Brasil multicolor: pasado, presente y futuro del gigante latinoamericano, por Carlos Checa

Brasil, el Estado más grande de todo América Latina, es hogar de la fiesta, del carnaval, del café, del fútbol y de una amplia y variada población (cerca de 210 millones de habitantes) con diversas raíces, que conforman el segundo Estado más poblado del continente, solo por detrás de los Estados Unidos, y el quinto Estado más grande del mundo, con más de 8,5 millones de kilómetros cuadrados de superficie. Su gran tamaño y su historia reciente han sido elementos clave que han influido en las características de su población, una de las más heterogéneas del planeta.

Como el resto de Estados de América, Brasil fue objeto de colonización y explotación durante cerca de cuatrocientos años. Las poblaciones indígenas originales previas al dominio portugués, si bien fueron diezmadas, no se extinguieron tras su llegada. Al igual que en casi toda América Latina, se produjo una mezcla entre europeos y nativos, nació el concepto del mestizaje y la raza dejó de ser una idea tan concreta y evidente. Los mal llamados ‘indios’ fueron esclavizados, pero la escasa mano de obra que representaban en comparación con la alta demanda de caña de azúcar y otras materia primas, llevó a la importación de esclavos de África. Cientos de miles de africanos (negros) llegaron obligados a Brasil para ponerse al servicio de los colonos. Hoy en día representan un gran porcentaje de la población del país.

Otro hecho histórico de suma relevancia, y muy común también en varios países de América Latina, es el de las migraciones de europeos (blancos) al continente en busca de las oportunidades que sus países de origen no les otorgaban; a las que le siguieron migraciones de otros países latinoamericanos. Por último, cabe mencionar que la mayor población nipona fuera de Japón se encuentra en Brasil ya que cientos de miles de japoneses inmigraron al gigante latino durante el siglo XX, por los mismos motivos que sus homólogos europeos. Por todo lo indicado anteriormente, y repitiendo la tesis inicial, Brasil es uno de los Estados con mayor diversidad étnica del mundo.

Cuando hablamos de indígenas brasileños, nos referimos al conjunto de grupos étnicos que habitan Brasil desde antes de su ‘descubrimiento’ en 1500. Muchos de estos grupos consistían en tribus seminómadas cuya economía se basaba en la caza, la pesca y en la agricultura migratoria, y se distribuían mayoritariamente a lo largo del litoral brasileño, y algunas tribus en zonas del interior. El número de indígenas es difícil de estimar, mas ciertos estudios establecen una cifra situada entre uno y tres millones de habitantes autóctonos. Aproximadamente nueve de cada diez aborígenes originales murieron por las enfermedades que trajeron consigo los portugueses, hecho que se repitió a lo largo del continente americano, desde Canadá hasta la Patagonia.

El aumento de la demanda de recursos naturales, tales como el palo de Brasil y la caña de azúcar, desde Europa, sumado a la escasa mano de obra aportada por los indígenas —que trabajaban de forma forzada— representó el inicio del comercio de esclavos importados desde África. En 1570, los primeros barcos negreros atracaban en Brasil, y no dejarían de hacerlo hasta tres siglos más tarde, cuando el comercio transatlántico de esclavos fue finalmente abolido en Brasil. Entre estas dos fechas, de cuatro a cinco millones de africanos fueron capturados y vendidos a modo de mano de obra para trabajar en las plantaciones y en las minas del país. Brasil fue la región del mundo donde más esclavos desembarcaron y representa casi la mitad del total del comercio de trabajadores forzados procedentes del continente africano. Fue la Ley Áurea de 1888 la que abolió de forma oficial la esclavitud en el gigante latinoamericano.

Entonces, la población de Brasil estaba compuesta por distintos grupos étnicos: los indígenas, los portugueses (caucásicos/blancos) y los africanos (negros). El Brasil coetáneo está formado por estas mismas etnias, por sus mezclas, y además, se pueden hacer distinciones de otras nacionalidades que se han ido incorporando a lo largo de procesos migratorios durante toda la historia contemporánea —de forma notable entre los siglos XIX y XX— , entre las que destacan la alemana, la española, la italiana y la japonesa. El Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística (IBGE) establece los siguientes criterios para dividir la población según la etnia o raza: blanca; negra y parda (que vamos a considerar ‘negros’); asiática e indígena. Los indígenas, que un día representaron el total de la población de Brasil, ahora, apenas cinco siglos después de su ‘descubrimiento’, tan sólo conforman el 0,38 %, siendo la etnia menos numerosa de todo el Estado. Cerca del 45 % de los habitantes (unos 93 millones) son blancos y aunque esta cifra parezca elevada, sigue sin representar al mayor grupo étnico del país. Son los descendientes de los esclavos la mayoría étnica de Brasil, superando por casi diez puntos al grupo anterior (54 % del total). Por último, hay 968 000 asiáticos en Brasil y, al igual que los indígenas, representan un porcentaje ínfimo del total de la población.

En suma, la pluralidad étnica del gigante en la actualidad demuestra que la convivencia y la integración de personas aparentemente distintas entre sí es posible. Si bien, elementos como la desigualdad, el racismo, o las altas tasas de criminalidad afectan en menor o mayor medida a los distintos grupos étnicos, Brasil ha logrado grandes avances sociales en muy poco tiempo y, de esta forma, podría convertirse en todo un referente mundial para generar sociedades más tolerantes y abiertas, donde no se reconozca un fenotipo único y marcado, sino mezcla y disparidad.

 

Carlos Checa Chiclana es estudiante de Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación en la Universidad Pontificia de Comillas y actualmente cuenta con una beca de investigación de la Universidad gracias a la cual participa de forma activa ayudando a los investigadores del proyecto de traducción RetraRec que está llevando a cabo dicho departamento de la Universidad. También trabaja como becario de la decana de la Facultad de Ciencias Humanas y Sociales. Con español, inglés y alemán como lenguas de trabajo, ha estudiado en la Universidad Ateneo de Manila (Filipinas) y en la Freie Universität Berlin (Alemania).

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