Cuando la práctica da sentido a la teoría

Seis meses después de comenzar mis prácticas en Entreculturas puedo decir que, aunque sabía que iba a aprender, nunca pensé que la experiencia iba a ser tan fructífera. Han sido meses intensos, de compaginar el ritmo de la oficina con las clases del máster, de fechas límite, de momentos de presión, pero también de muchísimo crecimiento, tanto profesional como personal. Y es que el progreso que he notado en mí misma es enorme, casi difícil de explicar si miro atrás y me comparo con mis primeras semanas.

Mientras que los primeros meses fueron más de interiorizar, leer, entender procesos y moverme entre la acción y un plano más observador, estos últimos han sido todo lo contrario. Han sido meses de dar un paso al frente: de participar activamente en formulaciones, de trabajar en informes finales, de enfrentarme a mis primeros árboles de problemas y de objetivos, de realizar análisis de necesidades y de empezar a construir propuestas con más criterio. También han sido meses de trabajar codo a codo con el resto de técnicas de proyectos, entendiendo mejor sus formas de trabajar, sus tiempos y la lógica que hay detrás de cada decisión.

Por supuesto, también ha habido errores, momentos de duda y de no saber muy bien por dónde seguir, algo completamente normal dentro del proceso de aprendizaje. Pero si algo ha marcado la diferencia ha sido el equipo: contar con personas que acompañan, que corrigen desde el cuidado y que convierten cada error en una oportunidad de aprendizaje ha hecho que todo este proceso sea mucho más enriquecedor y llevadero.

Sin duda, esta parte más activa está siendo mi favorita. La de pensar juntas y juntos, construir, debatir ideas y buscar soluciones. Y no solo dentro de la oficina, sino también en el contacto constante con los equipos locales. En estos últimos meses he estado especialmente involucrada con equipos como los de Uganda o Sudán del Sur, y poder formar parte de esos procesos, entender mejor sus realidades y aportar desde aquí, está siendo una de las partes más valiosas de la experiencia.

También hay días de estrés, de sentir que no llegas a todo… Pero al final, siempre se llega. Y no solo por las capacidades individuales, sino por el gran equipo que hay detrás, que sostiene, acompaña y hace que todo funcione. Esa sensación de trabajo colectivo, de saber que no estás sola, es algo que valoro muchísimo.

Además, estos meses han venido acompañados de formaciones más profundas: sobre ayuda humanitaria desde el enfoque de Entreculturas, sobre evaluaciones y auditorías, sobre la construcción de presupuestos sólidos… Todo esto está siendo el complemento perfecto a las clases del máster. De hecho, noto muchísimo cómo ambas cosas se retroalimentan: lo que aprendo en la práctica me ayuda a entender mejor la teoría, y lo que veo en clase me permite aportar más en el día a día. Esto hace que llegue a clase con más seguridad, pudiendo afrontar trabajos y actividades con mayor facilidad y con una comprensión mucho más profunda de los contenidos.

Mirando atrás, siento que estos seis meses han sido un punto de inflexión. No solo por todo lo aprendido, sino por cómo me estoy posicionando dentro del sector, con más confianza, más criterio y una idea cada vez más clara de hacia dónde quiero seguir caminando. Y aunque aún queda mucho por aprender, que es algo que ahora veo con mucha más humildad, también siento que estoy construyendo una base muy sólida sobre la que seguir creciendo.

Marina Páez Tudela

Prácticas en sede Entreculturas 2025

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