Refugiados retornados tras el genocidio de Ruanda: 25 años de perdón. Por Ángela Ordóñez

Ruanda es uno de los lugares más relevantes en materia de reconciliación en el mundo, por la magnitud del conflicto vivido durante los tres meses que se prolongó el genocidio y porque, al mismo tiempo, es un lugar clave desde la perspectiva del asilo y el retorno dado que gran parte de su población se refugió en los países fronterizos durante los meses de violencia cruenta y, desde entonces, ha ido retornando gradualmente en los últimos 25 años. La elaboración que los ruandeses han hecho para entender, explicar y sobreponerse a su historia es especialmente singular y tiene mucho que ofrecernos a la hora de entender el refugio con una mirada longitudinal más amplia.

Cuando nos preguntamos por algunos de los conflictos actuales, como Siria o Sudán del Sur, en los que gran parte de la población está fuera de sus fronteras, uno de los interrogantes que surgen es ¿qué va ocurrir cuando el conflicto termine? ¿volverán todas estas personas a sus casas? ¿acaso tendrán un lugar al que volver? Y, si vuelven, ¿será posible reconstruir la relación entre aquellos que llevan décadas de lucha fratricida a sus espaldas?

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Rabia, temor y culpa en población refugiada: el perdón como alternativa. Por Ángela Ordóñez

Los contextos de guerra y persecución que llevan a la población refugiada a huir de su tierra conllevan pérdidas de elementos valiosos que configuraban la vida de las personas. Aunque la experiencia de cada refugiado es única en sí misma, podemos afirmar que hay ciertos lugares comunes en lo relativo a su vivencia emocional y en las consecuencias que se derivan a largo plazo. Las agresiones y la soledad a la que tienen que hacer frente durante su huida y en el camino, como toda experiencia de injusticia, suelen despertar dos grandes tendencias de respuesta: la venganza, consecuencia de la necesidad básica de equilibrar la balanza, o la evitación, como respuesta a la necesidad de sentirse seguros y poner todos los medios posibles para que la situación temida no se vuelva a repetir.

Estas tendencias de respuesta, venganza y evitación, son típicas ante cualquier situación que ponga en riesgo la vida de una persona y, por tanto, no podemos juzgarlas como moralmente incorrectas en sí mismas. Sin embargo, sí pueden traer asociadas emociones que, sostenidas en el tiempo, dificultan la puesta en marcha de los mecanismos necesarios para asumir las demandas de ajuste de la nueva vida a la que los refugiados se enfrentan tras su huida. Los sentimientos de venganza por aquello que han sufrido y la evitación de todo aquello que se asocie a la situación temida pueden traer asociados sentimientos de angustia, ira, sufrimiento y sensación de abandono. Con frecuencia también podemos encontrar culpa y vergüenza derivadas de las humillaciones vividas o del sentimiento de impotencia e indefensión. Por último, es habitual también que se despierten sentimientos de odio y rencor hacia la persona o grupo que identifican como culpable de su situación actual.

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