La izquierda centroamericana y su relación con los pueblos indígenas de la región. Discurso y práctica de FSLN y FMLN, por Carmen Martínez Rodríguez

Los grandes avances tecnológicos experimentados en las últimas décadas han dado voz a diferentes comunidades marginadas. Gracias a la posibilidad de unirse a nivel internacional, estas comunidades han sobrepasado fronteras y se han convertido en un nuevo tipo de agente de estudio, movimientos sociales con vocación global. Este es el caso de los pueblos indígenas. La década de 1980 dio un marco internacional más favorable por la variedad de entidades comprometidas con cubrir las esferas sociales demandadas donde los Estados no llegaban.

En este contexto, durante el periodo de 2009 a 2015, coinciden en el poder de Nicaragua y El Salvador dos Gobiernos de izquierda con un pasado guerrillero muy similar, el FSLN y el FMLN respectivamente. La victoria democrática de estos Gobiernos a comienzos del siglo XXI se enmarca dentro del movimiento progresista latinoamericano conocido como “New Left”. Es por eso que en materia de inclusión de grupos marginados existió en ambos países cierto júbilo y buenas expectativas con la llegada de estos partidos tras décadas de Gobiernos liberales.

Sin embargo, son dos Estados que se ubican en diferentes puntos del largo camino de interacciones entre pueblos indígenas y Gobiernos que se tiene que dar para alcanzar una relación amistosa y de respeto mutuo. Por una parte, en la historia contemporánea de Nicaragua existe una mayor tradición en el reconocimiento de comunidades indígenas que se remonta al Estatuto de Autonomía de las regiones del Atlántico en 1987. Mientras que, en El Salvador, este reconocimiento ha venido de la mano del FMLN desde su elección democrática en 2009. Es por eso que las realidades de las dos regiones en materia de respeto a los derechos indígenas y en materia de demandas provenientes de estas comunidades se articulan de manera muy diferente.

Aun así, sin importar el nivel de avance en el que se encuentre cada país, en ambos casos se dan progresos formales por parte del Gobierno, ya sean declaraciones oficiales a favor del reconocimiento y respeto indígena, disculpas por su histórica marginación o normativa legal al respecto. Aunque esto no se traduce en mejoras reales pues los puntos clave y la materia de las demandas no son correctamente atendidos. En el caso de Nicaragua, en relación con el Derecho a la Tierra y Recursos Naturales se ha identificado el no cumplimiento de la fase de saneamiento y, con respecto al Derecho de Educación Indígena, la falta de autonomía en dichos sistemas educativos. Estos dos elementos no permiten avanzar y realmente alcanzar la mejora en el nivel de vida para estas comunidades en Nicaragua. Por otra parte, en El Salvador, la no ratificación del Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales evita que las “buenas palabras” del Gobierno se materialicen en acciones públicas a favor de estos pueblos. En este caso, no hay una necesidad de avanzar en materia legal al no existir una presión fuerte como pudiese ser la obligatoriedad de adaptar la normativa nacional a la del Convenio Internacional.

La falta de respuesta de los partidos a las demandas nativas y los recurrentes retos a los que se enfrentan las comunidades indígenas en sus esferas de actuación contribuyen a que se pueda afirmar la hipótesis de la investigación: “Los puentes encontrados, a nivel discursivo entre los Gobiernos del FSLN y el FMLN y los pueblos indígenas, no se traducen en acciones que realmente mejoren los derechos y las políticas públicas hacia los indígenas”.

La repercusión de este descubrimiento sobrepasa el mero porvenir de las comunidades indígenas de Nicaragua y El Salvador. Esta falta de una suficiente participación y consideración en la vida política de un grupo de la sociedad dificulta la interculturalidad y el conocimiento de este colectivo excluido, no sólo por el Gobierno sino también por el resto de la sociedad civil. Esto es de hecho, una de las causas tradicionales de la ausencia de respeto a las culturas indígenas, el desconocimiento y la falta de entendimiento de las dinámicas originarias para poder actuar e implementar acciones de mejora. Esta sensibilización por parte de toda la sociedad requiere tiempo en asimilarse. Aun así, la tendencia de apertura y visibilidad, que se está dando en el subcontinente gracias a Gobiernos más comprometidos y a la influencia internacional de actores no estatales, es motivo de celebración.

 

 

Carmen Martínez Rodríguez es recién graduada del doble grado de Administración y Dirección de Empresas y Relaciones Internacionales (E-6) en la Universidad Pontificia de Comillas. Este último año ha sido alumna colaboradora de la Cátedra de América Latina donde ha apoyado tanto en tareas de investigación como en los cursos de dicha Cátedra. Su futuro se encamina a ampliar sus conocimientos en el ámbito de la economía financiera.

 

Foto: elmundo.com.sv

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