Las grandes cuestiones del conocimiento científico en el siglo XXI

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(Por Manuel Béjar) Pretender acercar toda la ciencia a todo el mundo no es posible. Renunciar a todo el conocimiento científico y conformarnos con la imagen clásica de la realidad ofrecida por las humanidades no sería responsable. Sería una pena no tener en consideración los hitos científicos más importantes, porque la ciencia nos ofrece hoy una imagen renovada, impactante y profunda de nuestra realidad humana y cosmológica. ¿Acaso no es esto lo que siempre han buscado los humanistas? De entrada, no buscaríamos, por sí mismas, las últimas novedades científicas con el ánimo de divulgarlas y pensarlas desde la frontera del conocimiento. Sin renunciar a basarnos en publicaciones de actualidad queremos en primer lugar ofrecer cuáles son las líneas maestras de la revolución científica del último siglo, con una protección última sobre el hombre y lo filosófico. Concretamente, en este artículo, queremos proponer las tres grandes temáticas que desarrollaremos más ampliamente en próximos artículos: 1) la revolución de las ciencias físicas, 2) la revolución de las ciencias de la vida, y 3) la revolución neurocientífica.

Al hablar de ciencia son diversas las ideas que se suscitan en la mente de las personas de nuestro tiempo. Buena parte de la sociedad exhibe un rechazo frontal a las cuestiones científicas cuando se les pide atender por un momento a los avances más técnicos de la investigación. Conocemos algunas de las reacciones más habituales. Generalmente se dice que la ciencia habla en una lengua desconocida, usando tecnicismos difíciles de entender y sobre temas demasiados específicos. En otros casos es frecuente también comprobar cómo se dirigen las excusas hacia la formación recibida. Es una evidencia de que aún no se ha salvado esa divisoria entre la formación de ciencias y de humanidades.

La ciencia y la idea ordinaria del mundo

Es cierto que hoy la ciencia se ha formalizado con un elevadísimo grado de especialización. Y eso se nota. Disfrutamos de una gran comunidad de especialistas de múltiples sectores de distintas disciplinas científicas, pero resulta extrañísimo poder contar con personas que puedan ofrecer una visión científica global de la realidad. Nunca han coexistido tantos científicos como en la actualidad. La especialización ha permitido una inflación en el conocimiento científico que se hace muy difícil de conocer o incluso de seguir la pista siquiera. En cambio, el problema principal de este modo de hacer y de entender la ciencia es que se abre cada vez más el abismo entre especialistas y personas ajenas a los tecnicismos científicos. Es decir, la sociedad en general se ve apartada de lo que la ciencia está descubriendo acerca de la realidad.

Nuestra sociedad disfruta actualmente de los dispositivos tecnológicos diseñados a partir del conocimiento de las leyes científicas que regulan sus funcionamientos. Hacemos funcionar el DVD sin conocimientos de física cuántica, manejamos el GPS sin idea alguna de la teoría de la relatividad, realizamos pruebas de embarazo en casa sin comprender las hormonas implicadas en el control biológico. Nos acercamos al hospital y confiamos en las pruebas diagnósticas sin haber oído hablar de las técnicas de neuroimagen. No digamos ya cómo confiamos a ciegas en lo científico cuando nos prescribimos medicamentos porque confiamos sirvan de remedio a nuestros males sin conocer ni un mínimo cuáles son sus principios activos.

En ocasiones se oyen quejas por el desconocimiento generalizado de esas leyes o principios que hacen valer lo científico. Pero no es responsable pensar que todos debamos saber de todo. Y así volvemos a la autonomía de las disciplinas, a la fe ciega en lo científico y al acomodo de definirnos como personas de letras o de tal ciencia.

