[Juan Santos, J.F.] Antonio Diéguez trabaja como catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga desde 2010. Con estancias en Harvard y Oxford, hoy es uno de los filósofos españoles que con más acierto está elaborando un análisis y una propuesta de corte humanista. En este libro, que ha elaborado con ayuda de la IA, como él mismo ha reconocido abiertamente en redes sociales, dibuja un panorama al mismo tiempo complejo y esperanzador, alejado de los discursos grandilocuentes y de los miedos indomables. Asentado en un principio fundamental de realismo pragmático, contempla el devenir actual de la tecnología, y el debate social que genera, con una sana distancia.

El libro se organiza en cinco capítulos nutridos de avances y noticias continuas que nos sitúa en la historia reciente de la tecnología. Primero, una necesaria aproximación a esta disciplina que pretende comprender el fenómeno tecnológico en el conjunto de la realidad y de los saberes. La filosofía busca, como bien sabemos, entender en amplitud y profundidad el objeto que toma para su estudio. No se queda en los márgenes, ni en las explicaciones, sino que conecta con la realidad actual.
En segundo lugar, la imprescindible comprensión de lo que está ocurriendo alejados del determinismo —y del fatalismo que conlleva—, según el cual es necesario que la historia se desenvuelva de este modo y no de otro, sin poder hacer nada. En la comprensión de Antonio Diéguez, y en este punto revela como en ningún otro su carácter humanista, el ser humano está actualmente detrás de todo progreso y debe seguir estando como inspirador y al mando de lo que vaya ocurriendo. De algún modo, lucha contra la comprensión general que tiene el hombre corriente de no ser dueño de los acontecimientos y ser solo alguien que se adapta en mayor o menor medida, que responde a lo que le sobreviene, pero cuyo papel es secundario en todo esto. Deja entrever también que la tecnología, en las proporciones que está alcanzando, será capaz de sustituir el orden natural de la realidad.
En los tres capítulos en los que se expanden estos principios para abordar tres ámbitos en los que el desarrollo tecnológico está presentando más cuestiones abiertas: democracia, transhumanismo y biotecnología. Como se ve, todos ellos anuncian un impacto muy fuerte del crecimiento tecnológico en las formas y costumbres humanas y sus relaciones, pero también en lo que significa ser humano como realidad considerada en sí misma. La filosofía no puede quedarse, por tanto, en los márgenes del análisis y debe implicarse en la definición de marcos normativos y legislativos apropiados para tratar lo que está ocurriendo con claridad.
Respecto a la democracia, la idea clave es la redefinición de responsabilidad. Sin duda, y como estamos viendo, los nuevos canales de información y conocimiento plantean retos enormes. No solo se habla del impacto que tiene sobre la cosmovisión e imaginario de las personas, con su verdad alterada por contaminaciones, excesos y sesgos, sino de la responsabilidad que las propias máquinas pueden tener, pues su diseño mismo implica un modo de funcionamiento e interacción adecuada. Se cuestiona el autor si llegará un momento en el que serán, en tanto que inteligentes al modo como hoy comprendemos este término, responsables de sus actuaciones. Sin duda, la democracia no puede continuar como hasta ahora al margen de lo que supone la presencia de tecnología autónoma en el ambiente político y social.
Por otro lado, además de crear nuevas condiciones de vida para las relaciones humanas, el mismo ser humano se ve convocado a una fascinante aventura de superación personal. Detrás de los ideales tecnofílicos más audaces se esconden planes de superación y macroevolución en el que el ser humano está en posesión de herramientas para su propia evolución y para el surgimiento —incluso— de una realidad que supere su situación de dominio y gobernanza de la realidad. Este es, con el nombre todavía genérico de transhumanismo, el panorama en el que inteligencia artificial y robótica parecen coincidir ampliamente.
Sin lugar a duda, el punto más crítico hoy es el surgimiento de las deseadas AGI. En lugar de procedimientos parciales y algoritmos específicos, la posibilidad de una AI próxima a nuestros parámetros, capaz de desempeñar diversas funciones complejas y regularse autónomamente, implica para el ser humano un punto delicado al verse superado por su obra en su propio terreno. No estaríamos ante una máquina convencional que trabaja sometida a las finalidades y designios humanos, sino de un ser dotado de cualidades que exceden lo humano y que son difíciles de comprender para este. Actualmente, aunque este horizonte parezca propio de la ciencia ficción y ciertamente quede todavía a distancia, debe comenzar a pensarse seriamente. En parte porque, aunque un individuo o grupos sociales y estatales consideren que no es el camino por el que debe avanzarse, no parece que esta comprensión sea compartida en la totalidad. Y basta que en una región del mundo se decida su aplicación para que todo salte por los aires. Dicho lo cual, conviene saber que la población general no tiene acceso actualmente a todo el conocimiento existente. Aunque lleguen grandes aplicaciones al dominio público sigue siendo un tema especializado en un mundo competitivo y en guerra.
Ligado a lo anterior, la biotecnología debe pasar al primer plano. Hay una clara mejora en las posibilidades y circunstancias humanas, que también afecta a la comprensión de la vida y su expansión. No solo en medicina, también en las condiciones básicas de lo humano, que hoy están en estudio y desarrollo. Pensemos en la capacidad de comunicación, memoria, desplazamiento, fuerza, y reconozcamos que hay un notable incremento de potencialidades que se ven actualizadas con herramientas y técnicas progresivamente accesibles. Este camino abierto significa, como el mismo autor reconoce en el epílogo, el desarrollo de asistentes de lo humano y para lo humano. Es decir, lo que hoy significa un reto, puede ser visto honestamente como una oportunidad y mejora también del propio ser humano.
* Juan Santos, J. F. (2025). Antonio Diéguez (2024). Pensar la tecnología: Una guía para comprender filosóficamente el desarrollo tecnológico actual. Razón Y Fe, 289(1466), 194–196. Recuperado a partir de https://revistas.comillas.edu/index.php/razonyfe/article/view/23080