5 comentarios en “Una conversación con G. Coyne (observatorio astronómico del Vaticano)”

  1. Guy Consolmagno, hijo científico de Georges Coyne escribe a propósito del fallecimiento de su maestro: “The wise and beloved Vatican astronomer Father George Coyne died last week. Like most of the Vatican astronomers across history, he was also a Jesuit. More than 30 objects on the moon are named after the Jesuits who mapped it and ten Jesuits in history have had asteroids named after them. Father Coyne was one of the few with this distinction, alongside his friend and fellow Vatican astronomer Brother Guy Consolmagno. In a conversation filled with laughter, we experience the spacious way the two of them approached life, faith, and the universe.” https://onbeing.org/programs/guy-consolmagno-george-coyne-asteroids-stars-and-the-love-of-god/

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  2. He encontrado en la red otra entrevista con el padre Coyne que completa algunos aspectos de la anterior: ” “Dios no interviene, como si fuera un Dictador o Diseñador del Universo, sino que está como un padre para sus hijos, que motiva, que permite que el proceso evolutivo suceda; como el que participa y ama”. Esa es la explicación que ha dado alguna vez el prestigioso astrónomo jesuita George V. Coyne para sostener su teoría de la compatibilidad entre la religión y la ciencia.
    De visita, por segunda vez en el Recinto Universitario de Mayagüez, su presencia se enmarca en el comienzo de un curso interdisciplinario titulado Cosmología, Evolución y Creencia ofrecido en el RUM durante este semestre.
    Coyne hará una presentación magistral abierta a toda la comunidad el jueves 21 de agosto de 2014 a las 10:30 am en el Anfiteatro del Edificio de Administración de Empresas, con el sugestivo título: Cosmología Cuántica y la Creación.
    El sacerdote también sacerdote jesuita y catedrático de Ingeniería Eléctrica del RUM, doctor Luis O. Jiménez un estudioso, como Coyne, de la relación entre ciencia y religión abunda, en mayaguezsabeamango.com, sobre el reto y no el conflicto entre los dos conceptos.
    ¿Cómo son valoradas las teorías de Coyne en la comunidad científica?
    Lo primero es aclarar a que teorías nos referimos. El sacerdote jesuita George Coyne, quien fue Director del Observatorio Astronómico del Vaticano, es un científico muy respetado por sus trabajos científicos. Entre los muchos reconocimientos que ha recibido por sus contribuciones científicas es el hecho de que se haya llamado el asteroide 14429 con su nombre “Coyne”.
    Sus planteamientos en cuanto a la relación entre ciencia y las religiones son muy respetados en la comunidad de científicos y académicos que promueven el diálogo entre estás fuentes de conocimiento. George Coyne es uno de los científicos expertos en el tema de diálogo entre ciencia y religión junto a otros como John Polkinghorne (físico), Arthur Peakocke (bioquímico), Ian Barbour (físico) y John Haught (biólogo), entre otros.
    ¿La ciencia y la religión están necesariamente en conflicto?
    Algunos científicos y filósofos piensan que entre la ciencia y la religión existe necesariamente un conflicto. Nadie niega que de facto en la historia reciente se han dado algunos conflictos. Lo que se pone en duda es que el conflicto es necesario. Entre la ciencia y la región aparece un conflicto cuando se dan las siguientes circunstancias:

    Doctor Luis O. Jiménez, Catedrático de Ingeniería Eléctrica del RUM
    Doctor Luis O. Jiménez, Catedrático de Ingeniería Eléctrica del RUMEl dominio de un espíritu filosófico llamado “reduccionismo cientista” que plantea que la evidencia científica es la única verdad. Según este pensamiento, que no es científico y que es muy cuestionado en los círculos filosóficos, la filosofía, las religiones, el arte y la literatura no tienen nada que aporta a la búsqueda de la verdad.
    También provoca un conflicto el llamado “materialismo reduccionista” que afirma que la realidad se reduce a partículas materiales y sus interacciones. Nuevamente, esta postura se presenta como científica pero no lo es. Es una especie de visión de mundo de tipo filosófico que sostienen algunos científicos y algunos filósofos pero que no es científica.
    Otra actitud que provoca un conflicto, de parte de grupos religiosos esta vez, es cuando se hace una lectura literal de textos religiosos sin mediar una interpretación. Esto lleva a asumir como literal lo que es simbólico, por ejemplo, la creación en 7 días en el libro del Génesis.
    Finalmente, pensar que los textos religiosos, como los primeros capítulos del libro del Génesis, contienen información científica que entra en conflicto con las teorías científicas modernas genera un conflicto.
    Sin embargo, esto no tiene que ser así. Un diálogo sincero y abierto entre la ciencia y las religiones conlleva a un mutuo aprendizaje que resulta beneficioso para la ciencia y para las religiones. Mediante ese diálogo los creyentes pueden comprender de manera más profunda la acción de Dios en el mundo y apreciar el mundo como creación de Dios de donde emergen formas nuevas e inesperadas. Les ayuda también a superar la tentación de hacer una lectura equivocada de los textos sagrados o de confundir su fe religiosa con mitos. A los científicos les permite ver y superar la tentación de pensar que solo la ciencia explica la realidad. El pensamiento religioso y la filosofía tienen mucho que contribuir con la búsqueda de sentido de la vida y del mundo.
    Ese diálogo entre la ciencia y las religiones ha comenzado. Pocos saben que el Vaticano tiene un observatorio astronómico financiado por la Iglesia Católica. El mismo Vaticano ha patrocinado y continúa patrocinando reuniones de diálogo entre científicos, filósofos y teólogos de distintas creencias (ateos, agnósticos, católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos). Dentro de ese ambiente líderes religiosos han reconocido y afirmado el valor de la ciencia y su aporte. Un ejemplo de este reconocimiento es la afirmación del Papa Juan Pablo II, afirmación desconocida por muchos, incluyendo algunos católicos, donde expone que la evolución es más que una hipótesis, es una teoría y por lo tanto debe tomarse con mucha seriedad.
    “Hoy, nuevos conocimientos nos llevan a reconocer que la teoría de la evolución es más que una mera hipótesis”. (Discurso de Juan Pablo II a la Pontificia Academia de Ciencias)
    ¿No implica el progreso de las ciencias que Dios es innecesario para explicar el universo?
    Doctor George V. Coyne
    Doctor George V. CoyneVarios científicos (Hawkins), filósofos (Daniel Dennett) y algunos creyentes piensan que Dios actúa allí donde no existe una explicación científica. Es la idea de Dios llamada en inglés “God of the Gaps” (Dios tapa agujeros). Evocamos la acción de Dios donde existe un agujero en nuestro conocimiento. Por eso, el avance de la ciencia genera una ansiedad para algunos religiosos y para algunos con posturas anti-religiosas les produce la sensación de reivindicación.
    Sin embargo, este planteamiento supone unas afirmaciones muy problemáticas. Primero, supone que la acción de Dios está en contradicción con la razón humana. En otras palabras, supone que la acción de Dios es irracional y compite con nuestra inteligencia. Pero esto no es así. Incluso en el pensamiento del judaísmo previo al Nuevo Testamento plantea que Dios actúa con su sabiduría. La misma sabiduría que inspira la mente humana.
    Otro problema con este planteamiento es que Dios actúa como un agente más en el mundo, incluso en competencia con los demás. Pero no es esto lo que afirman la mayoría de las religiones o el pensamiento religioso. Dios no es un agente más. Dios es el Creador, la realidad última que permite que existamos y actuemos en el mundo. Dios no anula los distintos agentes del mundo. Al contrario, les permite que sean y les posibilita que actúen”.

