Racionalidad vs Irracionalidad (Parte VIII)

(Por Adolfo Castilla) Dedicamos esta nueva entrega al pragmatismo americano. No es algo insertable exactamente en lo que venimos llamando irracionalismo filosófico, a lo que más adelante prestaremos atención adicional, pero se puede considerar también una reacción al predominio del idealismo absoluto al que había llevado la racionalidad extrema de la Ilustración. Cabe pensar que, Peirce y James, hombres del siglo XIX aunque murieron a principios del XX, conocían a fondo la filosofía de Kant y Hegel, habían seguido de cerca el romanticismo alemán y se habían familiarizado con las críticas a la racionalidad y al idealismo de Schopenhauer y Nietzsche. Da la impresión en relación con ello, que más que unirse a lo dicho por unos o por otros en esas cuestiones, consideraron más útil pensar en otra dirección. Optaron por la tradición empírica y utilitarista anglosajona y razonaron que el conocimiento, incluido el más intelectual y conceptual, tiene sentido si está unido a lo muy concreto, a lo útil y a lo que funciona. Se granjearon con ello la crítica y el menosprecio de autores como Bertrand Russell o Martin Heidegger que no lo consideraron verdadera filosofía.

 

El pragmatismo americano

Tampoco podemos dejar fuera de estos comentarios a la corriente de pensamiento típicamente estadounidense conocida como Pragmatismo, aunque sus padres fundadores pertenezcan al siglo XIX y la materia se incluya en parte en la era moderna de la filosofía. La mayor parte de lo dicho hasta hora sobre Nietzsche, Heidegger o el neopositivismo, forma parte de la era contemporánea, aunque estas cuestiones taxonómicas no sean a la hora de la verdad tan importantes.

Se han considerado de una forma muy taxativa como padres del pragmatismo a tres filósofos americanos destacados: Charles Sanders Peirce (1839-1914), considerado como el verdadero fundador; William James (1842-1910), el que más forma le dio y más lo desarrolló; y John Dewey (1859 – 1952), el que más lo aplicó a otras áreas, por ejemplo, a la educación.

Puedo dejar constancia del papel de los filósofos en general, y de estos en particular, en la vida diaria de nuestras sociedades, porqueel fundamento de la cultura que yo viví en los Estados Unidos en los dos periodos que pasé allí, desde 1969 a 1976, y por supuesto en toda mi vida, muy relacionada con dicho país, lo descubrí después en la filosofía de los pragmáticos americanos.

La propia expresión de, “todo lo que funciona es válido”, que yo oí en la calle y en el mundo de la empresa, procede de lo que William James escribió y enseñó. Aunque es bueno reconocer también, que lo dicho por estos pensadores fue muchas veces aplicado por la población y los empresarios de forma estereotipada, simplista y errónea.

El primero de los personajes nombrados, Charles Sanders Peirce, por ejemplo, fue un filósofo y un pensador muy sutil con una gran inteligencia, en parte desperdiciada, por haber sido expulsado de la Universidad de Harvard y no haber ocupado nunca más una posición relevante. Vivió la mayor parte de su vida en la pobreza y recibió ayuda económica de sus amigos, especialmente de William James.

Éste último lo reconoció como “padre del pragmatismo”. Es considerado también, padre de la semiótica moderna, conjuntamente con Ferdinand de Saussure. Ha sido catalogado, además, como un lógico y un científico relevante.

Su obra publicada en vida es reducida, solo dos grandes libros, Photometric Researches(1878) y Studies in Logic(1883), pero escribió muchísimos artículos en revistas especializadas muy diversas. Después de su muerte se encontró una obra sencillamente inmensa en términos de páginas y temas. Parte de ella ha sido publicada en un número importante de volúmenes.

A pesar de ese pragmatismo popular y vulgar relacionado con lo práctico, lo inmediato y lo directo, Peirce fue un filósofo profundo al que Karl Popper se refirió como “uno de los filósofos más grandes de todos los tiempos”.

Reflexionó sobre el significado de las cosas y de los conceptos y lo unió a los resultados que se producirán. Es decir, el “conocimiento de algo” está relacionado con cómo se puede actuar sobre ese algo y del resultado que se consigue con la acción.

