[Camino Cañón Loyes] He recibido con gratitud la invitación a escribir esta semblanza de Agustín Udías SJ, a quien recuerdo y recordaré con su sonrisa serena y su porte elegante. En el trato era sencillo y afable, generoso en sus respuestas, sabio en la transmisión de conocimientos, siempre cercano con las personas que le tratamos en algunos trechos de la vida. De modo muy singular, mostraba su compenetración con la Compañía de Jesús, en la valoración de sus personas, en la disponibilidad para acoger sugerencias de colaboración, en su empeño por dar a conocer la historia de la gran aportación de los jesuitas a la historia de las ciencias y, apoyándose en ella, mostrar, en personas concretas, modos de vivir integradamente el quehacer científico y la fe cristiana. De estas búsquedas nacieron reflexiones compartidas en diversos foros cualificados y expresiones autorizadas en libros concretos.
A este apartado inicial le faltaría algo sustantivo si no evidenciara la relación espiritual que Agustín mantuvo con Teilhard de Chardin (1881-1955) a través de sus escritos. En él encontró a un compañero que se había adentrado en la senda de la racionalidad científica con confianza plena en que el Dios de la fe es también el Deus scientiarum Dominus. Teilhard había dejado un legado de su experiencia de vivir la fe mientras se adentraba en las búsquedas científicas en el que Agustín supo reconocer el camino a recorrer en la experiencia de los Ejercicios espirituales con la que estaba familiarizado. Fue un hallazgo que compartió con la convicción de haber encontrado algo valioso y lo hizo en relación de acompañante y en palabra escrita y publicada.
Agustín Udías ha culminado el pasado 4 de mayo, a sus 90 años, una vida intensa y fecunda. Su huella en los diversos caminos que recorrió queda como referente de compañeros, alumnos, amigos de Teilhard y buscadores intelectuales de las relaciones entre la ciencia y la religión.
A los 20 años, después de haberse introducido en la Compañía de Jesús en Salamanca, fue enviado a Cuba para realizar una formación que le capacitara para dirigir el Observatorio de La Habana. Los cambios políticos lo llevaron a estudiar Físicas con la especialidad en Geofísica y Sismología en la universidad de Saint Louis en Estados Unidos. Completó su formación realizando su formación teológica en Frankfurt donde tuvo ocasión de encontrarse con algunos compañeros jesuitas españoles. De vuelta a España recibe la ordenación sacerdotal y en el año 1969 retoma los estudios de Física, esta vez para preparar la convalidación de los estudios realizados en Estados Unidos y obtener el grado de doctor en España, condición requerida por la legislación vigente en aquel tiempo para todo el que deseara dedicarse a la vida académica en nuestro país.
En ese tiempo frecuentaba, casi a diario, el Departamento de Ecuaciones diferenciales y derivadas parciales dirigido por el también jesuita Alberto Dou, ubicado en un edificio compartido por las facultades de Ciencias Matemáticas, Físicas y Químicas en la Universidad Complutense. A quienes en esos años empezábamos a trabajar como becarios predoctorales y profesores ayudantes en aquel Departamento, no dejaba de llamarnos la atención aquel jesuita, por su porte distinguido y cordial, de rostro afable, del que Alberto Dou nos decía que estábamos ante alguien que llegaría a ser la mayor autoridad en España en el conocimiento de los movimientos sísmicos y de todo lo que se relacionara con terremotos. En 1973 Agustín Udías obtiene la plaza de Profesor agregado de Geofísica en la Universidad de Barcelona y se traslada allí hasta que, en el 1977, obtiene la Cátedra de Geofísica de la Universidad Complutense, en la que permanecerá hasta su jubilación.
De su legado en el ámbito académico de la física nos habla una nota publicada por la Facultad de Física de la Universidad Complutense. Dice de él que ha sido sin duda una de las figuras más relevantes de la historia de esta Facultad en los últimos 50 años, siendo el gran impulsor de la Geofísica, y en particular de la Sismología, en España. Fue director del Departamento de Geofísica y Física del Aire desde 1981 y más tarde del Departamento de Física de la Tierra, Astronomía y Astrofísica I (Geofísica y Meteorología) desde 1986. Señala también esta nota cómo su interés por la Historia de la Ciencia le llevó a ser el precursor y responsable durante muchos años de la asignatura Historia de la Física, que aún perdura en el plan de estudios del Grado en Física. Entre sus publicaciones está el libro del mismo nombre editado por la Editorial Síntesis. También cabe señalar en este apartado la publicación de Principles of Seismology (Cambridge University Press, 1999) y Fundamentos de Geofísica (en colaboración con J. Mezcua; 2ª ed. Alianza, Madrid 1997). El reconocimiento nacional e internacional a su excelente trayectoria científica fue muy notable, destacando su nombramiento como académico correspondiente de la Real Academia de Historia y miembro de la Academia Europea.
A su magisterio en el área de Geofísica hay que añadir la docencia que, durante casi una década, ejerció como profesor colaborador de Filosofía de la Naturaleza y Filosofía de la Ciencia en la facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia Comillas. Durante esos años coincidimos en el claustro y compartimos alumnos que valoraban no solo su saber sino, también, según me decía alguno de ellos estos días, su modo de interesar en la materia, de suyo árida, y la manera amable y humilde de escuchar y de acoger dudas, preguntas y comentarios. La huella que dejó en los alumnos de aquellos años es de un hondo reconocimiento y admiración.
