En tiempos de crisis e incertidumbre, cuando las dificultades parecen multiplicarse y los recursos escasean, la cooperación al desarrollo se enfrenta al reto de no perder el ánimo. Nos enfrentamos a guerras prolongadas, discursos de odio y narrativas anti inmigratorias que se imponen desde occidente, desde EE. UU. principalmente, y que la sociedad adopta como propias inconscientemente, tiempos de crisis humanitarias complejas y cada vez más prolongadas y desigualdades estructurales que parecen insalvables e invisibles para muchos, pero en medio de todo ello, hay una razón fundamental para seguir adelante: la esperanza.
Soy Roberto García, estudiante del Máster en Cooperación Internacional al Desarrollo. Aunque llevo apenas tres meses en este camino, tengo claro que este es el ámbito al que quiero dedicar mi profesión. Mi experiencia en prácticas con la Cátedra de Refugiados y Migrantes Forzosos del IUEM, en la Fundación Entreculturas ONG, no ha hecho más que reforzar esta idea. En tan solo un mes, he podido experimentar lo enriquecedor que es este sector, un entorno humano y cercano donde se trabaja no “para” las personas, sino “con” ellas, promoviendo un mundo más justo y equitativo, donde todos tengamos las mismas oportunidades desde que nacemos.
Tras apenas llevar tres meses en el Máster de Cooperación al Desarrollo y recién tres semanas en las prácticas de la Cátedra de Refugiados dentro de la organización “Servicio Jesuita de Migrantes” (SJM), cada día aprendo a percibir el mundo más como cooperante, que como alumna de cooperación. Además, el poder realizar las prácticas en SJM – junto a la exquisita formación en cooperación internacional brindada por la Universidad Pontificia Comillas- ha sido una gran oportunidad para aprender, crecer y contribuir, complementando el trabajo juntos.