Ciencia, filosofía y teología en el pensamiento de Juan Pablo II

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(Leandro Sequeiros) Si se examina la historia del cristianismo, ha habido dentro de la Iglesia Católica una tendencia a asociar la investigación científica con el ateismo o a apropiarse los resultados de las ciencias para reforzar las ideas ateas. Los escritos y las campañas publicitarias del biólogo Richard Dawkins, por ejemplo, son una confirmación de esta tendencia. Sin embargo, durante el papado de Juan Pablo II se ha potenciado una relación entre la ciencia, la filosofía y la teología que contrasta de modo determinante con esas posturas del ateismo científico. Las opiniones expresadas por Juan Pablo II en varias ocasiones han ayudado a la Iglesia a contemplar a las ciencias como unas interlocutoras y compañeras de diálogo. Con ocasión de la celebración de los 20 años de la publicación de la Fides et Ratio y de la Carta del papa al padre Coyne al cumplirse los 300 años de los Principia de Newton, aportamos estas sugerencias.

Desde los inicios del pontificado de Juan Pablo II se puede constatar en su magisterio un modo diferente al de otros Papas en el modo de entender las relaciones y los puentes entre el mundo de las ciencias, de las filosofías y de las religiones y sus teologías. Tal vez, uno de los testigos de excepción ha sido el jesuita George V. Coyne, director durante muchos años del Observatorio Vaticano y reconocido astrónomo. En un documentado artículo en la revista dedicada al diálogo entre la ciencia y la religión, Omega (del año 2009), el padre Coyne sintetiza el pensamiento de Juan PabUIKeyInputDownArrowlo II sobre el diálogo entre filosofía, ciencias y teología

Precisamente, con ocasión de los 20 años de la publicación de la Encíclica Fides et Ratio (1998) muchas de sus ideas cobran actualidad. Algunas de sus ideas se habían expresado en la carta del papa al padre George Coyne con ocasión de los 300 años de la publicación de los Principiade Newton.

Antecedentes: una breve historia de las relaciones entre filosofía, ciencias y teología

Uno de los aspectos de esta relación se refiere al papel que las ciencias juegan en la búsqueda de los “significados últimos”, una frase que se encuentra repetidas veces en los escritos de Juan Pablo II. Pero ¿qué es lo que el Papa quería decir con esta expresión? Para Coyne, se pueden diferenciar tres períodos históricos en las relaciones ciencia y religión que son el telón de fondo necesario para entender en su justa medida el pensamiento del Papa. El primer período discurre desde la aparición del ateismo moderno en los siglos XVII y XVIII; el segundo período corresponde al anticlericalismo en Europa durante el siglo XIX; y por último, el tercer período coincide con el acercamiento de la ciencia a la Iglesia en el siglo XX.

Aunque el “caso Galileo”, como suele llamarse, siempre se cita como el ejemplo clásico de confrontación entre la ciencia y la fe, la verdad es que hasta el siglo XVIII no se dan enfrentamientos institucionales entre las ciencias y la teología que dan lugar al ateismo científico como postura existencial y filosófica. En el siglo XIX, el anticlericalismo ambiental hizo reaccionar al papado, de modo que en 1891, el Papa León XIIIfundó el Observatorio Vaticano como una herramienta apologética frente a las corrientes laicistas y ateas. El acercamiento de la Iglesia a la ciencia moderna durante el siglo XX se manifiesta de manera clara en Pío XII, que tenía un conocimiento excelente de la astronomía y, como Papa, fomentó la investigación astronómica en el Observatorio Vaticano. No obstante, no fue inmune a cierta tendencia apologética y en alguno de sus escritos tendió a identificar la Creación del Universo con la cosmología del Big Bang, lo que ocasionó cierta tensión con el sacerdote Georges Lemaître, Presidente de la Academia Pontificia de Ciencias.

