La investigación como forma de adoración: homenaje a Carlos Alonso-Bedate

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(Por Leandro Sequeiros) El pasado día 13 de abril de 2020 (lunes de Pascua) falleció el profesor Carlos Alonso-Bedate, una buena persona, un colega, un amigo en la Compañía de Jesús, un apasionado por el diálogo interdisciplinar con el mundo moderno. El testimonio de una vida dedicada a la reflexión científica, filosófica, social y espiritual remite a experiencias semejantes descritas por Pierre Teilhard de Chardin. Nos ceñimos en este trabajo a tres ensayos teilhardianos: “Sobre el valor religioso de la investigación” (1947), “Lo Crístico” (marzo de 1955) e “Investigación, trabajo y adoración” (marzo de 1955). En ellos muestra que la investigación científica es una forma de adoración desde la perspectiva de una cosmovisión Crística.

El científico, filósofo, místico y pensador francés Pierre Teilhard de Chardin (1881-1955) expresó en diversas ocasiones que deseaba fallecer en el tiempo de Pascua. Parece ser que sus deseos fueron atendidos. El 10 de abril de 1955, que ese día correspondía al Domingo de Resurrección, fallecía repentinamente en la ciudad de Nueva York donde permanece sepultado su cuerpo en el jardín de la antigua casa de los jesuitas.

65 años más tarde, el pasado día 13 de abril de 2020 (que este año coincidía con el lunes de Pascua) fallecía el científico, bioquímico y bioético Carlos Alonso-Bedate. Tenía una edad de 84 años pues había nacido en un pequeño pueblo castellano de la provincia de Valladolid el 29 de noviembre de 1935.

Alonso-Bedate era licenciado en Filosofía en 1960 por la Facultad de Filosofía de la Compañía de Jesús, entonces en Alcalá de Henares; se licencia en 1966 en Teología por la Facultad de Teología de la Compañía de Jesús en Granada. Master en la Universidad de California en Davis. USA (1968-1969) y Research officer en la Universidad de Nijmegen, Holanda (1970-1973). Licenciado en Ciencias Biológicas en la Universidad de Granada en 1973 y doctorado en la misma un año más tarde. Fue también Profesor adjunto en la Universidad Autónoma de Madrid desde 1973-1978. Y sobre todo, investigador en Biotecnología y en Ingeniería Genética y desde aquí sentó las bases de la reflexión bioética.

Pierre Teilhard de Chardin y lo Crístico (1950)

Como se ha dicho más arriba, hace 65 años, el 10 de abril de 1955, fallecía en Nueva York Pierre Teilhard de Chardin. Pero recordemos algunos rasgos de su biografía: Marie-Joseph Pierre Teilhard de Chardin nace el 1 de mayo 1881 en la casa solariega de la familia en Sarcenat, cerca de Orcines (Puy-de-Dôme). Era el cuarto de los hijos de Emmanuel Teilhard de Chardin y Berthe-Adèle de Dompierre d´Hornoy. Una familia muy religiosa y bien establecida. Una selección de datos nos ayuda a centrar su figura.

En el año 1899, ingresa (con 18 años) en el noviciado de la Compañía de Jesús en Aix-en-Provence. Posteriormente realiza estudios de filosofía en Jersey y entre 1905-1908 ejerce como profesor de química en el Colegio de la Sagrada Familia en El Cairo. Más tarde, entre 1908 y 1932 realiza sus estudios de Teología en Ore Place (Hasting, Sussex). En 1911 es ordenado sacerdote y sus superiores lo destinan a estudiar ciencias en París.

Podemos considerar que, entre 1912 y 1923 se desarrolla la etapa inicial de la formación científica de Teilhard y de la publicación de los primeros trabajos geológicos y paleontológicos en Europa. En 1912 tiene lugar la primera entrevista con Marcellin Boule, profesor de paleontología en el Museo de Historia Natural de París. Bajo su dirección, asiste a cursos de Geología y Paleontología.

Al estallar la Primera Guerra Mundial Teilhard, a pesar de su condición de sacerdote, fue movilizado. Desde 1915 actúa como camillero en el 21 regimiento mixto de zuavos y tiradores, situado en la primera línea de fuego. Está en el frente de batalla hasta 1919 en que es desmovilizado.

