M(p)aternidad, una conversación pendiente

[Marta Medina Balguerías] Era necesario no reducir la identidad femenina a la maternidad. Sin embargo, esta sigue siendo fundamental para muchas mujeres y para la sociedad, que no sobreviviría sin ella. La natalidad ha alcanzado un mínimo histórico en España, circunstancia que nos trae muchas preguntas, entre ellas qué factores han empujado a que cada vez tengamos menos hijos. Quizá nos falta una conversación abierta, seria, profunda y empática sobre qué es la m(p)aternidad: sus condiciones de posibilidad, su vivencia concreta y los dilemas éticos que trae consigo, por nombrar algunas de las aristas de este diálogo.

Dos miradas personales y críticas a la realidad materna

Mi reflexión hoy parte de los libros de dos madres: Lucy Jones y Olivia Maurel. Son dos obras muy diferentes que no persiguen el mismo objetivo, pero que llaman la atención sobre aspectos de la maternidad que no podemos dejar de lado y que invitan a reflexionar y dialogar, porque tienen una incidencia muy importante en los hijos, en las madres y en el conjunto de la sociedad.

¿Dónde estás, mamá? (2025) es el libro de Olivia Maurel, que fue escrito originalmente en francés y ha sido traducido al castellano en la editorial Mensajero. El subtítulo de la obra resume, en parte, su carácter: “El conmovedor testimonio de una mujer nacida por gestación subrogada”. Y, sin embargo, no se trata de un libro solamente testimonial. Maurel profundiza en las razones de diversa índole que, a su juicio, llevan a rechazar la práctica de la gestación subrogada (GS), como una práctica que no respeta los derechos ni de los hijos, ni de las madres. Es un texto valiente, íntimo a la par que serio, y que da que pensar.

Por su parte, Lucy Jones escribe Matrescencia. La metamorfosis del embarazo, el parto y la maternidad (originalmente en inglés en 2023; la traducción española es de 2026 en Planeta). También se trata de un libro testimonial y crítico: lo primero, porque la autora acude a su propia experiencia y a la de otras mujeres que conoce; lo segundo, porque no se ha limitado a contar su historia, sino que ha reflexionado, leído y estudiado sobre los diversos aspectos que trata en su ensayo. Diría lo mismo que del libro de Maurel: es valiente, es íntimo, es serio y da que pensar.

Lo que la maternidad supone para las madres

Para mí leer Matrescencia ha supuesto poner nombre a algunas experiencias que he vivido yo misma y a experiencias que he visto en otras madres que me rodean. La palabra que da título al libro hace referencia a la transformación tan fuerte que sufre una mujer cuando se hace madre y cuyos cambios no son solo físicos y visibles, sino también neuronales, hormonales, emocionales y existenciales. El embarazo, el parto y la maternidad suponen una verdadera metamorfosis, parangonable a la que sucede en la adolescencia. Jones se pregunta cómo es posible que este periodo de la vida en el que pasamos de niños a adultos está tan estudiado, y sin embargo la transformación que experimentamos las madres lo ha sido tan poco.

La gestación trae consigo muchos cambios que afectan al día a día de las mujeres embarazadas. Desde las náuseas (que, como señala Jones, no siempre se dan solo al principio, sino que pueden durar todo el embarazo) hasta los dolores de diverso tipo, pasando por el cansancio que supone estar creando una nueva vida permanentemente, son muchas las cosas que suceden en el cuerpo femenino y que a menudo no han sido suficientemente tenidas en cuenta. Y, cuando el bebé ya ha nacido, no se terminan los cambios. Viene el periodo posparto y la lactancia, también un reto para muchas madres.

El cambio, como decíamos, no es solo físico. A nivel psicológico y existencial la persona que se convierte en madre se expone a fenómenos como la ambivalencia materna (ese querer tu espacio personal legítimo y, al mismo tiempo, no concebir ser capaz de separarte de tu criatura), la sensación de soledad y aislamiento o la complejidad de conciliar el trabajo con la vida familiar.

