El científico humanista E. O. Wilson fallece a los 92 años

(Miguel Luque Naranjo) El pasado día 26 de diciembre de 2021 falleció el científico humanista que se declaraba ateo, Edward Osborne Wilson. Había nacido en Birminham, Alabama, el 10 de junio de 1929. Contaba 92 años de edad. Wilson, científico muy conocido en el mundo de la biología evolutiva, fue un experto en insectos (y especialmente en las hormigas) pero que fue madurando su pensamiento hacia otros campos más humanísticos sin perder la perspectiva científica.

 

Edward Osborne Wilson se nos ha ido entre polémicas. Sus propuestas, muchas veces arriesgadas y discutibles, no siempre fueron bien aceptadas.

La prensa se ha referido a él como “el padre de la biodiversidad y de la sociobiología” por sus contribuciones pioneras en estos campos. ​También fue pionero en la defensa de la “consiliencia”, la unión de los conocimientos y la información de distintas disciplinas para crear un marco unificado de entendimiento.​

La sociobiología, la consiliencia, el humanismo científico, la biodiversidad, su antropología biologicista y su modo de entender el altruismo, su concepción reduccionista del mundo son propuestas no bien acogidas. Su vida fui polémica. Pero dejó una huella en el mundo científico y en la sociedad.

Uno de sus últimos libros publicados cuando ya era profesor emérito fue The Creation: an appeal to save Life on Earth. Salió a la luz en 2006 y el contenido del libro está formado por una serie de cartas a un predicador bautista del sur ficticio, cuyo resultado es que todos deberíamos dejar de lado el dogma, la ideología y la metafísica, y unirnos a la causa para “salvar la Creación”, son más de una bolsa mixta.

 

Llamada a la consiliencia con las religiones

Este texto del inicio de este ensayo es significativo: Reverendo: necesitamos su colaboración. La Creación -la naturaleza viviente- está en riesgo. Los hombres de ciencia estiman que si la transformación del hábitat natural y otras actividades humanas destructivas continúan con el ritmo actual, la mitad de las especies animales y vegetales de la tierra se habrán extinguido o estarán en peligro de extinción al terminar este siglo”.

Escrita bajo la forma de una apasionada carta a un pastor bautista, ‘La Creación’, obra urgente y oportuna, Wilson (que se define a sí mismo como “humanista laico”) alerta sobre las consecuencias de la contaminación, el calentamiento global y la rápida declinación de la diversidad biológica en la tierra, y sugiere que la ciencia y la religión deben actuar conjuntamente para resolver algunos de los problemas más graves del siglo que se inicia”.

 

Antecedentes: Carl Sagan y la llamada en 1990 a las religiones

En 1990, el desaparecido astrónomo de Cornell, Carl Sagan, inició la Carta abierta a la comunidad religiosa estadounidense. Firmada por 32 premios Nobel y otros científicos, incluido Wilson, hacía una llamada a las tradiciones religiosas para defender juntos la creación. La carta abierta / llamamiento se presentó en enero de 1990 en la Conferencia del Foro Global de Líderes Espirituales y Parlamentarios en Moscú, Rusia.

Doscientos setenta y un reconocidos líderes espirituales de ochenta y tres países – patriarcas, lamas, rabinos principales, cardenales, mulás, arzobispos, profesores de teología – firmaron el llamamiento  (Foro sobre declaraciones religiosas y ecológicas, Testigo religioso de la Tierra, Target Earth, Web of Creation y Asociación Religiosa Nacional para el Medio Ambiente.).

En parte en respuesta a esa carta, la  Asociación Religiosa Nacional para el Medio Ambiente, una coalición de organizaciones judías, católicas, ortodoxas, tradicionales y evangélicas, se fundó en 1993.

También en 1993 se fundó la Red Ambiental Evangélica y se publicó la Declaración evangélica sobre el cuidado de la creación.  Hay tantas iniciativas en la interfaz de la religión y el medio ambiente, desde el Instituto AuSable de Cal DeWitt   hasta el reciente Conferencia sobre el cristianismo y el medio ambiente  en el Instituto MacLaurin (el Centro de estudios cristianos de la Universidad de Minnesota), que es prácticamente imposible mantenerse al día con todo.

