Racionalidad vs Irracionalidad (Parte XI)

(Por Adolfo Castilla) Seguimos prestando atención en este artículo al posestructuralismo francés, una corriente de pensamiento duradera en el tiempo y amplia en cuanto a seguidores. A causa, probablemente, de su indefinición y de su constitución como respuesta al estructuralismo sin más y a su estrechez de miras. Es decir, un movimiento filosófico de aluvión. Comenzamos comentando el deconstruccionismo de Derrida, el cual no es una corriente de pensamiento sino una interpretación de determinados procesos o un approach, incluible en el posestructuralismo al menos por las fechas en que tuvo lugar. Prestamos atención también a otros filósofos franceses más tradicionales para a continuación detenernos en los nouveaux philosophes. Finalmente entramos ligeramente en la filosofía del siglo XXI, a lo que se dedicará la siguiente y última entrega de esta serie.

 

Derrida y el “deconstruccionismo”

Probablemente fue Jacques Derrida (1930-2004) una de las figuras más representativas y más destacadas de este grupo de pensadores (los posestructuralistas). Incansable trabajador, prolífico y viajero empedernido para enseñar y dar conferencias en otros países, fundamentalmente en los Estados Unidos, fue un hombre de gran inteligencia.

Activista político y social fue una persona comprometida con causas justas. Apoyó a los estudiantes de mayo del 68, aunque se dice que con reservas. Estuvo en contra de la guerra de Vietnam, fue contrario al Apartheid de Suráfrica y en una visita a Jerusalén, en 1988, se reunió con intelectuales palestinos, además de defender muchas causas más.

Alabado por sus contemporáneos, Emmanuel Lévinas (1906-1995) lo consideró el nuevo Kant, y para el americano Richard Rorty era el nuevo Nietzsche.

Introdujo el término “deconstrucción”, el cual se basa, de nuevo, en una idea de Heidegger en relación con la metafísica, a la que este filósofo proponía destruir (dos palabras alemanas se relacionan con esa palabra, Destruktion, y Abbau), sobre todo por el sentido de intemporalidad que introducía en el mundo, cuando en su obra, Ser y Tiempo, defendía al ser (el hombre) como lo único verdaderamente existente en un tiempo determinado.

La expresión, no obstante, la utilizó Derrida para un cometido algo más simple.  Lo hizo en relación con las dicotomías ya mencionadas, las cuales había, más que destruir, deshacer o invertir.

Toda dicotomía tiene una relación de “superior/inferior” o de ”más válido/menos válido”, y esto no es ni debe ser así.

Da, como ejemplo, el caso de la palabra y la escritura o el discurso hablado y el escrito, para señalar que siempre le hemos dado más importancia a lo hablado. Lo escrito, además, es menos dinámico y necesita un cierto tiempo.

Y avanza un paso más para señalar la dicotomía existente entre las ideas y las palabras. Las primeras creemos que son originales y las segundas copias, así se ha considerado siempre. Es decir, “la lógica es prioritaria a todo”, “la superioridad de la masculinidad” (hasta hace poco, tendríamos que decir), “la creencia en el progreso y en que avanzamos hacia objetivos precisos, es superior a cualquier otra hipótesis”, o, la misma, ya indicada, de “la superioridad de la palabra hablada sobre la escrita”

Y aquí es donde aporta su reflexión y su aproximación a la lingüística y a la semiología, señalando que los hombres piensan utilizando palabras previamente existentes, con lo cual se rompe la interpretación de la idea como “original” y la palabra como “copia”. Al señalar la procedencia de las ideas (el pensamiento) de palabras existentes, no puede haber nunca un original y una copia, y mucho menos un dar más valor a lo primero y menos a lo segundo.

Lo que Derrida hizo, con la ayuda de sus seguidores y partidarios, fue generalizar el concepto de “deconstrucción” para aplicarlo a las dependencias y superioridades creadas por el racionalismo, la Ilustración y la metafísica.

Sus consideraciones sobre las ideas, las palabras y la escritura, sirvieron para deshacer las relaciones de superioridad o preferencia

Se extendió en ese sentido en la idea de, “diferencia”, como también lo había hecho Foucault, pero, en su caso, para referirse al original y a la copia o a la palabra y la escritura. El devenir es una concatenación de original, copia, nuevo original, nueva copia, etc…, y no hay, por tanto, ninguna diferencia entre ellas.