De lo que se ha dicho de estos tres períodos históricos, se deduce que desde los orígenes del ateismo moderno en los siglos XVII y XVIII, dentro de la Iglesia ha prendido una tendencia a asociar la investigación científica con la negación de Dios. La desconfianza de la Iglesia hacia la ciencia y los científicos dio lugar a la creación del Observatorio Vaticano (y a otros observatorios por todo el mundo, como el Observatorio de Cartuja en Granada) con una misión apologética. Finalmente, cuando resplandeció la investigación científica en el siglo XX, la Iglesia, primero, intentó apropiarse los datos científicos para sus propios fines. Pero durante el papado de Juan Pablo II, encontramos un modo de interpretar las relaciones entre ciencia, filosofía y teología que contrasta significativamente con el punto de vista de sus antecesores.

Una nueva aproximación a las relaciones entre ciencia y religión

Los puntos de vista de Juan Pablo II sobre las relaciones entre el pensamiento científico, la filosofía y la teología en la búsqueda de los “significados últimos” se encuentran en los mensajes a las comunidades universitarias y a los científicos. Hay dos documentos que tienen una relevancia especial: el mensaje escrito con ocasión del tricentenario de los Principia Matemática de Isaac Newton, publicado como introducción de las actas del Congreso organizado por el Observatorio Vaticano (1988), y la Encíclica Fides et Ratio de 1998.

La novedad del pensamiento de Juan Pablo II, – prosigue Coyne en su artículo, – consiste en su toma de postura diferente a la de sus antecesores. Esta nueva postura se justifica principalmente en el mensaje enviado con ocasión del tricentenario de los Principia de Newton. Juan Pablo II establece claramente que la ciencia no puede ser usada de un modo simplista para establecer una base racional para la fe, pero tampoco puede decirse que sea atea por naturaleza y opuesta a la creencia en Dios:

“Al estimular la apertura entre la Iglesia y la comunidad científica, no estamos imaginando una unidad disciplinar entre teología y ciencia como la que existe dentro de un campo científico dado, o dentro de la misma teología. Mientras continúe el diálogo y la búsqueda en común, se avanzará hacia un entendimiento mutuo y un descubrimiento gradual de intereses comunes, que sentarán las bases para ulteriores investigaciones y discusiones. Qué forma adoptará esto exactamente, lo hemos de dejar al futuro. Lo importante es, como ya hemos recalcado, que el diálogo continúe y crezca en profundidad y alcance. En este proceso debemos superar toda tendencia regresiva a un reduccionismo unilateral, al miedo y al aislamiento autoimpuesto”. 

Y más adelante:

“Mas la unidad que pretendemos, como ya hemos subrayado, no es identidad. La Iglesia no propone que la ciencia se convierta en religión, o viceversa. La unidad, por el contrario, presupone siempre la diversidad y la integridad de sus componentes. Cada uno de estos miembros debería hacerse, no cada vez menos él mismo, sino más él mismo, en un intercambio dinámico; porque una unidad en la que uno de los elementos se reduce al otro es destructiva, falsa en sus promesas de armonía, y amenazadora para la integridad de sus componentes. Estamos llamados a hacernos uno. No a convertirnos cada uno en el otro. Para ser más específico, tanto la religión como la ciencia deben preservar su autonomía y su peculiaridad”. 

Y concluye:

“Pero ¿por qué es un valor para ambas la apertura crítica y el intercambio mutuo? La unidad implica el esfuerzo de la mente humana por llegar a comprender y el anhelo del espíritu humano por amar. Cuando los seres humanos intentan comprender la multiplicidad que les rodea, cuando intentan dar sentido a su experiencia, lo hacen incluyendo muchos factores en una visión común. Se logra la comprensión cuando muchos datos son unificados por una estructura común. Una cosa ilumina muchas, da sentido a la totalidad (…) ¿Puede también la ciencia beneficiarse de este intercambio? Parece que así debería ser. Pues la ciencia se desarrolla mejor cuando sus conceptos y conclusiones se integran en la gran cultura humana y en su interés por el sentido y el valor últimos.Por ello, los científicos no pueden mantenerse totalmente al margen de los tipos de cuestiones tratadas por filósofos y teólogos. Dedicando a estas cuestiones algo de la energía y el cuidado que prestan a su investigación científica, pueden ayudar a que otros realicen con mayor plenitud los potenciales humanos de sus descubrimientos. Pueden también llegar a apreciar, que estos descubrimientos no pueden ser un sustituto genuino del conocimiento de lo verdaderamente último. La ciencia puede liberar a la religión de error y superstición; la religión puede purificar la ciencia de idolatría y falsos absolutos. Cada una puede atraer a la otra hacia un mundo más amplio, un mundo en el que ambas pueden florecer” (las cursivas son nuestras).

La Fides et Ratio y la búsqueda de los significados últimos

En la Encíclica Fides et Ratio (publicada hace 20 años, en 1998), el discurso papal continúa y establece los fundamentos del diálogo con las ciencias: “Ella (la Iglesia) ve a la filosofía como un camino para conocer la verdad fundamental sobre la vida humana… Deseo que haya reflexión sobre esta actividad especial de la razón humana. Esta reflexión es necesario hacerla así, porque en el momento presente en particular, con frecuencia, se margina la búsqueda de los últimos significados” (Fides et Ratio, número 5).

Y ¿cómo se pueden definir las verdades últimas? La respuesta a esta pregunta es de la mayor importancia, ya que se propone que las ciencias de la naturaleza, junto con la filosofía, la teología y otras vías para el conocimiento, contribuyen a la búsqueda de los significados últimos. 

En palabras de la Encíclica (número 27): “Nadie, ni el filósofo ni el hombre corriente, puede substraerse a estas preguntas. De la respuesta que se dé a las mismas depende una etapa decisiva de la investigación: si es posible o no alcanzar una verdad universal y absoluta. De por sí, toda verdad, incluso parcial, si es realmente verdad, se presenta como universal. Lo que es verdad, debe ser verdad para todos y siempre. Además de esta universalidad, sin embargo, el hombre busca un absoluto que sea capaz de dar respuesta y sentido a toda su búsqueda. Algo que sea último y fundamento de todo lo demás. En otras palabras, busca una explicación definitiva, un valor supremo, más allá del cual no haya ni pueda haber interrogantes o instancias posteriores. Las hipótesis pueden ser fascinantes, pero no satisfacen. Para todos llega el momento en el que, se quiera o no, es necesario enraizar la propia existencia en una verdad reconocida como definitiva, que dé una certeza no sometida ya a la duda”.

En esta búsqueda hay diversos caminos de conocimiento y entre ellos, la filosofía es un camino privilegiado (número 3): “El hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más humana la propia existencia. Entre estos destaca la filosofía,que contribuye directamente a formular la pregunta sobre el sentido de la vida y a trazar la respuesta: ésta, en efecto, se configura como una de las tareas más nobles de la humanidad. El término filosofía según la etimología griega significa «amor a la sabiduría». De hecho, la filosofía nació y se desarrolló desde el momento en que el hombre empezó a interrogarse sobre el por qué de las cosas y su finalidad. De modos y formas diversas, muestra que el deseo de verdad pertenece a la naturaleza misma del hombre. El interrogarse sobre el por qué de las cosas es inherente a su razón, aunque las respuestas que se han ido dando se enmarcan en un horizonte que pone en evidencia la complementariedad de las diferentes culturas en las que vive el hombre”.

El Papa, pues, compara la filosofía con otros caminos para la búsqueda de la verdad, especialmente con las ciencias de la naturaleza (número 30): “En este momento puede ser útil hacer una rápida referencia a estas diversas formas de verdad. Las más numerosas son las que se apoyan sobre evidencias inmediatas o confirmadas experimentalmente. Éste es el orden de verdad propio de la vida diaria y de la investigación científica (las cursivas son nuestras). En otro nivel se encuentran las verdades de carácter filosófico, a las que el hombre llega mediante la capacidad especulativa de su intelecto. En fin están las verdades religiosas, que en cierta medida hunden sus raíces también en la filosofía. Éstas están contenidas en las respuestas que las diversas religiones ofrecen en sus tradiciones a las cuestiones últimas”.

Pero queda siempre claro que la filosofía y las ciencias de la naturaleza deben tener cada una su propia autonomía (número 45): “Con la aparición de las primeras universidades, la teología se confrontaba más directamente con otras formas de investigación y del saber científico. San Alberto Magno y santo Tomás, aun manteniendo un vínculo orgánico entre la teología y la filosofía, fueron los primeros que reconocieron la necesaria autonomía que la filosofía y las ciencias necesitan para dedicarse eficazmente a sus respectivos campos de investigación”.

