Teoría del todo, filosofía y teología: Diálogo entre ciencia-fe en memoria de A. Udías SJ

[Agustín Ortega Cabrera] Estamos a vueltas con el necesario e imprescindible diálogo y encuentro de la fe con la razón, con las ciencias, con la filosofía y la cultura. Este artículo está dedicado a la memoria de Agustín Udías, jesuita, científico y pensador, uno de los autores más significativos que trató estas cuestiones o temáticas y que cada uno de nosotros, con nuestros propios enfoques u horizontes, debemos proseguir en esta apasionante tarea de un pensamiento interdisciplinar, humanista y espiritual.

Lo primero que hemos de exponer es la demarcación y objeto propio de cada disciplina. Las ciencias estudian la naturaleza de lo real, de las cosas y de la materia, aquellas realidades más empíricas, sensibles y materiales; con un método y principios epistemológicos como son la afirmación de lo real con su esencia y estructuración integral o dinamismos, el ir las causas o raíces ultimas de las cuestiones o seres, la no contradicción entre las realidades propias, etc.

Ciencias, filosofía y teología: a modo de The Big Bang Theory

En esta línea, al investigar el principio y origen del universo, de lo existente o real, como se ha formulado la ciencia llega hasta las primeras partículas o materias que causaron esta génesis del cosmos. A partir de ahí, siguiendo el propio método científico y epistemológico, la ciencia se detiene y se abre a la filosofía que sigue razonando sobre dicho origen o causas ultimas de dichas partículas/materia generadoras de la existencia, lo cual va más allá de lo estrictamente físico. Efectivamente, de esta forma la filosofía reflexiona sobre estas cuestiones últimas, el principio del dónde venimos, estas realidades filosóficas y metafísicas de los principios o primeras causas de todo, del sentido de la existencia…

En esta línea, el propio estudio filosófico y su metafísica, ciencia de la ciencia y filosofía primera o teología natural como la llamaron ya los pensadores y genios clásicos, se abre la experiencia religiosa. La realidad de la fe y la teología prosiguen ahondando estas cuestiones metafísicas y trascendentes, planteadas por la misma filosofía. Innumerables genios científicos y filósofos o teólogos de todas las épocas, hasta llegar a la nuestra, se han planteado dichas cuestiones del origen, sentido y destino de la existencia; esta primera causa que origina el ser, lo existente, la vida desde la nada que, desde la misma metodología expuesta, podemos afirmar que es incapaz de hacer existir algo, algún ser. La evidencia de que la nada, el no ser,  no puede originar el ser y mucho menos la armonía, el equilibrio, el orden, la sabiduría y belleza: que refleja el cosmos y en especial (singularmente) el ser humano.

Lo real, la materia o realidad primera con la misma vida, han de tener una causa primera incausada, un primer principio sin origen que posibilite de suyo la existencia, lo real. Detrás de todo se encuentra lo Trascendente, la suprema Belleza e Inteligencia del Dios de la Vida. No por casualidad un sacerdote belga, G. Lemaître, no sólo fue el primero en proponer la teoría del Big Bang, sino que también descubrió el desvío al rojo de la luz que llega de las galaxias y la consiguiente expansión del universo (dos años antes que E. Hubble). Por citar a otro de estos referentes científicos y premios Nobeles, M. Planck, “nada pues nos lo impide, y el impulso de nuestro conocimiento lo exige, relacionar mutuamente el orden del universo y el Dios de la religión. Dios está para el creyente en el principio de sus discursos, para el físico en el término de los mismos”. Al respecto, aún más contundente, decía I. Newton: “me basta examinar un brizna de hierba, o un puñado de tierra, para confirmar la existencia de Dios”. No hay contradicción ni conflicto pues de la ciencia, que tiene su propio ámbito en el estudio de cómo son las cosas (“cómo es el cielo”), con la filosofía y la religión (la teología) que se centran más en el para qué o porqué de esas cosas, en su apertura a la trascendencia, a la vida plena y eterna (“cómo se va al cielo”, siguiendo ya este dicho popular). Por ello, la misma Biblia no es un libro de ciencia, sino de religión, de teología que narra toda esta experiencia de fe y salvación, regalada por Dios en Cristo.

Teoría del todo y horizontes de la cuestión

Desde dichos genios de la ciencia con sus premios Nobeles- como el mismo A. Einstein- y de la filosofía o de la propia teología, tantos clásicos como de la edad moderna o contemporánea, en este dialogo u horizonte interdisciplinar se nos plantean las cuestiones como es La teoría del todo. Esto es, una cosmovisión o comprensión (conocimiento) de la realidad, que pueda unificar e integrar los diversos dinamismos del cosmos, de lo real. Es claro que la mente humana no puede conocer ni comprender total y perfectamente todo lo existente, solo Dios tiene esta naturaleza omnicomprensiva.