Criticó el fonocentrismo (“es la idea o concepto que establece que los sonidos y el habla son superiores o más naturales que el lenguaje escrito”) de Sócrates, del que dijo que le faltó precisión en sus diatribas.

Aprovechó para rechazar los discursos teatrales de los dirigentes nazis, los que mostró como ejemplo de lo que puede ocurrir cuando se deja a las palabras “sueltas” y a los discursos “sin control”.

 

Algunos autores adicionales del posestructuralismo

El posestructuralismo, como se ha dicho ya, es más bien la obra dispersa de un número elevado de pensadores, fundamentalmente franceses, unidos por su crítica al estructuralismo y por su afán de construir algo nuevo en el terreno del irracionalismo. Es decir, un movimiento contrario al racionalismo, la Ilustración y la modernidad y desencantado por la estrechez de miras del estructuralismo. Y desencadenado en gran manera, como hemos dicho ya, a partir de las obras de Nietzsche y Heidegger.

Hay otros autores que se distinguieron en esa época y son parte, más o menos, de ese grupo. Podríamos mencionar a Jean Baudrillard (1929 – 2007), filósofo, sociólogo y crítico de la cultura francesa, el cual construyó su obra dentro del posmodernismo.

Se inició, como la mayor parte de los autores que venimos nombrando, en el estructuralismo y el marxismo, esto último de la mano de Louis Althusser (1918-1990), un personaje que tuvo una enorme influencia en los pensadores de la época.

Como muchos otros, Baudrillard, renunció al marxismo en su madurez, y a partir de los años 60 escribió, no solo que la teoría marxista había quedado totalmente desactualizada, sino que dicha teoría se basaba en una economía de la producción cuando en su época se vivía ya en una economía del consumo.

Describió la dinámica de la sociedad de consumo, y en ese sentido se acercó más a labor de un sociólogo que a la de un filósofo. Señaló, por ejemplo, que en dicha sociedad son más importantes los signos y la imagen que el objeto mismo y su función, constituyendo “el estar a la moda” algo superior a la utilidad.

Fue polémico en acontecimientos de su época como la Guerra del Golfo (agosto de 1990 a febrero de 1991), la publicación del libro de Francis Fukuyama (Nacido 1952), El fin de la Historia y el último hombre (1992), la destrucción de las Torres Gemelas (septiembre de 2001) o el fenómeno del terrorismo.

Dos años antes de morir (2005) escribió en contra del proyecto de constitución europea, al que calificó de hegemónico, justificando el “no” francés al mismo,

En un sentido más filosófico Baudrillard estudió la diferenciación en cuanto a los productos adquiridos en la sociedad de finales del siglo XX. Volvió a insistir en que el valor de un producto se aleja de su valor de uso, escribió sobre la “lógica de la diferenciación” y describió el comportamiento del individuo en la sociedad consumista.

Argumentó sobre lo que llamó “simulacro”, para distinguir la copia del original de algo y, “simulación”, para lo creado en el ordenador, que no tiene ningún original real. Todo ello para hablar de la “hiperrealidad”, que aplica a la condición humana, en cuanto a no distinguir lo real de lo imaginario.

 

Más personajes del posestructuralismo

Hay bastantes personajes más, filósofos o no, considerados posestructuralistas o que se hicieron notar en aquellos años de elevada euforia intelectual y artística en Francia.

Emmanuel Lévinas (1906-1995) fue un judío lituano emigrante en Francia en 1931, que perdió a casi toda su familia en los campos de concentración nazis en los que él mismo estuvo prisionero. Fue un difusor de la fenomenología alemana en Francia y dedicó su vida intelectual a la reconstrucción del pensamiento ético después de los horrores de la guerra.

Gilles Deleuze [1925-1995), uno de los más importantes filósofos franceses del siglo XX y Félix Guattari (1930-1992), psicoanalista y filósofo, se citan con frecuencia juntos porque colaboraron durante todas sus vidas y escribieron varios libros juntos. También ellos forman parte del posestructuralismo, aunque más por la época en la que vivieron y escribieron. A través de Guattari que era psicoanalista y había trabajado con Lacan (1901-1981), Deleuze entró en el mundo de la esquizofrenia. Ambos escribieron los libros, El Anti-Edipo (de 1972) y Capitalismo y esquizofrenia: Mil mesetas (de 1980).

