6 comentarios en «Ciencia y religión: un debate que sigue vivo»

  1. Alister McGrath, profesor en la Universidad de Oxford, sostiene que la ciencia y la fe ofrecen de forma conjunta una comprensión más razonable y rica del universo y del hombre.
    La ciencia desde la fe es el último ensayo de Alister McGrath, que ha destacado por contrarrestar los argumentos del Nuevo Ateísmo y por defender que la ciencia y la fe ofrecen de forma conjunta una comprensión más razonable y profunda del universo y del hombre. Le hemos entrevistado con motivo de la publicación de su libro.
    Nacido en Belfast (Irlanda), en 1953, McGrath llegó a Oxford para estudiar química siendo ateo, pero allí redescubrió la religión. Entendió entonces que la fe no le obligaba a abandonar la ciencia, sino a “verla desde un nuevo prisma”. Tras doctorarse en biología y dedicarse durante una etapa a la investigación, McGrath estudió teología y fue ordenado sacerdote anglicano.
    Además de sus escritos teológicos y sus investigaciones, ha publicado diversas obras, como Surprised by Meaning: Science, Faith, and How We Make Sense of Things (2010), The Dawkins Delusion? Atheist Fundamentalism and the Denial of the Divine (2011), o C. S. Lewis. Su biografía, (ver Aceprensa, 1-08-2014) dedicada a uno de los autores que más le han influido.
    — Al comienzo del libro comenta que durante cierto tiempo de su vida fue un ateo convencido. Pensaba entonces que ciencia y fe eran incompatibles. Más tarde, modificó su punto de vista y se convirtió al cristianismo “por motivos intelectuales”. ¿Puede explicar cómo descubrió la importancia de la religión?
    — Creo que hubo dos momentos en mi transición del ateísmo a la religión. El primero fue el creciente convencimiento de que la ciencia no exigía el ateísmo. El ateísmo era solo una de las opciones, pero existían otras que resultaban cada vez más interesantes. El segundo momento fue cuando me percaté de que la ciencia en realidad no respondía a “las grandes cuestiones” sobre la vida, como el sentido de mi existencia, por ejemplo. Estas cuestiones se encuentran más allá de los límites de la ciencia.
    Comencé a darme cuenta de que los seres humanos necesitamos respuestas de orden existencial sobre el significado, el valor y el propósito de la vida y no solo entender cómo funciona el universo. Más tarde, encontré una cita del filósofo español Ortega y Gasset que creo que refleja muy bien esta idea: “La verdad científica se caracteriza por su exactitud y el rigor de sus previsiones. Pero estas admirables cualidades son conquistadas por la ciencia experimental a cambio de mantenerse en un plano de problemas secundarios, dejando intactas las últimas, las cuestiones decisivas”.

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  2. La ciencia es como un viaje y todavía no ha llegado a su destino final, lo que significa que las cosas se encuentran en un estado de flujo. Es un pensamiento perturbador, especialmente para aquellos que prefieren pensar que la ciencia ofrece un conjunto definitivo de resultados “científicos”, en lugar de pensar que es un método cuya aplicación conduce a concepciones que cambian con el transcurso del tiempo. Una vez más, esto no es hacer una crítica a la ciencia. Es solo una observación sobre las dificultades a las que nos enfrentamos en nuestros esfuerzos por dar sentido al mundo.
    — En otros ensayos ha intentado refutar a los partidarios del Nuevo Ateísmo, como Richard Dawkins o Cristopher Hitchens. En La ciencia desde la fe insiste en rebatir algunas de sus presuposiciones. ¿Por qué no considera científicas sus opiniones? ¿Cómo separar lo que es científico de lo que simplemente son puntos de vista subjetivos e ideológicos?
    “Pasé del ateísmo al cristianismo porque consideré que el cristianismo tenía sentido en sí mismo y me ayudaba a dar sentido al mundo”
    — La ciencia se encuentra por encima de cualquier ideología, ya sea religiosa o antirreligiosa. Por esta misma razón resulta trágico que los ateos ideológicos de algún modo la hayan secuestrado y que la utilicen como un arma arrojadiza en su batalla contra la religión. Como la ciencia no puede determinar si Dios existe o no, el ateísmo, el agnosticismo y la creencia religiosa son opciones abiertas para todo científico. El argumento de Richard Dawkins da por sentado que la ciencia puede demostrar que Dios no existe y por tanto descarta que creer en Dios sea una opción legítima para los científicos.
