[Agustín Ortega Cabrera] Se ha celebrado el XVI Congreso Internacional sobre «Religión y Espiritualidad en la Sociedad», en la Universidad Jesuita Antonio Ruiz de Montoya (Lima-Perú). Este año, dicho Congreso trató sobre “Espiritualidades indígenas en perspectiva global”. Y tuve una intervención, donde expuse las cuestiones o temáticas acerca del Buen vivir y ecología integral: un diálogo del pensamiento latinoamericano con la teología.
De esta forma, he querido presentar claves u horizontes para un buen vivir junto a una ecología integral que, unido a un pensamiento social con su base ética y antropológica, se apunta desde la enseñanza y legado de diversos autores, pensadores jesuitas o papas como Francisco y León XIV; exponiendo, pues, la sintonía de la ecología integral y del buen vivir. Tal como se señala en la cultura andina e indígena, desde estas perspectivas interdisciplinares de las ciencias sociales o humanas y la filosofía en diálogo con la teología, singularmente desde el pensamiento latinoamericano.
En esta línea, caminamos hacia una espiritualidad y ética eco-teológica con una bioética global. Una fe en diálogo con la razón, con la cultura y las ciencias, mostrando las matrices culturales principales de la realidad hispanoamericana, como son esta espiritualidad andina e indígena y la fe cristiana-católica: que se han fecundado mutuamente; con su afinidad y diversidad, enraizada en el Dios que se nos revela (encarna) en Jesucristo.
Francisco en Laudato Si’ (LS) o Querida Amazonia (QA) recoge y enseña esta ecología integral, junto con lo mejor de toda esta teología y pensamiento latinoamericano, para que se “pueda consolidar un buen vivir” (QA 8). Y con esa clave, igualmente indicada por la ciencia, todo está conectado. Especialmente, escuchando “el grito de los pobres” de la tierra y “el clamor de esa casa común”, que es nuestro planeta. Desde Francisco se nos transmite muy bien esa convergencia entre la ecología integral y “la auténtica calidad de vida como un buen vivir que implica una armonía personal, familiar, comunitaria y cósmica. Y que se expresa en su modo comunitario de pensar la existencia, en la capacidad de encontrar gozo y plenitud en medio de una vida austera y sencilla, así como en el cuidado responsable de la naturaleza que preserva los recursos para las siguientes generaciones” (QA 71).
Como se puede observar, la ecología integral confluye con el buen vivir en esas realidades que relacionan de forma armónica y equilibrada nuestro ser personal (ecología mental), los otros (ecología humana o social) y la naturaleza-cosmos (ecología ambiental) desde el Dios de la vida (ecología espiritual). En esta dirección, se apunta a una “ecología de saberes e inteligencias desde el Sur”, con los pueblos, con los movimientos populares, con los pobres y víctimas de la historia. Tal como vamos a seguir tratando a continuación, profundizando este significado del buen vivir y sus manifestaciones más concretas en estas dimensiones o áreas de la ecología integral, con sus respectivas inteligencias:
* Partiendo de lo mental, de lo psico-afectivo unido a la conciencia moral que dotan de sentido a la existencia.
* La vida humana, unida pues inseparablemente a una bioética global con sus esferas irrenunciables como son el matrimonio, la familia e hijos, base vital de la propia comunidad o socialización.
* El campo social con sus realidades intrínsecas como la economía, el trabajo, la política, la democracia o esa paz justa.
* Lo ambiental, con una ética sostenible del cuidado de la naturaleza, de todos los seres, del cosmos.
* Lo espiritual con esos valores, creencias y virtudes como las teologales que nos unen a la esperanza, a la trascendencia, al Dios de la vida.
– La ecología e inteligencia mental que conforma las emociones, los sentimientos, los afectos, los valores, los principios e ideales que dan sentido a la vida, que nos realizan y desarrollan integralmente. Como son el amor, la misericordia, la compasión, la fraternidad, la solidaridad, la justicia, la opción por los pobres, la sostenibilidad del hábitat, la paz, la reconciliación y el perdón. Esa conversión personal, ética y ecológica que, con estos valores o principios, vamos a proseguir ahondando, que fluyen en todo este buen vivir.
– La ecología e inteligencia humana, que continúa mostrando una bioética global de la mano de la ciencia, al cuidado y protección de la vida con todas sus etapas, desde el comienzo con la concepción del niño no nacido hasta la muerte natural, respetando la naturaleza humana, ecológica, cósmica… (LS 91, 119-120). Ese manantial de amor y vida que se realiza en la unión afectiva, fiel y fecunda del hombre con la mujer e hijos, constituyendo así a la familia, núcleo vital y ético de la comunidad, de la sociedad y del futuro de la humanidad (LS 155).
– La ecología e inteligencia social que impulsa la fraternidad solidaria y la justicia con los pobres como sujetos protagonistas de su promoción liberadora e integral, frente a todo elitismo o asistencialismo paternalista y a las causas estructurales de los males e injusticias; con el principio del destino universal de los bienes que tiene la prioridad sobre la propiedad (LS 93-95), el trabajo digno con un salario justo que está antes que el capital-beneficio (LS 124-129), la paz justa contra el mal de toda guerra y violencia (LS 225). De suyo, en oposición a la tecnocracia, es imprescindible el control moral de la economía y del mercado. Un sistema comercial justo y financiero-bancario ético al servicio de este trabajo decente, del desarrollo humano integral que nos libere de esta economía especulativa y usurera que mata (LS 189-190). Se puede observar cómo los pueblos con sus sociedades civiles, junto a sus estados-gobiernos, han de ejercer su protagonismo en la regulación y gestión de esta vida social, del mercado, de la economía, de las leyes o autoridades, de la cultura u otras instituciones; realizándose por tanto una democracia real, participativa y ética al servicio de la vida, de la dignidad y bien común de toda la humanidad.
– La ecología e inteligencia ambiental que cuide el hábitat natural y revierta el falso progreso economicista, consumista e insostenible, con alternativas y sus leyes agroalimentarias, energéticas o de movilidad más limpias, que sean renovables y menos contaminantes. Una vida austera, sobria y de decrecimiento con su triple R, reutilizar, reciclar y reducir estos niveles de productivismo competitivo, cambiándolos por estilos de vida más sencillos, humildes, sanos, saludables y de sostenibilidad (LS 206).
– La ecología e inteligencia espiritual que experiencia el Don (Gracia) de la existencia teologal con la fe, la esperanza y la caridad política compartiendo la vida, los bienes y la acción solidaria por la justicia con los pobres, para irnos liberando del pecado personal y estructural (LS 230-232). Es la santidad y pobreza espiritual con su humildad que se contrapone a los falsos dioses de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia (LS 222-225), transformando esas estructuras de pecado que alimentan la complicidad y colaboración con la maldad e injusticia. La mística que se une al Dios Trinidad, Comunión y Solidaridad, entraña y paradigma de este ser relacional que conecta todo, del buen vivir con la ecología integral (LS 240), de vida esperanzada, trascendente y eterna.
Agustín Ortega Cabrera PhD es colaborador de Fronteras CTR, profesor en la Universidad Católica de Chimbote (Perú) e investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México).