El Euroescepticismo en el discurso y en la práctica. Análisis de la congruencia política de Podemos y UKIP a través de su comportamiento en el Parlamento Europeo, por Claudia Santamaría

Tratar en una investigación la congruencia política de un partido presenta algunas complicaciones. ¿Qué es la congruencia? ¿Es la alineación de palabras y hechos? ¿La efectividad de representación? Pero lo más importante, ¿con que parámetros e indicadores la medimos? En el terreno de la Unión Europea, la congruencia de partidos críticos adquiere aún mayor porosidad por la tan debatida distancia entre ciudadanos y élites, o la misma heterogeneidad del ideario euroescéptico. Sin embargo, la necesidad de análisis es fundamental para el correcto desarrollo de la UE y sus garantías democráticas.

Los rostros que puede adquirir el euroescepticismo son diversos. La literatura se ha esforzado en definir su origen, pero también los factores propiciadores y sus diversas tipologías. De la última la más común resulta del binomio “Soft-Hard”. Para representarlo se escoge a Podemos, autodefinido como “europeísta crítico” (soft) y a UKIP, máximo exponente del euroescepticismo radical (hard). Asimismo, ambos manifiestan la dicotomía entre euroescepticismo de «izquierdas» y de “derechas”. La pregunta de investigación atiende a ¿cómo se desenvuelven los eurodiputados euroescépticos, según si son soft hard, en el Parlamento Europeo, y cómo de efectiva es la representación de sus votantes?

Para poder responder a tan amplia cuestión, primero se analiza el discurso de Podemos y UKIP a través de entrevistas a asistentes y eurodiputados, junto con el manifiesto para las elecciones al Parlamento Europeo (PE) de 2014. Esto indicaría la intención del votante al elegir dicho partido. Después, se sintetiza su práctica a través de un modelo de indicadores de intervención parlamentaria. Este modelo se basa en los datos que recoge www.mepranking.eu sobre la actividad parlamentaria de cada eurodiputado. Para la investigación se ordenan haciendo sumatorios que respondan a unas categorías propias como la asistencia o el comportamiento emprendedor. Los datos se comparan con el desempeño medio de su grupo parlamentario. Por último, llegar a la congruencia pasa por contrastar ambas líneas de estudio. El análisis cualitativo y la síntesis cuantitativa permite comprobar una premisa sencilla pero útil de congruencia: cualquier contribuyente desea que el eurodiputado que le representa trabaje éticamente (sea cuál sea su ideario) por el dinero que recibe [1].

El análisis del caso Podemos sostiene que nacen de una acción punitiva a los viejos partidos del establishment. El análisis parece descubrir que su papel como eurodiputados euroescépticos soft en el PE es congruente. Acercan a la sociedad a través de la mediación, concienciación y divulgación. Sus 5 eurodiputados buscan desviar la inercia economicista de legislaciones participando activamente en informes. El hecho de que el grupo de Podemos se encuentre por encima de la media en actividad muestra que cumplen con la labor que el electorado les otorgó; trabajan por la UE siendo críticos con ella. La única categoría con menor sumatorio, la del nivel de asistencia, cuenta con un 87,26 % frente al 88,30 % de la media. Sin embargo, Podemos tiene un compromiso interno por el que cobran 3 salarios mínimos interprofesionales y devuelven de las dietas; por ello, no es necesario que firmen su asistencia, mecanismo que garantiza las dietas [2]. En definitiva, si el partido era votado para acercar las voces ciudadanas al PE y equilibrar procesos del establishment desde un margen, Podemos cumple con su cometido. Si bien la evidencia hasta la fecha dice así, debemos recordar que quizá la congruencia política es más fácil de llevar a cabo en un grupo reducido como Podemos.

En cuanto a UKIP el análisis desvela hallazgos interesantes. Su congruencia en términos absolutos es total. El votante buscaba recuperar la soberanía nacional y así procedieron con Brexit. Pero, ¿los medios justifican el fin? Este es un aspecto debatible según el ideario del lector. Analizar el caso UKIP suscita muchas preguntas sin respuestas claras. En cuanto al análisis cuantitativo, la gran mayoría de sus eurodiputados se encuentran por debajo de la media en las categorías. Naturalmente, alguien refractario a la UE no realizará un trabajo proactivo en ella, pero, ¿recibiendo el mismo salario de los contribuyentes? ¿rechazando sus puestos políticos al conseguir su fin sin ninguna responsabilidad posterior? ¿generando una opacidad en el diálogo previo al referéndum, sin garantías, y sintetizando muchos de los males de Reino Unido en el discurso euroescéptico? Quizá el euroescepticismo harden el PE esté abocado a una mayor incongruencia relativa porque su núcleo fundacional, antitético a la UE, se alimenta y beneficia del buen funcionamiento de la misma. Mitigar este gap podría pasar por ser consecuentes con las compensaciones económicas que reciben (por supuesto cuestionable) de unos contribuyentes a los que, originalmente, buscaban defender de la mala gestión de unas élites corruptas. Quizá la paradoja del Brexit está en que el control democrático de su desempeño se difumina con su esencial naturaleza disruptiva.

La Unión Europea alberga y albergará euroescépticos. En el ejercicio de su libertad democrática podrán juzgarla e incluso desvincularse de ella, manteniendo una congruencia (sin matices) entre discurso y práctica. No obstante, la demagogia, las falacias o la ausencia de responsabilidad, nunca podrán ser justificadas si lo que se persigue es una democracia real. Del éxito de aquellos que consiguieron lo insólito se puede y debe aprender y cuestionar, para así poder ofrecer una mejorada Unión Europea a aquellos que se sintieron desplazados, asustados y traicionados por el sistema de la globalización.

 

Referencias citadas:

[1] Europe for Citizens Programme. (2013). EU Citizens Opinion Poll on Transparency, Ethics, and Lobbying in the EU. European Commission.

[2]Entrevista a Maestu, E. (16 de noviembre de 2017). Asistente de la eurodiputada Tania González. (C. Santamaría, Entrevistador)

 

Claudia Santamaría es graduada por la Universidad Pontificia de Comillas en el doble Grado en Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación. Ha trabajado para la Asociación Española de Corresponsales de Prensa y como traductora para el Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad. Habiendo trabajado y estudiado en países como Francia, Australia, Inglaterra o Chipre continúa su carrera internacional en la actualidad colaborando con proyectos de Erasmus+.

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