En ocasiones se han realizado esfuerzos por fomentar el desarrollo de una cultura científica actualizada para los ciudadanos del siglo XXI. Entre estas iniciativas contamos con libros de divulgación, artículos pedagógicos en revistas de tendencias científicas e, incluso, asignaturas de cultura científica para los alumnos de secundaria. La mayoría de estas divulgaciones pretenden como objetivo principal ilustrar a la ciudadanía en temas científicos especializados. No parece que hayan sido proyectos demasiado exitosos. Es muy difícil. Se me ocurre notar aquí cómo la gran Historia del tiempo de Stephen Hawking ha sido un bestseller que finalmente ha quedado abandonado sin leer en muchas estanterías. Si el lector no lo conoce, o no lo ha leído, permítame recomendárselo.

Pretender acercar toda la ciencia a todo el mundo no es posible. Renunciar a todo el conocimiento científico y conformarnos con la imagen clásica de la realidad ofrecida por las humanidades no sería responsable. Sería una pena no tener en consideración los hitos científicos más importantes, porque la ciencia nos ofrece hoy una imagen renovada, impactante y profunda de nuestra realidad humana y cosmológica. ¿Acaso no es esto lo que siempre han buscado los humanistas? Las humanidades se han entendido como toda actividad humana que permite cultivar lo humano. En este sentido humanista podría hacerse interesante para toda persona de pensamiento acercarse a esas dimensiones científicas que irremediablemente abren un horizonte de reflexión filosófica acerca de la naturaleza humana y de su lugar en el universo. Pues bien, la ciencia de los últimos cien años nos invita a repensar lo clásico y a abrirnos a una nueva cosmovisión desde donde seguir profundizando y cuidando lo humano. Dejándolo más claro, la reflexión sobre ciertas cuestiones científicas es hoy un nuevo método para hacer humanidades.

En el fondo todo esto despierta un grandísimo interés en las personas de hoy. Los libros de divulgación científica más demandados se prestan también a ofrecer reflexiones filosóficas de la realidad. Estas aportaciones personales de cada autor, desligadas parcialmente de los tecnicismos científicos, resultan las más provechosas para el lector que siente enriquecerse su cosmovisión de la realidad.

Sin duda es imprescindible dejar crecer a la ciencia y que los científicos hagan sus investigaciones dentro de un marco de responsabilidad ética y social. Pero quizás nuestra sociedad esté demandando algo más que apilar conocimientos en revistas científicas. A nuestro modo de ver pensamos que un ejercicio de síntesis elaborado a partir de buena parte de estos conocimientos científicos, bien divulgado y con el añadido de una reflexión filosófica de corte humanista puede ser de gran provecho para los hombres y mujeres que forman la dinámica sociedad actual. Como queda patente coincido plenamente con el premio Nobel de física Murray Gell-Mann cuando afirma:

Se hace cada vez más necesario complementar la especialización con la integración. Dedicarse a poner en claro lo que otros han hecho, o a extraer lo que vale la pena de entre lo accesorio, es una dedicación que ofrece menos facilidades para hacer carrera, pero sería mejor para la humanidad[1].

Los tres campos cruciales para el avance de la ciencia en el siglo XXI

Queremos adaptar para FronterasCTR una serie de artículos (que en una primera versión fueron publicados ya en la revista Razón y Fe) que ofrezcan el entorno de cuestiones científicas que deben reflexionarse para armonizar su cosmovisión de referencia, filosófica y humanística, a los nuevos conocimientos científicos. De entrada, no buscaríamos las últimas novedades científicas con el ánimo de divulgarlas y pensarlas desde la frontera del conocimiento. Sin renunciar a basarnos en publicaciones de actualidad queremos en primer lugar ofrecer cuáles son las líneas maestras de la revolución científica del último siglo. Concretamente proponemos tres grandes temáticas que desarrollaremos en próximos artículos: 1) la revolución de las ciencias físicas, 2) la revolución de las ciencias de la vida y 3) la revolución neurocientífica.

