El dragomán durante el Imperio Otomano: entre diplomacia, política e interpretación

El pasado miércoles 14 de marzo concluyó el ciclo de conferencias «La Antesala de Babel» correspondiente al curso 2017-2018. En esta última sesión, nuestra invitada, la profesora Alina Pelea (Universidad Babeş Bolyai, Cluj-Napoca), nos deleitó con una brillante reflexión histórica sobre la vida de los dragomanes, término con el que se designaba a los intérpretes en el mundo árabe y en Oriente Medio.

Los dragomanes en la corte del sultán eren un claro testimonio de la riqueza cultural y lingüística que caracterizó al Imperio Otomano, cuyas fronteras se extendían desde Europa Central hasta Oriente Medio y el Norte de África . El oficio del dragomán sólo podía ser desempeñado por extranjeros, pues a los nativos del Imperio les estaba vetada la práctica de lenguas propias de los infieles. Debido a ello, la mayor parte de los dragomanes eran de origen griego, italiano, o maltés, así como procedentes del norte de África y de diversos puntos de los Balcanes .

Aunque el Imperio Otomano reconocía a los dragomanes como ciudadanos de pleno derecho, éstos no dejaban de ser extranjeros en la tierra del invasor. Por ello, aprovechaban su privilegiada relación con el sultán para favorecer la suerte de sus países de origen. De hecho, el papel de los dragomanes procedentes de los principados de Valaquia y Moldavia, tierras de interés estratégico para el sultán por ser avanzadilla del Imperio hacia el continente europeo, fue trascendente por sus repercusiones políticas y diplomáticas.El papel del dragomán se consideró, al principio, de escaso interés social, pero muchos de estos intérpretes lograron convertirse en consejeros del sultán gracias a la facilidad de palabra, al don de lenguas y a su erudición. Por esta razón fueron ganando peso en el entorno de la corte y llegaron a ser figuras de relevancia política, lo que supuso un notable ascenso social. Algunos testimonios gráficos nos permiten observar la riqueza de sus vestimentas, así como la ceremonia y el protocolo que caracterizaban a las audiencias con el sultán.

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Algunos dragomanes, por este motivo, cayeron en desgracia, por lo que pagaron con sus propias vidas las veleidades del máximo mandatario y las intrigas de la corte.

Los dragomanes no sólo destacaron por sus habilidades lingüísticas, sino también por su extraordinario conocimiento del mundo. Se caracterizaron por una formación digna de la mejor trayectoria humanística, que no sólo pasaba por la retórica o la filosofía sino también por la ciencia. Muchos de ellos eran médicos, físicos, químicos o astrónomos, que compaginaban la interpretación con la erudición y el estudio constante. En ocasiones incluso se les atribuían poderes mágicos y su imagen colectiva se veía envuelta por la aureola de lo esotérico.

Alina Pelea concluyó este interesante fresco histórico con palabras de elogio para los alumnos del máster, que realizaron un excelente trabajo de interpretación francés-español para los asistentes a la conferencia.

José Luis Aja

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