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  3. Con ocasión de los 300 años de la publicación de los Principia Mathematica Philosophiae Naturalis de Isaac Newton (1687), el papa JUAN PABLO II, dirigió esta carta en 1988 al padre Coyne, entonces director del Observatorio Vaticano. Resaltamos algunos aspectos pues han sido el respaldo epistemológico a la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión de la Universidad Pontificia Comillas.

    [§2] El tricentenario de la publicación de los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural de Newton nos ha brindado una ocasión propicia para que la Santa Sede patrocinase una Semana de Estudio que investigara las múltiples relaciones entre la teología, la filosofía y las ciencias naturales. El personaje al que se rinde honor, Sir Isaac Newton, dedicó también buena parte de su vida al estudio de estos problemas, y sus reflexiones sobre ellos pueden verse en sus grandes obras, en sus manuscritos inacabados y en su vasta correspondencia.
    [I. Condiciones del diálogo: autonomía y apertura]
    [§15] Al estimular la apertura entre la Iglesia y la comunidad científica, no estamos imaginando una unidad disciplinar entre teología y ciencia como la que existe dentro de un campo científico dado, o dentro de la misma teología. Mientras continúe el diálogo y la búsqueda en común, se avanzará hacia un entendimiento mutuo y un descubrimiento gradual de intereses comunes, que sentarán las bases para ulteriores investigaciones y discusiones. Qué forma adoptará esto exactamente, lo hemos de dejar al futuro. Lo importante es, como ya hemos recalcado, que el diálogo continúe y crezca en profundidad y alcance. En este proceso debemos superar toda tendencia regresiva a un reduccionismo unilateral, al miedo y al aislamiento autoimpuesto. Lo críticamente importante es, que cada disciplina continúe enriqueciendo, fortaleciendo y desafiando la otra, para que sea más plenamente lo que le toca ser, y para que contribuya a que veamos quiénes somos y en qué estamos convirtiéndonos.
    [§16] Podríamos preguntar si estamos o no preparados para este empeño crucial. ¿Está preparada la comunidad de religiones del mundo, incluida la Iglesia, para entablar un diálogo más a fondo con la comunidad científica, un diálogo en que se mantenga la integridad tanto de la religión como de la ciencia, y se fomente el avance de ambas? ¿Está preparada la comunidad científica para abrirse al cristianismo, e incluso a todas las grandes religiones del mundo que colaboran con nosotros para construir una cultura más humana y de ese modo más divina? ¿Nos atrevemos a arriesgar la honestidad y el coraje que exige esta tarea? Nos hemos de preguntar, si ambas, ciencia y religión, contribuirán a la integración de la cultura humana, o si lo harán a su fragmentación. Es una elección única, que nos atañe a todos.
    [§19] Para ser más específico, tanto la religión como la ciencia deben preservar su autonomía y su peculiaridad. La religión no está basada en la ciencia, ni la ciencia es una extensión de la religión. Cada una debe poseer sus propios principios, sus modos de proceder, sus diversidades interpretativas y sus propias conclusiones. El cristianismo posee su fuente de justificación dentro de sí mismo, y no espera que la ciencia constituya su principal apologética. La ciencia debe atestiguar su propia valía. Mientras cada una puede y debe apoyar a la otra como dimensiones distintas de una cultura humana común, ninguna debe suponer que constituye una premisa necesaria para la otra. La oportunidad sin precedentes que tenemos hoy es la de lograr una relación interactiva común, en la que cada disciplina conserve su integridad y, sin embargo, esté radicalmente abierta a los descubrimientos y concepciones de la otra.
    [II. Promesas del diálogo: enriquecimiento mutuo]