La revolución de las ciencias físicas

La física se ha convertido en la ciencia paradigmática por excelencia. Tratar de abarcar todos los descubrimientos en física y sus teorías fundamentales que los explican puede ser una misión imposible. Muy probablemente la dificultad intrínseca de los enigmas físicos, el elevadísimo grado de formalización matemática y los enormes desafíos que algunos de sus descubrimientos suponen al sentido común han relegado su estudio a centros especializados del saber. Así lo vemos cuando nos preguntamos qué conoce la gente acerca de la teoría de la relatividad o qué sabe de cierto acerca de la física cuántica. Pues la verdad es que por ser la relatividad y la cuántica difíciles de entender no han calado en la cultura general de nuestra sociedad. Y sin embargo han supuesto la mayor revolución intelectual de la historia y nos ofrecen una nueva forma de contemplar y entender la realidad de la que poco podrían haber siquiera aventurado a soñar los más ilustres humanistas anteriores al siglo XX. Sin duda sería de provecho intelectual y personal que filósofos, ingenieros y otras personas con inquietudes de pensamiento conocieran el fondo de este nuevo pensamiento.

La revolución de las ciencias de la vida 

Hasta la fecha no contamos con una teoría sólida sobre el origen de la vida. Podemos decir que sabemos más del origen del universo que del enigma de la transición de la materia no viviente a la vida. Es cierto que se recrean en los modernos aceleradores de partículas situaciones físicas similares a las de los primeros tiempos del nuestro universo, pero no contamos con posibilidades experimentales para reproducir el salto de lo inerte a lo viviente. Inevitablemente esto supone una importante limitación para las ciencias de la vida. Ahora bien, el descubrimiento primero de las bases de la genética y de la ingeniería genética después han permitido también una revolución en biología que apunta hacia el diseño –que no creación– de nuevos seres vivos y al diagnóstico preventivo de posibles enfermedades a partir del conocimiento del genoma humano. Quizás hasta el momento sobresalga el avance en ingeniería genética pero es también muy relevante el conocimiento a nivel fundamental de epigenética, que invita a pensar en lo viviente como algo que no está exclusivamente determinado por lo genético. En esta línea la revolución cuántica de la física y la revolución epigenética de la biología convergen en una visión no totalmente determinista del hombre y su mundo.

La revolución neurocientífica 

Aún nos falta por introducir una tercera revolución científica, la más reciente y la más alentadora ante el gran enigma de la libertad. Nadie estaría dispuesto a vivir sanamente creyendo que no es libre en grado alguno. Sin embargo, se oyen muchas voces contra la existencia de libertad desde el ámbito intelectual. La ausencia de una explicación científica de las bases físicas, biológicas y psíquicas de la libertad ha producido un germen intelectual muy crítico con la libertad. Esto es así y muchos se amparan en los modernos descubrimientos de las neurociencias. Las neurotemáticas están de moda y su progresión, basada en las punteras técnicas de neuroimagen, es muy alentadora para tener una confianza fundada en que este siglo XXI traerá nuevos conocimientos sobre el funcionamiento del cerebro. Hoy en día están desarrollándose importantes proyectos para el estudio del cerebro, que ofrecerán nuevas ventanas desde donde mirar la posibilidad de la existencia de libertad en el hombre. También es destacable una ingeniería neurocientífica que ofrece ya en la actualidad la capacidad para interconectar la mente a diversas máquinas. Nos sorprendemos en los medios de comunicación cómo se ha conseguido mover con la mente dispositivos tecnológicos que, por ejemplo, sirven de apoyo a personas con alguna discapacidad. Es increíble que una persona con un brazo amputado se sirve hoy de un brazo robotizado controlado mentalmente.

Conclusión

Pues bien, supuesta esta realidad social algo ajena aún al conocimiento revolucionario que ha forjado la ciencia, podemos iniciar un estudio que nos descubra el lugar del hombre en el universo.

Empezaríamos por ofrecer una imagen moderna acerca de la realidad material y sus constituyentes, así como de los procesos cosmológicos que han permitido la emergencia del orden y la complejidad desde un mundo puramente físico de partículas elementales hasta la aparición de vida y, especialmente, de vida consciente e inteligente. En este viaje habremos de preguntarnos por las mejores hipótesis que tratan de explicar el origen de la vida y profundizar en las leyes genéticas que codifican lo viviente y permiten su evolución biológica. En lo referente a la conciencia y la inteligencia no debemos descuidar la dimensión sensitiva y emocional que, en el fondo, diferencia la vida compleja de la más primitiva. Por último, apoyados sobre esta fe y razón científica habremos de plantear cuestiones de mayor calado especulativo que, a su vez, acentúan el poder de la ciencia para desvelar qué es el hombre. Nos referimos a ese enigma que ha hecho factible la emergencia de la conciencia en el universo. El misterio de lo consciente perdura pero existen importantes avances neurocientíficos que alientan la esperanza de llegar a esclarecer el gran enigma de la transformación de un universo puramente físico durante miles de millones en el universo vivo y consciente del presente.