Fue muy famoso e influyente en su época y Foucault llegó a decir: “el siglo XX será deleuziano”. Fue, asimismo y para no variar, un marxista toda su vida, aunque más bien de carácter anarquista y libertario.

La predicción de Foucault no se ha cumplido y muchos de los que han leído a fondo a Deleuze se quejan bastante de su oscuridad y de la artificialidad de sus argumentos. Algo también ha debido afectar a su consideración hoy como un filósofo más de la época que estamos revisando. Su inclusión en el libro del físico estadounidense, Alan Sokal (Nacido en 1955), y del físico teórico belga Jean Bricmont (1952), Imposturas intelectuales. Libro publicado en Francia en 1997, al año siguiente en los Estados Unidos, con un título algo más largo, Sinsentidos de moda: El abuso de la ciencia por parte de los intelectuales posmodernos, y, finalmente, en el Reino Unido como, Intellectual Impostures. Fue uno de los intelectuales franceses a los que estos autores criticaron por escribir pasajes sin sentido y usar conceptos científicos equivocadamente.

Este libro se menciona también al comienzo del ya citado varias veces, French Theory. Foucault, Derrida, Deleuze & Cia y las mutaciones de la vida intelectual en Estados Unidos. Se hace en él un análisis del impacto de todos los movimientos filosóficos franceses que venimos analizando en el mundo universitario norteamericano.

En cualquier caso y yendo a algunas de las aportaciones de este autor, solo indicar que él y Guattari representaron el pensamiento occidental como un “árbol” con muchas ramas y niveles y propusieron la idea del pensamiento como un “rizoma”, en el que no hay principio ni final y crece de forma reticular y aleatoria.

Criticaron la sociedad capitalista, particularmente los procesos artificiales de creación de una identidad personal y vinculación a un grupo social, viviendo así de acuerdo con lo que nos imponen los demás. Esto crea, según ellos, una “paranoia” al actuar siempre esperando su aprobación. Lo que, a su vez, produce una “esquizofrenia” al no tener el individuo identidad fija y cambiar de identidad con frecuencia. El deseo (palabra muy difundida y utilizada por estos y otros autores) de ocupar posiciones o adquirir identidades nuevas lleva al hombre al cambio de valores y a no tener ningún valor fijo.

Hablan también del nomadismo practicado por el hombre al visitar continuamente muchos territorios y experimentar valores muy diferentes.

 

Filósofos más tradicionales

Hemos hablado en los últimos apartados de los movimientos franceses relacionados con el posestructuralismo o posmodernismo francés de los treinta últimos años del siglo XX, y, por supuesto, de los filósofos más destacados a ellos adscritos. Pero en Francia hubo a lo largo de ese siglo muchos otros filósofos, a los que podríamos llamar tradicionales, o por lo menos no tan relacionados con esos grupos, quizás un poco sofisticados.

Entre estos últimos tengo el interés de mencionar por su importancia a Henri Bergson (1859-1941), un hombre, quizás del siglo XIX por su fecha de nacimiento, pero cuya vida se adentró en el XX y fue muy influyente en algunos momentos de este último siglo. Fue impulsor y defensor del espiritualismo en el hombre y, especialmente del vitalismo, en línea con Schopenhauer. Su término “élan vital” se hizo popular durante algún tiempo y todavía tiene vigencia significando “impulso vital” o “fuerza vital”. Fue además un gran escritor que ganó el Nobel de literatura en 1927.

Merece ser citado también Gaston Bachelard (1884 – 1962), muy interesado por la historia de la ciencia que hizo importantes aportaciones en este terreno.

Henri Lefebvre (1901 – 1991) fue también un filósofo notable, aunque más dedicado a la sociología y a la geografía. Fue un marxista teórico toda su vida y tuvo un papel muy relevante como maestro, a través de sus libros, de algunos de los autores posmodernos citados.

Bruno Latour (Nacido en 1947), activo todavía, es un filósofo estudioso de la ciencia, la tecnología y la sociedad muy popular en los tiempos revisados. Michel Serres (1930-2019), filósofo e historiador de las ciencias, ha sido un autor muy citado también

Roland Barthes (1915 – 1980), más escritor y semiólogo que filósofo, con una vida no muy larga y con extensos periodos de inactividad debido a la tuberculosis que padeció, fue un hombre muy citado y muy influyente.

