María, una alumni de Icade que optó por el camino del impacto social

María, una alumni de Icade que optó por el camino del impacto social

mariarubioexe

Hace 12 años ya que me gradué en ICADE. ¡Cómo pasa el tiempo!
Mi trayectoria profesional desde que terminé E2 ha sido peculiar. Poco convencional.
Tampoco fui el prototipo de alumna de ICADE.  Y sin embargo creo que interesante, en tanto fui capaz de ir encontrando caminos para llevar a cabo mis inquietudes.
Ya en segundo curso decidí compaginar E2 con Ciencias Políticas a distancia. Buscaba darle un enfoque más amplio a mis estudios y que me pudieran abrir otras puertas profesionales. Lo que ambicionaba era poder generar valor social en la sociedad.
Con el último curso llegaron las dudas. Y ¿ahora qué? ¿Hacia dónde me enfoco? Las salidas naturales de ADE no me terminaban de motivar lo suficiente, pero quise aprovechar la oportunidad que nos ofrecían esas empresas que literalmente venían a “pescarnos”  (y me imagino que siguen viniendo) a ICADE.  Encontré en la consultoría
de sector público de Deloitte una salida que respondía en gran medida a mis inquietudes. 
Al poco tiempo di el salto a consultoría internacional. Quería implicarme en proyectos de cooperación al desarrollo financiados por la Comisión Europea. Viajé mucho a América Central y América Latina. Sin embargo estos viajes me resultaban demasiado cortos para entender la sus realidades y poder contribuir a mejorarlas.  Por eso, tras tres años en consultoría,  pensé que era el momento de tener una experiencia “de terreno” más larga.
Encontrar oportunidades profesionales como cooperante es difícil y en mi caso no fue una excepción. Tirando de contactos retomé la relación con Carlos Ballesteros, a quien muchos conoceréis por su implicación en temas sociales (el mismo que ahora lidera esa red de consultores sociales en ICADE que ojalá hubiera existido en mi
época). Gracias a él me embarqué en la aventura de Kenya de la mano de Nyumbani, una ONG local. Durante tres meses viví en una aldea rural autosostenible. Mi rol era ayudar a desarrollar microempresas que generaran recursos para sostener la vida de
niños huérfanos y enfermos de SIDA. Fue una experiencia única.
Estando allí me surgió una oportunidad inesperada: un trabajo remunerado (todo un lujo para los que entendemos que dedicarse a lo social puede ser también una profesión)…en Uganda. Consistía en gestionar proyectos financiados por la Comisión Europea en campos de desplazados por la guerra. No me lo pensé dos veces.
Pasado un tiempo y entendiendo que se cerraba un ciclo vital y se abría otro nuevo,  abandoné África. Por amor di un salto (enorme en todos los sentidos) a China y desde allí a Sao Paolo, Brasil.
En Brasil descubrí el  gran potencial del emprendimiento social. El mundo empresa y lo social tenían allí un gran espacio de intersección… Y desde entonces, me he dedicado a ello. Primero promoviendo emprendimientos para facilitar la inserción laboral de adultos en riesgo de exclusión y desde hace dos años, emprendiendo en el ámbito educativo como directora de la sede del País Vasco de la Fundación Empieza por Educar.
Por cierto, aprovecho para animaros a presentaros al Programa ExE que ofrecemos desde la Fundación. Un programa de desarrollo en liderazgo dirigido a jóvenes con talento y compromiso con motivación por el impacto social. Tenéis hasta el 9 de mayo para enviar vuestra candidatura en www.programaexe.org.
Estoy segura de que cada vez hay más personas que como yo,  apuesten por carreras profesionales con impacto social. Con ese afán comparto estas palabras con vosotros, deseando que  calen en alguno de vosotros y os  animéis a trabajar por el cambio social.

https://www.youtube.com/watch?v=WLY1Qcbng1M

Fundación Empieza por Educar

 

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