Posteriormente regresa a la Universidad y obtiene en la Sorbona la licenciatura en Ciencias Naturales. Desde 1920 se dedica intensamente a las tareas de la Tesis Doctoral. Esta Tesis es defendida en 1922 con el título Los Mamíferos del Eoceno inferior francés y sus yacimientos. Inicia la docencia universitaria y es nombrado Encargado de curso de paleontología y geología en el Instituto Católico de París.

Pero esta tarea va a durar poco tiempo para el joven Teilhard: los superiores lo destinan a China. Se inicia la estancia en Tientsin, entre 1923 y 1931. Más tarde, reside en Pekín hasta que es repatriado en 1946 tras la Segunda Guerra Mundial. Durante estos casi 25 años realiza una ingente labor como científico y escribe la mayor parte de sus ensayos filosóficos, místicos y poéticos.

Los diez últimos años de Teilhard (1945-1955)

Los últimos diez años de la vida de Teilhard discurren entre Estados Unidos y Francia, con viajes científicos esporádicos a otros países. En el año 1955, Teilhard muere repentinamente de infarto en Nueva York el día 10 de Abril (día de Resurrección).

Una de las preocupaciones de Teilhard fue la de dar sentido religioso, espiritual e incluso místico al trabajo de investigación científica. “Investigar” no era para él solamente una tarea de conocer racionalmente de forma experimental los secretos del universo material (y en su caso, como geólogo, los secretos que esconden los estratos y los seres vivos que han poblado y evolucionado en la Tierra millones de años atrás). La investigación (como escribe poco antes de morir, en 1955, es una forma de “adoración”.

Tres ensayos teilhardianos van a servirlos de guía para elaborar la hoja de ruta de su pensamiento respecto al sentido de la investigación científica. Nos acercaremos un poco más a los sentimientos y valores que, sin duda, guiaron el camino de Carlos Alonso-Bedate.

Estos tres ensayos teilhardianos son: “Sobre el valor religioso de la investigación” (de 20 de agosto de 1947), “Lo Crístico” (de marzo de 1955) e “Investigación, trabajo y adoración” (de marzo de 1955). En ellos muestra que la investigación científica es una forma de adoración desde la perspectiva de una cosmovisión Crística.

A estos tres ensayos nos referiremos más adelante. Pero ahora volvemos a Carlos Alonso-Bedate y a sus compañeros los jesuitas científicos.

Los jesuitas en las Universidades civiles en España en los años 70 y 80 del siglo pasado

Carlos y quien esto escribe emocionado nos conocimos hace ya medio siglo, cuando ambos estábamos destinados por los superiores de la Compañía de Jesús al diálogo entre las ciencias y las tradiciones religiosas. En aquellos tiempos, la política evangelizadora de la Compañía de Jesús en España impulsaba la presencia de jesuitas en las Universidades Civiles como profesores funcionarios. Esta situación – tal vez inédita en otros países europeos – favoreció que en ese momento hubiera unos 80 jesuitas como profesores estables sobre todo en Facultades de Ciencias.

Esta línea, tan abierta entonces, estaba inspirada en el Decreto número 29 (sobre “Investigación científica”) de la Congregación General 31 de la Compañía de Jesús celebrada en 1965, hace 55 años, terminado el Concilio Vaticano II.

De alguna manera, nuestra tarea como Jesuitas en las Universidades Civiles (lo que en España se llamó la MUINSI) era muy similar a la que Pierre Teilhard de Chardin propiciaba, recomendaba e impulsaba sobre todo, al final de sus días. En una famosa Conferencia a jesuitas durante una semana de Estudios, celebrada en Versalles el 20 de agosto de 1947 (Teilhard de Chardin, “Sur la valeur religieuse de la recherche”.Science et Christ. Oeuvres 9, Paris: Éditions du Seuil, 1965, 255-263; publicada en Ciencia y Cristo, Taurus, Madrid, 1968, páginas 229-235), Teilhard decía y dejó escrito:

“En una carta reciente, nuestro padre General [Juan Bautista Janssens, en 1946] ha mencionado la Investigación (la investigación Científica y, más en general, en todos los sectores del Pensamiento) en la cabeza de las líneas de progresión y de ataque que proponía a los miembros de la Compañía. A este respecto, yo quisiera ofrecerles y someterles a ustedes algunas observaciones que justifican – desde un punto de vista especial, pero que me parece sólido – la directriz que acaba de llegarnos de Roma”. [Teilhard se refiere a un documento interno de los jesuitas sobre los ministerios de los jesuitas y el valor apostólico de la investigación científica, publicado para toda la Compañía de Jesús por el padre General Juan Bautista Janssens, en 1946, nada más ser elegido para su cargo].

Tres ensayos de Pierre Teilhard de Chardin que iluminan la hoja de ruta

No es fácil sistematizar el pensamiento de Carlos Alonso-Bedate sobre el sentido religioso, espiritual y místico de la investigación científica. Pero tres escritos de Teilhard pueden ayudar a configurar el escenario en el que se desarrolla su actividad investigadora: “Sobre el valor religioso de la investigación” (de 20 de agosto de 1947), “Lo Crístico” (de marzo de 1955) e “Investigación, trabajo y adoración” (de marzo de 1955). En ellos muestra que la investigación científica es una forma de adoración desde la perspectiva de una cosmovisión Crística.

El escenario místico: “Lo Crístico” (de marzo de 1955)

En “El Corazón de la Materia” (1950), Teilhard dedica un amplio capítulo a “lo Crístico” o lo Céntrico en conexión con el Punto Omega. “Con el descubrimiento de Omega, – escribe – finaliza lo que podría denominar la rama natural de mi trayectoria interior en busca de la consistencia última del Universo” (página 43 de la edición española de 2002).

Cinco años más tarde, en “Lo Crístico” resume, precisa, sistematiza y concreta el papel de lo Crístico como “atractor” de todo el universo hacia un punto denso de espiritualidad. En una carta de 19 de agosto de 1950 a su fiel secretaria, la señorita Jeanne-Marie Mortier, escribe Teilhard: “Querría no morir antes de haber expresado sobre poco más o menos cómo he entrevisto este extraordinario Crístico, con una admiración que no ha dejado de aumentar”.

Y en la primavera e su segundo año de exilio en Nueva York, Teilhard vuelve sobre el tema en carta a J.M. Mortier el 30 de abril de 1952: “Lo primero que escribiré para “para mí” (y para los íntimos) puede que sea un estudio sobre “la Cristosfera”, o sobre “lo Crístico” (el Punto, el Medio y la Energía crísticos), lo que más o menos me remitirá a “El Medio Divino”.

En el año 1954 vuelve a su proyecto: “Entre tanto, sueño cada vez más con escribir algo “confidencial” sobre lo Crístico: una especie de quintaesencia del Medio Divino, la Misa sobre el Mundo y El Corazón de la Materia”. Una evocación de la formidable “integración” psicológica (como se dice ahora) realizable (y en vías de inevitable realización) por el encuentro entre el Cristo-pleromizante de la Revelación y lo Evolutivo convergente de la Ciencia. Todo el Universo que se amoriza, de lo ínfimo a lo inmenso, a lo largo de toda la Duración del tiempo…” (Carta a su secretaria, J.M. Mortier de 22 de septiembre de 1954).

No es este el lugar para una disección pormenorizada del denso y sistémico ensayo “Lo Crístico” (fechado en marzo de 1955, un mes antes de su fallecimiento), que ocupa 20 páginas de texto impreso. Baste con este resumen en la introducción (página 87): “Las páginas que siguen no son una simple disertación especulativa en que se expongan las líneas principales de un sistema largamente madurado e ingeniosamente ensamblado, sino que representan un testimonio dado con toda objetividad sobre un cierto acontecimiento interior, sobre una determinada experiencia personal en la que me es imposible no discernir las huellas de una deriva general de lo Humano hacia sí mismo. Poco a poco, a lo largo de mi existencia se ha ido despertando en mí (hasta hacerse habitual) la percepción de dos dinámicas o corrientes psíquicas fundamentales, en las que todos participamos sin, no obstante, tener el suficiente cuidado. (…) Por un lado, un Flujo, a la vez físico y psíquico, que enrollaría sobre sí mismo, complicándola hasta hacerla co-reflexionar, la totalidad de la Trama de las Cosas. Y por otro lado, bajo las especies de lo Divino encarnado, una presencia tan íntima que exigiría, para satisfacerse y satisfacerme, ser, por naturaleza, universal. Doble sentido (y sentimiento) de una Convergencia cósmica y de una Emergencia crística que, cada una a su manera, me invadían por entero”.

