Érase una vez… Por Alberto Ares sj

En la mayoría de nuestras culturas hay historias que se repiten. Algunas pasan a formar parte de nuestro imaginario a través de cuentos y fábulas que recogen alguna enseñanza para la propia sociedad. Muchas de esas historias comienzan con la expresión: “érase una vez”.

En nuestras sociedades occidentales, y especialmente en nuestro país, estamos viviendo un serio debate sobre la acogida y la cohesión social. La inmigración y la diversidad se está convirtiendo en muchos casos en un chivo expiatorio, que enciende alarmas sociales, y que justifica la creación de muros y de proteccionismos. Las españolas y españoles hemos vivido a lo largo de nuestra historia situaciones muy similares, pero desde el otro lado de la “valla”. Estas historias ya fueron contadas antes, el tiempo era otro, pero las circunstancias, la indiferencia de las personas y las leyes actuaron de la misma forma.

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La alternativa de la responsabilidad preventiva. Por José Manuel Aparicio

J.A. Marina y María de la Válgoma denuncian en un interesante libro (“La lucha por la dignidad, Barcelona 2000”) que la evolución de los derechos humanos debe reconocerse por el impulso de lo que denominan como argumento ad horrorem, esto es por la vergüenza sentida ante los excesos contemplados por los abusos de minorías contra la naturaleza en un grado tal que exigiría una respuesta ineludible.

La cronología de los acontecimientos durante el siglo XX les da la razón. No solo en la ecuación entre la Declaración de 1948 y el exterminio de los judíos o las masacres en Hirosima y Nagashaki de la II Guerra Mundial; sino también en los excesos en la desigualdad entre países que condujo a la proclamación del Derecho al Desarrollo en 1986; o las amenazas por el deterioro medioambiental que condujeron a los trabajos de la COP21 de París en 2015.

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Jóvenes y Movilidad Internacional en tiempos de crisis Parte ll. Por Raquel Caro Carretero

Quizás uno de los fenómenos más referenciados en los medios de comunicación en España haya sido los efectos que la crisis económica ha tenido en el desempleo y la emigración juvenil. Todo apunta al declive de las cohortes de población más jóvenes, lo que unido al elevado desempleo juvenil como un hecho estructural de nuestro mercado laboral, pero agravado por la crisis, ha supuesto un cambio de tendencia en la movilidad geográfica internacional de los jóvenes españoles, que hasta el inicio de la crisis era relativamente reducida. Si bien se trata de un fenómeno complejo de difícil medición, los datos disponibles sobre la movilidad internacional de los jóvenes españoles apuntan a un incremento relativo del número de jóvenes que han salido del país durante la crisis.

Este contexto de cambios que ha experimentado la condición juvenil en las últimas décadas en España y del declive de la población joven se evidencia en la prolongación de las transiciones formativo-laborales, residenciales y familiares, así como en los estilos de vida; en definitiva, en las decisiones que adoptan los jóvenes para adaptarse a un entorno cambiante. Además, un problema asociado con el desempleo estructural que sufre España es por un lado la reducida empleabilidad de los jóvenes menos cualificados y sin formación y por otro lado el desaprovechamiento del talento y de la inversión en capital humano. Estos datos apuntan a que el sistema productivo español tiene problemas serios para absorber a trabajadores jóvenes formados y cualificados, lo que podría ser interpretado como una causa laboral y económica del crecimiento del flujo migratorio de los jóvenes españoles a partir del año 2008. ¿Es este otro efecto mediático no contrastado sobre la emigración de los jóvenes en lo que se refiere a la supuesta fuga de cerebros? Los datos disponibles en origen y destino no incluyen información desagregada sobre el nivel de cualificación de los jóvenes emigrados, por lo que el debate mediático sobre este aspecto es ambiguo y en cierta manera no está fundamentado empíricamente.

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Jóvenes y Movilidad Internacional en tiempos de crisis. Parte I. Por Raquel Caro Carretero

 

Son múltiples los motivos que mueven a los jóvenes a emigrar de su país de origen. Entre ellos están los económicos para mejorar la formación y encontrar una oportunidad laboral y otros que tienen que ver con motivos culturales y personales propios del ciclo vital en el que viven para adquirir cierta independencia. En el caso español, la emigración juvenil de las últimas décadas previas a la crisis económica ha sido relativamente reducida debido a la escasa movilidad que caracterizaba a la sociedad española desde la transición democrática. De hecho, la resistencia de los españoles a desplazarse a otros países era una de las principales trabas para la internacionalización de nuestro mercado productivo.