Otros como, Georges Bataille (1897 – 1962), Maurice Blanchot (1907 – 2003), o el mismo, Paul Virilio (1932 – 2018), no filósofos, pero sí escritores, críticos de la sociedad e intelectuales, son con frecuencia situados dentro de los grupos anteriores y fueron muy conocidos y citados.

 

Los nuevos filósofos

Una época, en definitiva, la revisada muy someramente, extendida a casi todo el siglo XX y en la que hemos incluido, el existencialismo al estructuralismo, el posestructuralismo, el posmodernismo, el deconstruccionismo, y algún ismo más, enormemente interesante. Llena de personajes inteligentes, muy brillantes, buenos pensadores y excelentes escritores, que, no obstante, pueden resultar hoy excesivos en cuanto a imaginación, especulación, artificialidad, marxismo y algo tan francés como “épater”. Por no utilizar las palabras de Sokal y Bricmont al referirse a lo que dijeron los autores mencionados: “jerga”, “charlatanería”, “verdadera intoxicación verbal”, “desprecio por los hechos y la lógica” y otras parecidas. Aunque, puede que estos últimos autores también se pasaran en sus apreciaciones.

Tales ismos parecen estar muertos y enterrados hoy por lo que a Francia se refiere. Y también, por supuesto, a los Estados Unidos y a un país como el nuestro tan dependiente de la cultura francesa y que tanto se deslumbró con ellos.

La reacción a tanto marxismo rampante, tanta irracionalidad y tanta novedad de ideas, se produjo pronto en Francia de la mano de los Nuevos Filósofos. Fue un grupo de jóvenes filósofos que empezó a darse a conocer a mediados de los años 70 y que tardó unos años en hacerse popular. Se produjo de nuevo la aparición de una nueva ola de ideas solapada con la anterior y, de nuevo, también como reacción a los excesos de la primera.

Entre sus fundadores se suele citar a, André Glucksmann (1937-2015),Bernard-Henri Lévy (Nacido en 1948), Pascal Bruckner (Nacido en 1948), y Alain Finkielkraut (Nacido en 1949).

Todos fueron activistas en mayo del 68, pero no muchos años después, rompen con el marxismo, con el posestructuralismo, con el irracionalismo y con las ideas de Nietzsche y Heidegger.

Se hacen conservadores y defienden desde entonces el capitalismo y la sociedad de finales de siglo XX y comienzos del XXI. Salvo Glucksmann, todos viven y se mantienen activos en la actualidad, siendo de señalar el caso de Bernad-Henri Leví, multimillonario y propietario de empresas inmobiliarias y financieras.

 

La filosofía en los primeros años del siglo XXI

Intentamos ahorahacer una síntesis somera de la situación de la filosofía en las dos primeras décadas del siglo XXI. Para ello nos detendremos en temas desarrollados en los últimos años del siglo XX, ya que, como es lógico, la forma de medir el tiempo no tiene nada que ver con el pensamiento, las ideas y los pensadores.

Por ejemplo, en los últimos años del siglo pasado, surgió el “Comunitarismo”, el cual está muy vivo en la actualidad.

Se trata de una nueva filosofía política surgida, como digo, en las dos décadas finales del siglo pasado. Lo más importante de esta nueva propuesta de organizarnos y vivir en sociedad, es que no trata de destruir lo existente, ya sea el liberalismo, el individualismo o el mecanismo de mercado. Propone corregir los excesos de estos mecanismos y reformar todo lo que no funcione en nuestras democracias y nuestros sistemas políticos. La deontología es un enfoque fundamental de esta nueva concepción, así como el interés por lo demás, y la necesidad de que la ética y la moral formen parte de nuestro mundo. La sociedad civil debe tener un papel destacado en todo ello.

Lo que hay detrás de esta nueva forma de organizarnos es la posibilidad de un resurgir de la Sociedad Civil, o Sociedad Activa, como la llama el sociólogo estadounidense, Amitai Etzioni (Nacido en 1929), para reconducir el rumbo de la democracia actual. Y también, la necesidad de una nueva filosofía política encerrada en este movimiento.

Para decir algo más sobre esta cuestión, será bueno comenzar haciendo una referencia a la obra de Etzioni

Desde finales de los 60 y últimos de los 70 del siglo pasado he seguido la obra de Amitai Etzioni (Nacido en 1929), un sociólogo muy popular en los Estados Unidos en aquellos años y que sigue muy activo en la actualidad a pesar de sus más de 90 años de edad. En la época de mis dos periodos en la Universidad de Pennsylvania entre 1969 y 1977, estuve en una de sus conferencias y leí con gran interés su famoso libro, The Active Society, de 1968. Hace un par de años, por otra parte, asistí con gusto en Madrid a otra conferencia suya en un acto organizado por el Capítulo Español del Club de Roma.