Ahora bien, en este dialogo y encuentro mutuo (fecundo) e interdisciplinar de la fe con la razón, como son sus disciplinas científicas y filosóficas, tal como nos enseña la fe e iglesia con los papas como Francisco o León XIV: nos podemos aproximar y contemplar mejor la trascendencia e inmensidad de la realidad. Uno de estos genios mencionados, el jesuita P. T. de Chardin, del que A. Udías fue uno de sus mejores conocedores, es un pionero y modelo de todo ello. Con sus aciertos o límites, como todo autor, el mismos papa Francisco señala las aportaciones de P. T. de Chardin, que apunta como “el fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal” (LS 83, nota 53).

Efectivamente, todos estos genios citados con la misma ciencia y la filosofía,  como es P. T. de Chardin junto a estos papas como Francisco y la ecología integral (LS), nos indican que todo está relacionado, que las diversas realidades están unidas con sus dinamismos respectivos. La armonía o equilibrio que co-relaciona (unifica) el origen y dinamismo del cosmos (cosmogénesis), de la vida (biogénesis)-la ecología ambiental- , del ser humano (ecología humana) con su mente o conciencia (noogénesis) y su unión con los otros (ecología social). Y que tiene su raíz o plenitud en el Dios de la Vida encarnado en Jesús (Cristogénesis), la ecología espiritual que da sentido ultimo a toda esta ecología integral con un auténtico buen vivir.

Es el desarrollo desde el Alfa hasta el Omega, el mismo Jesucristo cósmico-Principio y Fin de todo, realizándose en su amor que nos va uniendo, nos madura y trasciende cada vez más hasta la eternidad, cuando “Dios sea todo en todos” (1 Cor 15, 28). Como ya nos testimonian los santos, por ejemplo, un San Francisco de Asís y su Cántico de las criaturas, San Ignacio de Loyola y su Contemplación para alcanzar amor (EE 230-237) o San de la Cruz en su Cántico espiritual, tal como nos sigue transmitiendo todo ello Francisco en LS.

Se muestra por tanto “la realidad, que está antes que la idea”, y su totalidad (“el todo es mayor que la parte”), articulando y abarcando e incluyendo lo micro-macro o lo trascendente e inmanente; con sus procesos dinámicos, ya que “el tiempo es mayor que el espacio”, y horizontes de unión, “la unidad está antes que el conflicto”. Así nos lo enseña el papa Francisco con su magisterio, en dialogo con lo más valioso de la filosofía y la ciencia, en continuidad con esos genios como son san Agustín, santo Tomás de Aquino o san Buenaventura; con estos principios citados que nos posibilitan el discernimiento de la realidad, en su correspectividad (unidad) estructural y dinamismos abierto a la trascendencia, siguiendo a otros de esos genios que es X. Zubiri.

Esta relación de todo con todo, sigue enseñando lo más valioso de la teología con P. T. de Chardin y Francisco, tiene su esencia en la Encarnación, por la que Dios en Cristo ha asumido y unido en sí mismo toda la realidad. Y, en esta dirección, se entraña en la Trascendencia del Dios Trinidad, el Dios Amor, Comunión y Solidaridad, principio y modelo de las relaciones fraternas y solidarias en la vida social, política, económica, ecológica, cultural…

Conclusión teológica

“San Buenaventura llegó a decir que el ser humano, antes del pecado, podía descubrir cómo cada criatura «testifica que Dios es trino». El reflejo de la Trinidad se podía reconocer en la naturaleza «cuando ni ese libro era oscuro para el hombre ni el ojo del hombre se había enturbiado». El santo franciscano nos enseña que toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria, tan real que podría ser espontáneamente contemplada si la mirada del ser humano no fuera limitada, oscura y frágil. Así nos indica el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria.

Las Personas divinas son relaciones subsistentes, y el mundo, creado según el modelo divino, es una trama de relaciones. Las criaturas tienden hacia Dios, y a su vez es propio de todo ser viviente tender hacia otra cosa, de tal modo que en el seno del universo podemos encontrar un sinnúmero de constantes relaciones que se entrelazan secretamente (cf. Tomás de Aquino, Summa Theologiae I, q. 11, art. 3; q. 21, art. 1, ad 3; q. 47, art. 3.)” (LS 239-240).

*Agustín Ortega Cabrera PhD es colaborador de Fronteras CTR, profesor en la Universidad Católica de Chimbote (Perú) e investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México).