Más adelante, el Papa lamenta “la falta de interés por el estudio de la filosofía” y “la falta de entendimiento entre las ciencias de la naturaleza y las ciencias humanas que surge de aquí. 

Dice (número 61): “El Concilio Vaticano II ha resaltado varias veces el valor positivo de la investigación científica para un conocimiento más profundo del misterio del hombre. La invitación a los teólogos para que conozcan estas ciencias y, si es menester, las apliquen correctamente en su investigación no debe, sin embargo, ser interpretada como una autorización implícita a marginar la filosofía o a sustituirla en la formación pastoral y en la praeparatio fidei.No se puede olvidar, por último, el renovado interés por la inculturación de la fe”. 

La Nueva Ciencia y la búsqueda de los últimos significados

La novedad de la ciencia moderna no se puede realmente apreciar si no se compara con los datos de la historia de las ciencias. En el origen de la ciencia moderna, en los siglos XVI y XVII, persistía la idea, heredada de los pitagóricos, de que los “filósofos naturales” de la época, los primitivos “científicos”, se dedicaban a “descubrir” (desvelar, quitar el misterio que los ocultaba) el diseño trascendental encarnado en el universo.

De hecho, es patente que uno de los factores esenciales en el nacimiento de la ciencia moderna fue la teología cristiana de la Creación y de la Encarnación. En este último caso, el concepto de Logos que se encarna en el evangelio de San Juan fue particularmente apropiado para la construcción de los conceptos pitagóricos y platónicos del mundo de las ideas eternas y del carácter trascendental de las matemáticas. Para Galileo, el universo estaba escrito en la lengua eterna de las matemáticas. Kepler veía algo divino en los números y la geometría era el modelo divino del cosmos. Newton, veía que Dios había puesto al mundo la ley de la gravedad, sin la cual todo se colapsaría. La función de los filósofos naturales era descubrir las leyes eternas puestas por Dios en el orden natural.

La matematización de la física continuó durante los siglos XVIII y XIX, y de alguna manera sentaría las bases para la física de los siglos XX y XXI. Sin embargo, los científicos ya no perciben en el universo físico la presencia innata de unas leyes naturales. Éstas son solamente la expresión aproximada que describe una realidad que nunca nos es conocida del todo. Los científicos son conscientes de que su lenguaje es con frecuencia metafórico y convencional. Las teorías científicas son construcciones sociales que tienen una función explicativa de los fenómenos. Los avances en filosofía de las ciencias (Mach, el Círculo de Viena, Wittgenstein, Karl Popper, Thomas Kuhn y un largo etcétera) representan una generación de filósofos naturales conscientes de la incognoscibilidad de la realidad natural y la precariedad y contingencia de sus teorías.

Esta actitud más humilde, menos dogmática de los fundamentos de las ciencias modernas, favorece la posibilidad de un diálogo sobre los últimos significados. Hoy los científicos están más interesados que nunca por las preguntas filosóficas sobre su quehacer, que no tienen respuesta adecuada desde los principios de la ciencia misma. Físicos, biólogos y geólogos, paleontólogos, químicos y matemáticos preguntan a la filosofía sobre los fundamentos últimos. Y esta pregunta les remite a la teología. Las preguntas sobre la constitución última de la materia, la realidad del universo, la física cuántica, la biología evolucionista, por ejemplo, están impregnadas de filosofía y teología. La interdisciplinariedad, la creación de espacios de diálogo entre practicantes de diferentes disciplinas, parece ser el camino para poder llegar a preguntas más radicales. En este sentido, el conocimiento humano para el siglo XXI será sistémico, hipotético, convencional y contingente o caerá en la tentación de nuevos dogmatismos superados.

Leandro Sequeiros, Catedrático de Paleontología y colaborador de la Cátedra Ciencia, Tecnología y Religión.