 

La ciencia humanista de Edward O. Wilson

Desde los años 60 del siglo XX la trayectoria intelectual e interdisciplinar de Edward O. Wilson ha sido muy diversa, aunque se percibe una línea de fondo que llega hasta hoy.

Sus inicios en la ciencia se centraron en el estudio biológico y social de las hormigas y desde allí levantó sus alas hacia otros temas más integradores.

  1. Biogeografía, Biodiversidad y Evolución: el mundo como sistema en evolución

A partir del estudio sobre las hormigas, su curiosidad intelectual le llevó a la biología y biogeografía evolutiva: las relaciones entre los cambios geográficos y la evolución de las especies.

Biogeografía y evolución

En mis lejanos años de estudiante (hace medio siglo) tuve el gusto de usar algunos libros de Wilson. Mis trabajos sobre paleo-bio-geografía (la evolución de las especies en función del cambio de placas y geografía de los continentes) me lo exigían.

En 1963 su trabajo y su concepción del equilibrio de especies lo llevaron a la teoría de la biogeografía de islas, que desarrolló junto al fallecido Robert H. MacArthur de la Universidad de Princeton. En su teoría, la inmigración y la extinción, los determinantes de la biodiversidad a nivel de especie, estaban vinculados al área (distancia de las islas a las regiones de origen) y las propiedades básicas de la ecología y la demografía.

El trabajo culminó en su libro de 1967 The Theory of Island Biogeography, el cual ha sido un trabajo de referencia estándar desde entonces. Tuve ocasión de usar sus ideas en los años setenta…

  1. Sociobiología

Desde estas perspectivas, Wilson investiga otros campos. En 1971 publicó su segunda síntesis principal, The Insect Societies, que formulaba el conocimiento existente sobre el comportamiento de las hormigas, abejas sociales, avispas sociales y termitas, sobre la base de la biología de poblaciones.

En él introdujo el concepto de una nueva disciplina, la sociobiología, el estudio sistemático de la base biológica del comportamiento social en todo tipo de organismos. En 1975 publicó Sociobiología: La Nueva Síntesis, que extendió el tema a los vertebrados y lo unió más estrechamente a la biología evolutiva. Sin embargo, el excesivo “reduccionismo” hizo que su obra fuera muy criticada.

Sociobiología también incluyó un breve análisis de los orígenes de la naturaleza humana. Esto provocó una amarga controversia sobre el papel de la biología en el comportamiento humano, aún no resuelta.

Aunque se le suele considerar el creador del término “humanismo científico”, para él este término era más científico que humanístico, como veremos, tiende a un cierto “reduccionismo” biologicista: la biología parece explicarlo todo.

  1. ¿Quiénes somos nosotros los humanos? La naturaleza humana

Esto nos lleva al tercer ámbito de interés de Edward O. Wilson. ¿En qué nos diferenciamos de los animales?

En 1978 Wilson publicó su polémica obra Sobre la naturaleza humana con la que ganó su primer Premio Pulitzer. La obra trata el papel de la biología en la evolución de la cultura humana con el objetivo de cubrir más completamente el tema de la cultura y responder a la crítica. Su acusado reduccionismo (explicar todo lo que somos desde los principios de la biología) creó problemas. En esta línea, en 1981, después de colaborar con Charles Lumsden, publicó Genes, Mind and Culture,una teoría de la coevolución entre genes y culturas.

El “reduccionismo biologicista” de Wilson hizo que desde muchas instancias su obra fuera muy criticada.

  1. Consiliencia: la unidad del conocimiento

En la década de 1990 Edward O. Wilson publicó las importantes obras La diversidad de la vida (1992), su autobiografía El Naturalista (1994) y Consilience: La Unidad del Conocimiento (1998).

Con la obra La diversidad de la vida sintetizó los principios y las cuestiones prácticas más importantes de la diversidad biológica y se convirtió en un trabajo de referencia.

Consiliencia: ¿es posible la unificación del conocimiento humano? ¿Debe ser la CIENCIA el paraguas bajo el que se aloje todo el conocimiento? ¿Niega cualquier metafísica o trascendencia?