¿Y el futuro? Si el caos nubla la evolución futura de los sistemas físicos, quizás solo sea posible la especulación. Pero no queremos dejar de tratar esa reciente problemática que cuestionando el humanismo clásico se aventura a afirmar que la inteligencia artificial, la vida sintética y la computación cuántica originarán una singularidad evolutiva que nos fuerce a hablar de un transhumanismo. ¿Qué será de todo esto? No lo sabemos, pero debemos enjuiciar sus predicciones con fundamento científico.

[1] Cfr. M. GELL-MANN, El quark y el jaguar, Tusquets, Barcelona, 1995.

Artículo elaborado por Manuel Béjar, licenciado en Ciencias Físicas y doctor en Filosofía, profesor en la UPComillas, colaborador de la Cátedra CTR y de FronterasCTR.

 

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10 comentarios en “Las grandes cuestiones del conocimiento científico en el siglo XXI

  1. Interesante síntesis la que ofrece el profesor Manuel Béjar.. Evidentemente muchas de las cuestiones que se plantean en el mundo científico tocan elementos que pertenecen al mundo de las tradiciones religiosas. Por ello es de gran interés esta web de fronterasCTR.. Para completar este interesante artículo recomiendo bajarse gratis o adquirir el volumen que acabamos de publicar los editores de Tendencias21 de las religiones con los INDICES de los más de 600 artículos publicados desde 2006 hasta final de febrero. http://www.bubok.es/libros/249635/TENDENCIAS21-DE-LAS-RELIGIONES-Indices-20062017
    Estos materiales se prestan casi para hacer una tesis doctoral sobre las inquietudes en España y en el mundo hispánico sobre los conflictos entre las Ciencias y las religiones, así como los intentos interdisciplinares de puentes entre ambas fronteras… Adelante. Esperamos que los lectores de Tendencias21 de las religiones se mantengan ahora dentro de esta nueva casa de todos.

  2. Como Geólogo, quiero apuntar un hito más en el desarrollo del conocimiento de las Ciencias de la Tierra. A partir de los años 50 del siglo XX se inicia la construcción de la Global Geology, la Geología Global. En ella, y desde el desarrollo de la Tectónica de Placas y los estudios de geoplanetología, la historia geológica y biológica de nuestro mundo se construye dentro de un mismo paradigma. La tesis doctoral de uno de los colaboradores de estas páginas, el profesor José Luis San Miguel de Pablos sobre la Tierra como objeto paradigmático sintetiza el nuevo modo de contemplar nuestro planeta dentro del sistema solar y este dentro de la galaxia y el conjunto del universo. La emergencia, diversificación y evolución de la vida cobra nuevos matices… Creo que este aspecto no se puede olvidar y completa mucho de lo que el profesor Béjar va a desarrollar en próximos trabajos. Estamos en unas nuevas fronteras del conocimiento que implicarán, necesariamente, una nueva perspectiva del lugar del ser humano en el mundo y por ello una reelaboración de los paradigmas religiosos.

