[Agustín Ortega Cabrera]
Este artículo lo dedico con afecto a la Sociedad Peruana de Filosofía por su 85 aniversario, a la que tengo el regalo y la alegría de pertenecer. Asimismo va en memoria de Francisco, al cumplirse los 6 meses de su muerte, y de Gustavo Gutiérrez, ahora que sale su libro póstumo “Vivir y pensar el Dios de los pobres” con prólogo del mismo Papa, que tanto aportó sobre lo que vamos a tratar como afirma Francisco en dicho prólogo.
Justo en este tiempo, continuando con el legado de su predecesor, el Papa León XIV nos ha transmitido dos enseñanzas muy valiosas e importantes: su exhortación apostólica Dilexi te (DT), sobre “el amor con los pobres”, y el Mensaje al Congreso Internacional de Filosofía, “Aportes a las culturas. Filosofía, Cristianismo y América Latina”.
Efectivamente, en esta continuidad con la Tradición y Magisterio de la Iglesia, el Papa nos muestra la relevancia imprescindible del diálogo entre la razón y la fe, que se fecunda mutuamente con la filosofía, las ciencias y el pensamiento en general. Tal como visibilizan lo más valioso de las corrientes y claves filosóficas, éticas, antropológicas, científicas y teológicas, el mismo humanismo inspirado en la fe y la propia realidad histórica; con los testimonios éticos, espirituales o místicos que similarmente se refleja de modo especial en los testigos de la santidad. Todas estas disciplinas, materias y experiencias apuntan al Don del Amor y de la Vida que conforman el ser, a la persona, al mundo e historia junto con todo el cosmos-universo.
El Amor y la Vida que se nos regala, para la fe Dios mismo revelado en la Encarnación-Pascua de Jesús, nos constituye como seres de entrega, de bondad, de altruismo y cooperación solidaria, de paz y justicia con los pobres. Este Don (Gracia) del Amor de (y a) Dios siempre va unido naturalmente con el amor al otro. Este amor verdadero, entraña (corazón) de lo humano y de la fe, es inseparable de la promoción de la justicia con la opción preferencial por los pobres (op), de la paz, de la fraternidad solidaria, del bien común más universal, de la vida y dignidad de cada persona, de todas las víctimas, de los empobrecidos y excluidos.
Como se observa, toda esta verdad científica, filosófica y teológica indicada cada una desde su propio ámbito que, en esta línea, nos transmite la propia cultura y pensamiento a nivel global e histórico: es pues el sentido y finalidad de la persona, de la realidad humana, social e histórica, de todo lo real y cósmico.
Así es, lo que nos va realizando, dando la felicidad, la trascendencia y la vida plena-eterna es este amor fraterno, que para ser real nos lleva a la humildad y a la pobreza espiritual. Esto es, el auténtico amor fraterno y solidario que comparte la vida, la fe, la esperanza, los bienes y el compromiso por la justicia con los pobres de la tierra. Y, de forma, nos vamos salvando y liberando integralmente del mal, de todo pecado e injusticia, del egoísmo e ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia, de la misma muerte.
En continuidad con los anteriores Papas como Francisco, ejerciendo ese diálogo con los más valioso de todo este pensamiento científico o filosófico y teológico, remarcamos como DT de León XVI nos lleva a esta esencia de lo humano y de la fe, manifestada en el Evangelio (Buena Noticia) de Jesús; con todas estas claves, valores y principios ya apuntados.
Claro, todo este amor y opción preferencial por los pobres trasluce dicha ética humanista, espiritualidad y mística. Es decir, esa comunión de fe, de vida, de bienes y acción solidaria por la justicia con los pobres, liberándonos integralmente pues de los falsos dioses del dinero, del poseer, del poder, de la violencia y del tener que se anteponen al ser. Un amor y opción real donde las personas, los pueblos y los pobres son los sujetos protagonistas de su auténtico desarrollo y promoción liberadora e integral. Frente a todo elitismo, paternalismo y asistencialismo.
Una promoción y liberación integral de las causas personales, sociales, históricas y estructurales del mal, de la desigualdad e injusticia como son el hambre y la pobreza (subdesarrollo), del pecado personal y estructural. Esas estructuras de pecado con sus relaciones e instituciones inhumanas, las estructuras sociales y laborales injustas, los sistemas económicos y políticos de mal e inequidad, los mecanismos comerciales y bancarios-financieros perversos; contra la falsa compresión ideologizada e individualista de estas realidades como son la pobreza y la exclusión social.
En la línea de lo mejor de las ciencias y estudios sociales, por tanto, DT nos señala una afectiva y efectiva solidaridad, acción social y desarrollo humano integral que asegura los deberes y derechos humanos. Ese estado (con justicia) social de derechos y sus pilares como son el trabajo decente, un sistema fiscal justo y las políticas públicas que consoliden la universalidad y calidad de la educación, de la sanidad, de la vivienda u otros servicios sociales.
El Papa subraya con profundidad los valores o principios del pensamiento social inspirado en la fe con su humanismo, de la Tradición como son Los Santos Padres o Doctores y de la Doctrina (enseñanza) Social de la Iglesia (DSI). La sagrada e inviolable vida y dignidad de la persona con su protagonismo en la realidad social e histórica, por encima de todos esos totalitarismos y fundamentalismo del mercado economicista, del estado o gobierno (partidos), de la nación, de la raza… El destino universal de los bienes, la equidad en la distribución de los recursos, antes que la propiedad que tiene una intrínseca función e índole solidaria y social. Si por justicia solo podemos poseer lo necesario para vivir, que por definición es dejar de ser rico y por ello devolver todo lo que nos sobra (lo robado) que le pertenece al pobre, el amor solidario nos conduce a compartir hasta de eso que necesitamos para vivir.
Por supuesto, la clave del trabajo, la vida digna del trabajador con sus derechos como es un salario justo, que está por encima del capital, del beneficio, de la ganancia, de la productividad, competitividad, etc. He ahí que León con Francisco y dicho pensamiento social, la misma DSI, realce el trabajo digno como clave de la cuestión social y de la pobreza, que tiene la prioridad sobre acciones o respuestas paternalistas o asistencialistas; como es el centrase en subsidios u otras “ayudas”, que no van a transformar todas estas causas e injusticias de dichas realidades personales, sociales, laborales, estructurales y sistémicas.
En el fondo, DT nos abre a un hondo buen vivir, el desarrollo humano y ecología integral, acogiendo el grito de los pobres y el clamor de la tierra, nuestra casa común, que son indisociables. Esta armonía o equilibrio: personal (ecología e inteligencia mental) que nos va posibilitando una vida feliz con sentido; de comunión solidaria en las relaciones con los otros ejerciendo esta op, luchando pacíficamente por la justicia (ecología e inteligencia social), con la naturaleza por el cuidado protector del planeta (“sostenibilidad”, ecología e inteligencia ambiental) y trascendentes (ecología e inteligencia espiritual). Ese encuentro y unión con el Dios Padre en su Hijo Unigénito (Eterno), Jesucristo, viviendo desde el Espíritu, habitados así por este Misterio Divino Trinitario, entraña y modelo de todo este amor, comunión y solidaridad.
*Agustín Ortega Cabrera PhD es colaborador de Fronteras CTR, profesor en la Universidad Católica de Chimbote (Perú) e investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México).