El éxodo en Venezuela: a propósito del alcance del derecho a no tener que emigrar. Por José Manuel Aparicio

 

La Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, de 1948, fue construida sobre el concepto político de la soberanía territorial ligada a la frontera. Esta afirmación no es una obviedad, sino una opción estratégica que, décadas después, sabemos ya que no es la única. La experiencia de la Unión Europea nos ha mostrado la existencia de un concepto que ofrece matices alternativos y que podríamos denominar como soberanía regional, para describir la situación de los Estados en los que la gestión del espacio no es plenamente autónoma, sino sometida a los dictámenes comunes de un conjunto de países vinculados por una serie de tratados. El proceso del «bréxit», avalaría esta hipótesis; y las dificultades en su ejecución, la existencia de un verdadero escenario político diferente.

Quizá, incluso, sean tiempos para repensar categorías que surgieron en momentos históricos incapaces de intuir el desarrollo tecnológico, y especialmente de los medios de comunicación y de transporte, que presiden nuestros días.

En este marco, parece lógica la omisión de un derecho a la migración en un documento como el de la Declaración de los Derechos del Hombre de 1948, en lo que Javier de Lucas denomina como «La herida original de las políticas de inmigración» (Isegoría 26 (2002).

Leer másEl éxodo en Venezuela: a propósito del alcance del derecho a no tener que emigrar. Por José Manuel Aparicio

La alternativa de la responsabilidad preventiva. Por José Manuel Aparicio

J.A. Marina y María de la Válgoma denuncian en un interesante libro (“La lucha por la dignidad, Barcelona 2000”) que la evolución de los derechos humanos debe reconocerse por el impulso de lo que denominan como argumento ad horrorem, esto es por la vergüenza sentida ante los excesos contemplados por los abusos de minorías contra la naturaleza en un grado tal que exigiría una respuesta ineludible.

La cronología de los acontecimientos durante el siglo XX les da la razón. No solo en la ecuación entre la Declaración de 1948 y el exterminio de los judíos o las masacres en Hirosima y Nagashaki de la II Guerra Mundial; sino también en los excesos en la desigualdad entre países que condujo a la proclamación del Derecho al Desarrollo en 1986; o las amenazas por el deterioro medioambiental que condujeron a los trabajos de la COP21 de París en 2015.

Leer másLa alternativa de la responsabilidad preventiva. Por José Manuel Aparicio

Rabia, temor y culpa en población refugiada: el perdón como alternativa. Por Ángela Ordóñez

Los contextos de guerra y persecución que llevan a la población refugiada a huir de su tierra conllevan pérdidas de elementos valiosos que configuraban la vida de las personas. Aunque la experiencia de cada refugiado es única en sí misma, podemos afirmar que hay ciertos lugares comunes en lo relativo a su vivencia emocional y en las consecuencias que se derivan a largo plazo. Las agresiones y la soledad a la que tienen que hacer frente durante su huida y en el camino, como toda experiencia de injusticia, suelen despertar dos grandes tendencias de respuesta: la venganza, consecuencia de la necesidad básica de equilibrar la balanza, o la evitación, como respuesta a la necesidad de sentirse seguros y poner todos los medios posibles para que la situación temida no se vuelva a repetir.

Estas tendencias de respuesta, venganza y evitación, son típicas ante cualquier situación que ponga en riesgo la vida de una persona y, por tanto, no podemos juzgarlas como moralmente incorrectas en sí mismas. Sin embargo, sí pueden traer asociadas emociones que, sostenidas en el tiempo, dificultan la puesta en marcha de los mecanismos necesarios para asumir las demandas de ajuste de la nueva vida a la que los refugiados se enfrentan tras su huida. Los sentimientos de venganza por aquello que han sufrido y la evitación de todo aquello que se asocie a la situación temida pueden traer asociados sentimientos de angustia, ira, sufrimiento y sensación de abandono. Con frecuencia también podemos encontrar culpa y vergüenza derivadas de las humillaciones vividas o del sentimiento de impotencia e indefensión. Por último, es habitual también que se despierten sentimientos de odio y rencor hacia la persona o grupo que identifican como culpable de su situación actual.

Leer másRabia, temor y culpa en población refugiada: el perdón como alternativa. Por Ángela Ordóñez