura y otro doctor de la iglesia por excelencia, Santo Tomás de Aquino que es una referencia clave en el magisterio de Francisco, transmitiéndonos y profundizando con su vida, obra y testimonio: todo este legado de sabiduría profética, de ciencias, de filosofía, de teología, de moral y base para la DSI.

La DSI en la edad moderna y contemporánea

Y es que, como muestra Francisco o León XIV en DT, en la historia de la fe e iglesia, los santos u otros testimonios son los ejemplos de esta sabiduría espiritual, de acogida fraterna y solidaridad; son pioneros proféticos de la DSI, de los derechos humanos y sociales, de la justicia social e internacional con los pobres de la tierra. Más allá de fronteras o barreras, testigos de la protección y defensa de los otros, de los supuestos “extranjeros”, de los hermanos migrantes, los refugiados u otros grupos empobrecidos. En esta dirección, son símbolos proféticos de dialogo y encuentro intercultural e inter-religioso, en contra de la xenofobia, del racismo, de los populismos, de los nacionalismos excluyentes, los totalitarismos, fascismos u otros imperialismos actuales. En estas cuestiones ha insistido Francisco, por ejemplo en FT junto a la fe e iglesia, ya con Pío XI o Pío XII y sus encíclicas proféticas, Mit brennender sorge contra el nazismo alemán, Non abbiamo bisogno que rechaza el fascismo italiano y su oposición a las guerras, como fueron las dos mundiales, al igual que Benedicto XV con su transmisión de la paz.

En este sentido, es estudiado y sabido como el Concilio Vaticano II con san Pablo VI fue un acontecimiento profético ante estos fascismos o dictaduras, como la vivida en nuestro país con ese experimento nefasto del “nacional-catolicismo”. Ello debido a esta enseñanza conciliar que afirma la libertad religiosa, la distinción entre la misión de la iglesia con su autoridad propia y los gobiernos u otras autoridades gubernamentales de los naciones o estados, la justicia social, la paz y la no violencia, etc. Lo cual ya se anticipa con lo más valioso del movimiento obrero y apostólico, como la JOC o a la HOAC en España con sus fundadores como E. Merino o G. Rovirosa, otros pioneros proféticos de todo este magisterio conciliar y social, de la opción por los pobres frente a estas dictaduras e imperialismos. A este respecto, ello va unido asimismo a la profecía de dicha DSI desde León XIII con su RN, singularmente con san Juan Pablo II en LE y hasta llegar a Francisco o León XIV, que afrontan esta cuestión central social u obrera. Esto es, la promoción del trabajo decente, defendiendo la dignidad de la persona trabajadora con sus derechos como es un salario justo, que está antes que el capital, que el beneficio, la ganancia… (FT 162). Este trabajo humano y digno, que forma parte esencial de la ecología integral como recalca Francisco (LS 124-129).

De esta forma, junto a toda esta DSI con esa referencia clave de EV (San Juan Pablo II), Francisco realiza esta crítica profética a estos populismos, imperialismos, totalitarismos e ideologizaciones. ya sean liberales, capitalistas, colectivistas (FT 163-165), tecnocráticas, transhumanistas, u otras colonizaciones ideológicas en clave antropológica. Frente a ellas, prosiguiendo dicha DSI y su ecología integral con una bioética integral, Francisco en LS o en FT promueve la vida en todas sus fases (desde el inicio con la concepción hasta la muerte natural) y dimensiones o aspectos, el matrimonio-familia con el amor fiel y fecundo de un hombre con una mujer e hijos para el bien común, como resalta asimismo en AL; acoge el grito de los pobres y el clamor de la hermana tierra, promoviendo la justicia socio-ambiental. Una ecología mental, social, ambiental y espiritual donde todo está relacionado con su dinamismo trascendente, en comunión desde el Dios Uno y Trino.

Dicha DSI con Francisco desde EG se opone así a la cultura de la muerte, del descarte y la globalización de la indiferencia, con esta economía que mata y usurera. Ese terrorismo económico-financiero y especulativo, que mercantiliza hasta lo más básico como son los alimentos, y el libre mercado como falso dios-devorador de la regulación ética y política-, causantes de la inequidad mundial que es la raíz de los problemas sociales.

Conclusiones

Así, como se puede comprobar en lo anteriormente expuesto, la fe e iglesia con los Papas como Francisco impulsan el dialogo y encuentro de la fe con la razón, con las ciencias, la cultura, las humanidades y las artes. Se muestra así una fe razonable, humanizadora, ilustrada, crítica y liberadora que, como podemos observar en todo este pensamiento y DSI-moral presentada con Francisco, sintoniza con lo más valioso de la ciencia, de la filosofía u otros horizontes interdisciplinares. Se comprenderá, por tanto, que al ejercer todo este magisterio y testimonio profético, los papas referidos como Francisco hayan sido calumniados, atacados y perseguidos por tantos poderes e ideologìzaciones de todo tipo, al igual que está sucediendo actualmente con León XIV, a manos de los imperialismos dominantes.

Para terminar en esta línea de la verdad profética de la fe e iglesia con los papas unidos al ministerio petrino de Francisco, al mismo tiempo que se reafirma el rechazo a todo totalitarismo e imperialismo y fundamentalismo, se deja claro asimismo que “el relativismo no es la solución. Envuelto detrás de una supuesta tolerancia, termina facilitando que los valores morales sean interpretados por los poderosos según las conveniencias del momento. Si en definitiva «no hay verdades objetivas ni principios sólidos, fuera de la satisfacción de los propios proyectos y de las necesidades inmediatas […] no podemos pensar que los proyectos políticos o la fuerza de la ley serán suficientes. […] Cuando es la cultura la que se corrompe y ya no se reconoce alguna verdad objetiva o unos principios universalmente válidos, las leyes sólo se entenderán como imposiciones arbitrarias y como obstáculos a evitar» (Laudato si’ 123)Para que una sociedad tenga futuro es necesario que haya asumido un sentido respeto hacia la verdad de la dignidad humana, a la que nos sometemos. Entonces no se evitará matar a alguien sólo para evitar el escarnio social y el peso de la ley, sino por convicción. Es una verdad irrenunciable que reconocemos con la razón y aceptamos con la conciencia. Una sociedad es noble y respetable también por su cultivo de la búsqueda de la verdad y por su apego a las verdades más fundamentales.” (FT 206-297).

*Agustín Ortega Cabrera PhD es colaborador de Fronteras CTR, profesor en la Universidad Católica de Chimbote (Perú) e investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México).