    [§22] ¿A qué anima, entonces, la Iglesia con esta unidad relacional entre ciencia y religión? Ante todo y sobre todo, a que lleguen a comprenderse mutuamente. Durante demasiado tiempo se han mantenido alejadas. Se ha definido la teología como un esfuerzo de la fe por alcanzar comprensión, como fides quaerens intellectum. Como tal, debe estar hoy en intercambio vital con la ciencia, del mismo modo que lo ha estado siempre con la filosofía y otros saberes. La teología tendrá que recurrir a los descubrimientos de la ciencia en uno u otro grado, mientras siga siendo principal incumbencia suya: el ser humano, los logros de la libertad, las posibilidades de la comunidad cristiana, la naturaleza de la fe y la inteligibilidad de la naturaleza y de la historia. La vitalidad y trascendencia de la teología para la humanidad se reflejarán profundamente en su capacidad para incorporar estos descubrimientos.
    [§26] En este proceso de aprendizaje mutuo, podrían servir como recurso clave los miembros de la Iglesia que son científicos activos o bien, en casos especiales, los que son a la vez científicos y teólogos. Ellos pueden proporcionar además un ministerio sacerdotal muy necesario, para quienes luchan por integrar los mundos de la ciencia y de la religión en sus propias vidas intelectuales y espirituales, así como para los que se enfrentan con decisiones morales difíciles, en asuntos de investigación y aplicación tecnológica. Hay que formar y animar tales ministros-puente. Hace tiempo, la Iglesia reconoció la trascendencia de tales vinculaciones al establecer la Academia Pontificia de Ciencias, en la que algunos de los científicos más destacados del mundo se reúnen con regularidad para discutir juntos sus investigaciones y dar a conocer a la comunidad humana hacia dónde se dirigen los descubrimientos. Pero se necesita mucho más.
    [§28] ¿Puede también la ciencia beneficiarse de este intercambio? Parece que así debería ser. Pues la ciencia se desarrolla mejor cuando sus conceptos y conclusiones se integran en la gran cultura humana y en su interés por el sentido y el valor últimos. Por ello, los científicos no pueden mantenerse totalmente al margen de los tipos de cuestiones tratadas por filósofos y teólogos. Dedicando a estas cuestiones algo de la energía y el cuidado que prestan a su investigación científica, pueden ayudar a que otros realicen con mayor plenitud los potenciales humanos de sus descubrimientos. Pueden también llegar a apreciar, que estos descubrimientos no pueden ser un sustituto genuino del conocimiento de lo verdaderamente último. La ciencia puede liberar a la religión de error y superstición; la religión puede purificar la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Cada una puede atraer a la otra hacia un mundo más amplio, un mundo en el que ambas pueden florecer.
    [§31] Por tanto, con esta ocasión del tricentenario de Newton la Iglesia, hablando por mi ministerio, se invita a si misma e invita a la comunidad científica a intensificar las relaciones constructivas de intercambio a través de la unidad. Estáis llamados a aprender los unos de los otros, a renovar el contexto en el que se hace la ciencia y a nutrir la inculturación que requiere una teología viva. Cada una de ambas partes tenéis todo que ganar de esta interacción, y la comunidad humana a la que ambas servimos tiene derecho a exigírnoslo.
    Sobre cuantos participaron en la Semana de Estudio patrocinada por la Santa Sede y sobre cuantos lean y estudien los trabajos aquí publicados, invoco sabiduría y paz en Nuestro Señor Jesucristo e imparto cordialmente mi bendición apostólica.
    Desde el Vaticano, a 1 de junio de 1988
    Juan Pablo II

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  4. Uno de los últimos escritos del padre Coyne traducido al castellano es de 2016. El volumen “Explorar el universo, última de las periferias” (Cátedra CTR.SalTerrae) contiene uno de sus capítulos firmados por Coyne: “La interacción entre la ciencia y la fe religiosa: algunos momentos críticos en la historia” (páginas 39-68). Se puede considerar su testamento intelectual en la reflexión interdisciplinar. Con una gran erudición, transita por la historia del pensamiento científico desde la antigüedad hasta hoy, con apuntes hacia el futuro. Con una visión muy abierta hacia las posibilidades, la necesidad y la oportunidad del tender puentes entre científicos y creyentes.

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