Como el mismo Teilhard reconoce, esta ha sido su reflexión continua durante 40 años, y tal vez ahora en 1950 tenga “menos frescura y exuberancia en la expresión”, pero “con la misma admiración y la misma pasión”.

“Investigación, trabajo y adoración” (fechada en marzo de 1955)

Muy poco después de haber escrito las páginas anteriores sobre “lo Crístico”, Teilhard de Chardin redacta en Nueva York un breve ensayo al que titula “Investigación, Trabajo y Adoración”. Ignoramos si en esos días le llegó alguna carta desde Roma en la que le recriminaba o le prohibía hablar o escribir. Pero de hecho “quisiera hacer observar a quien corresponda” que “es psicológicamente inviable y, por otra parte, directamente opuesta a la mayor gloria de Dios” no realizar una tarea interdisciplinar.

Escribe (página 245 de Ciencia y Cristo, edición de Taurus):

“Haga usted Ciencia apaciblemente sin mezclarse en filosofía ni teología..” (Cita textualmente de alguna carta recibida de sus superiores). Y prosigue: “Tal es el consejo (y la advertencia) que la autoridad me ha repetido una y otra vez durante toda mi vida. Tal sigue siendo – supongo – la dirección que se da a los numerosos y brillantes cachorros lanzados hoy, muy oportunamente, al campo de la investigación”.

Muy probablemente se refiere a los estudiantes jesuitas a quienes los superiores les dan consejos para su formación filosófica y teológica. Por ello, Teilhard se siente obligado a responder a sus superiores: “Pero sobre esta actitud, respetuosamente – pero con la seguridad que me dan cincuenta años de vida pasada en el corazón del problema – quisiera hacer observar a quien corresponda, que es psicológicamente inviable y, por otra parte, directamente opuesta a la mayor gloria de Dios”.

Esta tesis es muy teilhardiana: es inviable e imposible vivir y pensar de forma escindida y dual la experiencia mundana y la experiencia espiritual, la impregnación en una cultura científico-técnica y unas vivencias espirituales y religiosas. Aunque no lo cita, la palabra “integración” que los compañeros jesuitas (como Carlos Alonso-Bedate) y los no jesuitas cercanos hoy hemos descubierto al vivir de forma interdisciplinar las mareas culturales en cuyas olas nadamos, fue para Teilhard algo fundamental. Y de estos temas trata este breve ensayo.

Unos textos pueden ser expresivos: “A partir de ahora, en el fondo de sí mismo, ningún investigador digno de ese nombre trabaja (o no puede trabajar ya), si no es sostenido por la idea de llevar más lejos, y hasta el final, al Mundo que le rodea. Dicho con otras palabras, y por lo menos virtualmente, todo investigador se ha convertido hoy por exigencia funcional en un “creyente en el Hacia Adelante”, en un consagrado a lo “ultra-humano”” (página 247).

Evidentemente, esto tiene sus consecuencias. Y Teilhard lo trata cuando se refiere a lo que en su tiempo se entendía como “El conflicto Religión-Ciencia y su solución” (página 247). Escribe en este ensayo Teilhard: “En lo que creo (…) que debo insistir más que nunca es que, por el solo hecho de esta transferencia del Cristo resucitado a un polo superior de la Evolución cósmica, el científico cristiano se encuentra, no solamente “igual de animado” (equi-animado), sino “super-animado” en relación con el científico no cristiano, en su impulso hacia la Investigación. Porque entonces, ante la mirada se perfila en el Porvenir, lo ultra-humano, ya no simplemente con la forma de un cierto Colectivo vago, sino con los rasgos de un Alguien supremamente atrayente y preciso”.

