Las personas refugiadas ya están aquí

España está muy atenta a la llegada de las personas refugiadas fijadas por cuotas en Europa. Aún no han llegado y no parece que lo vayan a hacer próximamente. Con motivo del Día Internacional del Migrante, la Compañía de Jesús quiere llamar la atención sobre una realidad menos visible, las personas refugiadas que ya están aquí. Cada semana, 200 personas refugiadas sirias suelen llegar a la península provenientes de Melillam y entre 1500 y 2000 migrantes subsaharianos viven hoy en los bosques de Nador (Marruecos). Algunos permanecen allí más de un año en condiciones infrahumanas. Por todo ello, la Compañía de Jesús quiere acercar esta realidad a través del documento “Las personas refugiadas ya están aquí”.

Os ofrecemos un resumen:

 La ruta Sur de los refugiados Sirios

Las personas sirias, la mayoría familias grandes, que huyen del conflicto armado de su país y que siguen la ruta de escape Sur logran llegar a Marruecos desde Argelia, donde hasta principios de 2015, no se les pedía visado. Esa frontera Marruecos-Argelia es uno de los puntos más peligrosos del viaje que han tenido que realizar en su camino hacia Europa. La entrada a Marruecos la realizan vía pasadores a quienes pagan alrededor de 400 € por persona. Al entrar en Marruecos permanecen en Uxda y luego se dirigen a Nador hasta que tienen la oportunidad de cruzar a Melilla.

 

Cruzar de Marruecos a Melilla es prácticamente imposible si no es pagando alrededor de 1000 € por adulto y 400 € por niño. Si logran llegar a Melilla, en el puesto fronterizo de Beni Enzar solicitan asilo y son llevados al Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI). El CETI, centro público dependiente del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, fue creado para acoger a migrantes irregulares de origen subsahariano, no para recibir solicitantes de asilo. Tiene una capacidad de 480 personas y ha llegado a albergar 1.900, actualmente acoge alrededor de 1.000; un tercio de las mismas son niños/as. Las condiciones de vida allí no son buenas: hacinamiento, limitada atención jurídica, limitada atención médica, falta de acceso a la educación para los niños, familias separadas (hombres por un lado, mujeres y niños por otro)…

Los solicitantes de asilo permanecen en Melilla una media de dos meses, los que no solicitan asilo mucho más. Las autoridades no les comunican con antelación cuándo van a ser trasferidos a la Península, ni bajo qué criterios.

Unas 200 personas sirias suelen llegar a la península, en concreto a Málaga, cada semana. Son recibidas por las 3 entidades especializadas, designadas por el sistema de asilo español. Desde Málaga les llevan a centros de Andalucía para migrantes o para refugiados. La mayoría dejan los centros en pocos días y viajan en autobús a Madrid con la esperanza de continuar su camino hacia otros países de Europa. Constatamos la falta de claridad en estas personas sobre las condiciones concretas de acogida en España y sobre las arriesgadas consecuencias de abandonar el país, ya que por la aplicación del sistema de Dublín, lo más probable es que aunque continúen el viaje hacia otros países europeos acaben devueltos a España para tramitar su solicitud de asilo aquí. La mayoría de sirios quieren viajar a otros países europeos del centro y norte de Europa para reunirse con sus familias o porque afirman que las condiciones de acogida son mejores y hay más oportunidades de trabajo.

¿Y qué pasa con los migrantes subsaharianos en nuestra Frontera Sur?

Los migrantes subsaharianos que residen en Nador (Marruecos) y desean entrar en la península proceden de África Occidental y sus países vecinos: Camerún, Senegal, Malí, Níger, Nigeria, Ghana, Guinea-Conakry, Congo… Normalmente llegan desde Argelia donde refieren haber sido sometidos a tratos inhumanos o degradantes. En Nador las autoridades marroquíes nos les dejan permanecer y se esconden y viven en asentamientos en el bosque en condiciones miserables. Hay entre 1.500 y 2.000 migrantes subsaharianos en los bosques, entre ellos unos 70 niños/as. Antes solían estar acampados en el monte Gurugú (muy cerca de Melilla) pero debido a las redadas están más repartidos. En los bosques no pueden cubrir ninguna necesidad básica; sólo tienen plásticos y mantas para dormir, cuando no se las quema la policía. No tienen acceso ni a comida ni a agua, y además la falta de higiene les hace ser más vulnerables a cualquier tipo de enfermedad. Normalmente solían permanecer en estos asentamientos unos 7 meses, pero ahora hay personas que llevan viviendo así más de un año.

En esos mismos asentamientos viven mujeres jóvenes víctimas de trata de personas, pero es muy difícil identificarlas y protegerlas, ya que están muy vigiladas por los traficantes. La mayoría de ellas son nigerianas; muchas quedan embarazadas durante el tránsito, por las violaciones de los migrantes o incluso de las autoridades marroquíes. Los traficantes obligan a algunas a abortar, en condiciones miserables.

Estos migrantes subsaharianos no pueden cruzar la frontera de manera legal y segura porque carecen de documentación y porque antes de llegar al puesto fronterizo, la policía marroquí les detiene. Antes su entrada a España era a través de la triple valla que separa Melilla de Marruecos. Pero desde que Marruecos ha construido una valla de concertinas en su lado de la frontera se han registrado de manera oficial muy pocos saltos a la valla. Ahora llegan a Melilla por mar o escondidos en dobles fondo de los coches. Los migrantes subsaharianos no tienen opción de pedir protección internacional, aunque muchos de ellos tienen motivos para ello. Su entrada a Melilla se sanciona con un procedimiento de devolución o expulsión. Son las llamadas “devoluciones sumarias” o “devoluciones calientes” que vulneran la normativa internacional, comunitaria y española. Tras nueve meses desde la aprobación de la reforma de la Ley de Extranjería (abril 2015) en esta materia, que preveía legalizar estas prácticas, no se ha precisado aún su contenido.

Ante el creciente volumen de personas refugiadas y migrantes llamando a las puertas de Europa, las obras del Sector Social de la Compañía de Jesús estamos poniendo en marcha un proyecto bajo el nombre deHospitalidad”, cuyo objetivo es generar una marea de solidaridad e inclusión para las personas forzadas a huir de su tierra y que llegarán a España en los próximos meses. Ante esta realidad debemos responder con una cultura de la hospitalidad, y de la acogida abriendo nuestras fronteras mentales y físicas.

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