Peirce, por cierto, admitió con gran respeto la influencia en sus ideas del filósofo, psicólogo y educador escocés, Alexander Bain (1818-1903), del que llega a decir que, si a él lo designan como padre del pragmatismo, cosa que sabemos hizo William James en vida de Peirce, a Bain se le debería llamar el abuelo.

También recibió influencias de Chauncey Wright (1830-1875), gran filósofo y matemática americano, defensor del Darwinismo e inspirador del pragmatismo de Pierce y James, quien falleció prematuramente a los 45 años de edad.

Finalmente, y tratándose de una persona bastante más joven que Pierce y James, hay que mencionar al filósofo germano-británico, Ferdinand Canning Scott Schiller (1864 – 1937), quien hizo muchas contribuciones al pragmatismo y al que se considera, de hecho, cofundador de esta corriente filosófica

 

William James

Peirce liga el conocimiento de algo al resultado de una acción sobre ello, cuestión que William James formalizó más, al decir que, si el resultado que se obtiene a partir de un determinado conocimiento, es útil, ese conocimiento es verdadero.

Fue muy imaginativo e innovador y buscó siempre la formación de hipótesis explicativas fuera de las dos corrientes tradicionales de hacerlo, el racionalismo deductivo y el empirismo inductivo.

El pragmatismo, en resumen, se define como la corriente filosófica en la que el conocimiento está al servicio de los efectos prácticos y la verdad está relacionada a la utilidad de dichos conocimientos.

William James, filósofo y psicólogo, notabilísimo profesor de la Universidad de Harvard, en la que ejerció como profesor de psicología y fue fundador de la “psicología funcional”, dedicó también mucha atención al pragmatismo.

Escribió obras notables como, The Principles of Psychology de 1890, del que hay una edición en inglés de 2015, o, Las variedades de la experiencia religiosa, de la que hay una versión en español de 2017.

En lo relativo a la filosofía pragmatista, publicó en 1907, Pragmatismo: Un nuevo nombre para viejas maneras de pensar, del que existe también una versión en español de 2016.

Expresa en él su idea de que, “el pragmatismo es un método para apaciguar las disputas metafísicas que de otro modo serían interminables”. ¿Es el mundo uno o múltiple? ¿Libre o determinado? ¿Material o espiritual? El método pragmático, dice, “en tales casos, trata de interpretar cada noción, trazando sus respectivas consecuencias prácticas”. “¿Qué diferencia de orden práctico supondría para cualquiera que fuera cierta tal noción en vez de su contraria? Si no puede trazarse cualquier diferencia práctica, entonces las alternativas significan prácticamente la misma cosa y toda disputa es vana”. James tiene cuidado, no obstante, en definir el pragmatismo como método.

Por otra parte, y en cuanto a la verdad de una idea, James no cree que sea algo inherente e inmutable, sino que lo relaciona con la verificabilidad y con la utilidad.

Se pueden rastrear el origen de sus ideas en el empirismo y utilitarismo inglés, pero sus propias aportaciones fueron muy importantes. Como es lógico, desencadenaron reacciones negativas en los filósofos racionalistas, pero también gran entusiasmo en los filósofos vitalistas y los positivistas y en los partidarios del “irracionalismo”.

 

John Dewey

En cuanto a Dewey, también fue un filósofo y educador muy notable. Tuvo una larga vida profesional y aunque es verdad que dedicó mucha atención a la educación, fue un seguidor destacado del pragmatismo, siendo importante hacer notar su distancia en el tiempo de los dos fundadores de esta corriente filosófica. Nació, de hecho, más de cuarenta años después de que ambos murieran, uno en 1910 y otro en 1914.

Mantuvo, no obstante, la vigencia de esta corriente de pensamiento, y, probablemente, la trasladó a una larga lista de notables filósofos americanos posteriores.

Recibió una intensa influencia de la filosofía de Kant y de la de Hegel en sus años en la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, lo que lo orientó hacia los temas sociales y psicológicos, así como a unir lo objetivo y lo subjetivo y poner siempre juntos al hombre y a la naturaleza.

Se distinguió por defender el instrumentalismo, es decir, basar el conocimiento en la acción y en la experimentación. Así como por tener una visión de la epistemología según la cual los conocimientos son cambiantes y siempre provisionales.