Y concluye: “En el espíritu y en el corazón del cristiano convertido en “trabajador de la Tierra” no hay ya la interferencia temida, sino una magnífica resonancia establecida entre la adoración del Hacia-Arriba y la fe del Hacia-Adelante. Y, por consiguiente, en el terreno mismo de la devoción al Mundo, el derecho y el orgullo de decir al camarada humanista o marxista: “Plus et Ego”… [y yo más todavía]”.

Cambiar el modelo de espiritualidad

Y al final del ensayo leemos: “Lo que hay que recoger y re-profundizar (en su sentido) es, tanto la Cristología dogmática, la noción misma de perfección cristiana, puesto que se la transpone a un Universo nuevo (precisamente el de los laboratorios y de la fábrica) en el que la “criatura” no es ya solamente un “instrumento que utilizar”, sino un “co-elemento que integrar” por la Humanidad en génesis, y en el que desaparece (o se corrige) la vieja oposición Tierra-Cielo en la nueva fórmula: “Al Cielo por la culminación de la Tierra”” (página 251)

Teilhard incide en la necesidad de dar un giro al estilo de formación de los jóvenes jesuitas (y de los religiosos en general): “Decir, por lo tanto, a un Religioso que estudie Ciencias sin permitirle, al mismo tiempo, repensar toda su visión religiosa es, como decía al empezar, darle una consigna imposible, condenarle de antemano a resultados mediocres, en una vida interior dividida” (página 248)

Estos textos, repensados desde el testimonio de aquellos cristianos – y sobre todo jesuitas- que (como Carlos Alonso-Bedate) optaron por la inculturación en el mundo de las Ciencias, las Tecnologías y sus correlatos éticos, cobran vida y estimulan a seguir en el camino iniciado hace muchos años.

Teilhard en la Conferencia de jesuitas en Versalles en 1947

Pero para justificar desde el punto de vista psicológico, espiritual y epistemológico la hoja de ruta interdisciplinar que muchos creyentes (entre los que se cuenta Carlos Alonso-Bedate) hemos de remontarnos siguiendo a Pierre Teilhard de Chardin al año 1947, unos años antes de los textos anteriores.

No tenemos suficiente documentación al respecto. Pero parece ser que dentro de la Compañía de Jesús hubo atisbos de cambios esperanzadores después de la segunda Guerra Mundial. En el año 1915 el padre Wlodimiro Ledochowski (1886-1942) fue elegido padre General de la Compañía de Jesús. A pesar de la convulsión de la Primera Guerra Mundial, de la Gran Depresión y de la Segunda Guerra Mundial, la Compañía de Jesús creció durante el período de Ledochowski. De mentalidad estrecha y polaca, convocó a la 27 Congregación General de los jesuitas que tuvo lugar en Alemania.

Su mentalidad poco abierta a modernidades provocó no pocos problemas a Teilhard. El análisis realizado por Emma Fattorini de los archivos vaticanos del período han mostrado el papel importante que el P. Ledochowski jugó en la redacción de la encíclica contra el comunismo, la Divini Redemptoris pero también los obstáculos que puso para que Pío XI no publicara otra encíclica destinada a condenar el antisemitismo.

El generalato de Ledochowski estuvo jalonado de condenas contra los pensadores considerados “modernistas”. ​En junio de 1920, es la doctrina llamada de los “ojos de la fe”, título de un célebre artículo de Pierre Rousselot (1878-1915), (muerto al principio de la guerra), la que es condenada por una carta del Superior General de los jesuitas, el padre Ledochowski. La condena afecta indirectamente a teólogos próximos a Teilhard, a sus amigos del tiempo de formación, como Pierre Charles (1883-1954) que enseñaba en Lovaina, Auguste Valensin, que será “exiliado” a Niza y el exegeta Joseph Huby.

Para Claude Cuénot, no se trata de un retiro forzado por los superiores debido a sus escritos poco ortodoxos durante la guerra. Parece que Teilhard estaba preparando en la Sorbona su licenciatura en Ciencias Naturales. De acuerdo con Théodore Monod-Lamare (geólogo en Burdeos y espíritu no conformista y amigo sincero) Teilhard asistió a las clases de Hérouard y de Robert, y se presentó a los exámenes especiales para desmovilizados.