    A veces tenemos que tomar también decisiones basándonos en una comprensión incompleta de la situación. Así es como son las cosas. El dilema epistémico de la humanidad es que no podemos demostrar las cuestiones que más nos preocupan. Solo podemos demostrar verdades poco profundas. No es una situación cómoda, pero tenemos que acostumbrarnos a ella y no buscar refugio en el ilusorio y utópico mundo del Nuevo Ateísmo, que sostiene que podemos demostrar todas nuestras creencias más profundas.
    Un enriquecimiento recíproco
    — Una de las conclusiones de su libro es que es necesario entrelazar de nuevo el relato de la ciencia y el relato de la religión, sin confundirlos. ¿Qué ventajas se derivarían de este modo de entender las cosas para la religión? ¿Y para la ciencia?
    — Hay muchas maneras en que las ciencias naturales enriquecen nuestra comprensión de la fe. Pensemos, por ejemplo, en las famosas palabras del Salmo 19: “Los cielos proclaman la gloria de Dios”. La ciencia amplía nuestra concepción del cielo y nos permite entender mejor su inmensidad, de modo que intensifica nuestra capacidad de asombro cuando reflexionamos sobre el universo. Nos ayuda por tanto a apreciar la infinidad del cielo, enriqueciendo nuestro asombro ante el firmamento nocturno.
    Por otra parte, creo que hay dos modos en los que el cristianismo enriquece la narrativa científica. En primer término, nos proporciona seguridad sobre la coherencia de la realidad, es decir, que pese a lo fragmentada que pudiera parecer nuestra experiencia del mundo, se atisba una “imagen más global” que une las cosas y que conecta en una red de sentido lo que de otro modo parecería incoherente y vacío.
    Y, en segundo lugar, el cristianismo ofrece respuestas a aquellas cuestiones que no se pueden resolver científicamente, a esas que Karl Popper llamó “cuestiones últimas”, como el significado de la vida o nuestro lugar en un marco más amplio de cosas. Estos aspectos son como el complemento de una rigurosa y constante aplicación del método científico, y nos protegen del vacío existencial que deriva de ver la ciencia como el fundamento o la base del sentido y de los valores.
    — Usted en alguna ocasión ha explicado que la fe religiosa ayuda a dar sentido al mundo y que “no es un salto al vacío, sino el alegre descubrimiento de una imagen más amplia de la realidad”. Parece como si con la narrativa religiosa encajaran mejor las cosas. Pero no se refiere a la verdad del mensaje religioso ni a la verdad de la ciencia. ¿Puede explicar cuál es la relación entre ciencia, religión y verdad?
    — Me gustaría aclarar que el libro no es ni una defensa de la religión ni una defensa de la ciencia, sino una exploración sobre cómo la ciencia y la religión pueden interrelacionarse y sobre los beneficios de un diálogo entre ambas. No puedo probar que la perspectiva que adopto en el libro sea la correcta. Pero lo que sí puedo hacer es invitar a que mis lectores se adentren en ella y a que consideren cómo se percibe la realidad desde ese punto de vista. ¿Tiene sentido mi enfoque? ¿Ofrece una nueva comprensión y alcanza mayor profundidad que otras perspectivas anteriores? Confío en que algunas de las ideas sobre las que reflexiono en mi ensayo puedan ser también ser útiles a mis lectores.
    Mi enfoque no niega nada en relación con las ciencias, excepto las falsas pretensiones de exclusividad e irreversibilidad por su parte. Esta visión puede estar en conflicto con las tesis del Nuevo Ateísmo, pero ciertamente no lo está con las de la verdadera ciencia, que siempre ha estado dispuesta a reconocer sus límites, pues sabe que plantea cuestiones que trascienden su propia capacidad de respuesta, “cuestiones que la ciencia no puede responder y que ningún avance concebible de esta la capacitará para responder” (Peter Medawar).
    — Las reflexiones que recoge en La ciencia desde la fe parecen referirse principalmente al cristianismo. ¿Cree que sus opiniones son también aplicables a todas las religiones en general? ¿Por qué el cristianismo se muestra tan compatible con la visión científica?
    — Muchas, pero no todas, de las ideas que desarrollo en este ensayo son aplicables a la religión en general. Sin embargo, el cristianismo ha ocupado un lugar especial en el desarrollo histórico de las ciencias naturales y hoy continúa ofreciendo un entorno intelectual que ayuda a la fe.
    No soy católico, pero me gustan las palabras de Juan Pablo II: “El cristianismo posee su fuente de justificación dentro de sí mismo, y no espera que la ciencia constituya su principal apologética. La ciencia debe atestiguar su propia valía. Mientras cada una puede y debe apoyar a la otra como dimensiones distintas de una cultura humana común, ninguna debe suponer que constituye una premisa necesaria para la otra”.