Política y socialmente fue crítico de la sociedad industrial, pero estuvo siempre muy alejado del marxismo. No fue, por otra parte, un gran defensor del liberalismo, decantándose más bien por una vida social orgánica y por no creer en que los hombres compitiendo unos con otros pudieran llegar a una sociedad estable.

En el terreno de la educación hizo grandes innovaciones, siendo considerado como el padre de la pedagogía progresista. Creía en el aprender haciendo, en la experimentación, en los casos de estudio y en el aprendizaje práctico, interpretaciones que se difundieron enormemente, sobre todo en USA, tras su fallecimiento a edad avanzada y en fecha relativamente cercana a nosotros.

Tanto James como Dewey fueron estudiosos de la religión y no estuvieron en contra de ella, aunque tampoco es que fueran grandes defensores de la fe.

El pragmatismo, en cualquier caso, tiene una larga historia y en nuestros días está tan vivo o más que en la época de sus fundadores. Una gran parte de los filósofos americanos desde Peirce y James han sido, o son, pragmáticos, y hay también conocidos pragmátistas en otras naciones. Ya sea George H. Mead (1863 – 1931), casi contemporáneo de ellos y desde luego de Dewey, o muchos otros como, el francés, Henri Bergson (1859-1941); el español, George Santayana (1863 – 1952); el germano-británico Ferdinand Canning Scott Schiller (1864 – 1937); Clarence Irving Lewis (1883 – 1964); Charles William Morris (1901 – 1979); Willard Van Orman Quine (1908 – 2000); Wilfrid Sellars (1912 – 1989); Hilary Putnam (1926 – 2016); Ruth Anna Putnam (1927 – 2019), Richard Rorty (1931-2007); y muchos otros.

 

Filósofos pragmáticos actuales

Así como los actualmente vivos y activos: Joseph Margolis (nacido en 1924), que es un historiador; John Searle (nacido en 1932), que, no obstante, tiene sus propias orientaciones como la filosofía de la mente y de la conciencia; Daniel Dennett (nacido en 1942), que es en realidad un filósofo de la ciencia y se mueve en el terreno de las ciencias cognitivas; Robert Brandom (nacido en 1950), un filósofo de lenguaje y de la mente y un lógico; John Jeremy Stuhr (nacido en 1951/1952), que ha estudiado fenómenos filosóficos diversos, como el pragmatismo, el neopragmatismo, la filosofía continental, la filosofía crítica, el postmodernismo y la deconstrucción; o Susan Haack (nacida en 1945), seguidora directa del mismo Charles Sanders Peirce.

Y quizás, los esposos Churchland, Paul (nacido en 1942) y Patricia (nacida en 1943) situados dentro de los neuro-filósofos actuales, y al más joven y nacido en Australia, David Chalmers (nacido en 1966), quien para el que esto escribe es uno de los mejores filósofos de nuestros días, y más tradicional y general en su pensamiento que los pragmáticos. Amén de otros personajes procedentes de otras áreas como la Sociología entre los que cabe mencionara al muy conocido, Richard Sennett (nacido en 1943) o el también muy relevante profesor de filosofía política, Michael Sandel (nacido en 1953).

Se podría decir que el pragmatismo está vigente a estas alturas del siglo XXI, y que es una de las corrientes filosóficas a considerar cuando más adelante hablemos de la filosofía actual. Los estudiosos de esta filosofía, y en relación con varios de los filósofos actuales mencionados, distinguen entre, neopragmatismo, pragmatismo neoclásico, filosofía postanalítica y pragmatismo conceptual, y sitúan a dichos filósofos en algunas de estas divisiones.

Su influencia es muy amplia e incluye terrenos como la metafísica, en cuanto a la que adoptan una posición más relativista que otras corrientes filosóficas, y que, de la mano, sobre todo, del ya mencionado, Ferdinand Canning Scott Schiller (1864 – 1937), filósofo pragmático de principios del siglo XX, preconiza una posición intermedia entre el materialismo y la metafísica absoluta.

La misma actitud conciliadora se ha aplicado a temas como, anti-reificación de conceptos y teorías[1], naturalismo y anticartesianismo, reconciliación de antiescepticismo y falibilismo,[2]teoría pragmática de la verdad, o epistemología pragmática

Quizás por su relativismo, su importancia ha sido y es bastante amplia en otros terrenos como, la filosofía de la ciencia, lo lógica o la metafísica, a la que ya nos hemos referido, y en áreas nuevas como la filosofía de la mente, la ética moderna, la estética, o la filosofía de la religión. Con impacto también destacable en terrenos como, las ciencias sociales, la administración pública, el feminismo, o el urbanismo.