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13 comentarios en “Ciencia, filosofía y teología en el pensamiento de Juan Pablo II”

  1. Me parece interesante que D. Leandro apunte la posición de la Iglesia, no siempre conocida, en el pontificado de Juan Pablo II, en la temática de la relación entre la ciencia, la filosofía y la teología. Sobre esto el autor tiene bastante escrito, sobre todo y en general, acerca de las relación entre la cultura humanística y científica. Recuerdo que abordó, en Tendencias21, algunas cuestiones planteadas por el prestigioso biólogo evolucionista, D. Andrés Moya, encuadrando algunos de sus conceptos en las intuiciones de Teilhard.
    O Dr. Moya sostén que se puede filosofar desde la ciencia y hacer ciencia desde la filosofía, argumentando que ahora la ciencia ya no es POSITIVA, sino ciencia HERMENÉUTICA, y que desde Darwin se puede invertir la afirmación de Heidegger: die Wissenschaft denkt nicht (la ciencia no piensa), que tal vez que se pueda traducir por esto que escribe el Dr. Sequeiros de que el lenguaje de los científicos es metafórico y convencional.
    Más todavía. Viene a sostener este autor que el camino que lleva a las preguntas más radicales lo facilita la creación de espacios de diálogo y “en este sentido -escribe -, el conocimiento humano para el siglo XXI será sistémico, hipotético, convencional y contingente o caerá en la tentación de nuevos dogmatismo superados”. Y más o menos explícitamente, sostiene algo que antropológicamente tiene mucha importancia, que, en el fondo, el hombre no puede desinteresarse de las preguntas últimas y radicales. Esto el Dr. Moya creo que lo plantea en estos términos, poco más o menos, cuando se refiere a la espiritualidad como fruto de la acepción)a una maior complejidad (en la evolución biológica), precisamente cando entiende la TRANSHUMANIZACIÓN y la TRANSEVOLUCIÓN como la transcendencia natural do ESPIRITU (en su acepción) sobre la misma naturaleza humana. Por lo tanto, pienso que eso de que el hombre no puede prescindir de las últimas preguntas tiene un fundamento, también, biológico; una exigencia en la propia naturaleza humana.

  2. Comparezco aquí sólo para pedir disculpas a los lectores por algunos errores terminológicos, a los que soy llevado con frecuencia por mi hábito de escribir en gallego algunas colaboraciones.
    Saludos. Pedro Rubal.

  3. Muchas gracias, amigo Pedro por sus siempre atinados comentarios.. Ojalá muchos de nuestros lectores nos diesen nuestra opinión para que este blog no sea un monólogo sino una espacio de diálogo y de encuentro pluralista.

  4. Hay filosofías que enseñan que “la Ciencia y el Arte” emanan de la misma Divinidad. En una ciudad en la que viví muchos años, existe una entidad que agrupa a los Ateos. Lo llamativo es que casi todos ellos tienen conocimiento de casi todas las Religiones del pasado de la Humanidad. Y punto de discordia se relaciona con el Jehová del AT. Ellos no aceptan la existencia de Ser alguno todopoderoso, benévolo y amante de la Humanidad, porque de existir en la Realidad tal Ser, los humanos no viviríamos en este mundo pleno de injusticia, donde los mismos Jueces ignoran las leyes y liberan de sus condenas a reos altamente peligrosos que se sabe muy bien seguirán cometiendo actos atroces.

    Para los panteístas, en cambio, existe una Inteligencia Divina, que abarca el mismo Universo. Nosotros contemplamos su Obra, y tenemos la convicción que esa Inteligencia apostó por toda la Humanidad, para que en diferentes etapas llegáramos al punto en que ahora estamos, lo cual no es poco, mientras nos cultivamos como Seres que reconocen una trascendencia de un orden superior a nuestro actual estado. Seguramente intuimos que en algún punto del Universo deben existir Civilizaciones mas evolucionadas, con las cuales no llegamos a entrar en contacto por la simple razón que ellos ya poseen tecnologías que nosotros por ahora no poseemos. Luego el tema de la FE, nada tiene que ver con creer a ciegas algo, porque tal dogma lo dice. La FE ES una Energía o mas bien la potencia de nuestro Ser espiritual, que posee la capacidad de conectarse con los “planos Superiores” .

