La crisis de la COVID-19 y su impacto en India como potencia emergente

Mario López Areu (mlopeza@comillas.edu)

En el macabro ranking de países con mayores índices de infecciones por la COVID-19, India, a mediados de julio, se encuentra en la tercera posición, detrás de EEUU y Rusia, habiendo sobrepasado el millón de casos. La curva de infecciones no tiene visos de frenarse y el impacto económico y social de la pandemia puede tener importantes consecuencias tanto domésticas como internacionales. La consolidación de India como potencia emergente y contrapeso liberal a China en el orden regional asiático ya había sufrido importantes reveses en el último año, debido a la ralentización de su economía y al autoritarismo blando del actual primer ministro Narendra Modi.

La evolución de la pandemia en India

Por su frontera compartida con China, India fue uno de los primeros países en reaccionar a la crisis de la COVID-19. El 17 de enero, el gobierno federal tomó las primeras medidas: restringiendo vuelos a y desde focos de contagio, repatriando a sus ciudadanos desde esos mismos lugares y comenzando la monitorización y rastreo de potenciales infectados. Unos días más tarde, el 27 de enero se comunicó el primer caso oficial en el país, un estudiante indio que retornaba de Wuhan a su hogar familiar en el Estado de Kerala, en el sur del país.

La rápida reacción del gobierno tuvo el efecto positivo de frenar la expansión de la pandemia en los primeros meses. Mientras Europa sufría los estragos de la crisis sanitaria, India reportó 500 casos y diez muertes a 24 de marzo, el día en que se decretó el confinamiento en el país. Ese fue el momento, sin embargo, en el que la situación empezó a torcerse en la mayor democracia del mundo. El diseño del confinamiento por parte del gobierno federal fue un fracaso. En India, alrededor del 92% de la población activa del país trabaja en sectores informales de la economía (OIT, Indian labour market update 2016), esto supone que no posee ningún tipo de protección frente al desempleo y, por tanto, su sustento depende del salario diario. A su vez, alrededor de 139 millones de estos trabajadores informales son migrantes domésticos, personas que se trasladan de las zonas rurales a las grandes ciudades dentro del propio país. Cuando el gobierno decretó el confinamiento, el cierre de la industria y otros centros de trabajo supuso que estos trabajadores rápidamente se quedaron sin sustento económico. Ante esta situación, muchos de esos migrantes decidieron regresar a sus lugares de origen para poder subsistir. Este éxodo no fue previsto por el gobierno y, con el transporte público suspendido, millones de estos migrantes se vieron obligados a realizar el camino de vuelta a casa a pie. El retorno de estos trabajadores a sus lugares de origen tuvo el efecto de expandir el virus por la geografía india, tanto en las principales rutas por las que pasaron, como en los Estados de destino. Una vez que el gobierno federal y los gobiernos estatales reaccionaron, ofreciendo transporte gratuito a los migrantes, el resultado fue la masificación de autobuses y trenes, un caldo de cultivo ideal para la intensificación de la transmisión del virus. Los errores de diseño del confinamiento decretado por el gobierno federal, hicieron que esta medida tuviera el efecto contrario al deseado, siendo un momento clave en la expansión del virus.

La infraestructura sanitaria india: fortalezas y debilidades

Una vez que hemos explicado las causas por las que el virus comenzó a expandirse desde los focos originales al resto del país – debido a las deficiencias en el diseño del modelo de contención –, nos centramos ahora en analizar el estado de la infraestructura sanitaria india, centro del modelo de mitigación de la pandemia.

La infraestructura sanitaria india presenta tanto fortalezas como debilidades a la hora de hacer frente a la pandemia de la COVID-19.

La principal debilidad se encuentra en un deficiente sistema de atención primaria, clave en la respuesta ante la COVID-19. En términos globales, India posee 0.9 médicos y 1.7 enfermeros por cada 1.000 habitantes; unas ratios por debajo de la media global de 1.6 y 3.8 respectivamente. El gasto a nivel federal en sanidad equivale solamente al 1.3% del PIB. La precariedad del sistema de atención primaria supone importantes debilidades en base a dos ejes. Primero, una baja capacidad a la hora de hacer test – India ha realizado 4.100 test por millón de habitantes, frente a la media mundial de 29.000. Y segundo, falta de capacidad material para tratar a pacientes con síntomas.

Es importante, sin embargo, destacar que la situación no es igual en todo el país. Las deficiencias del sistema sanitario son mayores en las zonas rurales del país. Igualmente, el carácter federal de India hace que haya diferencias entre las capacidades sanitarias de los distintos Estados del país.