En Consilience abogó por la reversión de la actual fragmentación del conocimiento y las ideologías posmodernistas y un retorno a los ideales de la Ilustración original, incluido el puente entre las ciencias y las humanidades. Este trabajo ha tenido un impacto considerable y ha sentado las bases de su propósito. ​

La Consiliencia es la disposición de nuestra mente por la voluntad de unir los conocimientos y la información de distintas disciplinas para crear un marco unificado de entendimiento. Del inglés consilience, la unidad del conocimiento (literalmente un “saltar juntos” del conocimiento), tiene sus raíces en el concepto griego clásico de reglas intrínsecas que gobiernan nuestro cosmos, inherentemente comprensibles mediante el uso de la razón, una visión divergente a las posturas místicas de las culturas variadas que rodeaban a la Helénica.

La consiliencia como paradigma de interpretación del mundo

El alegato de Wilson en Consilience fue que las ciencias, las humanidades y las artes tienen un objetivo común: proporcionar un sentido, comprender los detalles, proporcionar a quienes se preguntan “una convicción, más allá de la mera proposición de trabajo, de que el mundo está ordenado y puede ser explicado por un pequeño número de leyes naturales”. Esta es la esencia de la consiliencia.

Y por tanto la consiliencia guarda un gran parecido con el reduccionismo. Esta es la crítica que se hace a la Consiliencia de Wilson y que ha sido arrastrada por la llamada Tercera Cultura.

Diversas interpretaciones de la consiliencia

Un camino paralelo lo representa el término universología, que literalmente significa “la ciencia del universo”. La universología fue aclamada por Stephen Pearl Andrews, un anarquista y futurista utópico del siglo XIX, como el estudio de los principios interconectores y de las verdades de todos los dominios del conocimiento. Es un término usado por la New Age.

De alguna manera, la interdisciplinariedad es una actitud similar a la consiliencia, pero respetando la autonomía de cada una de las ciencias y conocimientos que se integran.

El término consiliencia fue aparentemente acuñado por William Whewell,en La filosofía de las ciencias inductivas, en 1840. En esta síntesis, Whewell explicaba que «la consiliencia de las inducciones surge cuando una inducción, obtenida a partir de una serie de hechos, coincide con una inducción obtenida por otra serie diferente de hechos.

De esta manera la consiliencia es una prueba de la verdad de la teoría cuando esto ocurre». El método científico ha pasado a ser casi universalmente aceptado como el método exclusivo para probar el estatus de cualquier teoría o hipótesis científica. Las “inducciones” que surgen desde la aplicación del método científico son, por definición, los únicos indicadores aceptados de consiliencia.

Concepto moderno de consiliencia

El punto de vista moderno comprende que cada rama del conocimiento estudia un subconjunto de la realidad que depende de factores estudiados en otras ramas. La física atómica subyace a los trabajos de la química, que estudia las propiedades emergentes que por otra parte constituyen las bases de la biología. La psicología no puede ser vista más por separado del estudio de las propiedades emergentes de las interacciones de las neuronas y las sinapsis.

La sociología, la economía y la antropología son, a su vez, estudios de las propiedades emergentes de la interacción de incontables individuos humanos. Sobre tales medidas, la sinergia epifenoménica por consiliencia (integración) y reduccionismo (derivación) es convergente a la evidencia en la cognición humana.

El término “consiliencia” había permanecido arrinconado hasta el final del siglo XX, cuando fue revivido notoriamente en Consilience: La unidad del conocimiento(1998) como una propuesta que intenta tender un puente sobre el abismo cultural entre las ciencias y las humanidades que, a su vez, había sido objeto del libro de C. P. Snow titulado Las dos culturas y la revolución científica, en 1959.

Personalmente he intervenido en este asunto con dos artículos: Ver en FronterasCTR: https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/?p=4174https://blogs.comillas.edu/FronterasCTR/?p=4804

El alegato de Wilson fue que las ciencias, las humanidades y las artes tienen un objetivo común: proporcionar un sentido, comprender los detalles, proporcionar a quienes se preguntan “una convicción, más allá de la mera proposición de trabajo, de que el mundo está ordenado y puede ser explicado por un pequeño número de leyes naturales”. Esta es la esencia de la consiliencia. Y por tanto la consiliencia guarda un gran parecido con el reduccionismo.

