En el principio – Pablo Simón

Nuestra especie es social por naturaleza y eso hace que, necesariamente, nos relacionemos a través de la comunicación. No somos especiales respecto a otras en esto, pero su sofisticación sí nos distingue. Además, esto ocurre en todos los planos de la vida. Los símbolos, los significados, son desde los que construimos nuestras relaciones desde lo más cercano hasta lo más general. De ahí su importancia: lo que no se puede explicar no existe a los ojos de la comunidad.

Evidentemente, la manera de hacerlo ha ido cambiando con el tiempo. Desde la más rudimentaria escritura hasta el streamer o el podcast, se ha ido adaptando la tecnología, pero no ha cambiado la finalidad. Describir, explicar o persuadir son finalidades en sí mismas sin los cuales no es posible relacionarse, pero aprender a hacerlo requiere un aprendizaje que es eminentemente práctico. Los manuales de comunicación son útiles, pero el saber siempre es artesano.

Si la comunicación es importante en cualquier formato de la vida, no lo es menos para un estudiante de grado. Platón se quejaba amargamente de que, en una competición ante una asamblea entre un médico y un sofista, siempre ganaría el segundo no por tener más saber, sino por ser más hábil en persuadir. Sin embargo, el filósofo no parecía entender que, aunque hacer y decir es diferente, decir también es hacer.

Por eso cualquier estudiante debería entender la importancia de saber comunicar y tomar ventaja de ello. Eso puede requerir a veces ir contra nuestro carácter, domeñar la timidez, y disciplinarse. Puede implicar esforzarse en practicarlo dentro y fuera de las aulas. Sin embargo, quien es capaz de hacerlo bien ya está brindando al mundo la capacidad de poder ver a través de sus ojos. Porque ya lo dice la Biblia: en el principio era el Verbo.

Pablo Simón

Politólogo