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  3. Para los que no estén muy al tanto de los libros de McGrath, ofrezco el listado:
    McGrath, Alister E. (2013). C. S. Lewis: A Life: Eccentric Genius, Reluctant Prophet. Hachette UK. ISBN 9781444745535.
    McGrath, Alister E. (2013). Dawkins’ God: Genes, Memes, and the Meaning of Life. John Wiley & Sons. ISBN 9781118724910.
    McGrath, Alister E.; McGrath, Joanna Collicutt (2011). The Dawkins Delusion? Atheist Fundamentalism and the Denial of the Divine. InterVarsity Press. ISBN 978-0-8308-6873-5. Archivado desde el original el 4 de marzo de 2016. Consultado el 28 de agosto de 2013.
    McGrath, Alister E. (2007). A Scientific Theology: Nature. Continuum. ISBN 9780567031228.2​
    McGrath, Alister E. (2007). A Scientific Theology: Reality. Continuum. ISBN 9780567031235.3​
    McGrath, Alister E. (2007). A Scientific Theology: Theory. Continuum. ISBN 9780567031242.4​
    McGrath, Alister E. (2011). Darwinism and the Divine: Evolutionary Thought and Natural Theology. John Wiley & Sons. ISBN 9781444392517.5​
    McGrath, Alister E. (2010). Surprised by Meaning: Science, Faith, and how We Make Sense of Things. Westminster John Knox Press. ISBN 9781611640922.
    McGrath, Alister E. (2013). Science and Religion: A New Introduction. John Wiley & Sons. ISBN 9781118697283.
    McGrath, Alister E. (2012). Historical Theology: An Introduction to the History of Christian Thought (en inglés) (2ª edición). John Wiley & Sons. ISBN 9780470672860.6​
    McGrath, Alister E. (1998). Iustitia Dei: A History of the Christian Doctrine of Justification (en inglés). Cambridge University Press. ISBN 9780521624817.7​
    Ediciones en español
    McGrath, Alister E.; McGrath, Joanna (2012). La autoestima y la cruz. Publicaciones Andamio. ISBN 978-84-15189-61-9.
    Green, Michael; McGrath, Alister E. (2012). ¿Cómo llegar a ellos?. Clie. ISBN 978-84-8267-760-6.
    McGrath, Alister E. (2014). C. S. Lewis: su biografía. Ediciones Rialp. ISBN 978-84-321-4393-9.
    McGrath, Alister (2016). La ciencia desde la fe: Los conocimientos científicos no cuestionan la existencia de Dios. Grupo Planeta Spain. ISBN 9788467046922.

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    • A esta lista hay que añadir el último publicado en castellano en 2019: Una visión enriquecida de la realidad. El diálogo entre la teología y las ciencias naturales
      Autores: Alister McGrath
      Editores: Sal Terrae : Universidad Pontificia Comillas
      Año de publicación: 2019
      Colecciones: Ciencia y Religión, 17
      País: España
      Idioma: español
      ISBN: 9788484687832
      Ha sido reseñado en: McGrath, A., Una visión enriquecida de la realidad. El diálogo entre la teología y las ciencias naturales, Sal Terrae – U.P. Comillas, Maliaño (Cantabria) – Madrid, 2019, 271 pp. María Dolores de Miguel Poyard (res.) Sal terrae: Revista de teología pastoral, ISSN 1138-1094, Tomo 109, Nº 1266, 2021, págs. 469-471 Resumen Alister McGrath es uno de los teólogos cristianos más leídos e influentes, y también uno de los mayores expertos en Biología Molecular. Por eso es toda una autoridad a la hora de hablar de la especial relación entre la ciencia y la religión. En este último libro ofrece una brillante investigación sobre la manera en que interactúan la teología cristiana y las ciencias naturales, haciendo un recorrido por la ciencia, teología, filosofía, biografías e incluso poesía, para poder así ver el mundo tal y como es. Con más claridad y, también, con mayor placer.

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  4. Hay un comentario muy interesante: Una visión enriquecida de la realidad- Alister McGrath. El diálogo entre la teologia y las ciencias naturales Editorial Sal Terrae. Madrid 2019, 272 págs.
    En Bioética llevamos hablando de interdisciplinariedad desde el momento mismo del nacimiento de nuestra disciplina, no hay más que leer el libro de Van Rensselaer Potter, Bioethics: a bridge to the future del que está a punto de cumplirse el medio siglo desde su publicación (1971). Las primeras décadas del desarrollo de nuestra disciplina fueron modélicas en cuanto a los esfuerzos realizados por hacer realidad ese desiderátum. Al menos esa es mi percepción. Sin embargo, con la irrupción en la escena mundial de lo que ha venido en llamarse el “nuevo ateísmo”, los representantes religiosos y los teólogos de profesión empezaron a considerarse como invitados incómodos y, hasta cierto punto, indebidos.