Un camino paralelo lo representa el término universología, que literalmente significa “la ciencia del universo”. La universología fue aclamada por Stephen Pearl Andrews, un anarquista y futurista utópico del siglo XIX, como el estudio de los principios interconectores y de las verdades de todos los dominios del conocimiento.

 

Una vida que da frutos en muchos campos: bibliografía en castellano de Edward O. Wilson

Entre la treintena de libros que escribió Edward O. Wilson destacan muchos. Este es el listado de las obras en castellano:

 

A principios de 2022 se publicará en España Historias del mundo de las hormigas (editorial Crítica), una obra en la que relata sus nueve décadas pasión científica por las más de 15.000 especies de hormigas existentes y repasa las expediciones que hizo para conocerlas.

 

Conclusión

El fallecimiento de Edward Osborne Wilson es una ocasión para que recojamos los esfuerzos que muchos hacen en nuestra sociedad para tener una mente extendida hacia otras problemáticas tangentes interdisciplinarmente con los problemas de nuestro tiempo en un clima de Sinodalidad.

 

Miguel Luque Naranjo, Médico de familia, miembro de ASINJA (Asociación Interdisciplinar José de Acosta) y Colaborador de la Cátedra CTR.

5 comentarios en «El científico humanista E. O. Wilson fallece a los 92 años»

  1. Muy completa la síntesis del doctor Miguel Luque.. Desde la fecha del fallecimiento de Wilson han sido muchos los testimonios de admiración por su presencia y aportaciones en el mundo de las ciencias de la vida y de la tierra. NATIONAL GEOGRAPHIC escribía: “Tras el legado de Edward O. Wilson, un gigante de la biología
    Conocido como el nuevo Darwin o el padre de la sociobiología, son muchos los apodos que describen la prolífica e inspiradora carrera del profesor Edward O. Wilson, uno de los más reconocidos defensores de la biodiversidad. 30 de diciembre de 2021, 13:30 | Actualizado a 31 de diciembre de 2021, 02:06 Un gigante de la ciencia moderna nos ha dejado recientemente a los 92 años de edad. La noticia, completamente desoladora, llega además apenas un día después de que otro referente en el estudio de la biodiversidad, Thomas Lovejoy, falleciera a los 80 años. Sus contribuciones al estudio de la biodiversidad y la conservación han forjado un extraordinario legado a través del cual entender y preservar el medio natural, y es por ello que el vacío dejado tras el fallecimiento de Edward Osborne Wilson es irrecuperable. La motivación por descifrar los misterios del mundo natural fue un motor imperecedero en la vida de este visionario. Profesor en la Universidad de Harvard durante 46 años, Wilson publicó más de 400 artículos científicos y una treintena de libros. Sus contribuciones le llevaron a recibir más de 150 reconocimientos internacionales, entre los que se encuentran dos Premios Pulitzer por sus libros On Human Nature (1979) y The Ants (1991). La revista Science definió este último como una de las más grandes contribuciones al mundo de la entomología, disciplina encargada del estudio de los insectos.

  2. La revista AGORA decia: Diálogos del Ágora Edward O. Wilson: adiós al padre de la sociobiología. El conocido catedrático de Harvard Edward O. Wilson ha fallecido a los 92 años de edad. Sus famosos estudios sobre insectos sociales como las hormigas crearon una disciplina nueva, la sociobiología, que ayuda también a entender de forma comparada las organizaciones humanas. Edward O. Wilson, biólogo, naturalista y uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo, ha muerto a los 92 años de edad en la ciudad de Burlington en Massachusetts (EEUU). Se le conocía como «el heredero natural de Darwin» y cariñosamente como «el señor de las hormigas» por su trabajo pionero como entomólogo. La fundación que lleva su nombre informó de su fallecimiento este pasado domingo 26 de diciembre. E. O. Wilson (Alabama, 1929 – Massachusetts 2021), era doctor honoris causa por 40 universidades, había recibido la Medalla Nacional de la Ciencia (Estados Unidos), el Premio Internacional de Biología (Japón) y el Premio Crafoord de la Real Academia Sueca de Ciencias, entre otros 130 reconocimientos a su trayectoria. En España se le concedió el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación en 2011. «Sería difícil subestimar los logros científicos de Ed, pero su impacto se extiende a todas las facetas de la sociedad. Era un verdadero visionario con una capacidad única para inspirar y galvanizar. Articuló, quizás mejor que nadie, lo que significa ser humano. Su contagiosa curiosidad y creatividad han marcado la vida de muchas personas, incluida la mía, y me siento afortunado de haberle llamado amigo», ha declarado David J. Prend, presidente del Consejo de Administración de la Fundación E.O. Wilson para la Biodiversidad. Catedrático emérito por la Universidad de Harvard, desde muy joven cultivó su amor por la naturaleza en las marismas y bosques de Alabama y en el parque Rock Creek de Washington D.C. Estudió en la Universidad de Alabama y, posteriormente, en la Universidad de Harvard donde se doctoraría en entomología en 1955.