En esas últimas décadas del siglo pasado se abrió paso en los espacios académicos europeos la cuestión de la interdisciplinariedad y, en ese contexto, surgió en el ámbito de los jesuitas una iniciativa acogida por el entonces provincial de España, Pedro Ferrer Pi. Liderada por José Gómez Caffarena, Andrés Tornos, Alfonso Álvarez Bolado y Alberto Dou se concretó inicialmente en la celebración de encuentros interdisciplinares cuyos participantes fueron numerosos y muy cualificados profesores jesuitas de diversas áreas científicas en universidades públicas, en el CSIC o en el ejercicio de algunas especialidades médicas, y en los centros de Educación superior de la Compañía de Jesús en España[1]. Estos encuentros dieron lugar a la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA), constituida en 1984. Agustín Udías fue miembro fundador y con él una veintena de jesuitas con gran prestigio académico, además de algunos otros profesores, compañeros seglares de claustro de aquellos, que veníamos participando como invitados en los encuentros anuales del grupo inicial. ASINJA ha venido sirviendo de plataforma para encuentro y reflexión interdisciplinar compartida durante varias décadas. La extensa colección de temas tratados ha quedado plasmada en una publicación anual de las actas de cada encuentro. En estas obras puede encontrarse un tratamiento interdisciplinar de las cuestiones emergentes del momento, siempre con la presencia de una ponencia elaborada desde la perspectiva teológica en diálogo con las aportaciones de las saberes de las ciencias concurrentes en el tema y con el enriquecimiento de los diálogos que allí se producían. La aportación de Agustín Udías en esta plataforma ha sido habitual y siempre muy cualificada.
Un área interdisciplinar privilegiada por Agustín Udías para sus trabajos fue la relación entre ciencia y religión. Una publicación temprana en esta temática es: El universo, la ciencia y Dios (PPC, Madrid, 2001). Una vez creada en la Universidad Pontificia Comillas la Cátedra de Ciencia, Tecnología y Religión (30 de junio de 2003), sus trabajos sobre esta temática tuvieron un espacio en sus actividades con el objetivo de promover reflexiones y diálogos críticos y abiertos. Hoy la Cátedra lleva el nombre de Hana y Francisco J. Ayala.
Persona de talante generoso y colaborador, accedía a cualquier invitación para presentar a grupos de alumnos cuestiones relevantes en este diálogo, así como a desentrañar lo escrito en sus libros en presentaciones públicas, como fueron los casos de Ciencia y Religión, dos visiones del mundo (Sal Terrae, Santander, 2012) o Ciencia y fe cristiana en la historia (Sal Terrae, Santander, 2014). Su convicción de que los jesuitas han hecho en este campo una gran contribución a lo largo de los siglos se tradujo en investigaciones muy concretas. Así, Searching the Heavens and the Earth: The History of Jesuit Observatories (Kluwer, Dordrecht 2003), Los jesuitas y la ciencia. Una tradición en la Iglesia (Mensajero, Bilbao, 2014), Atthanasius Kircher (Springer, 2024). Uno de sus últimos trabajos publicados es un artículo en la revista Razón y Fe, que tiene por título: “Presencia de jesuitas en universidades estatales españolas, 1950-1990” (Razón y Fe, Madrid, diciembre 2025, número1467, tomo 289, pp. 375-379).
En el capítulo de publicaciones, además de las ya mencionadas, tienen especial relevancia las dedicadas a su relación con Teilhard de Chardin. En ellos nos ofrece Agustín Udías frutos de su vida espiritual y de su contemplación de la mano de Teilhard. En Orar a Cristo presente en el universo con Teilhard de Chardin (Sal Terrae, Cantabria 2026) Agustín Udías ha recogido casi un centenar de textos teilhardianos en forma de oración, e incluye, en algunos momentos, oraciones personales suyas que dirige al “Cristo siempre mayor”. Los Ejercicios Espirituales con Pierre Teilhard de Chardin (Mensajero- Sal Terrae-UPCO, Bilbao Santander Madrid, 2022) son otra prueba de ello.
Si al hablar de las relaciones entre ciencia y fe cristiana nos muestra su compromiso por compartir su convicción de que la ciencia y la fe hermanan bien, la fuente teilhardiana aparece como un manantial a la que se ha acercado muchas veces para vivificar su espiritualidad ignaciana y darle tonalidades personales. Y nos ofrece el fruto de esa experiencia para saciar la sed espiritual, con la certeza de que así será porque su propia experiencia se lo había confirmado.
*Camino Cañón Loyes es profesora emérita de Filosofía de la Universidad Pontificia Comillas y miembro del Consejo Asesor de la Cátedra Hana y Francisco Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión de la misma universidad.
[1] Nombres como Guillermo Rodríguez Izquierdo, rector de la Universidad de Extremadura y, luego, rector de la Universidad Pontificia Comillas, Ignacio Núñez de Castro, profesor de la Autónoma de Madrid y luego de la Universidad de Málaga, Carlos Alonso Bedate y Guillermo Jiménez Gallego, ambos profesores de investigación del CSIC, Leandro Sequeiros, profesor de Paleontología en la universidad de Zaragoza. Agustín Udías estaba entre ellos. Jordi Font, psiquiatra insigne en Barcelona, alma de la Fundación Vidal i Barraquer, Miguel Lorente, catedrático de Física en Oviedo, Javier Leach, profesor de Informática en la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense, y primer director de la Cátedra CTR.