En la Wharton School, en donde estudié durante varios años en el periodo citado, y en el departamento de Economía de la Universidad de Pennsylvania con el que he estado relacionado toda mi vida a través del Premio Nobel de Economía de 1980, Lawrence R. Klein (Fallecido en 2013), se utilizaba mucho a Etzioni en la etapa en que se dedicó y contribuyó destacadamente a la Teoría de las Organizaciones. Russell L. Ackoff, con el que estudié y trabajé en el Departamento de Social Systems Science de Wharton, recomendaba a Etzioni y sus libros en todos sus cursos.

Su dedicación a la Teoría de las Organizaciones que tuvo un cierto papel en el ámbito empresarial, fue superada muy pronto por preocupaciones superiores de este autor que siempre quiso influir en la organización del mundo en su conjunto y en las formas de funcionamiento de las sociedades humanas.

Su siguiente gran aportación fue la introducción del concepto de socioeconomía y del término, “Socioeconomía”, para expresar un nuevo paradigma sobre la ciencia económica que tuvo gran importancia a finales de los años 80 y en los 90 del siglo pasado. Creó asimismo en 1988 la Sociedad Mundial de Socioeconomía

Ha dedicado gran atención al Comunitarismo, nueva filosofía política de la que forma parte junto a otros autores muy conocidos, entre ellos el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales de 2018, Michael Sandel (Nacido en 1953).

Su visión del comunitarismo debe mucho a sus experiencias en Israel, a la vida en los kibbutz y al cooperativismo, una forma de ocuparse de la producción de bienes y servicios que Etzioni ha defendido siempre.

Su maestro en Israel, siempre recordado y defendido por Etzioni, fue el filósofo austriaco-israelí, Martin Buber (1878-1965), autor de libro Ich und Du (Yo y Tú), escrito en 1923, en el que introduce una especie de teoría o filosofía del dialogo entre individuos, instituciones y sociedades.

En los últimos años he leído intermitentemente su libro en español, La dimensión moral. Hacia una nueva economía (Biblioteca Palabra, Madrid, 2007), y estoy leyendo en la actualidad, El Guardián de mi hermano, de 2006, publicado también por Biblioteca Palabra.

Desarrolla en ellos sus críticas a la economía neoclásica, al liberalismo y al individualismo, con su enfoque, o paradigma, “yo y nosotros”, muy dependiente de las ideas de Buber.

Pero no nos engañemos, el comunitarismo no es enemigo del liberalismo, solo lo es de sus excesos. Dice Etzioni en su libro, La dimensión moral, cosas como las siguientes: “EL paradigma ‘yo y nosotros’ está tan preocupado por las libertades individuales como el paradigma neoclásico”.

Habla además de la existencia en nuestras sociedades de individuos sobre-socializados que pierden su auto-identidad y su auto-control e individuos infra-socializados, entre los que incluye a pervertidos, criminales y locos.

Propone, como es lógico, un equilibrio entre esos dos extremos y habla de una “socialización adecuada”, en la cual el individuo pueda competir, actuar racionalmente y perseguir metas personales, aunque, como es lógico también, con reglas de juego que tenemos que respetar todos.

El “yo”, según este autor, no existe sin el “nosotros”, y nuestras sociedades no subsistirían solo con la competitividad y la búsqueda del interés personal como reglas. La colaboración y el interés por los demás son imprescindibles, aunque no pueden ser impuestos coercitivamente desde arriba. Deben surgir de la sociedad misma y de sus individuos.

Es una corriente de pensamiento más sociológica e incluso política que filosófica, pero en su gestación está, como cabría esperar, la labor de grandes filósofos ya mencionados en estas notas, como Charles Taylor (nacido en 1931), que escribió sobre la modernidad,Alasdair MacIntyre (nacido en 1929), filósofo de la moral, o el mismo Martin Buber, existencialista, filósofo del diálogo y partidario del entendimiento entre los pueblos.

 

Artículo elaborado por Adolfo Castilla, doctor en Ingeniería, catedrático de economía aplicada, y colaborador de la Cátedra Hana y Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

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