Un ejemplo claro de esas diferencias interterritoriales lo podemos encontrar en el éxito del Estado de Kerala en su estrategia de lucha contra la pandemia. Como hemos indicado más arriba, Kerala fue el primer foco de la infección en enero y representa un ejemplo de buenas prácticas. Kerala recibe más de un millón de turistas al año, además de poseer una importante parte de su población emigrada, tanto en el Golfo Pérsico, por motivos económicos, como en China, por estudios. Este Estado de 35 millones de personas ha conseguido mantener el número de infecciones en 524 casos y con tan solo cuatro muertes, muy por debajo de países desarrollados de similar tamaño.

El carácter federal de India es, precisamente, una de las fortalezas del modelo sanitario indio. En un país de más de 1.300 millones de personas, 23 lenguas oficiales y una gran diversidad socio-económica; la autonomía de las 36 unidades territoriales del Estado les permite confeccionar sistemas de respuesta a la pandemia adaptados a sus características. En estos momentos, más del cincuenta por ciento de los casos de COVID-19 se concentran en tres Estados – Maharashtra, cuya capital es el centro financiero de Mumbai, Tamil Nadu y Delhi.

Una segunda fortaleza del sistema sanitario indio es su experiencia en la lucha contra otras pandemias y enfermedades infecciosas. A lo largo de las últimas décadas, el país ha desarrollado exitosas campañas masivas para luchar contra enfermedades como la polio o el SIDA, brotes epidemiológicos como el del nipah en 2018 o enfermedades estacionales como el dengue o la malaria. Esta experiencia ha hecho del sistema sanitario indio uno de los mejores adaptados del mundo en la lucha contra este tipo de emergencias en situaciones extremas, particularmente a nivel local, como ilustra el caso de la lucha contra la COVID-19 en Dharavi, el asentamiento chabolista más grande de Asia, en la ciudad de Mumbai.

Por último, es importante destacar la fortaleza de la industria farmacéutica india. El sector es el mayor productor de genéricos del mundo, con una cuota de mercado global del 20% y un valor total de 55.000 millones de dólares en 2020. La industria farmacéutica india será clave de cara a la eventual producción de una vacuna, o tratamientos, contra el coronavirus a precios asequibles y volúmenes suficientes para garantizar el acceso al mayor número posible de la población mundial.

Consecuencias de la pandemia para India como potencia emergente

La crisis de la COVID-19, sin duda, ha hecho florecer algunos de los grandes problemas estructurales a los que se enfrenta India en su camino hacia el estatus de potencia mundial. Como ya hemos señalado, su economía sufre graves problemas de precariedad laboral, pero también altas cotas de analfabetismo, pobreza y baja cualificación. Su infraestructura estratégica, como el transporte o la vivienda, está obsoleta. Y servicios sociales básicos como la sanidad, pero también la educación, están necesitados de fuertes inversiones.

Más allá de las debilidades estructurales, la pandemia también ha puesto de relieve la ineficaz gestión del gobierno de Narendra Modi. Ya antes del comienzo de la pandemia la economía india había comenzado a ralentizarse de manera alarmante. El estímulo económico de 110.000 millones de dólares, equivalente al 10% del PIB, es una buena noticia, pero parece que será insuficiente, ya que se espera que el país entre en recesión este 2020, además de abocar al país a un importante aumento de su deuda pública. Pero, sin duda, el principal error del gobierno ha sido su incapacidad de implementar una red de ayuda social para la población. De los 23.000 millones de ayudas para personas vulnerables prometidos, la mayoría de esa cantidad ha sido reubicada desde programas de ayuda existentes o se trata de anticipos de esas mismas ayudas. El agravamiento de la crisis económica puede derivar a su vez en una importante crisis social de resultado incierto para el hasta ahora popular primer ministro.

Las debilidades indias ante esta pandemia no han escapado a la atención de la gran potencia regional. China ha visto en la crisis una oportunidad para mover ficha en su rivalidad geoestratégica. Por último, en las últimas dos décadas, tanto Narendra Modi como su predecesor Manmohan Singh han buscado fortalecer la imagen de India como potencia emergente; la mala gestión de la pandemia puede suponer una importante mella a esa “marca India”.

En suma, la crisis de la COVID-19 ha demostrado que a India todavía le queda un importante camino por recorrer para consolidar su estatus de potencia. Existe una necesidad urgente de atajar las graves deficiencias estructurales de su economía y de su Estado social.

 

 

 

 

 

 

 

 

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