Venezuela: el dardo en el talón del regionalismo latinoamericano, por Anna Ayuso

Cuando hace diez años, el 23 de mayo de 2008, se creó la UNASUR, una nueva oleada de regionalismo recorría Latinoamérica. Fue denominado regionalismo poshegemónico o posliberal y su rasgo común era que ponía el acento en la autonomía regional y en el revisionismo de las estructuras de integración regional previas como Mercosur o la Comunidad Andina. Unasur no fue el único exponente, la ALBA impulsada por Venezuela y Cuba, o la CELAC que agrupa a toda América Latina y el Caribe se proponían como nuevos paradigmas de cooperación regional que al tiempo cuestionaba el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la tradicional potencia hegemónica en la región, los Estados Unidos. Diez años después el panorama es muy distinto.

El 20 de abril, a solo 3 días del décimo aniversario de la firma del tratado de UNASUR, 6 de los 12 países miembros decidieron suspender temporalmente su participación en la organización. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú fraguaron la decisión en la VIII Cumbre de las Américas celebrada en Lima el 13 y 14 de abril, cita a la que el presidente Maduro no fue invitado. Todos ellos forman parte del Grupo de Lima que incluye a 17 países americanos, incluidos México y Panamá y que se constituyó en la voz de la oposición regional frente a la crisis política y humanitaria en Venezuela ante la inacción de UNASUR. Este nuevo episodio ocurre después de que Venezuela y Bolivia hayan bloqueado durante más de un año el nombramiento como secretario general al argentino José Octavio Bordón, el único candidato al puesto tras acabar el mandato del colombiano Ernesto Samper. Este último impulsó un intento de mediación internacional en Venezuela para potenciar el diálogo con la oposición que fracasó al no haber ningún acuerdo entre las partes.

El colapso de UNASUR es consecuencia de una fractura política en la región que ha dañado en la línea de flotación a uno de los que fueron buques insignia de la cooperación regional que impulsaba la creación de un espacio sudamericano con el liderazgo de Brasil y Venezuela. Dos países que, aunque con distinta intensidad, atraviesan situaciones internas difíciles. Mientras Brasil, tras la destitución de la presidenta Dilma Rousseff, se acerca en un clima polarizado hacia unas elecciones que deberían clarificar un nuevo panorama político, Venezuela con tres polémicas elecciones acusada de fraudulentas por la oposición camina hacia un creciente aislamiento político. La crisis venezolana también afecta a la CELAC que no pudo encontrar un consenso para convocar una Cumbre extraordinaria sobre Venezuela solicitada por dicho país en agosto de 2017. La falta de consenso sobre Venezuela también provocó el aplazamiento sine die de la Cumbre de la CELAC con la Unión Europea previsto en octubre de 2017.

Más allá de la coyuntura, muchos analistas coinciden en achacar la crisis de UNASUR a un pecado original en su concepción como organismo sin una estructura institucional fuerte y con un proceso de toma de decisiones que obliga al consenso y es excesivamente dependiente de la voluntad política de los jefes de estado y de Gobiernos. Para algunos como analistas como Detlef Nolte y Victor M. Mijares, el germen de la crisis actual está en la falta de consenso en los valores comunes que se une a factores como la falta de liderazgo regional y la fractura geopolítica de Sudamérica que aboca a una “deconstrucción” de la idea de una Sudamérica Unida. Otros autores como José Antonio Sanahuja y Nicolás Comini en cambio tienden a verlo más como una “maniobra de presión” que se podría desbloquear si se llega a un acuerdo para nombrar a un nuevo secretario general y se pone el acento en el acervo de los distintos foros de cooperación y concertación que se han ido desarrollando.

Bolivia, país que actualmente ocupa la secretaria pro tempore afirma que intentará desbloquear la situación, pero no parece ayudar alineándose con la posición de bloqueo venezolana. El mal viene de atrás, cuando se utilizó la institución para impulsar un proyecto político ideológico y se impidió que la UNASUR fuera un catalizador de una convergencia de Mercosur y la Comunidad Andina. Eso  fue el detonante del desmembramiento de la CAN y de la creación de la Alianza del Pacífico dando lugar a numerosas estructuras superpuestas en competencia. Para que UNASUR vuelva a ser relevante tiene que repensar su esencia y razón de ser. Como señaló recientemente el profesor ecuatoriano Adrián Bonilla en un panel del Congreso de la Latin American Studies Association 2018 celebrado en Barcelona en mayo, es difícil que un foro político sirva como instrumento de cooperación. Se refería a la CELAC, pero puede aplicarse también a UNASUR; si la institución se convierte en un campo de batalla ideológico sus días están contados como organismo de cooperación.

Anna Ayuso Pozo es doctora en Derecho Internacional Público y Máster en Estudios Europeos por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). Investigadora sénior para América Latina de CIDOB donde coordinó el Programa América Latina (2002-2009) y el Área de Cooperación internacional (1996-2002). Profesora asociada en la UAB de Derecho Internacional Público. Profesora asociada del Instituto Barcelona de Estudios Internacionales (IBEI). Miembro del equipo de investigación DIE-EURJAIDI de la UAB (2014-2016). Miembro del Consejo Editorial de la Revista CIDOB d’ Afers Internacionals; el Consejo Consultivo de la Revista Mural Internacional de la Universidade do Estado do Río de Janeiro; el Consejo de Redacción del Anuario CIDOB de Relaciones internacionales; y el Consejo Académico del Proyecto FLACSO-España. Estancias de Investigación en Fundaçao Getulio Vargas de Rio de Janeiro; Colegio de México y a la Oficina Técnica de Cooperación Española en México DF; “School of Oriental and African Studies” de Londres; el “Institute of Development Studies” University of Susex; el “Deutches Institut für Entwicklungspolitik” de Berlín. Experiencia en informes y consultorías para diversas instituciones españolas y de la UE.

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