 

Algunos elementos básicos del pragmatismo

Y para terminar este tema, resumo algunos aspectos básicos del pragmatismo, tomando las ideas que utilizo de manuales de filosofía diversos como los de Ferrater Mora (1912-1991), a quien, por cierto, conocí y traté en Filadelfia, o Jacobo Muñoz (1942- 2018). Así como de diccionarios como el de Denis Huisman (nacido en 1929) o la propia Wikipedia. Amén de textos diversos de Historia de la Filosofía, a los que soy muy dado, como mero aficionado del Pensamiento y la Filosofía, que es lo más que puedo decir de mi mismo.

Entrando en los componentes del pragmatismo, lo primero, como es lógico, es comentar su relación profunda con la epistemología. Sus primeros seguidores estaban interesados en el conocimiento de las cosas y en la idea de verdad. Los filósofos del pragmatismo, sobre todo los primeros, fueron epistemólogos. No eran a priori nada amantes del idealismo de Hegel ni tampoco se fiaban del racionalismo cartesiano, pero sí creían en la existencia del mundo físico independiente del hombre y también en la existencia del mundo de las ideas como otra realidad alternativa.

Los hechos, dicen, se mantienen fijos a través del tiempo mientras que las ideas cambian de forma continua. El caso más típico es el de la redondez de la Tierra y el de que es un planeta que gira alrededor del Sol. Sobre una misma realidad que se mantiene fija, el hombre a lo largo de la historia ha elaborado en su cerebro diversas explicaciones. Hoy, de hecho, hay personas que siguen creyendo que la Tierra es plana y son capaces de dar su vida por demostrarlo. El gran problema del mundo de las ideas, que es real y existe, es que cada hombre puede manipularlo según su deseo o su imaginación.

La siguiente cuestión importante es la de, ¿cómo conocemos el mundo físico en el que habitamos? Pierce, especialmente, decía que, por supuesto, a través de nuestros sentidos y de la investigación meramente física que podemos llevar a cabo. Es decir, no creía que el conocimiento de la realidad que nos rodea pudiera venir de unas ideas previas existentes en nuestra mente y no admitía las creencias no inferenciales como justificación del conocimiento.

Los hechos, por otra parte, para James, no son ni verdad ni mentira, simplemente están ahí. La verdad por tanto es algo no relacionado con los hechos sino con las ideas o el pensamiento. Esta idea de verdad es otra componente epistemológica del pragmatismo.

¿Se puede decir algo más sobre la verdad? se preguntan los pragmatistas. Si, por supuesto, responden. La verdad es relativa y varía con el tiempo, por un lado, y hay que conectarla a la utilidad y a la acción, por otro. Si lo que creemos sobre algún fenómeno físico, por ejemplo, la redondez de la Tierra, nos es útil para algo y nos permite la actuación con resultados positivos, la idea que hemos creado en nuestra mente, es decir, el pensamiento o el conocimiento sobre ese fenómeno físico, es más verdadero que otra idea alternativa que no lo permita.

Esta interpretación de las cosas encaja bastante bien con la ciencia y los conocimientos científicos y es, precisamente, en el terreno de la filosofía de la ciencia donde el pragmatismo funciona mejor. Tal filosofía se basa en el instrumentalismo y en el antirrealismo, conceptos estos últimos que se refieren, el primero, a que las ideas deben ser siempre instrumentos útiles y que su valor está en lo eficaces que sean para predecir un fenómeno; y el segundo, a que la verdad de un enunciado está en su demostrabilidad a través de mecanismos lógicos internos, y no en que nuestro enunciado se corresponda con un principio externo e independiente al que llamamos realidad. No se trata de describir con precisión la realidad objetiva sino en poder actuar eficazmente sobre ella.

El instrumentalismo fue introducido a principios del siglo XX por el físico teórico e historiador de la ciencia francés, Pierre Duhem (1861-1916). El antirrealismo, por otra parte, fue aportado por el filósofo inglés, Michael Dummet (1925-2011), el cual trabajó sobre la verdad y el significado en relación con los debates sobre realismo y antirrealismo.