El padre Ledochowski falleció en 1942, pero las complicaciones políticas dificultaron la celebración de una Congregación General de los jesuitas que nombrase su sustituto. Hasta 1946 no se produjo la elección del nuevo padre General, el belga Juan Bautista Janssens (1889-1964). La Compañía recibió con mucha esperanza a este nuevo General, un hombre intelectual de talante liberal. Pronto publicó una carta a todos los jesuitas del mundo en la que presentaba unas preferencias apostólicas entre las que estaba el apostolado de la Investigación Científica.

Los jesuitas de Francia aceptaron con entusiasmo este giro aperturista. Tanto es así, que los provinciales convocaron en Versalles unas Conferencias sobre las nuevas perspectivas de la Compañía en esta nueva época. Y además. Invitaron a Pierre Teilhard de Chardin a impartir una de las Conferencias. Y el tema que desarrolló fue “Sobre el valor religioso de la Investigación”.

En esta Conferencia, ya citada más arriba, a jesuitas durante una semana de Estudios, celebrada en Versalles el 20 de agosto de 1947 (Teilhard de Chardin, “Sur la valeur religieuse de la recherche”.Science et Christ. Oeuvres 9, Paris: Éditions du Seuil, 1965, 255-263; publicada en Ciencia y Cristo, Taurus, Madrid, 1968, páginas 229-235), proclamaba Teilhard de Chardin con cierto aire de triunfo, pensado en su futura rehabilitación y en la posibilidad de poder publicar sus escritos secuestrados en tiempo de Ledochowski: “¿Por qué es tan importante que nosotros, los jesuitas, participemos en la Investigación humana hasta llegar a penetrarla e impregnarla con nuestra fe y con nuestro amor a Cristo? ¿Por qué? Sencillamente (…) porque la Investigación es la forma en la que se esconde y opera más intensamente, en la Naturaleza, a nuestro alrededor, el poder creador de Dios. A través de nuestra investigación emerge en el Mundo un ser nuevo, un aumento de conciencia” (pág. 231-232)

Y ya aparecen aquí algunas formulaciones que encontraremos en “Lo Crístico” y en “Investigación, trabajo y adoración”: “No puede haber una fe cristiana realmente viva si no alcanza y levanta, en su movimiento ascensional, la totalidad del dinamismo espiritual humano (…). Y tampoco fe en el Hombre, psicológicamente posible, si el porvenir evolutivo del Mundo no se reúne, en lo trascendente, con algún foco de personalización irreversible. En suma, es imposible ir Hacia Arriba sin moverse Hacia Adelante, ni progresar Hacia Adelante sin derivar Hacia Arriba” (página 233)

El texto (y posiblemente la Conferencia hablada) finaliza con unas frases vibrantes y optimistas: “Todo lo que acabo de decirles lo resumiré en esta única frase que sabrán corregir en lo que de brutal tiene su simplicidad: “Nosotros, sacerdotes, jesuitas, no solamente debemos interesarnos y comprometernos, sino también creer en la Investigación, porque la Investigación (realizada “con fe”) es el terreno mismo en el que tiene probabilidades de elaborarse la única mística humano-cristiana que puede hacerse mañana una unanimidad humana”” (página 235).

Todo un programa de convicciones y espiritualidad que nos remite otra vez a la figura de Carlos Alonso-Bedate y sus opciones personales en la presencia – con frecuencia conflictiva – en las plataformas de la cultura laica del diálogo interdisciplinar, y especialmente la cultura de la bioética en sus aspectos médicos.

Carlos Alonso-Bedate y la interdisciplinariedad

Este texto puede ser que inspirase a Carlos Alonso-Bedate toda su apasionada presencia en muchos foros interdisciplinares.

Carlos Alonso-Bedate, investigador experto en biología molecular, biotecnología e ingeniería genética y sacerdote jesuita, además de por sus contribuciones científicas, será recordado por su extraordinaria contribución a la bioética de nuestro país y a nivel internacional, a través de su activa participación en numerosos comités.