  3. Pienso que el mejor comentario que se puede hacer a este programático artículo del Dr. Béjar es verlo desde su propósito: Articular lo aprovechable de todos los hitos importantes en el campo científico para conformar una imagen de nuestra realidad humana y cosmológica concorde con los conocimientos científicos, validándola epistemologicamente, aunque no parece tarea fácil porque exige una visión sistemática unificada de la síntesis de las ofertas pertinentes de los distintos espacios de la realidad que ha sido, y está siendo, sometida a un tratamiento cognitivo especializado.
    Para ello es menester hacerse con lo más decisivo de cada especialización, lo que implica un análisis, por lo menos, como expone D. Manuel, de lo alcanzado por las ciencias físicas, las ciencias de la vida y la neurociencia (el amigo Leandro apunta en el mismo sentido un paso por la Geología). Espero con interés ver como se puede extraer lo esencial de los contenidos de cada especialidad, para construir esa “imagen renovada, impactante y profunda de nuestra realidad humana y cosmológica”, siguiendo el proceso, más o menos explícito, que sugiere el autor en la “conclusión”. ¿Acaso se apunta a una nueva y sorprendente antropología que dé razón contextualizada del lugar del hombre en el mundo? .
    Felicito al autor por esta propuesta, ponderada y realista.

  4. Creo que más que nuevas teorías en la ciencia del siglo XXI están apareciendo dos fenómenos importantes: el primer de ello, creo que apunta la emergencia de varios paradigmas alternativos que pugnan por hacerse hegemónicos. Estamos ante lo que se puede llamar un conflicto de paradigmas emergentes. Nuevas concepciones del mundo. Lo cual es muy importante para el puente con las tradiciones religiosas. Y por otra parte, emergen nuevas epistemologías, nuevas maneras de aproximarse a la interpretación de la realidad natural. ¿Estamos ya en la época postpopperiana? ¿Hacia dónde apunta la epistemología en el siglo XXI? Sobre esto hay muchos debates y los mismo filósofos de la ciencia no se ponen de acuerdo..

  5. Por supuesto. Pienso que los paradigmas es lógico que cambien, porque cada paso que da el hombre en su interpretación de la realidad tiene sus exigencias epistemológicas. Hace tiempo que considero el criterio de falsación popperiano un obstáculo y una limitación para validar el conocimiento científico (pensemos en la dificultad de aplicarlo al evolucionismo); pero nunca me atreví a hacerlo de forma explícita, por aquello de la “autloridad” de quienes lo mantienen. Creo que deberíamos acordarnos más de nuestras limitaciones, y aunque vamos dando pasos importantes en el campo de la ciencia, y aceptando los paradigmas que nos ofrecen alguna garantía, todo se presenta como un escalón sólo necesario para seguir progresando. Es posible, amigo, Leandro, que ya estemos en esa época postpopperiana. Y no deberíamos descartar en el futuro conceder la palabra a los “conocimientos virtuales” (¡dudo que me exprese bien, pero espero que el lector me entienda!). Ya sé que la existencia aparente de lo virtual se opone a nuestro concepto de la realidad de lo real; pero me pregunto si nuestras vías de acceso a su interpretación no tienen mucho de virtual, y, si fuese así, lo paradigmático hegemónico podría venir por este costado.