En cuanto a la metafísica, ya hemos dicho que no son muy partidarios de ella, pero no invalidan el mundo de las creencias, incluso las religiosas, a las cuales les dan también un sentido de utilidad. Si las creencias, por ejemplo, las religiosas, sirven para que la gente sea feliz, no está mal tenerlas. Cuestión bastante extraña para los católicos y en términos generales para la filosofía continental. Son, además, pluralistas en el sentido de creer que hay más de una forma en cuanto a conceptualizar el mundo y los fenómenos.

En lo que se refiere a Filosofía del lenguaje también hicieron propuestas en línea con analizar el significado semántico en términos de disposiciones para la acción y roles funcionales.

En conjunto, y según aportaciones procedentes de otros pragmatistas posteriores, muy destacados, como Willard Van Orman Quine (1908 – 2000), el pragmatismo aglutinó ideas procedentes del, empirismo, falibilismo, verificacionismo y de una especie de metafilosofía naturalista. De todo ellos se deduce un relativismo epistemológico bastante importante.

 

Permanencia del pragmatismo en el siglo XXI

Me da la impresión de que el pragmatismo va a ser una de las corrientes filosóficas que perdurarán en el siglo XXI, tras la pérdida de vigencia entre los pensadores del discurso irracionalista. Se trenzará con otras como, el transhumanismo, la ciencia de la consciencia o la reflexión sobre las nuevas revoluciones tecnológicas.

Por lo que se refiere a los Estados Unidos, hay muchos grandes filósofos contemporáneos que son o han sido pragmatistas. Hemos mencionado algunos de ellos.

Por lo que respecta a Europa, se sabe muy bien que Jurgen Habermas (nacido en 1929) y Karl-Otto Apel (1922-2017), los dos relacionados con la Escuela de Frankfurt, pero mucho más generalistas y universalistas, han prestado atención al pragmatismo.

Según se recoge en un artículo, recomendable, de la Revista de Libros, “Si en el principio fue la acción, entonces no hubo principio”, de Antonio Valdecantos (noviembre 2020), los dos autores alemanes mencionados han mostrado interés por el pragmatismo.

Más importante que esa cuestión es que Valdecantos dedica su artículo a glosar las obras y publicaciones de dos filósofos jóvenes españoles, relacionadas con el pragmatismo.

Son, La Introducción a la teoría pragmatista del conocimiento, de Ángel Manuel Faerna, profesor de Filosofía de la Universidad Castilla – La Mancha y Conocimiento y acción, de Ramón del Castillo, profesor de Filosofía de la UNED. Debo decir que el primero ha sido muy fácil de adquirir, pero que el segundo no lo he encontrado hasta ahora.

El primero recrea la historia del pragmatismo, se refiere a sus autores más importantes, incluyendo los fundadores, y saca a flote la obra de un personaje tan destacado como Clarence Irving Lewis (1883-1964), padre del pragmatismo conceptual o, conceptualista. Un autor poco conocido, aunque nosotros si lo habíamos mencionado ya en la parte de arriba de este trabajo, redactada con bastante antelación a esta última. El pragmatismo conceptual es una teoría del conocimiento en la que se combinan conocimientos empíricos inmediatos con conceptos apriorísticos e instrumentales.

En cuanto al segundo filósofo español joven, y según el artículo mencionado, presenta en su libro la existencia de un “giro pragmático de la filosofía”, asunto muy interesante e intuido por nosotros en este trabajo general sobre la racionalidad y la irracionalidad.

Por su puesto que hay también trabajos que rastrean las relaciones de Unamuno, e incluso, Ortega y Gasset, con el pragmatismo. Se puede ver al respecto en Internet el trabajo de 2007 de Izaskun Martínez, “El pragmatismo de Unamuno” (Anuario Filosófico XL/2).

Notas
[1]Se recuerda que reificación, Verdinglichungen alemán, es sinónimo de cosificación, de convertir al ser humano, por ejemplo, en una cosa u objeto.

[2]El escepticismo filosófico es la utilización de la duda como situación inicial ante cualquier tema objeto de conocimiento. El falibilismo es la doctrina lógica que sostiene la posibilidad de que una proposición dada puede ser negada.