  3. Desde mi punto de vista, uno de los aspectos de filosofía de la biología más discutibles de Wilson es el haber introducido el término SOCIOBIOLOGIA. Una de las últimas reinterpretaciones de la teoría darvinista es la sociobiología. Esta postura, iniciada por E.O. Wilson, pretende descubrir los fundamentos biológicos del comportamiento social. De este modo, la sociobiología intenta demostrar que los modelos específicos de comportamiento social – por lo demás, enormemente diversos – están determinados por la Biología.
    Esta línea de pensamiento – iniciada por H. Spencer – sugiere la posibilidad de extrapolar las investigaciones de la Biología evolutiva al fenómeno humano, a fin de descubrir la continuidad entre la conducta animal y la conducta humana. La voluntad de llevar al darwinismo hasta sus últimas consecuencias sugirió al biólogo E. O. Wilson, especialista en hormigas, la idea de que si la selección natural es la ley que gobierna la naturaleza, se aplicará de igual forma al comportamiento. El propio E. O. Wilson define la sociobiología como “el estudio sistemático de las bases biológicas de todo comportamiento social”. Desde mi punto de vista (discutible) la sociobiología tiene una base REDUCCIONISTA, para la cual la BIOLOGIA lo explica todo…Y los seres humanos somos algo más que BIOLOGÍA. http://06darwinismosocial.blogspot.com/2009/04/72-la-sociobiologia-de-e-o-wilson.html En este comportamiento que la sociobiología se propone como objeto de estudio, se encuentran todas las especies acogidas al mismo estatuto: “desde las medusas hasta el hombre”. Apoyándose en datos de la Etología, la Ecología y la Genética, sostiene que “cada formación viviente puede ser considerada como un experimento evolutivo, producto de millones de años de interacción entre los genes y el medio ambiente”. De ahí que la labor del sociobiólogo consista en “intentar situar a la humanidad en su lugar adecuado en un catálogo de las especies sociales de la Tierra”. Por otro lado, niega autonomía al orden de la cultura, afirmando que lo cultural queda disuelto en la biológico. Con otras palabras, la sociobiología atribuye a los genes toda la riqueza y variedad sociocultural del comportamiento humano.

  4. Uno de los aspectos más criticables de Wilson es el de la SOCIOBIOLOGIA. COINCIDO en estas ideas: Desde estas perspectivas, Wilson investiga otros campos. En 1971 publicó su segunda síntesis principal, The Insect Societies, que formulaba el conocimiento existente sobre el comportamiento de las hormigas, abejas sociales, avispas sociales y termitas, sobre la base de la biología de poblaciones. En él introdujo el concepto de una nueva disciplina, la sociobiología, el estudio sistemático de la base biológica del comportamiento social en todo tipo de organismos. En 1975 publicó Sociobiología: La Nueva Síntesis, que extendió el tema a los vertebrados y lo unió más estrechamente a la biología evolutiva. Sin embargo, el excesivo “reduccionismo” hizo que su obra fuera muy criticada. ​Sociobiología también incluyó un breve análisis de los orígenes de la naturaleza humana. Esto provocó una amarga controversia sobre el papel de la biología en el comportamiento humano, aún no resuelta. Aunque se le suele considerar el creador del término “humanismo científico”, para él este término era más científico que humanístico, como veremos, tiende a un cierto “reduccionismo” biologicista: la biología parece explicarlo todo.