Sin embargo, a raíz de la crisis, aumenta el número de jóvenes que deciden marcharse al extranjero, lo que ha despertado un inusitado interés mediático y ha propiciado un intenso debate académico e institucional sobre las consecuencias del desempleo en la población juvenil. No obstante, es bien conocido por los demógrafos los efectos del envejecimiento de la población en las transiciones juveniles y en las economías nacionales como consecuencia del declive de la fecundidad. Y, por tanto, esto supone un nuevo escenario poblacional en el que los jóvenes serán cada vez menos numerosos, mientras las cohortes de población más envejecidas incrementarán su peso poblacional. Este fenómeno ha propiciado cierto temor a quedarnos sin jóvenes, dando lugar a un intenso debate mediático en torno a las consecuencias de la movilidad internacional de los jóvenes españoles, que no siempre se corresponden con el significado real del fenómeno migratorio.

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El sistema migratorio iberoamericano en proceso. Por Joaquín Eguren

El OBIMID, Observatorio Iberoamericano de Movilidad Humana, Migraciones y Desarrollo, integrado por varias instituciones universitarias públicas y privadas e instituciones nacionales, sobre migraciones en América Latina, el Caribe y la región ibérica, constituye una plataforma fenomenal para analizar la realidad migratoria en el llamado espacio iberoamericano.

Gildas Simon, (2008) (La planète migratoire dans la mondialisation, Armand Colin, Paris) sostiene la idea de que el planeta migratorio no es, a pesar de lo que parece, un mundo caótico, incontrolado, ya que el recorrido de los movimientos migratorios no es errático y proviene de todos los horizontes. El análisis espacial demuestra la existencia de una organización estable del espacio migratorio mundial, alrededor de un “sistema global articulado”, jerarquizado en vastos sistemas regionales (América del Norte, Unión Europea, Estados del Golfo, interconectado, donde cada espacio ejerce una o varias funciones y donde se afirma el rol eminente creado por la red de las principales metrópolis mundiales y los grandes corredores migratorios.

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¿Nuevos patrones de emigración en países del norte? Los casos de España e Italia durante la crisis económica. Por Mercedes Fernández.

 

 

El estallido de la crisis financiera en 2008 afectó profundamente al sur de Europa desde los puntos de vista económico, político y social. Las altas cifras de desempleo, la reducción la actividad económica y los crecientes niveles de deuda pública trajeron consigo un aumento de los niveles de inestabilidad política y social en países como España e Italia. Desde el punto de vista político, la crisis contribuyó al surgimiento de partidos populistas (de derechas o de izquierdas) en ambos países. Desde el punto de vista social, entre otros aspectos, resurgieron algunas dinámicas emigratorias que habían quedado olvidadas en estos dos países, atractores de inmigrantes en las últimas décadas.[1]

Durante el período 2008-2015, España e Italia experimentaron cambios significativos en su saldo migratorio anterior a la crisis. Una comparación de los datos de migración anterior y posterior a la recesión muestra un cambio radical en las tasas de migración neta en ambos países, con una disminución de la inmigración y un aumento simultáneo de la emigración. Este cambio de escenario ha potenciado el debate sobre el surgimiento de una era de “nueva emigración”.

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Integración social. Por Juan Iglesias

 

La población de origen inmigrante se ha mantenido estable durante la crisis, pasando de los 6,4 millones en el año 2009, el 13,8% de la población española, a los 6,6 millones en 2017, 14,24% del total. Así, a pesar de que se agitó el “fantasma” del retorno al comienzo de la crisis, los inmigrantes han apostado claramente por continuar sus proyectos de arraigo en España, a pesar de las malas condiciones. Un dato representativo de esta situación es el crecimiento en el número de naturalizaciones en España. Así, si en 2008 el porcentaje de inmigrantes nacionalizados en España era del 17%, en el año 2016, ese porcentaje casi se ha doblado, y ya es del 34%. (INE, 2017).

Eso sí, los inmigrantes permanecen pero emergen de la crisis bajo muy diferentes condiciones sociales de integración:

En primer lugar, se ha acelerado el proceso de etno-estratificación social. La población inmigrante sigue estando concentrada en las posiciones más bajas del mercado de trabajo y de la sociedad española. Así, por ejemplo en la encuesta nacional realizada a mujeres inmigrantes por el Instituto de Migraciones (Univ. P. Comillas) y la OIM en el año 2015, un 84% de las mujeres ganaban menos de 999 euros mensuales, y un 54% menos del salario mínimo profesional (650 euros). Un 45% de las mujeres inmigrantes trabajaban en el sector de cuidados domésticos, y entre las que tenían trabajo, solo un 34% trabajaban con contrato indefinido. Parecidas situaciones, se hallaron en una encuesta similar a inmigrantes ecuatorianos del año 2015, realizada por Ikuspegui (UPV) e Instituto de Migraciones (Comillas).

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