  5. Muchas gracias a Pedro y a Beatriz por sus comentarios.. Dejo aqui algunas reflexiones:
    Durante medio siglo un grupo plural de hombres y mujeres del ámbito intelectual (casi todos ligados a las universidades públicas) han colaborado en la construcción de puentes interdisciplinares entre los ámbitos de las ciencias y las técnicas, la filosofía y las tradiciones religiosas. A partir de los años setenta se constituyó en Asociación civil: la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA).
    Entre otras actividades, se ha impulsado reuniones anuales que dieron lugar a un total de 42 volúmenes de Actas con las ponencias, comunicaciones y debates. La figura de los jesuitas Julián Rubio Cardiel (1927-1996) , Alberto Dou (1915-2009) , Antonio Beristain Ipiña (1924-2009) , Antonio Blanch Xiró (1924-2013) , Javier Leach Albert (1942-2016) y Carlos Alonso Bedate (1935- ) han sido decisivos en la continuidad, animación, planificación y publicación de estos debates interdisciplinares.
    La posibilidad de diálogo interdisciplinar e integración de saberes dentro de marcos pluralistas extendidos a lo largo de más de 40 años y el rigor intelectual de los debates ha atraído en estos años a más de 200 jesuitas y no jesuitas comprometidos con la vida intelectual.

  6. La Compañía de Jesús, desde los tiempos de San Ignacio, ha estado presente en medios universitarios e intelectuales con una pretensión integradora. Ha sido una constante histórica marcada por grandes figuras que intentaron crear puentes entre la ciencia y la religión, entre la fe y la razón, entre la teología y la filosofía de la Naturaleza.
    En España, en los años sesenta del pasado siglo, se hace más visible la presencia de jesuitas integrados como profesores e investigadores en las Universidades públicas y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. En los años setenta, el grupo se consolida y los jesuitas en medios universitarios civiles comienzan a reunirse animados por el padre Provincial de España. Se constituye así lo que se llamó la MUINSI, la Misión Universitaria en Instituciones que no son de la Compañía de Jesús. Se consideraba la MUINSI como una institución-espejo de la Misión Obrera, que reunía a los jesuitas comprometidos con el trabajo manual de la clase obrera.
    Más tarde, la MUINSI fue madurando hacia otros horizontes. Desde hace más de 40 años, un grupo de jesuitas de MUINSI y hombres y mujeres no jesuitas constituyeron una Asociación civil: la Asociación Interdisciplinar José de Acosta (ASINJA). Desde 1974 se han reunido anualmente .
    La que se considera primera reunión de ASINJA se documenta entre el 17 y 21 de septiembre de 1974. Esta reunión tuvo lugar en Los Molinos (Madrid) y se publicitó como “Primera Reunión Interdisciplinar de jesuitas españoles”. Las Actas fueron publicadas con el título “Ciencia y Humanismo” , aunque el tema elegido para la reunión se formuló como: La racionalidad de las ciencias particulares y comprensión global de la vida. Se presentaron diez ponencias y hubo abundante tiempo para los coloquios. Asistieron 23 participantes, incluyendo a los ponentes. Todos ellos profesores, con cierto interés interdisciplinar, y cada uno especialmente dedicado a una de las tres áreas siguientes: Ciencias positivas, Teología o Filosofía.

  7. La Compañía de Jesús nació con una mirada hacia la cultura emergente. Y siempre procuró estar en los debates culturales y científicos de la modernidad. En esa convocatoria al debate intelectual hay que colocar a ASINJA. Pero acerquémonos a los últimos años.

