Los Altos del Golán, la nueva clave en la guerra civil siria, por Javier Lion

La llegada de distintos grupos insurgentes a los Altos del Golán en 2013 tuvo como efecto la pérdida del control de la zona por parte de Damasco y un acoso sistemático contra las fuerzas de la ONU allí desplegadas. Desde ese momento, el área de operaciones de los cascos azules se convirtió en un campo de batalla entre las tropas de Assad y los insurgentes, compuestos por distintas organizaciones, entre las que se encuentran desde algunos grupos laicos hasta Jabhat Al-Nusra (organización vinculada a Al Qaeda) y el ISIS.

En los últimos meses, el Golán ha pasado a acaparar una creciente tensión. Por un lado, el régimen de Damasco desea destruir el reducto insurgente establecido en el Sudoeste del país y acometer cualquier negociación de paz desde una posición de fuerza. De hecho, Siria corre el riesgo de desaparecer como Estado soberano y de verse repartida en zonas de influencia entre las distintas potencias. Por otra parte, la reconquista de dicho reducto resulta de gran importancia política para subrayar la demanda siria de recuperar los territorios perdidos en 1967.

Por su parte, Israel ha tenido durante la guerra civil siria una situación ventajosa, ya que el debilitamiento del país vecino ha favorecido la consolidación de su posición en los Altos del Golán, desapareciendo cualquier presión internacional para negociar el futuro de la zona. Sin embargo, el lado negativo ha sido la creciente presencia de Irán y sus aliados en territorio sirio, en ocasiones tomando posiciones cercanas al Golán, lo que hace más complejo el equilibrio de disuasión mutua entre Israel e Irán. De ahí la creciente implicación militar israelí en el conflicto sirio, atacando posiciones de Irán, Hezbollah y del propio régimen.  Al propio tiempo, hasta ahora Tel Aviv ha dejado claro que no permite grandes operaciones de las Fuerzas Armadas sirias o de Rusia en las proximidades del Golán, garantizando así la supervivencia del enclave insurrecto, al cual presta una creciente ayuda. Inicialmente, Tel Aviv demandó el establecimiento de una “línea roja” (situada a unos 60 kilómetros al este de la línea de alto el fuego) más allá de la cual no toleraría la presencia iraní o de sus aliados. Pero sus últimos ataques han ido dirigidos a menudo contra objetivos en zonas muy alejadas del Golán, indicando que la presencia iraní no sería tolerable en ningún lugar de Siria.

Esta acción militar se ha combinado por un lado con una presión sobre Washington para que reconozca formalmente la anexión unilateral israelí del Golán acontecida en 1981. Al mismo tiempo, ha solicitado la mediación rusa para garantizar que Irán y sus aliados respeten las demandas israelíes. Moscú respalda la idea de que los aliados de Irán no se desplieguen en las cercanías del Golán, pero no desea empeorar su relación con un país al que le unen intereses básicos en Siria. En cuanto al régimen sirio, solo respaldaría una salida de sus aliados de las proximidades del Golán si esta fuera acompañada de la recuperación del bastión insurgente allí situado.

Todo ello implica que las autoridades israelíes deberían elegir entre cuatro opciones:

  1. Crear una “zona de seguridad” similar a la existente anteriormente en el Líbano meridional con el objetivo de que perviva la situación actual de división del país en esferas de influencia, pero manteniendo la presión militar sobre Irán.
  2. Similar a la anterior, pero logrando un acuerdo tácito a través de la mediación rusa para que Irán limite su presencia en Siria.
  3. Permitir a Assad recuperar el control del Golán Oriental a cambio de ciertas garantías, con el fin de restaurar la calma que caracterizó esa zona hasta el inicio de la guerra civil.
  4. En algunos círculos israelíes y norteamericanos se plantea la posibilidad de un acuerdo con Rusia, marginando tanto al régimen sirio como a Irán. Esto reforzaría la anexión israelí del Golán, pero implicaría otorgar compensaciones a Moscú.

En cualquier caso, a medida que avanza el conflicto sirio, la cuestión del Golán pasará a ocupar de nuevo un lugar central en la diplomacia del Oriente Medio. Pero la abundancia de incidentes armados entre Irán e Israel y la ausencia de unas claras reglas del juego en su equilibrio de disuasión mutua pueden provocar escaladas de violencia no deseadas por ningún actor.

Javier Lion Bustillo es Profesor Colaborador Asociado Doctor (Departamento de Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia de Comillas) y Profesor Asociado (Departamento de Historia, Teorías y Geografía Políticas, Universidad Complutense). Estancias de investigación (London School of Economics) y profesor visitante (Universidad de Coimbra). Entre sus publicaciones, La Comunidad Europea y la unificación alemana.

Foto obtenida de nepaljapan.com

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