Aportaciones de Frida Kahlo al movimiento feminista, por Ester Ruiz Giménez

Frida Kahlo cambió por completo nuestra forma de entender el arte contemporáneo y redefinió la creación dentro del arte mexicano. Fue transgresora, innovadora, supo plasmar en el lienzo su particular forma de ver el mundo a través de colores, metáforas y referencias. Tuvo una mente brillante, curiosa, inventiva y muy sufrida que supo reflejar en su pintura, deconstruyendo el arte de una forma que pocos artistas pueden afirmar haber hecho. Especialmente a raíz de la tercera ola feminista, Frida Kahlo ha vuelto con mayor voz y peso que nunca. Su pintura refleja gran parte de los ideales que el feminismo defiende, y hoy en día es icono y modelo reivindicativo dentro del movimiento.

¿Qué elementos feministas podemos encontrar en su pintura? ¿Por qué décadas después de su muerte sigue más presente que nunca? Para responder a estas preguntas debemos tener muy presente la fuerte vinculación que Frida tenía con el partido comunista, su activismo político, la influencia de su marido, Diego Rivera, y el constante contacto con las vanguardias de principios de siglo, que marcaron y condicionaron su pintura. Podríamos afirmar que su obra va a caballo entre el surrealismo y la reivindicación feminista ya que, dependiendo de cómo se argumente, su obra ha sido clasificada como ambas. No obstante, lo que no se puede negar es la poderosa simbología que se oculta tras sus lienzos, podemos observar temáticas como la “descosificación” de la imagen de la mujer, el desnudo libre de connotaciones sexuales, el tratamiento de tabúes en torno a la naturaleza femenina (como la menstruación), su conexión con la Pachamama, la visibilidad el dolor…

 

Ilustración 1: Pensando en Diego (1943)

En Pensando en Diego podemos ver a Frida vestida con las ropas típicas tehuanas, que sirven para reforzar su fuerte identidad mestiza. Esta obra puede considerarse como feminista en tanto que pone en duda las ideas de “masculinidad” y “feminidad”, y la forma en que la intersección de las mismas define los roles de género. Frida nunca quiso encasillarse, lo que la llevó a retratarse exagerando su vello facial y los rasgos más masculinos de su rostro, elemento distintivo en su estilo artístico.

 

Ilustración 2: Mi nacimiento (1932)

Pocas obras antes de Mi nacimiento han tratado el tema de dar a luz de manera tan explícita. Frida representa “la herida abierta” de forma natural, libre de connotaciones sexuales, emancipando el cuerpo de la mujer y retratándolo en su máximo esplendor: dar vida. Redefine el desnudo en este cuadro, lo hace suyo. Mi nacimiento es revolucionario porque reta a los tabúes sociales que manan del heteropatriarcado, los que nos enseñan a sentir “asco” al ver una imagen de este tipo, cuando en realidad nuestro primer impulso sería sentir fascinación. Tras su grave accidente, Frida nunca pudo tener hijos y para ella el tema de la maternidad era muy recurrente en su pintura. Frida se sentía plenamente mujer sin poseer uno de los rasgos que más se asocia con lo femenino. Si quisiéramos darle una intralectura a esta temática podríamos asociar estas líneas de pensamiento con reflexiones sobre lo que nos hace hombres y mujeres. Frida puede considerarse referente del movimiento transexual al jugar con los géneros y al empoderarse y reafirmarse como mujer aunque no pudiera tener hijos.

 

Ilustración 3: La columna rota (1944)

En La columna rota Frida representa la penetración del cuerpo: por el accidente, las operaciones, la medicina moderna, las máquinas, el patriarcado… es una profunda metáfora del dolor, de todo lo que ella tenía que sufrir día a día por culpa de la operación. Este cuadro puede clasificarse como feminista porque es una muestra de valentía ante la adversidad y un acto de verdadero empoderamiento. A través de esta obra Frida afirma que el “falocentrismo” no puede definir su propio cuerpo.

La pintura de Frida Kahlo, ya fuera con ese propósito o no, contiene demasiados elementos propios del feminismo como para poder desvincular su figura de la del movimiento. Quienes abogan por centrar el análisis de su obra en los acontecimientos de su vida como único motor de su arte, le están restando importancia al mensaje que subyace tras la obra de Frida. Es un ejemplo de liberación, de empoderamiento, de ruptura con los cánones y los roles de género, de abrazar nuestra propia identidad sin tapujos. Ella retrata el mundo tal y como lo ve, ya sea triste o alegre, el arte no tiene que ser bello, no está concebido para agradar, sino para comunicar.

 

Ester Ruiz Giménez es estudiante de Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación en la Universidad Pontificia de Comillas. Ha realizado cursos de escritura creativa y de historia del arte. Colabora con la editorial malagueña Mitad Doble con la que ha publicado en varias ocasiones. Ha realizado trabajos de voluntariado con British Heart Foundation y Cudeca. Actualmente participa de un programa de prácticas internacionales en el departamento de Global Engagement en la Universidad de Surrey, Guilford.

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