    El Apostolado intelectual de la Compañía de Jesús
    La Compañía de Jesús, desde sus comienzos, se caracterizó por la presencia en los medios intelectuales (Congregación General 34, 1995, Decreto 16). Y desde el inicio, esa presencia fue muy significativa en los medios científicos . Años antes, en 1965, el Papa Pablo VI, dirigiéndose a la Congregación General 31, envió a la Compañía al mundo de ateísmo .
    Esto implicaba una sólida formación universitaria junto a una profunda espiritualidad. Y además, esto no es una tarea de unos cuantos, sino una dimensión transversal de la Misión de la Compañía. Y esta Misión no puede separarse de la promoción de la justicia, la ecología y la espiritualidad.
    En los documentos recientes de la Compañía, la ciencia no está ausente. La trigésimo primera Congregación General, de 1965, dedica uno de sus decretos (nº 29) al trabajo y a la investigación científica, a fin de exhortar a la dedicación en este campo. Se trata de estar presentes en los cambios culturales del mundo contemporáneo con el espíritu del Concilio Vaticano II, que estaba acabando.
    Tal vez de la llamada del Papa Pablo VI a luchar contra el ateísmo y este Decreto 29 de la CG XXXI de 1965, marcan el inicio de ASINJA. El texto del decreto 29 (CG XXXI) comienza por recordar la importancia de ello:
    Aprecien en gran manera los jesuitas el trabajo científico y en especial el de la auténtica investigación, y considérenlo como uno de los ministerios de la Compañía más necesarios. Es un apostolado muy eficaz, del todo conforme con la antigua tradición de la Compañía, y responder plenamente a las recomendaciones tantas veces reiteradas de los Sumos Pontífices, en particular durante el último siglo . Se adapta además muy bien a las exigencias de los hombres de nuestro tiempo, pues constituye una excelente base para iniciar y continuar el diálogo, incluso con los no creyentes, y sirve de medio para ganar su confianza en la Iglesia y para elaborar y enseñarles a realizar la síntesis de la fe con la vida [Congregación General XXXI (1965), Decreto 29 (“Investigación Científica”), número 1]
    El documento anima también a los superiores a preocuparse por la formación de los jóvenes jesuitas en este campo, y a los que trabajan ya en él, a consagrarse enteramente a una tarea que requiere siempre al hombre entero (Decreto 29, número 4).

  8. Durante 42 años, un grupo de personas procedentes de áreas disciplinares, culturas, tradiciones religiosas y contextos geográficos, ha intentado ofrecer una reflexión interdisciplinar de carácter anual. Constituidos en Asociación Interdisciplinar José de Acosta desde 1974.
    No está hecho un estudio completo del desarrollo de “nuestro modo de proceder” en estas 40 reuniones. La metodología ha variado poco desde los inicios. A partir del tema propuesto, la Junta Directiva elabora un proyecto breve. A partir de este se separan diferentes temáticas, se invita a ponentes y se da a conocer el programa. Por supuesto, siempre hubo cabida para comunicaciones libres de los asistentes. Las ponencias y las comunicaciones ocupan un lugar importante. Pero el protagonista es el diálogo, el intercambio de pareceres desde la perspectiva de cada uno. En un ambiente distendido, dialogante y empático – imposible de reflejar en las Actas- los asistentes han ido, a lo largo de 40 años, elaborando una cosmovisión abierta que permite la participación de nuevos miembros.
    Según la metodología habitual de la Asociación, todos los años, en la Asamblea de Socios, se elige democráticamente el tema para la siguiente reunión. ¿Qué mecanismos psicológicos y qué intereses conscientes o inconscientes han ido marcando la hoja de ruta de temas durante estos 40 años? No aventuramos ninguna hipótesis. Lo que sí parece claro es que la navegación no ha sido errática. Existe un hilo conductor sutil: el deseo de poner a un grupo de hombres y mujeres de procedencia intelectual suficientemente diversa en disposición de responder a los ecos de unas ponencias desde la perspectiva de su propia formación científica, tanto en ciencias de la naturaleza, ingenierías, ciencias sociales incluidas la teología.
    Sería de gran interés cuantificar la procedencia, formación, asiduidad, participación y, sobre todo, formación humana e intelectual de los asistentes. No tenemos esos datos. Pero si se puede afirmar que ha existido bastante variedad, dentro de una gama amplia. Mentiríamos si afirmáramos que hubo espacio para las posturas extremas, tanto en lo intelectual como en lo social, político y religioso. Pero hubo un suficiente pluralismo y libertad para expresar opiniones a veces enfrentadas.