 

Artículo elaborado por Adolfo Castilla, doctor en Ingeniería, catedrático de economía aplicada, y colaborador de la Cátedra Francisco José Ayala de Ciencia, Tecnología y Religión.

4 comentarios en «Racionalidad vs Irracionalidad (Parte VIII)»

  1. El sociólogo alemán, cuyos trabajos sobre la religión en nuestro tiempo, son prácticamente desconocidos en España, Hans Joas (no confundir con Jonas), se basa en parte en el pragmatismo americano para su propuesta de religión para la era posmoderna o post-secular (básicamente cristiana y especialmente de confesión católica que es la suya personal). Le he leído en la traducción francesa de dos de sus libros: “Les pouvoirs du sacré”, de 2019 en alemán, 2020 en francés, y “La Foi comme option”, 2014 en alemán y 2021 en francés.
    Con un saludo cordial

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  2. Agradezco de veras al profesor Adolfo Castilla la síntesis tan acertada que nos han presentado de las filosofías llamadas del pragmatismo.. No es fácil encontrar estas síntesis. He encontrado este articulo sobre Pragmatisimo y religión que puede ser complementario. http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2448-84882019000100105 El resumen dice: Sociólogos y antropólogos tropezamos, a menudo, con el problema de la creencia. Se convierte en ocasiones en una jaqueca intelectual. El juego del lenguaje de este concepto es amplio y por tanto las posibilidades de confusión inmensas. Ante esta dificultad, el recurrir al pragmatismo para problematizar el tema de la creencia puede ser un arma de doble filo, ya que por un lado puede propiciar un incremento de la cacofonía académica existente en torno a este tópico, o bien, puede aparecer como el momento justo para dar un paso heurístico hacia una concepción y una mirada distintas sobre este objeto de estudio. He ahí el reto que pretende enfrentar este ensayo. Este artículo expone las principales tesis de James y Peirce sobre el problema de la creencia y subraya su respectiva originalidad para intentar sacar algunas consecuencias prácticas y metodológicas en beneficio de la reflexión antropológica en torno a la relación entre creencias propias y creencias ajenas. Finalmente, más allá de su tesitura filosófica, el presente artículo ha de entenderse como una contribución más para la reflexión sobre el etnocentrismo y las bases teórico-metodológicas de su crítica; esto es, las modalidades de exploración de la distancia que separa al antropólogo del otro, en tanto que ambos son siempre sujetos culturalmente situados.

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  3. Me parece muy pertinente el comentario de Leandro. Se me ocurre aquí pensar que el uso que hace el pragmatismo del concepto de utilidad para establecer el criterio de verdad de un juicio está deslocalizado, porque la utilidad es consecutiva, no causativa de la verdad. Si las proposiciones non SON sino que PUEDEN LLEGAR A SER VERDADERAS, el proceso que las hace tales no puede ser otro que la conceptuación de la realidad a conocer como verdadera, hasta el extremo de que, incluso, por un conocimiento más completo de lo que estaba considerado como útil, éste puede dejar de serlo. Hay aquí un relativismo derivado de las circunstancias desde las cuales el hombre hace consideraciones de utilidad. Por lo tanto, de esto tampoco se libra la creencia; pero creo que se ignora algo muy interesante: Las creencias, en general, llevan consigo un saber ante-predicativo, es decir, es una creencia que, por lo menos, sabe lo que cree, y los juicios expresan este saber, que es previo a estimarlo, también en relacións a las circunstancias, de utilidad esperada, o no. En todo caso, la utilidad viene a ser CONSECUTIVA, no CAUSATIVA de la verdad del juicio. Tal vez convenga recordar la definición de verdad en Heidegger como un desvelarse la realidad (aletheía ) al hombre, cuyo papel cognoscitivo aquí es el de receptor, aunque lo recibido lo aplique, a posteriori, utilitariamente en consonancia con las circunstancias y exigencias sociales.

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  4. Muchísimas gracias por los comentarios, todos superiores a lo que yo mismo he dicho y que mejoran y reconstruyen lo indicado por mi, en particular lo escrito por Leandro.
    No tengo tiempo ahora de seguir con un posible debate, pero volveré sobre el tema, especialmente en su relación con la religión y las creencias

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