Narrativas y la comunicación de la inmigración en medios. Por Cecilia Estrada Villaseñor

La historia de la comunicación está ligada a la de la humanidad, justo como la de la inmigración. No estaríamos aquí de no haber logrado entablar determinados entendidos fundamentales para que el entorno que tenía la capacidad nos comprendiera y poder así sobrevivir.

Desde el principio de esta interacción vital hasta nuestros días, ha pasado mucho tiempo y hemos logrado establecer nuevos canales, nuevas formas de interacción, nuevas redes. Pero el mensaje, esa esencia, siempre refleja lo mismo: una necesidad.

Los medios de comunicación nos transmiten información, la venden porque somos una sociedad consumidora de información. La necesitamos para saber qué es lo que está ocurriendo en el mundo, porque también esta información forma parte de nuestro presente.

A menudo, vemos reflejado en los medios y las noticias cómo se presenta al inmigrante ligándolo a conceptos de ilegalidad, irregularidad. Lo unen a la persona que acaba de llegar en una patera lo mismo que la que busca huir de una guerra. Todos son migrantes para algunos medios.

Son “ellos” y no “nosotros”, los últimos de la estructura social. En definitiva, describen del mismo modo a un colectivo que no es nada homogéneo y que tiene muchos matices y abismales trayectorias.

Los medios de comunicación masiva, no ofrecen en su conjunto una sola mirada. Las miradas son variadas y las descripciones también. Están reflejadas mediante los distintos discursos que se ven reflejados de manera variopinta, según las líneas editoriales de cada medio.

Los periodistas y los medios pertenecen a la sociedad, no están excluidos, transmiten ese imaginario colectivo que todos y todas creamos cada día. Si nos asomamos a la noticia podemos ver cómo se generan determinados discursos gracias a la información vertida antes en la misma.

Los discursos existentes que se ofrecen sobre la representación de inmigrantes podríamos clasificarlos en cuatro tipos: el solidario, el funcionalista, el desconfiado y el excluyente. En cuanto al primero, está a favor del inmigrante y habla desde la empatía, mientras que el segundo considera al migrante mano de obra. Este discurso dice sí a la migración para que desempeñen trabajos como el de la recogida de la aceituna, como cuidadores, empleadas de hogar… No contempla que desarrollen trabajos cualificados, incluso las personas que tengan conocimientos y formación suficiente. En cuanto al discurso desconfiado, tiene una percepción de amenaza continua, mientras que el excluyente rechaza a las personas migrantes y les niega todo tipo de participación en la sociedad.

¿Cómo afrontamos el impacto informativo?

Estamos encontrando un cambio social importante en el que la información se está moviendo de una forma distinta, en muchos casos, la comunicación se da de forma unidireccional (del medio a la sociedad) y es muy complicado que exista una respuesta directa hacia el medio (la respuesta se refleja más bien por actitudes contra la inmigración). Nos convertimos en receptores absolutos de toda la información, de los estereotipos y de todos los paradigmas formados dentro del medio.

Para hacernos una idea, deberíamos tener en cuenta todas las voces y asumir el compromiso de abrirnos a la oportunidad de dirigir toda la información, ya que nos ayudará a entender que las personas migrantes o refugiadas tienen dignidad y no están obligadas a aceptar lo último que esta sociedad pueda dar.

No es solamente responsabilidad del emisor.

Todo discurso funciona de manera circular y tiene su inicio en las actitudes sociales. Aún así, la responsabilidad es mía y de cada uno de nosotros al informarnos y tenemos que saber a quién nos acercamos. Dime de quien te informas, de qué manera lo haces, de qué forma consumes esa información y sabremos qué es lo que tienes dentro de la cabeza. Seamos más críticos, indaguemos más y seamos capaces de distinguir entre lo que sí importa y lo que no.

La importancia de las redes sociales.

La forma de informarnos está cambiando mucho, y es importante saber gestionar las redes sociales para no acabar siendo informados solamente por lo que queremos escuchar. Somos libres de seguir a determinadas personas o cuentas, y no a otras, pero podemos llegar a aislarnos de todo el resto de información y de los hechos. No tener el cuadro completo de los hechos nos hace polarizarnos, esto merma nuestra capacidad de confrontar, no desde el enfado sino desde el diálogo, de una forma inteligente y racional, debatir las ideas y no combatirlas. Pensar y argumentar. Muchos se preguntan por el éxito del discurso del odio. Las redes sociales permiten que afloren todo tipo de discursos. No existe ningún filtro y la pantalla lo aguanta todo.

Las dinámicas actuales y la insensibilización.

Cuando creemos que lo sabemos todo sobre un tema nos cansamos y, por supuesto, las nuevas informaciones dejan de aportar novedad. Solo nos suenan números: 130 personas naufragas, 50 personas rescatadas, 26 personas llegan… Hay un momento en el que la gente desconecta y mete todo en un mismo cuenco. No diferenciamos porque todo suena a lo mismo por agotamiento informativo. Nos insensibilizamos.

La guerra en Siria, lo que pasa en Venezuela, Afganistán o Irak. ¿Cuándo, lo que ocurre nos hará levantarnos del sofá y actuar?

 

Cecilia Estrada Villaseñor es doctora en migraciones internacionales y cooperación al desarrollo. Coordinadora de la Cátedra de Refugiados y Migrantes forzosos, sus principales áreas de investigación son los medios de comunicación, inmigración y refugio.

 

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