  5. Un concepto que ha madurado Wilson y ha tenido mucho éxito es el de CONSILIENCIA: La unidad del saber
    El libro de E. O. Wilson Consilience: The Unity of Knowledge (Nueva York: Knopf, 1998) es uno de los grandes libros de pensamiento de la actualidad, un clásico moderno que combina ciencia, filosofía, ecología, ética y humanidades. Y es el libro más representativo en torno al cual se organiza el actual paradigma crítico que podríamos llamar evolucionista-sociobiológico. Es un libro de horizonte intelectual amplísimo, que une en un acto interpretativo toda la experiencia humana desde los orígenes remotos, y la historia complicada, hasta una visión del futuro y una llamada a la acción y a la consciencia ética. Es a la vez una exposición del conocimiento, un aviso, y una moral de la responsabilidad. Es uno de esos libros que hay que leer para entender de dónde venimos, quiénes somos y a dónde queremos—o podemos—ir. Y qué hacer para ello. Así describe el libro su solapa, exacta en este caso: “Una enorme aventura intelectual. En este libro que abre nuevas direcciones, el biólogo norteamericano Edward O. Wilson, considerado como uno de los mayores científicos vivientes, defiende la unidad fundamental de todo el conocimiento, y la necesidad de buscar la consiliencia—la prueba de que todo en nuestro mundo está organizado en función de un pequeño número de leyes fundamentales naturales que comprenden los principios subyacentes a todas las ramas del saber. El profesor Wilson, pionero de la sociobiología y de la biodiversidad, vuelve a romper las convenciones del pensamiento comúnmente aceptado. Muestra cómo y por qué nuestro ascenso explosivo hacia el dominio intelectual de las verdades de nuestro universo tiene sus raíces en el antiguo concepto griego de un orden intrínseco que gobierna nuestro cosmos y a la especie humana—una visión que encontró su apogeo en la época de la Ilustración, y luego se perdió gradualmente en la creciente fragmentación y especialización del conocimiento de los dos últimos siglos. Basándose en conocimientos de las ciencias físicas y de la biología, de la antropología, psicología, religión, filosofía, y las artes, el profesor Wilson muestra por qué los objetivos originales de la Ilustración están volviendo a la vida súbitamente, por qué están reapareciendo en la frontera misma de las ciencias y del saber humanístico, y cómo están empezando a perfilarse como el plan maestro de nuestro mundo tal y como efectivamente es—de modo profundo, elegante y apasionante.” El epígrafe viene de uno de los padres de la Ilustración, Francis Bacon, que a principios del siglo XVII escribió su propia panorámica de las disciplinas del saber, The Advancement of Learning. Hacía falta valor entonces para trazar una panorámica del conocimiento, y hace falta mucho más a finales del siglo XX, tras la supuesta muerte del proyecto de la Ilustración y el descrédito de las “Grandes narrativas.” Pero si algo tiene sentido en ciencia es en términos de la evolución, y no hay mayor narrativa que la que todo lo comprende. Wilson propone una nueva Gran Instauración que combine las ciencias y las humanidades, para fundar una filosofía del ser humano que conozca su sitio en el Universo, y una ética ecológicamente responsable que le lleve a preservar el medio ambiente para preservarse a sí mismo. El libro pasa revista a la cosmología y las ciencias naturales, a la evolución humana y la mente, al nuevo conocimiento del cuerpo y la mente que nos da la genética; concibe la cultura como enraizada en la naturaleza humana, y examina las ciencias sociales, las artes y la religión desde esta perspectiva sociobiológica, evolucionista y ecológica.
    De todas formas, tal como la describe Wilson, la CONSILIENCIA tiene un cierto sesgo REDUCCIONISTA (como sucede con la sociobiología). Para Wilson el auténtico “saber” es el de las ciencias, y el método de las ciencias es el único posible. Como ocurre con Brockman hay un cierto intento de que las ciencias “abduzcan, absorban” a las humanidades. Y esto puede ser peligroso para la interdisciplinariedad.

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