Es justo reconocer que las páginas de Jones no se pueden aplicar directamente a todas las madres. Aun habiendo aspectos compartidos o comunes, hay otros que varían. En mi opinión, una de las cosas más diferenciales es la interpretación que damos a esa experiencia o la carga emocional que tiene en nuestra vida. Lucy Jones narra lo que ella vivió en un contexto social y personal determinado, y que puede no ser el nuestro. Sin embargo, ha sido capaz de radiografiar tendencias que son muy compartidas y donde muchas nos vemos reconocidas.

Lo que la maternidad supone para los hijos

Si bien Matrescencia se centra, sobre todo, en lo que la maternidad supone para las madres, ¿Dónde estás, mamá? parece poner más el foco en los hijos, aunque sin olvidar a las madres. Olivia Maurel narra el gran impacto que ha tenido en ella el miedo al abandono ocasionado por haber nacido a través de una GS y las grandes dificultades personales que ha atravesado por ello. No obstante, no se queda en contar su testimonio, sino que profundiza éticamente en el tema.

En su opinión, el derecho a tener un hijo no puede estar por encima de los derechos de ese hijo como persona. Que la GS suponga un contrato da a entender que se está considerando a las personas como objetos de compraventa, algo que nunca es lícito. Pese a que, como ella señala, hay historias que acaban bien, muchas personas nacidas por GS reconocen las dificultades que han pasado debido a ello. A menudo no se han atrevido a hablar por el conflicto de intereses respecto a sus padres de adopción.

Ser separado de tu madre al nacer genera problemas de apego porque la conexión con ella es muy fuerte. Maurel habla, por ejemplo, del fenómeno del microquimerismo fetal: el hecho de que hay células del bebé que terminan dentro de la madre y pueden quedar allí durante muchos años (un fenómeno que también aborda Lucy Jones en su ensayo). La conexión entre madre e hijo no puede infravalorarse y tiene una base biológica, psicológica y existencial que no podemos banalizar.

Además de defender los derechos de los hijos, Olivia Maurel también pone de relieve la incidencia de la práctica de la GS en las madres: mujeres en situación vulnerable acaban viviendo su maternidad de manera desgarradora. Nunca es fácil separarse de su criatura, y muchas veces se ven obligadas a ello por el contrato que han firmado, del que no les dejan arrepentirse después. Esta práctica supone aprovecharse de la situación precaria de mujeres que no ven otra salida y acrecentar las estructuras de injusticia y vulnerabilidad que las envuelven. La autora da algunos datos y ejemplos de contratos para mostrar lo lucrativo que es este negocio para quienes lo manejan y lo duro que puede llegar a ser para las madres de alquiler.

Lo que la maternidad supone para la sociedad

Tanto Olivia como Lucy terminan preguntándose por la sociedad. La cuestión no es solo qué les pasa a las madres y a los hijos, sino qué dinámicas sociales generamos para proteger a ambos. Cuando Maurel critica la GS, no se queda en argumentos bioéticos, sino que alude también a las condiciones sociales que se generan en torno a esta práctica y a la vulnerabilidad y explotación que acaba suponiendo para mujeres en situaciones desfavorecidas.

Por su parte, Jones subraya la paradoja de que en la sociedad tardocapitalista se exige que las madres hagan muy bien su labor ellas solas, pero al mismo tiempo no se valora su trabajo de cuidar tanto como otros. Es decir, el estilo de vida individualista hace mucho más difícil la crianza y, además, desde ese estilo no se valora lo suficiente todo lo que ella supone. Jones apela a la creatividad para saber dar respuesta a esta paradoja y también lanza reflexiones y preguntas que deberíamos plantearnos como sociedad. En su opinión, aunque las madres han sido muy ignoradas a lo largo de la historia, la maternidad puede ser un medio de cambio social. La crianza nos abre universos nuevos, nos enseña a pensar de modos distintos, a cuestionar las respuestas que siempre habíamos dado… y eso es un estímulo no solo a nivel personal, sino comunitario.

A mi juicio, esta creatividad que menciona la autora existe y tiene frutos muy provechosos. Ser madre ha supuesto un reto para mí también, pero me ha ayudado a crecer mucho, y este crecimiento ha revertido positivamente en los demás ámbitos de mi vida. Y coincido con ella en que para vivir el proceso sanamente lo tenemos que entender comunitariamente y no como “llaneras solitarias”. Sin comunidad detrás, se puede convertir en una experiencia agotadora e, incluso, alienante.