    En este sentido, resulta paradigmática la afirmación que realizan cuatro presidentes de Colegios Médicos (Las Palmas, Vizcaya, Madrid y Tarragona) en un reciente artículo publicado en El País (28 de enero de 2020) a propósito de la eutanasia. Al hablar de los argumentos morales o confesionales (sic), escriben: “Son los de mayor peso específico, pero no los que se manifiestan habitualmente. Solo los líderes espirituales exponen este argumento sin ambages. Como ha hecho la Conferencia Episcopal en un documento que excede a su papel espiritual al abordar complejas situaciones técnicas”. Pocas veces he visto tantas tonterías escritas en tan poco espacio.
    La memoria se me fue rápidamente al siglo XIX, concretamente al año 1891, cuando el Papa León XIII publicó su encíclica Rerum novarum sobre la compleja situación social, económica y política del momento (proletariado, jornadas laborales interminables, trabajo de los niños, crecimiento urbano, barrios miserables en las ciudades, lucha de clases, marxismo, capitalismo, etc.), y a las fuertes críticas que recibió por dicho texto. Se argüía que estas cuestiones no pertenecen a la tarea de la Iglesia: se lamentaba que el Papa abandonase el terreno espiritual y se enfangase con problemas tan materiales y profanos. A veces parece que no hemos avanzado nada.
    ¿Qué pretende comunicar el autor? El objetivo declarado de este libro (p. 11) es ayudar a que tanto los teólogos como los científicos integren sus ideas en un todo más rico que les permita tener una visión estereoscópica de un mundo complejo formado por abundantes texturas. Tanto las ciencias como la teología por sí solas corren el riesgo de ofrecernos una explicación limitada y deficiente del mundo, carente de todo sentido de profundidad”. Recordemos que Alister McGrath (Belfast, 1953) es Doctor por la Universidad de Oxford en Biofísica Molecular (1978), en Teología (2001) y en Letras (2013). En esa misma universidad ejerce como profesor de Ciencia y Religión, ocupando la Cátedra Andreas Idreos. Es sacerdote anglicano.
    Importa ver la sucesión de los hechos en la biografía de nuestro autor: primero fue científico y luego llegó a ser hombre de fe. Que no se recata en confesar públicamente: “Como muchas personas en la década de 1960, crecí pensando que la ciencia estaba en guerra con la fe religiosa (…) Esperaba con seguridad que la ciencia respondería a todas mis preguntas. Y de no responderlas, el problema sería de las preguntas. El ateísmo me parecía la única opción intelectual viable para un científico que piensa, como era yo (…) me di cuenta -para sorpresa y fastidio- de que el cristianismo daba mucho más sentido a las cosas que el ateísmo” (p. 9).
    De eso va este libro. De diálogo y reflexión compartida. De lo importante que es apreciar lo profundamente humano que es buscar una perspectiva global o un gran relato de la vida que incluya nuestro lugar en el universo. “Muchos de los que niegan tener teorías o creencias sobre la vida -como los representantes del nuevo ateísmo- resultan tener, de hecho, implícitas opiniones teóricas o creencias adoptadas que son simplemente tratadas como verdades evidentes por sí mismas que, por tanto, no requieren justificación alguna. Una de las motivaciones de la ira dirigida por algunos nuevos ateos contra sus muchos críticos es que el proceso de crítica ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de sus creencias fundamentales, que trataron, de manera imprudente, como hechos” (pp. 20-21).
    Un diálogo que es posible porque “uno de los más importantes puntos comunes entre las ciencias naturales y la teología cristiana es la convicción fundamental de que el mundo está caracterizado por la regularidad y la inteligibilidad” (p. 28). Esta es una de las razones, añade nuestro autor, por las que la Filosofía de la Ciencia ha abandonado el positivismo radical de comienzos del siglo XX, que solo los ignorantes siguen manteniendo de manera simplista. “El error del cientificismo no reside en sobrevalorar una forma de conocimiento, sino en escindir esa forma del resto del pensamiento, considerándola como el vencedor que puede prescindir de todo lo demás” (p. 38).
    Enriquecimiento mediante la integración de los múltiples niveles de la realidad Como escribe el profesor McGrath, “lo realmente importante es constatar que ninguna historia, ninguna perspectiva o tradición de investigación es adecuada para abordar la existencia humana en toda su riqueza y complejidad” (p. 44).
