Leyendas urbanas sobre las migraciones. Por Mercedes Fernández García.

Ilustración Carbajo

¿Son los flujos migratorios ahora mayores que nunca? ¿Pueden controlarse? ¿Son eficaces las políticas migratorias restrictivas? ¿Son las migraciones un factor de inestabilidad económica? ¿Ha contestado el lector afirmativamente a todas las preguntas? Son muchos los mitos y concepciones erróneas que se tienen acerca de las migraciones y los migrantes. Con este artículo quisiera desmitificar cuatro afirmaciones infundadas que se hacen sobre las migraciones en general

Se dice que las migraciones hacia los países desarrollados son ahora mayores que nunca, aunque las cifras lo desmienten. Según la ONU, en 2017, 248 millones de personas (3% de la población mundial) vivían en un país diferente al de su nacimiento. De esta cifra, únicamente un 25% se desplaza hacia países desarrollados (migraciones sur-norte). La cifra más relevante de los desplazamientos, un 38% del total, son migraciones sur-sur, esto es, movimientos entre países en desarrollo. Asimismo, los refugiados y solicitantes de asilo son unos 25 millones, apenas un 10% del total de los migrantes internacionales. Un tercio de los refugiados se reparte entre tres países: Turquía, Jordania y Líbano. Europa únicamente recoge 3,5 millones (un 14%).

¿Se pueden controlar estos flujos? Como dice el sociólogo holandés Hein de Haas, los flujos migratorios no se pueden abrir y cerrar como un grifo. La emigración se genera por unos factores que se dan en países emisores y receptores, que superan el alcance de las políticas migratorias. Entre esos factores destacan la pobreza extrema de personas que viven con menos de 1,9 dólares internacionales al día (389 millones en África subsahariana); los desplazamientos de grupos humanos (especialmente indígenas y minorías étnicas) por los procesos de globalización; los países con situaciones de corrupción generalizada y acaparamiento de recursos por parte de ciertos sectores de la sociedad (Venezuela, República Democrática del Congo, República Centroafricana…). También influyen el cambio climático y sus efectos, y las guerras y violaciones a los derechos humanos (Libia, Siria, Somalia), persecuciones religiosas (India, Pakistán, Irán o Afganistán) o étnicas (Sudán del Sur, Siria, Somalia, Yemen, R. Centroafricana).

Pero, se dirá el lector, las políticas migratorias restrictivas frenarán la inmigración. No, no necesariamente, como tampoco las políticas migratorias permisivas conducen necesariamente a la migración en masa. La migración libre es a menudo circular y temporal, como la que se da en el interior de la UE. Se podría decir que las políticas restrictivas comportan tres grandes riesgos:

1. La búsqueda de vías de entrada alternativas, legales o ilegales. Por ejemplo, en España, desde mediados de los años 90 del siglo pasado, el grueso de la inmigración ecuatoriana llegó libremente, como turistas, y permaneció en el país posteriormente a la caducidad del permiso.

2. Las mafias proliferan. Actualmente, la única vía de acceso a Europa desde África es la del Mediterráneo central. Las embarcaciones, comandadas por traficantes de seres humanos, abandonan Libia intentando burlar la vigilancia de los guardacostas (financiados por la UE). Según la OIM 3.139 personas murieron en el mediterráneo en 2017, un 51% del total de las muertes en el mar.

3. La migración circular se convierte en permanente. Un caso paradigmático: la crisis del petróleo de 1973. Europa central y del norte cerró sus fronteras debido a la caída de la demanda de empleo. Muchos de los extranjeros que eran “trabajadores visitantes” decidieron no regresar a sus lugares de origen, permaneciendo en Europa como irregulares.