  9. Relación de volúmenes publicados por ASINJA
    Desde 1974 han tenido lugar 42 reuniones de la Asociación Interdisciplinar José de Acosta. Los títulos de los 41 volúmenes publicados por ASINJA son los siguientes:

    Volumen 1 (1975): Ciencia y Humanismo.
    Volumen 2: Configuración de la sociedad futura.
    Volumen 3: Religiosidad postsecular.
    Volumen 4: Ciencia y anticiencia.
    Volumen 5: Lenguajes científico, mítico y religioso.
    Volumen 6: Aspectos éticos del desarrollo tecnológico
    Volumen 7: Sobre la violencia.
    Volumen 8: Sobre la universidad.
    Volumen 9: Evolucionismo y cultura.
    Volumen 10: Cambio cultural e imagen del hombre.
    Volumen 11: Fragmentariedad de las ciencias.
    Volumen 12: Mente y cuerpo.
    Volumen 13: Ciencia y poder.
    Volumen 14: Ecología y culturas.
    Volumen 15: Experiencia religiosa.
    Volumen 16: Progreso y final de época.
    Volumen 17: La comunicación.
    Volumen 18: El dolor.
    Volumen 19: Después de las utopías.
    Volumen 20: Europa, raíces y horizontes.
    Volumen 21: El Tiempo. Tiempo, relatividad y saberes.
    Volumen 22: Evaluación social de la Ciencia y de la Técnica. Análisis de tendencias.
    Volumen 23: Ocio y trabajo en la sociedad tecnológica.
    Volumen 24: Pensamiento científico y trascendencia.
    Volumen 25: El sentido del hombre en el universo.
    Volumen 26: Luces y sombras de la globalización.
    Volumen 27: La nueva alianza de las Ciencias y la Filosofía.
    Volumen 28: El pensamiento alternativo. Nueva visión sobre el hombre y la naturaleza.
    Volumen 29: Nuevas tecnologías y futuro del hombre.
    Volumen 30: Bioética: la cuestión de la dignidad.
    Volumen 31: Investigación, desarrollo e innovación: cuestiones éticas.
    Volumen 32: Encuentros y tensiones entre ideologías.
    Volumen 33: Nuevas perspectivas científicas y filosóficas sobre el ser humano.
    Volumen 34: El conflicto de racionalidades.
    Volumen 35: La libertad: ilusiones y límites.
    Volumen 36: El cuerpo humano. Enigmas y desafíos.
    Volumen 37: Lo natural, lo artificial y la cultura.
    Volumen 38: La lengua y los lenguajes.
    Volumen 39: ¿Es sostenible el mundo en que vivimos? Un enfoque interdisciplinar.
    Volumen 40: La interdisciplinariedad. 40 años de ASINJA
    Volumen 41 (2015): Nuevas tecnologías y nueva antropología

  10. Índices por autores
    Muy recientemente, se ha editado los índices detallados del contenido de los 41 volúmenes de ASINJA, así como unos índices detallados de los autores que han colaborado por orden alfabético y con datos sobre el título de su aportación y el volumen en el que está editado . El número de autores de ponencias o comunicaciones a lo largo de estos más de 40 años es de unos 300, de los cuales la mitad son ponencias extensas invitadas y la otra mitad las comunicaciones más breves presentadas por lo general por los miembros de ASINJA. Hubiera sido deseable incluir un resumen de los densos debates (que siempre han primado en ASINJA) pero esto implicaba publicar volúmenes demasiado extensos. De todas formas, estos 41 volúmenes publicados (que merecerían un estudio más detallado por parte de algún equipo investigador) constituyen una aportación de la Compañía de Jesús que nos parece muy valiosa dentro del contexto de la escasa actividad intelectual interdisciplinar en España.
    Quien redacta estas páginas ha pertenecido a MUINSI desde sus inicios, siendo además secretario del grupo durante muchos años. Y respecto a ASINJA, tuvo el privilegio de participar en gran parte de las reuniones, desempeñar muchos años la función de Vicepresidente, por lo que esta reflexión parte de las propias vivencias.

  11. Después de esta información, digamos que histórica, que nos ofrece el amigo Leandro, sin regatear el espacio, parece que es obligatorio acusar recibo de todo ello con un sincero agradecimiento. Me parecía bastante lo que sobre esta temática conocía de la aportación de este paleontólogo; pero tengo que reconocer que, aún con esta nutrida información, sigo ignorando mucho. Gracias, amigo Leandro, por llevarme a esta convicción.
    Saludos. Pedro.

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