Así, la creatividad y el crecimiento del que hablamos no deberían partir solo de lo individual, pero tampoco quedarse encerrados en ello: hace falta que como sociedad sepamos identificarlos, valorarlos y potenciarlos, porque nos hacen bien a cada uno, pero también a todos. En vez de ver los cuidados (y aquí incluyo, además de los niños, el cuidado de cualquier persona: anciana, dependiente, con discapacidad, etc.) como algo improductivo, deberíamos ser capaces de valorar que son precisamente lo que está manteniendo el tejido social, la cohesión entre todos, y la dignidad de cada persona.

La paternidad

Los dos libros que estoy comentando se centran en la figura materna, aunque hacen alguna referencia a la paterna. Lucy Jones, por ejemplo, cita investigaciones que ponen de relieve que el cerebro de los padres que dedican mucho tiempo a cuidar a sus hijos termina sufriendo una transformación parangonable al de las madres. No obstante, el enfoque de ambos libros es el materno, porque las autoras tenían que acotar su reflexión.

Sea como fuere, pienso que para reflexionar adecuadamente sobre la maternidad debemos hacerlo también sobre la paternidad. Ambas son identidades relacionales que es mejor pensar en mutua referencia. Hoy somos más conscientes de la corresponsabilidad de mujeres y hombres en la crianza, pero no siempre se hace realidad. Creo que tanto padres como madres saldríamos beneficiados de una profundización en nuestra m(p)aternidad a nivel científico, filosófico y teológico. Si conocemos mejor nuestra realidad puede ser más fácil vivirla existencialmente de una manera plenificadora para nosotros y dinamizadora para la comunidad en la que la vivimos.

Conclusión: una conversación pendiente

Por lo que voy viendo, es bastante común darte cuenta de que tenías una idea de lo que era la maternidad, de lo que era la paternidad, que se pone en cuestión cuando te ves realmente con un niño en brazos. Para algunas y algunos, el choque es mayor que para otras y otros, pero en general la idea que teníamos antes de vivir la experiencia cambia una vez que la hemos vivido. Y es que, en mi opinión, hay multitud de situaciones en la vida humana que no entendemos bien del todo hasta que no nos toca vivirlas. Podemos analizarlas, podemos empatizar, podemos incluso conectar con ellas… pero hacerse cargo plenamente de todo lo que supone es difícil hasta que no se tiene la experiencia: la vocación religiosa, la muerte de un ser querido o la depresión son ejemplos de ello. La maternidad y la paternidad entran de lleno en esta categoría.

Nuestra cultura ha ido cambiando a gran velocidad. El avance de la tecnología y de la globalización ha hecho que no vivamos igual que antes, circunstancia que afecta especialmente a la realidad m(p)aterna. Como pone de relieve Lucy Jones en su ensayo, maternar supone dedicar mucho tiempo y esfuerzo al cuidado, algo que se hace difícil con el estilo de vida tardocapitalista actual. ¿Cómo responder creativamente a este reto? No es una pregunta solamente individual, sino social. Si queremos cuidar el porvenir de nuestras sociedades, que nazcan más niños y sean bien cuidados, y que el cuidado sea valorado culturalmente, tenemos que pensar y gestar las condiciones de posibilidad para ello.

Para hacerlo hay que empezar por estudiar y conocer mejor esta realidad, pero eso solo no basta. Hay que ser capaces de dialogar sin polarización, en apertura a otras opiniones; de manera interdisciplinar, en apertura a otras ciencias; y de manera interpersonal e intergeneracional, en apertura a personas que lo han vivido de otra manera. Paradójicamente, creo que entenderíamos mejor lo que es ser madre y padre si no pensáramos que hay una única respuesta correcta. Sentirse atacado por una forma diferente de vivirlo nos cierra a un diálogo que sería muy rico para ambas partes. Pero para que este diálogo transforme la sociedad que todos conformamos hace falta la voluntad personal, social y política de posibilitar todo aquello que aflorará a través de él. ¿Estamos dispuestos a asumir lo que implicaría?