[Jesús Romero Moñivas] La construcción social de la realidad explica la manera en la que grupos e individuos diferentes interpretan, justifican y movilizan sus concepcionesdel mundo y de la acción. Los textos sagrados han servido históricamente para elaborar esas construcciones ideológicas. De hecho, el conocido biblista Rafael Aguirre nos muestra en este ensayo que la Biblia no ha perdido su centralidad como elemento de fundamentación de la construcción política e ideológica. La política moderna sigue recurriendo a la Biblia como recurso de legitimación de propuestas alternativas, extrayendo principios ideológicos, morales y pragmáticos que pretenden orientar las decisiones de ordenamiento social y político.
El lector siente cierta desesperación al comprobar que el texto bíblico sirve para sancionar políticas integristas o revolucionarias, conservadoras o progresistas, defensoras del statu quo o de su destrucción, legitimadoras de la violencia y la exclusión o del pacifismo y la misericordia. Aunque esta ambigüedad es inevitable debido a la riqueza, pluralidad interna y hondura de la Biblia, Aguirre insiste en que no todas las lecturas e interpretacio-nes son legítimas, porque los textos deben ser analizados críticamente, situándolos en un contexto, considerando la totalidad del mensaje y no extrayendo afirmaciones desligadas y descontextualizadas.
El tema de esta obra es, de hecho, de mayor relevancia teórica para politólogos, sociólogos y periodistas, que para teólogos y biblistas; aunque cualquier lector que quiera com-prender de manera crítica las batallas culturales, sociales y políticas que están dibujando el mundo moderno puede sacar provecho de este ensayo. El autor consigue que el lector se analice a sí mismo, reflexione sobre su propia praxis política y se cuestione si quizá él o ella no esté también recurriendo legítima o ilegítimamente al texto bíblico para justificar sus intereses políticos.
La cambiante dinámica de los hechos obligó a Rafael Aguirre a lanzar una segunda edición del libro, meses después del lanzamiento del primero. La versión que presentamos incorpora hechos recientes relacionados con el conflicto de Israel, la muerte del papa Francisco y el nuevo mandato presidencial de Donal Trump, fuertemente vinculado a una específica interpretación bíblica conservadora propia de los grupos evangélicos.
En este sentido, el prólogo a la Segunda Edición es un breve pero brillante análisis de la situación contemporánea en Estados Unidos donde se ha hecho fuerte la alianza —sostenida por el trumpismo— entre las tendencias evangélicas fundamentalistas con los católi-cos integristas generando una polarizado extrema que se ha extendido a todo el mundo.
Junto a este iluminador prólogo de urgencia, el resto del libro se centra en el análisis de la manera en la que la Biblia ha sido relevante en la configuración política de algunos países concretos. El capítulo 1 se centra en la explicación de la “tradición exódico-liberadora” como la narración fundamental que ha servido para múltiples interpretaciones políticas de la Biblia. La ambigüedad de esta tradición radica en el hecho de que la narración de la salida de Egipto incorpora necesariamente la de la entrada en la tierra prometida. Si en la salida Israel es el pueblo oprimido, en la entrada se convierte en el pueblo opresor y conquistador. ¿Es posible creer en el Yahvé liberador sin asumir al Yahvé conquistador? Por eso, Aguirre reconoce el uso histórico de esta tradición exódica para fundamentar proyectos políticos alternativos.
De hecho, el resto de los capítulos ejemplifica a la perfección esta ambigüedad teológica y política del texto sagrado. El capítulo 2 repasa la vinculación histórica de la Biblia con la política en los Estados Unidos desde los padres peregrinos y fundadores hasta los últimos presidentes: el texto sagrado ha servido para esclavizar y liberar, para una economía libe-ral o social. Quizá sea uno de los capítulos más importantes, por la relevancia ideológica que el trumpismo y su teología de la prosperidad están teniendo en la geopolítica global.
El capítulo 3 analiza el caso histórico y moderno de Israel, desde la derrota judía en el año 70 hasta la emergencia del sionismo y sus divergencias internas. La alianza del sionismo cristiano y del sionismo propiamente judío hace difícil resolver un conflicto que se ha ido radicalizando debido a la emergencia de un neosionismo extremista y ultra-ortodoxo. El capítulo 4 recoge un instructivo análisis del apartheid sudafricano teniendo como clave fundamental su legitimación bíblica por parte de los afrikáner, pero también el colapso del sistema gracias a una relectura teológica liberadora.
El capítulo 5 bucea en la enorme complejidad del papel que la Biblia ha tenido en la his-toria de América Latina, desde su conquista europea hasta los conflictos modernos: lec-tura revolucionaria y conservadora, teología de la liberación y de la prosperidad, lectura popular y elitista, etc. coexisten en el continente donde más se lee la Biblia, en donde las últimas décadas han emergido con fuerza los movimientos evangélicos y pentecostales fundamentalistas.
El capítulo 6 vuelve su mirada a Europa, concretamente al Reino Unido, donde —al con-trario que en otros países europeos— nunca desapareció la religión ni la Biblia del ámbito público. Aguirre analiza la moderna política británica del laborismo y el thatcherismo y sus diversas lecturas bíblicas, terminando con un breve análisis específico de la interpreta-ción de la parábola del Buen Samaritano.
El ensayo de Aguirre se enriquece con un epílogo final a cargo de otro gran especialista de la Biblia, Julio Trebolle, donde en un análisis apretado pero brillante reflexiona sobre la teología política que deriva de la Biblia y la manera en la que las diversas traducciones tienen un influjo político. La importancia y riqueza de esta obra de Rafael Aguirre para comprender el polarizado mundo moderno es incuestionable. Quizá solo queda decir, en palabras del autor, que “la Biblia apoyará también a quienes no salgan dominantes. Más aún, creo que afortunadamente cada vez está más claro que la función social genuina de la Biblia no es legitimar ningún poder, sino alentar la esperanza de los desposeídos, tantas veces olvidados o relegados por los responsables políticos”