La calidad de la democracia en España: una cuestión de modelo

Carlos M. Rico Motos cmrico@comillas.edu

Las afirmaciones de Pablo Iglesias denunciando la ausencia de una “plena normalidad política y democrática en España” han alimentado recientemente un debate sobre la naturaleza de nuestro régimen político, controversia que ha alcanzado cierto eco internacional al ser impulsada desde nada menos que la Vicepresidencia del Gobierno. ¿Es la española una democracia plena? ¿A qué anomalías se refiere Iglesias?

Que la democracia es, como toda obra humana, manifiestamente mejorable genera pocas dudas. En qué sentido debamos enmendarla es bastante más controvertido. Debatir sobre la democracia en nuestros días es hacerlo sobre lo que el politólogo Giovanni Sartori califica como un “estiramiento conceptual”, esto es, un término que, a fuerza de emplearse irreflexivamente, acaba significando cualquier cosa. ‘Democracia’ es el aderezo perfecto en cualquier salsa de la comunicación política y mediática: la palabra suena bien y su significado concreto queda la imaginación de cada uno, aunque el precio a pagar sea la inutilidad del término para describir con precisión la realidad. Así, Putin nos habla de las bondades de su “democracia soberana”, Maduro alaba la autenticidad de la “democracia socialista” y Puigdemont clama en Bruselas contra la falta de democracia en España, por citar algunos ejemplos.

Frente a confusiones interesadas, evaluar con rigor la calidad de la democracia exige como paso ineludible precisar de qué democracia hablamos. Solo conviniendo previamente cuáles son los valores, instituciones y prácticas que caracterizan nuestro ideal democrático podemos salir al mundo real a buscar evidencias con las que determinar su grado de vigencia. En este sentido, ayudaría mucho conocer cuál es el modelo democrático que el ya exvicepresidente Iglesias establece como referencia.

Más allá del debate teórico existen índices que intentan medir empíricamente el estado de la democracia en el mundo, al objeto de analizar su evolución en un país o realizar comparaciones entre estados. Por su prestigio destacan el informe anual Freedom in the World, elaborado por Freedom House desde 1973, y el Democracy Index, publicado desde 2006 por la Unidad de Inteligencia del semanario británico The Economist. La transparencia metodológica de ambos índices permite a los analistas conocer los criterios empleados en su medición de la democracia. Dejando a un lado decisiones técnicas cuestionables (como asociar alta participación política con cultura política saludable), ambos índices se construyen a partir de indicadores centrados en las libertades civiles y políticas básicas. Al hacerlo tanto Freedom House como The Economist toman partido por la democracia liberal, un modelo que establece límites constitucionales a la voluntad de la mayoría para proteger los derechos y libertades individuales.

Según estos índices, la democracia española goza de buena salud. Así, con una puntuación total de 8,12 sobre 10, el Democracy Index de 2020 sitúa a nuestro país en la posición 22 de un total de 167 países analizados, lo que supone formar parte de un pequeño grupo de 23 “democracias plenas”. Para contextualizar este dato basta señalar que vecinos como Francia (24/167), Portugal (26/167) o Italia (29/167) quedan fuera de este selecto club y deben conformarse con la consideración de “democracias imperfectas”. En la misma línea, Freedom in the World 2020 ubica a España dentro del grupo de “países libres”, con una puntuación de 90 sobre 100 puntos posibles. Ello no descarta que la afirmación de Iglesias pueda ser cierta y España constituya una democracia de baja calidad populista, es decir, una democracia en la que una mayoría política no puede -en Cataluña o en Madrid- saltarse la Constitución, la separación de poderes o el mandato de los jueces.

No todo son buenas noticias. Pese a su buena valoración general, ambos índices muestran un ligero declive. En comparación con 2019, España baja cuatro posiciones en el Democracy Index (del puesto 18 al 22) y pierde dos puntos en el índice global de Freedom House. En el primer caso esta caída se enmarca, según The Economist, dentro de una bajada generalizada a consecuencia de la pandemia del Covid-19, la cual ha llevado a numerosos gobiernos a establecer límites a las libertades civiles y hacerlo con escasa transparencia y control democrático. En lo que respecta a Freedom House, hay que tener en cuenta que esta organización elabora su informe periódico con datos correspondientes al año natural anterior, con lo que no será hasta entrado 2021 cuando conozcamos su valoración de lo acontecido en 2020 en nuestro país. En ese informe se evaluarán, entre otros acontecimientos, la creación de una mesa de diálogo político sobre Cataluña al margen del parlamento, la aprobación de un estado de alarma de seis meses, la imparcialidad de los medios de comunicación públicos y, quizás, la polémica en torno al sistema de elección de los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Pudiera suceder entonces que un eventual empeoramiento de la democracia liberal en España corriese en paralelo a una mejora de posiciones en el ranking del exvicepresidente Iglesias. Se seguiría tratando de una cuestión de modelos de democracia.

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