    Por esa razón concluye: “Todos necesitamos un relato global para dar sentido al mundo y a nuestra vida, entretejiendo, lógicamente, los varios relatos y mapas que nos dan la mayor comprensión posible de la realidad (…) Para habitar nuestro mundo de forma auténtica y con sentido necesitamos la mejor imagen de él y de nosotros mismos que podamos concebir. Este libro explora ese gran cuadro, marco o imagen y el modo en que esas grandes tradiciones de pensamiento [se refiere a una teología sólida y una ciencia bien fundamentada] pueden engranar recíprocamente de manera fecunda y responsable” (pp. 45-46).
    Las últimas líneas de la obra son un resumen atinado de todo su contenido: “La cultura occidental toda está cautivada por el mito, largamente desacreditado, de la guerra perpetua entre la ciencia y la religión. El medio más eficaz para desafiar esta ideología obsoleta no es refutarla histórica o argumentativamente, sino demostrar que pueden ser reunidas y mantenidas juntas con integridad por los científicos investigadores en activo. Aunque he escrito este libro principalmente para animar a todos los lectores a asimilar esta visión más rica de la realidad, el desafío mayor es conseguir que se grabe en la imaginación de nuestra cultura. Los teólogos con formación científica pueden hacer mucho al respecto, pero los más indicados son los científicos con formación teológica. Ellos constituyen a la vez el público previsto y el resultado buscado en este libro” (p. 265).
    Hay que decir que el libro cumple a la perfección la finalidad expuesta. Por ello mismo, es un libro importante, oportuno y muy recomendable. Hay que agradecer a la Cátedra “Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión” de la Universidad Pontificia Comillas, a la Editorial Sal Terrae y a la Fundación John Templeton que lo pongan a disposición del público español, con una magnífica traducción a cargo de José Pérez Escobar.
    Una Bioética que parte del asombro, imbuida de humildad y diálogo
    Potter escribía poco antes de morir: “La HUMILDAD es la consecuencia característica para seguir la afirmación puedo estar equivocado, y exige RESPONSABILIDAD para aprender de la experiencia y del conocimiento disponible (…) Desde el comienzo, he considerado la Bioética como el nombre de una nueva disciplina que cambiaría el conocimiento y la reflexión. La Bioética debería ser vista como un enfoque cibernético de la BÚSQUEDA CONTINUA DE LA SABIDURÍA, la que yo he definido como el conocimiento de cómo usar el conocimiento para la supervivencia humana y para mejorar la condición humana. En conclusión, les pido que piensen en la Bioética como una nueva ética científica que combina la humildad, la responsabilidad y la COMPETENCIA, que es INTERDISCIPLINARIA e INTERCULTURAL, y que INTENSIFICA EL SENTIDO DE LA HUMANIDAD”.
    Y el Papa Juan Pablo II, en el centenario de la muerte de Mendel, afirmó: “¿Tendrá el hombre la capacidad de utilizar las maravillosas conquistas de esta rama de la ciencia, iniciada en el huertecito de Brno, al servicio exclusivo del hombre? El hombre comienza hoy a tener en sus manos el poder de controlar su propia evolución. La mesura y los efectos, buenos o no, de este control dependerán no tanto de su ciencia sino más bien de su sabiduría”.
    Estamos ante una obra rigurosa, tanto en los fundamentos como en los contenidos, que exige una lectura reposada, estudio y análisis también por parte de quienes nos dedicamos específicamente a la Bioética. No perderemos el tiempo ni las energías empleadas. Y más con la que está cayendo en nuestro contexto cultural, con unos debates sobre las grandes cuestiones de la vida totalmente mediocres y empobrecidos. José Ramón Amor Pan Coordinador Observatorio Bioética y Ciencia Fundación Pablo VI

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  5. No se entiende muy bien como es posible que las respuestas que va logrando el hombre a sus preguntas PENÚLTIMAS, y no satisfacen a sus exigencias constitutivas de encontrar respuestas para las ÚLTIMAS, él insista en reducir el campo de su saber a las primeras. Porque ese mismo hombre es el lugar originariamente radical de las dos clases de cuestionamientos, y esa “radicalidad originaria” debería ser considerada como la garantía de una estrecha complementariedad entre la ciencia y la filosofía y teología. Discutir el CÓMO de ese proceso cognitivo sinérgicamente personal parece que se ofrece como razonable; pero no así aplicando un reduccionismo que mutile los elementos integrantes. Y lo más curioso es que se despliegan una serie de teorías para defender lo que parece presentarse con una evidencia radical.

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