Igualdad, derechos y migración: Día Internacional de la Mujer. Por Alberto Ares, SJ. @albertoares

Cuando en los procesos migratorios no existen suficientes vías para realizar una migración segura y regulada, se generan en paralelo mecanismos alternativos que trafican con la vida de las personas. En esta circunstancia la indefensión es mayor para los colectivos más vulnerables. En algunos lugares, como en la ruta centroamericana a Estados Unidos, siete de cada diez mujeres migrantes sufren abusos sexuales, y nueve de cada diez acoso sexual. Esta misma situación, ocurre en nuestra frontera sur española. El IUEM da cuenta de este escenario al recopilar en España datos para el informe de derechos humanos elaborado anualmente por la Agencia Europea de Derechos Humanos. Esta situación afecta de forma especial al colectivo migrante en todo el mundo.

He acompañado a personas migrantes que han sufrido auténticos traumas personales en sus procesos migratorios, algunos de ellos dentro de nuestro propio territorio. En algunos países en tránsito, las mujeres son compradas y vendidas como mercancía, que las convierte en esclavas laborales y sexuales. Esta situación no es tampoco ajena en diversos contextos a los varones. Muchos de estos traumas persisten durante años, y sin duda los acompañarán toda la vida. Algunas personas hablan de estrés migratorio o síndrome de Ulises.

El 8 de marzo celebraremos un año más el Día internacional de la mujer trabajadora. Una celebración que honra la lucha de millones de las mujeres a la que se suman cada vez más hombres. Hoy por hoy, queda mucho trecho por recorrer máxime desde la perspectiva de la mujer migrante. Me gustaría indicar que en ocasiones se pone demasiado el acento en la vulnerabilidad de las mujeres migrante.  Yo diría que más que vulnerables, son “vulnerabilizadas”, debido a la falta de salvaguarda de los derechos humanos básicos de parte de los estados. Cuando no se protegen convenientemente los derechos básicos de los individuos, la vulnerabilidad y la indefensión, en especial de las personas migrantes, crece de forma exponencial. 

También en nuestro contexto español, necesitamos caminar en igualdad y en reconocimiento de derechos de las mujeres migrantes, especialmente en el campo de los cuidados. El SJM España ha publicado el informe ‘Visibilizar lo Invisible’, que analiza la situación de las mujeres de origen migrante trabajadoras en el ámbito del hogar y de los cuidados. En España son más de 630.000 mujeres, la mayoría de ellas migrantes y de las cuales cerca del 40% forman parte de la economía sumergida y casi en su totalidad trabajan en condición de internas. Mujeres que pese a la vulneración de derechos sostienen las cadenas globales de cuidados no solo en España, sino con sus aportes en sus países de origen, constituyendo auténticas redes de cuidado.

Para concluir, yo diría que hemos ido dando pasos en la igualdad, y a la vez mujeres siguen siendo asesinadas también dentro de la comunidad migrante. Necesitamos de una mirada integral y de acciones claras donde se salvaguarden los derechos humanos básicos y trabajemos en programas encaminados a la igualdad, la integración y la cohesión social, y donde recreemos nuestra propia identidad, si queremos legar a las generaciones futuras y a nuestras sociedades un futuro mejor.

Alberto Ares SJ es doctor en migraciones internacionales y cooperación al desarrollo. Director del Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones (IUEM) de la Universidad Pontificia Comillas.

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