Pedimos mano de obra y llegaron personas. Por Alberto Ares, SJ y Sergio Barciela.

Vivimos en las sociedades occidentales un serio debate sobre la diversidad y la cohesión social. En numerosos contextos se plantea la cuestión: ¿Podremos vivir juntos? Una disyuntiva que nos introduce en el diálogo sobre la integración y la cohesión social.

Formamos parte de sociedades diversas donde la migración se ha convertido en la cara más humana de la globalización. La diversidad -que ha enriquecido a lo largo de la historia de la humanidad a las sociedades más plurales-, está llegando a ser en muchos casos en un arma arrojadiza, abanderada del miedo y de la violencia, sobre los que se asientan la creación de muros y de proteccionismos, y donde las políticas proactivas sobre integración han pasado a un segundo plano.

 

 

Uno de los elementos que muchos observamos con preocupación es el progresivo envejecimiento y las bajas tasas de natalidad de nuestras sociedades occidentales. Un estudio reciente de la OCDE –Pensions at Glance 2017-, plantea que en el año 2050, España tendrá 76 personas mayores de 65 años por cada 100 entre 20 y 65 años. De esta investigación se desprende que España será después de Japón el país con la ratio más alta de los países de la OCDE. El estudio reconoce que esto supondrá un desafío “sobre la sostenibilidad financiera y la adecuación de los ingresos de los sistemas de pensiones”.

“El porqué de este fenómeno en el mundo occidental es bien conocido: el baby boom. En España esa explosión de nacimientos llegó algo más tarde -en la década de los 60 y buena parte de los 70- y se vio sucedido de un hundimiento de las tasas de natalidad, que todavía hoy no acaba de levantar cabeza”. vía el País[1]

Algunas personas interesadas en los procesos de integración hemos visto en esta situación demográfica “alarmante” una oportunidad para la incorporación de personas migrantes en edad productiva, que pudieran enriquecer nuestra sociedad, así como nuestro sistema productivo. De hecho, echábamos en falta análisis más integrales en los que se incorporara el factor “flujo migratorio” a las proyecciones poblacionales.

En este sentido, nos parece muy interesante un estudio realizado recientemente por el Banco de España, el cual incorpora “una simulación más sofisticada para proyectar la migración internacional hasta 2050. Y su principal conclusión es que las grandes economías de la UE, España incluida, serán el principal polo de atracción, con el doble de población inmigrante que en 2010. Una entrada que aliviaría los problemas que se vislumbran para el mercado laboral y el sistema de pensiones.” vía el País[2]

El método empleado en esta investigación relaciona presión demográfica y migración, pero también incorpora la diferencia de calidad de vida, los factores culturales en común, la escasez relativa de trabajadores en países de destino o la proximidad geográfica, entre otros.

Si hacemos memoria, en la década anterior, la población de origen inmigrante -nacida fuera de España- llegó a ser de 6,5 millones. Tras varios años a la baja, en 2017 se sitúa de nuevo en 6,5 millones. Siguiendo las previsiones a las que apunta el artículo, España alcanzaría los 12 millones en 2050. Un buen número de personas que enriquecerían nuestra sociedad, nuestro mercado laboral y que contribuirían a sumar en un proyecto común de ciudadanía inclusiva, en el que todos soñamos. Nada de esto se hará realidad si no invertimos seriamente en políticas de integración y de cohesión social, donde la persona se coloque en el centro, y donde se vea de forma integral la realidad de la movilidad humana, muchas veces postergada a mera mano de obra.

 

* La frase que pone el título a esta entrada –Pedimos mano de obra y llegaron personas”– fue pronunciada en 1965 por el escritor suizo Max Frisch, refiriéndose a quienes emigraron a Suiza en aquella década, procedentes en buena medida desde España, Italia y Portugal.

Alberto Ares SJ es Investigador del IUEM (Instituto Universitario de Estudios sobre Migraciones) de la Universidad Pontificia Comillas.

Sergio Barciela es Doctor en Migraciones Internacionales y Cooperación al Desarrollo de la Universidad Pontificia Comillas.

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