Fue Profesor de Investigación del CSIC, miembro del primer Comité de Bioética de España (siendo vicepresidente del mismo), del Comité de Ética de la Comunidad de Madrid, de la Comisión de Garantías para la Donación y Utilización de Células y Tejidos Humanos del Instituto de Salud Carlos III. Se trata de la Comisión de Garantías para la Donación y Utilización de Células y Tejidos Humanos que es el órgano colegiado de carácter permanente y consultivo, adscrito al Instituto de Salud Carlos III, dirigido a asesorar y orientar sobre la investigación y la experimentación con muestras biológicas de naturaleza embrionaria humana, y a contribuir a la actualización y difusión de los conocimientos científicos y técnicos en esta materia.

También Carlos Alonso-Bedate pertenecía al Comité de Bioética del Consejo de Europa, al Subcomité de Bioética del CSIC y al Comité de Ética de la Investigación de la UAM (Universidad Autónoma de Madrid), siendo también experto evaluador colaborador del Comité de Ética del CSIC.

Entre otras actividades, a mediados de los años ochenta participó en el Seminario Internacional de Bioética de la FIUC, (de la Federación Internacional de Universidades Católicas) iniciado por profesores, médicos e investigadores de diversos países. Por parte española, el también jesuita, Francesc Abel (1933-2011) fue uno de los miembros fundadores.

Ofrece el dato del inicio del interés y participación de Carlos en Bioética, en un tiempo en que se estaba gestando el término y los contenidos de la nueva disciplina.

Como sacerdote jesuita y científico español, hecho concreto que a mi entender pone de manifiesto la falta de consistencia científica que tiene frases como ‘la Iglesia Católica es enemiga de la ciencia’ o ‘No se puede ser científico y a la vez creyente’, por muy políticamente correctas que puedan parecerle a la mayoría. Y en este punto resalto uno de los hitos más importantes de su tarea interdisciplinar. Desde el año 1998 hasta su fallecimiento ha sido Presidente de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA). Sustituyó en la Presidencia al padre Alberto Dou, prestigioso matemático que impulsó esta Asociación hace casi 50 años y ha publicado 41 volúmenes de Actas de sus reuniones anuales (desde el año 1974)

Conclusión: Tender puentes entre ciencia y religión

La conciliación ciencia-religión explicitada en hechos concretos, si es que uno puede referirse así a las personas, tiene en la Compañía de Jesús un grandísimo exponente, que se concretiza en Carlos Alonso-Bedate. Dice de él la biografía que aparece en la reseña de su toma de posesión como Académico de Farmacia, el jueves 11 de abril de 2013:

“El Dr. Alonso-Bedate nació en Mota del Marqués Valladolid. Pertenece al Organismo del CSIC: Centro de Biología Molecular (UM). Está licenciado en Filosofía y Teología y es Máster en Genética, (Universidad de California. Davis). También se licenció en Biología por la Universidad de Granada. ES Doctor en Ciencias, Universidad de Nijmegen (Holanda) y Granada (España). Su categoría profesional actual es Profesor de Investigación Vinculado al CSIC-UAM y Profesor Honorario de la UAM. Ha participado en 14 proyectos en convocatoria Nacional y en tres proyectos UE, en 21 libros colectivos, 22 tesis doctorales dirigidas y 200 trabajos científicos indexados. Monitor del ensayo Internacional de vacunación contra malaria (Tanzania). Ethical Adviser proyectos UE. Vocal CDBI (Consejo Europa) y miembro del Comité de Bioética de España”.

Fue compañero de Margarita Salas (1938-2019), prestigiosa científica española, y Carlos concelebró su funeral en la Iglesia del Espíritu Santo en Madrid en 2019. En su homilía hizo semblanza tanto de ella como de su difunto marido, el también científico Eladio Viñuela (fallecido en 1999). Aunque Margarita Salas dijo en varias entrevistas que no era creyente, el Profesor Alonso- Bedate subrayó en su funeral su apertura hacia la espiritualidad y siempre la consideró una ‘creyente oculta’, o sea, creyente sin tener una clara conciencia de ello.

 

Leandro Sequeiros, Doctor en Ciencias, Colaborador de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.

 

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