[Dr. Agustín Ortega Cabrera] Desde el principio hasta la actualidad, con mis estudios de doctorado y mi trabajo como profesor e investigador universitario, he tratado de que las ciencias, como las humanas o sociales, estén orientadas y fundamentada en una buena base teorética, epistemológica y filosófica en diálogo con la fe; especialmente, cimentadas en una sólida antropología integral inspirada por esta fe. Estos horizontes del conocimiento e inteligencias recogen claves, principios o valores esenciales de los estudios y corrientes de estas disciplinas científicas, filosóficas y teológicas. Tal como, asimismo, nos está mostrando la misma ética, el pensamiento social o la misma doctrina social de la iglesia, ahora con León XIV, por ejemplo, en su encíclica Magnifica Humanitas o la Comisión Teológica Internacional con su documento Quo vadis, humanitas? Pensar la antropología cristiana ante algunos escenarios de la humanidad, conmemorando el LX aniversario de la Constitución Gaudium et spes, una de las principales enseñanzas del Concilio Vaticano II.
Sin una adecuada comprensión del ser humano y del mundo de lo real, la ciencia o la técnica acaban dominado a la humanidad, las ideologías y estructuras sociales como son el mercado (económicas) o el estado (políticas) colonizan u oprimen a las personas, a los pueblos y a los pobres de la tierra. Frente todos estos totalitarismos (idolatrías) e injusticias predominantes del mercado-capital (capitalismo) y del estado/partido (comunismo colectivista o colectivismo), toda persona con su vida y dignidad sagrada es inviolable: ha de ser el sujeto protagonista y gestor de la economía, de la política, de la cultura, la educación, etc.
El ser humano tiene una constitutiva naturaleza personal, que se ejerce en la libertad, la participación y gestión democrática de toda esta vida económica, política, cultural o educativa, en oposición al colectivismo. De la misma forma, por su inherente naturaleza social o sociable y solidaria, la persona se realiza en la entrega, en la relación y responsabilidad ética por el bien común más universal; con ese compromiso social por la solidaridad, por la paz, la justicia socio-ambiental e internacional, por el desarrollo humano y ecología integral, contra el neoliberalismo y el capitalismo. Esta intrínseca relación del ser humano y de lo real, ya que todo está conectado, conforma la salud y ecología integral junto al buen vivir. Esto es, esa armonía, equilibrio y comunión personal, con los valores e ideales que dan sentido a la vida (ecología e inteligencia mental), con los otros en la opción por la justicia con los pobres (ecología e inteligencia social), con la naturaleza (ecología e inteligencia ambiental), Y, como entraña de esto, con el Dios de la vida que religa en su misma raíz a todo (ecología espiritual).
Como se observa, esta antropología solidaria e integral que se sustancia en la fe, articula (incluye) toda nuestra condición humana y lo real. De este modo, cuida e integra el cuerpo y el alma, la razón y la emoción junto al corazón, el pensamiento y el sentimiento, la mística y la política, la espiritualidad y la moral, la economía y la ecología, el bien, la belleza, la verdad y la eternidad. Nos vamos así liberando de toda manipulación ideológica, gracias a esta antropología humanista e integral inspirada en la fe, que nos muestra la verdadera naturaleza humana (ley natural-moral), poniendo pues las bases para promover esta vida, dignidad, derechos y deberes de cada persona; asentando los principios, valores y criterios éticos que orienten la vida e inteligencia humana y social. La ciencia o técnica, unida a la razón e inteligencia bioética global con su ecología integral, posibilitan el cuidado y protección del primer derecho, que modula el resto de derechos, como es a la vida en todas sus fases desde su inicio con la concepción hasta la muerte natural, en su amplio desarrollo e integridad o aspectos. Y junto a ese santuario de la vida que es el matrimonio y la familia, este amor fecundo y fiel del hombre con la mujer e hijos, célula vital de la sociedad, escuela de sociabilidad, de virtudes éticas, morales, cívicas o públicas.
De ahí que el mercado, la economía y la empresa deben servir a las necesidades, capacidades y desarrollo humano integral de toda persona, de las familias, de los pueblos y los pobres. Esta inteligencia social, ética e histórica regula la economía, el mismo mercado y la empresa, con el principio del destino universal de los bienes, derecho natural (primario) por encima del de propiedad; con el control del estado y de la sociedad civil, para una verdadera democracia económica al servicio del bien común. En este sentido, es básica la clave del trabajo, la persona trabajadora con sus derechos como es un salario justo, que está antes que el capital, que el beneficio y la ganancia. Una ética de la empresa y economía social, con ese cooperativismo de las personas, de los trabajadores y los pueblos como gestores de la vida empresarial, de su marcha, propiedad y destino.
La economía y el mercado, por tanto, tienen que ser regulados por la política, por las personas que constituyen la sociedad civil y el estado, a su vez, orientados por esta ética del bien común y de la justicia social. Como se estructura en el estado social de derechos y sus pilares del trabajo decente, de la fiscalidad justa donde contribuyen con equidad los que más tienen y de los servicios públicos, que protegen los derechos sociales, humanos o económicos. Es decir, esas políticas públicas y sociales que garantizan la universalidad de estos derechos sociales con calidad, como son la educación, la salud, la sanidad, la seguridad social, la vivienda, el transporte u otras infraestructuras y equipamientos. En esta línea, es imprescindible una banca ética, un sistema financiero-bancario y comercial justo para esta economía real que promueva este trabajo y desarrollo integral, acabando así con toda especulación, usura e injusticia.
La base de esta antropología del don, que acoge y entrega este amor fraterno con su solidaridad, es inseparable de la pobreza espiritual. Esto es, la comunión de vida, de bienes y acción solidaria por la justicia con los pobres. Sí, el ser está antes que el tener, las persona sobre las cosas, promocionando la liberación integral del egoísmo individualista y sus ídolos del dinero, de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia. Es la santidad e inteligencia espiritual revelada y encarnada en Jesús humilde, pobre y crucificado, el Dios con nosotros. El Dios Trinitario y Comunión que nos dona su Gracia, su justicia liberadora del mal y de la muerte, la misma vida, el amor y la belleza de la eternidad.
Agustín Ortega Cabrera Ph. D. es colaborador de Fronteras CTR, profesor en la Universidad Católica de Chimbote (Perú) e investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México), miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía