Trump y Peña Nieto ¿nuevamente vecinos distantes?, por Nalia Rochin

La conducción de la política exterior mexicana bajo el mandato de Enrique Peña Nieto puede calificarse de ser una de “cambios y continuidades”. Sin embargo el Gobierno de Peña ha tenido que hacer frente a lo que ninguno de los otros mandatarios del México contemporáneo enfrentó. La victoria de Donald Trump ha significado un durísimo golpe para, la hasta entonces, cordial relación de vecindad.

A lo largo de toda la campaña, Trump insultó a los mexicanos, prometió construir un muro en la frontera y obligar al Gobierno mexicano a financiarlo, se comprometió a expulsar a miles de mexicanos indocumentados, y entre otras cosas, dejó clara su intención de terminar con el TLCAN. Pese a ello, aún siendo candidato, Trump fue invitado a México en agosto de 2016. El país se sintió humillado. Una visita polémica, con un alto costo político, y de la cual, el mismo presidente Peña se arrepentiría tiempo después admitiendo: “fue una decisión acelerada”.

A más de un año de su toma de posesión, Trump no ha vuelto a pisar suelo mexicano; tampoco Peña ha sido recibido en la Casa Blanca, a pesar de las intensas labores diplomáticas desde ambos frentes. Los mandatarios solo se han encontrado dos veces, cuando Trump era candidato, y brevemente en Hamburgo en el marco del G-20. Hay que tomar en cuenta que, después de la Segunda Guerra Mundial, todos los presidentes norteamericanos han visitado México. En 2017 se anunció una visita de Peña a Trump, pero este último dejó claro en Twitter que si el presidente de México no estaba dispuesto a pagar por el muro fronterizo, no merecía la pena que viajara a Washington. Como era de esperarse, el Gobierno mexicano respondió cancelando inmediatamente la visita.

La asidua costumbre de Trump de despotricar contra México, ya sea en actos públicos o en Twitter, ha ocasionado que la política exterior mexicana se haya convertido en una política de contención para hacer frente a las constantes amenazas del presidente estadounidense. Cada declaración de Trump, inevitablemente provoca una reacción desde el Gobierno de México. La misma suele oscilar entre la conciliación y la defensa del orgullo nacional. La realidad es que el peso mexicano sufre frente al tipo de cambio respecto al dólar con cada declaración.

El punto más álgido llegó con los primeros meses de 2018, en medio de la ya de por sí difícil renegociación del TLCAN y en plena campaña electoral mexicana. En febrero, tras una áspera conversación telefónica Peña optó por cancelar nuevamente su visita a Washington. ¿El tema de la discordia? El muro. Según afirmó Trump en marzo, Peña le solicitó hacer una declaración pública de que México no pagaría por el muro fronterizo. La respuesta de Trump según sus propias palabras fue: “¿Estás loco? No haré una declaración de ese tipo”. En una medida aparentemente de conciliación, Jared Kushner viajó a México donde fue recibido por el presidente. Una acción duramente criticada por la sociedad mexicana. Sin embargo, a pesar de dicha visita, y a raíz de la caravana migrante que recorría el país, Trump volvió a arremeter contra México, al grado de amenazar con la militarización de la frontera. Lo anterior generó nuevamente una ola de indignación en el país.

Finalmente, y en un hecho inédito, Peña mandó un mensaje criticando enérgicamente a Trump, calificando de “ofensivos e infundados” sus ataques a México y sugiriéndole a su contraparte estadounidense  centrarse en cuestiones de política interna en lugar de atacar a su vecino. Una defensa digna del país, que provocó algo que parecía impensable, la unidad nacional. Todos los candidatos presidenciables celebraron y apoyaron el mensaje de presidencia. Sin embargo, aunque digna y enérgica, la defensa llega tarde.

En cierta medida, la política de contención surtió efecto, pues las renegociaciones del TLCAN no se suspendieron, pese a las constantes amenazas, y el desplome del peso llegó a controlarse. Pero es de esperarse que los ataques de Trump no solo continúen los próximos meses, sino que se recrudezcan. La retórica antiinmigrante y antimexicana de Trump alienta la construcción del muro, convierte al TLCAN en una moneda de cambio, le da a Trump argumentos para recortar la ayuda internacional y particularmente alienta a su base electoral, lo que puede impulsar a los republicanos en las elecciones de medio término, y a la larga asegurar una posible reelección.  Ahora, más que antes, parece que México y Estados Unidos son efectivamente “vecinos distantes”.

 

Nalia Rochin es socia fundadora de Biderbost, Boscán & Rochin (BB&R). Profesora de la Universidad Autónoma de Baja California y de la Universidad del Valle de México. Investigadora en importantes proyectos relacionados al desarrollo local y a la administración pública en la frontera de México con Estados Unidos, auspiciados por la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Autónoma de Baja California y por el Colegio de la Frontera Norte (México). Miembro del Programa “Iberoamérica soy yo: relatos de migración”, Universidad de Salamanca.  Asesora en cuestiones de gobierno y políticas públicas. Actualmente investiga sobre las tendencias de la cooperación internacional para la facilitación del desarrollo político en América Latina. Posee una Maestría en Relaciones Económicas Internacionales y Cooperación, Universidad de Guadalajara (México). Cuenta con un diploma de posgrado en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Salamanca (España). Es Licenciada en Relaciones Internacionales, Mención Relaciones Sociopolíticas Internacionales, Universidad Autónoma de Baja California (México). Obtuvo el Premio al Mérito Estudiantil de la Universidad Autónoma de Baja California como el más alto promedio de su promoción. 

 

La foto que acompaña al artículo fue tomada en México durante una protesta en sus calles contra su Gobierno y contra Trump.

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