El gran debate: vivencia y aprendizaje

La memoria y el aprendizaje están vinculados a la vivencia y a la emoción. Todo lo que nos hace vibrar de algún modo lo recordamos mejor, es un conocimiento que adquirimos con naturalidad y sin esfuerzo. Pero ¿cómo conectar teoría y vivencia, aprendizaje y emoción en el aula de clase, en nuestras asignaturas de Traducción e Interpretación? Una actividad que nos ayuda a conseguirlo es la celebración de un debate. Desde la perspectiva vivencial, la dinámica del debate, la defensa y confrontación de las posturas, permite al alumno sacar unas conclusiones que hace propias, de manera individual, en el marco de una experiencia compartida con los demás compañeros.

En las sesiones introductorias a la asignatura de Traducción Jurídica de Francés, profundizamos sobre las estrategias más adecuadas para abordar las dificultades que nos encontramos en este tipo de textos. Nos planteamos si es defendible la traducción literal, si es preferible buscar la equivalencia funcional o si es pertinente añadir notas del traductor. Este es nuestro Gran debate.

Porque todo ello lo trabajamos a través del debate que celebramos en clase, en el que cada equipo defiende una estrategia de traducción: la literalidad, la equivalencia funcional o la solución explicativa. La defensa radical de una única solución permite exponer con mucha claridad sus ventajas. Las objeciones que plantean los defensores de las otras posturas ponen de manifiesto sus inconvenientes. El consenso obligado al término de la dinámica nos lleva a establecer una jerarquía entre las estrategias y a identificar la solución aplicable a problemas concretos.

Para no debatir en abstracto, nos centramos en un texto común, en nuestro caso, un título de bachiller expedido por la Universidad de Uagadugú (Burkina Faso), del que se toman todos los ejemplos que ilustran las intervenciones. De este modo, podemos aplicar sin demora las conclusiones del debate en la traducción de este documento, que trabajamos en la sesión siguiente de clase.

La experiencia demuestra que esta actividad moviliza todo lo que se ha aprendido hasta el momento con el fin de encontrar recursos para argumentar, defender y objetar: desde la teoría del escopo hasta la Real Orden de 1839 que regula las obligaciones y atribuciones de los intérpretes públicos. Y también que la implicación de los alumnos es tal que no resulta fácil pasar de la competitividad al consenso. No es raro que alguien pregunte al final: «¿Quién ha ganado?». A lo que solo hay una respuesta posible: «Ha ganado toda la clase».

Amelia Ros

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