  6. Aporto aquí una parte de mis apuntes de epistemologia: ¿Hacia dónde irá la filosofía de la Ciencia en el siglo XXI? En una reunión de gestión del Congreso Americano de Filosofía (diciembre de 1988), se presentó una resolución solicitando una comisión de trabajo sobre el tema “La situación actual del relativismo epistémico, con especial énfasis sobre el conocimiento científico”. Se nombró esta comisión con cuatro miembros: Quincy Rortabender (relativista), Percy Lauwey (pragmatista), Rudy Reichfeigl (positivista) y Karl Selnam (realista). Se reunieron durante tres días en el verano de 1989. No llegaron a ningún acuerdo. El último libro de Laudan (La ciencia y el relativismo, Alianza Universidad, 1993) es una transcripción parcial de estas reuniones.
    En estos últimos años renace una concepción historicista, según la cual la ciencia es una construcción socialmente organizada de conceptos y teorías que explican el comportamiento de los fenómenos y predicen su comportamiento futuro. En este sentido, la Ciencia es una herramienta de control social, interpretativa de la realidad y cargada de valores e ideologías.
    En estos años ha surgido el interés por la sociología de la Ciencia: la ciencia como hecho social . La sociología de la Ciencia es una rama de la Sociología del Conocimiento que se ocupa de la naturaleza de las ideas científicas y de sus relaciones, tanto con otras clases de ideas (como filosóficas, sociales, culturales, religiosas, políticas…) como con distintos factores de personalidad e institucionales.
    Al servicio del poder (económico, político, ideológico) la ciencia cumple un papel alienante en la sociedad actual. Su proyecto de liberar a la humanidad de la dependencia respecto a la naturaleza ha resultado fallido al hacerlos depender de otras formas de alienación. La ciencia depende de las subvenciones y estas de las exigencias del poder político (en las socialdemocracias) o del poder financiero (en las sociedades liberales, como USA).
    Un ejemplo interesante de la falsedad de muchas posturas actuales posmodernas sobre la filosofía de la ciencia se puede encontrar en la experiencia realizada por Sokal . Envió un artículo con errores y provocaciones y se lo publicaron. Según Sokal, todo un elenco de filósofos de la ciencia de estos años (como Aronowitz, Harding, Latour , Lyotard , Woolgar son autores de una basura filosófica.
    Estas páginas han resultado más extensas de lo que al principio se tenía pensado. Pero, desde mi opinión, el profesorado de ciencias de la naturaleza (y, en general, todos aquellos que se interesan por repensar la naturaleza) deben hacer un esfuerzo por introducirse en un debate actualmente vigente sobre el significado, la naturaleza, el método y los modelos de cambio en las teorías científicas.
    Pero será necesario dar un paso más: el proceso iniciado para repensar la naturaleza (si somos fieles a la línea recorrida por Kuhn, Lakatos y Toulmin, sobre todo) debe tener en cuenta las imágenes del mundo que han sido propuestas como construcciones racionales durante los 2.500 años de pensamiento filosófico. Este camino, lento y farragoso a veces, con avances y retrocesos, nos irán indicando cuál ha sido la imagen de la naturaleza y cómo estas imágenes se han ido fraguando en conocimiento científico.http://www.bubok.es/libros/218053/TEORIAS-DE-LA-CIENCIA-Modulo-2-del-bloque-de-EPISTEMOLOGIA

  7. Agradezco este interesante comentario de Leandro, e el que nos recuerda el papel social de la ciencia, al servicio del poder, y nos aporta su documentada opinión de que el debate sobre el significado, la naturaleza, el método y los modelos de cambio en las teorías científicas debe ocupar a quienes se interesen por repensar la naturaleza, partiendo del proceso iniciado por Kuhn, Lakatos y Toulmin, y tener en cuenta “las imágenes del mundo que han sido propuestas como construcciondes racionales durante los 2.500 años de pensamiento filosófico”. Considero muy interesante todo cuanto dice, y no me cabe duda que su libro sobre Epistomología, que yo no conocía, debe ser muy aprovechable: Su sólida formación en letras y ciencias es siempre una garantía. Me queda la duda de si este será el camino en el futuro, sobre todo teniendo, como tenemos, ese elevado predominio de la realidad que ofrece la mecánica cuántica, que, sin duda, su conocimiento científico va a imponernos exigencias de otra naturaleza, supongo.

  8. Gracias, amigo Pedro. Cada vez veo más claro que la reflexión epistemológica es fundamental en cualquier encuentro de frontera.. Nos hemos dejado llevar demasiado por el sentido común, que es groseramente realista. Cada vez vamos llegando a la conclusión de que la construcción de los saberes es un proceso muy complejo. No se si a la vejez me estoy haciendo kantiano.. Pero intuyo que hay ahí mucho de verdad. Recomiento este artículo de mi amigo Antonio Martín Morillas que publicamos en Tendencias21 de las Religiones hace ya unos años. http://www.tendencias21.net/Interdisciplinaridad-para-la-superacion-del-conflicto-de-racionalidades_a17756.html
    Allí escribía lo siguiente:
    Designamos a la especie del ser humano, mujer o varón, con la expresión Homo sapiens sapiens. En efecto, somos aquel homínido que ‘sabe que sabe’. Las diversas especies animales también saben mucho, incluso sorprendentemente mucho, sobre todo en lo relativo a la supervivencia en el medio y la conservación de la especie, pero ninguna de ellas es plenamente consciente de que sabe. Y, cuando los humanos tomamos conciencia de nuestro saber, podemos someterlo a escrutinio y experimentar la autoconciencia.
    Ahora bien, la capacidad racional humana, que posee la doble variante de la ‘razón teórica’ y la ‘razón práctica’, no es monolítica ni fija, sino diferenciada y móvil. Existe una ingente multiplicidad de ámbitos cognoscitivos diferentes. Todos están al alcance de cualquier persona, perteneciendo al acervo común de la humanidad: no queremos que nadie nos quite ninguno de ellos. De entre los muchos existentes, el ‘sentido común’ implica ya un manejo muy sofisticado de la racionalidad humana.
    Mucha materia gris es empleada a la hora de desarrollar las actividades cotidianas en el hogar, el trabajo, el ocio o la vida pública. La subsistencia y existencia humanas requieren del complejo uso de nuestras capacidades racionales. Tampoco hay una única manera de desarrollar nuestro sentido común, sino que existe una pluralidad de modulaciones ligadas a variables factores genéticos, culturales e históricos.

    Pero no es lo mismo el funcionamiento de nuestra inteligencia en la actividad práctica diaria que cuando se aplica al desarrollo de las ‘ciencias matemáticas’. La comprensión de la dimensión cuantitativa de la realidad posee sus propios métodos, que aíslan de otros aspectos de lo real para poner luz en su campo específico. Aunque sentido común y matemáticas poseen su propia relación interna, no son lo mismo lo uno que lo otro.
    Aún más, la racionalidad humana no sólo se dedica a trabajar en el mundo ordinario del sentido común y en el conocimiento del universo matemático. También es capaz, como demuestra la historia de la ciencia, de estudiar en profundidad la realidad física a través de las ‘ciencias naturales’. Apoyándose en los avances de las matemáticas e influyendo en la dinámica de la vida cotidiana, las ciencias físicas de la naturaleza poseen su propio espacio de trabajo y sus propios modelos metodológicos, cargados de altísima actividad racional.
    Métodos particulares utilizamos, por su parte, en el terreno de las ‘ciencias humanas’, que analizan los diversos aspectos y actividades de la vida humana individual y colectiva. Hay fuerte conexión entre ciencias naturales y ciencias humanas, pero unas y otras trabajan en distintos ámbitos cognoscitivos.

  9. Muy interesante, Leandro, sobre todo porque siempre nos remites a un trabajo en el que podemos ampliar nuestra visión de la temática a comentar. Ahora a mis años, acostumbro a reflexionar acerca de algo haciendo una especie de “epojé” de lo que una sabe de eso, al menos en algunas casos. Y aquí se me ocurre pensar que el hombre cuando intenta establecer criterios epistemológicos siempre realiza, más o menos conscientemente, la autojustificación de sus propios conocimientos, sean de la naturaleza que sean. Y, por consiguiente, los científicos no gozan de mucha más objetividad que los de otra naturaleza, porque lo que juega es la interpretación de una realidad, una operación de matiz subjetivo y consciente; ocurre, eso sí, que se adecuan las exigencias criteriológicas a la funcionalidad, especulativa o práctica e utilitaria, que se espera de ese conocimiento, y se trata de establecer ciertas correlaciones con los datos adquiridos a través de los sentidos o de sofisticados instrumentos tecnológicos.
    No pongo en duda (¡quién soy yo para hacerlo!) la importancia y necesidad de establecer esos criterios; pero esta reflexión me lleva a pensar que las distintas vías de acceso al conocimiento interpretativo de la realidad que tiene el hombre desde hace muchos años, todas merecen, dentro de sus propios límites, una atención específica y complementaria: la específica tiene que ver con la diferente naturaleza de cada una de ellas, y la complementaria porque el sujeto cognoscente es el foco donde se concentran todas las aportaciones cognitivas, que le permiten hacerse una síntesis, aunque siempre provisional y revisable, hasta que el todo de la Realidad se haga comprensible, desde ese Punto Omega de Teilhard.

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