Entonces, ¿la migración desequilibra la economía? Múltiples estudios avalados por grandes consultoras internacionales, organismos públicos y reputados científicos sostienen la rentabilidad económica de las migraciones a la luz de algunos datos. Los migrantes suponen únicamente un 4,4% de la fuerza laboral mundial, pero su contribución al PIB global en 2015 fue del 9,5%. Además, el 85% de los ingresos generados por ellos se gasta vía consumo o impuestos en los países de acogida; en este sentido, en 2017, las remesas rozaron los 600.000 millones de dólares, lo que triplica la cantidad destinada mundialmente a la ayuda al desarrollo. También, entre 1985 y 2015, el crecimiento de la inmigración se traduce en incrementos superiores del PIB per cápita durante los tres años siguientes y disminuciones de la tasa de desempleo durante cuatro años.

En conclusión, sugeriría que aquellos actores con ascendiente en la sociedad se documentaran sobre el tema antes de emitir opiniones alarmistas y poco constructivas que, además, no son ciertas.

Extractado de Fernández Mª. M. España, país receptor de inmigrantes: datos y relatos, sine ira et studio. Lección inaugural del curso académico 2019-2020 de la Universidad Pontificia Comillas. https://www.comillas.edu/images/noticias/Curso2019_20/Septiembre_19/Leccion_Inaugural_2019-2020_.pdf

Publicado por Alfa y Omega http://www.alfayomega.es/186094/leyendas-urbanas-sobre-migraciones

Mercedes Fernández, investigadora del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones de la Universidad Pontificia Comillas.

Cohesión social: un camino hacia la Tolerancia. Por Raquel Caro Carretero.

Una de las funciones principales del Observatorio Español del Racismo y Xenofobia (OBERAXE) es la recopilación y análisis de información sobre racismo y xenofobia para el conocimiento de la situación y de sus perspectivas de evolución. Desde 2007, el CIS, comisionado por la SGIE a través de OBERAXE, realiza el trabajo de campo y grabación de una encuesta monográfica sobre actitudes hacia la inmigración de ámbito nacional y periodicidad anual. OBERAXE recopila información sobre la situación del racismo y la xenofobia, así como evalua su evolución en tiempo, permitiéndole desplegar su labor de seguimiento, vigilancia y anticipación respecto a actitudes y percepciones alejadas de la tolerancia.

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Refugio y perdón: las heridas primero. Por Ángela Ordóñez.

A menudo, los que nos acercamos a la ardua tarea de trabajar con la tristeza, queremos (siempre con la mejor intención) evitarle mayor dolor a los que la vida ya ha castigado tanto. “Es suficiente”- pensamos. “Ya han sufrido suficiente”, y desde ahí tratamos de ahorrarles cualquier potencial sufrimiento añadido que consideramos innecesario. Incluido el sufrimiento que trae asociado el recuerdo. ¿Cómo trabajar con personas refugiadas que retornan a un territorio que antaño fue su hogar, lleno de recuerdos de este tipo?

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En la primera entrega hablábamos de la intrahistoria cotidiana de los procesos de pluralismo religioso con la presencia de inmigrantes en España. Ahora ahondamos más en las relaciones entre la inmigración y la religión.

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La alternativa de la responsabilidad preventiva. Por José Manuel Aparicio

J.A. Marina y María de la Válgoma denuncian en un interesante libro (“La lucha por la dignidad, Barcelona 2000”) que la evolución de los derechos humanos debe reconocerse por el impulso de lo que denominan como argumento ad horrorem, esto es por la vergüenza sentida ante los excesos contemplados por los abusos de minorías contra la naturaleza en un grado tal que exigiría una respuesta ineludible.

La cronología de los acontecimientos durante el siglo XX les da la razón. No solo en la ecuación entre la Declaración de 1948 y el exterminio de los judíos o las masacres en Hirosima y Nagashaki de la II Guerra Mundial; sino también en los excesos en la desigualdad entre países que condujo a la proclamación del Derecho al Desarrollo en 1986; o las amenazas por el deterioro medioambiental que condujeron a los trabajos de la COP21 de París en 2015.

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