Abe Shinzô y el artículo 9 de la Constitución de Japón, por Ana Trujillo

En una entrevista concedida recientemente por el primer ministro de Japón, Abe Shinzô (Japan Times, 5 de febrero de 2018) el mandatario insistía con gran contundencia sobre uno de los puntos fundamentales de su agenda política: la reforma de la Constitución de Japón en lo referido al artículo 9 para poner fin, entre otras cuestiones, a la aparente incompatibilidad entre este artículo de la Constitución y la existencia de las Fuerzas de Autodefensa de Japón. Esta cuestión ha generado un conflicto político en Japón, aún sin resolver, y es un asunto de vital importancia para entender el desarrollo histórico y político del país desde el final de la Segunda Guerra Mundial y hasta la actualidad. Según resaltaba Abe Shinzô en dicha entrevista, la reforma de la Constitución y su artículo 9 ha sido uno de los objetivos del Partido Liberal Democrático desde su fundación en 1955. A pesar de que la revisión del artículo 9 ha sido una de las aspiraciones del PLD, la principal fuerza política de Japón desde la posguerra, es también cierto que uno de los pilares de la identidad nacional de Japón ha sido la apuesta por el pacifismo. Es fundamental, por tanto, entender el origen de este conflicto político.

La Constitución de Japón fue promulgada en 1946, poco tiempo después de su rendición incondicional. Esta constitución, que suele ser denominada la “Constitución de la Paz”, fue impuesta por las fuerzas de ocupación norteamericanas, cuya presencia y autoridad en Japón se prolongó hasta 1952. Dos de los objetivos principales de las fuerzas de ocupación fueron la democratización de Japón y su desmilitarización, para así alejar el peligro de un nuevo ascenso imperialista japonés. Estos objetivos quedaban perfectamente reflejados en la nueva Constitución. Por una parte, en su preámbulo, la nación japonesa declaraba su aspiración a convertirse en una nación pacifista: “Nosotros, el pueblo japonés, deseamos una paz duradera y, profundamente conscientes de los altos ideales que controlan las relaciones humanas, hemos resuelto preservar nuestra seguridad y existencia, confiados en la justicia y la buena fe de los pueblos amantes de la paz”. Por otro lado, por medio del artículo noveno de la Constitución, Japón renunciaba a la guerra como derecho soberano y al mantenimiento de fuerzas militares: “(…) no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco potencial bélico. El derecho de beligerancia del estado no será reconocido”.

A pesar de esta expresa defensa de la paz y del claro rechazo a la existencia de fuerzas armadas de cualquier tipo, Japón cuenta con las denominadas Fuerzas de Autodefensa, que fueron creadas a principios de los años 50. En ese momento, el contexto geopolítico había cambiado radicalmente. La Constitución de Japón había sido ratificada con el recuerdo de la Guerra del Pacífico y del imperialismo japonés todavía muy presentes. Con el inicio de la Guerra de Corea en 1950 se produjo el desplazamiento de gran parte de las fuerzas norteamericanas que participaban en la defensa de Japón a la península coreana, dejando a Japón prácticamente desprotegida.  Es en ese momento cuando Japón aceptó la creación de una Reserva Nacional de Policía. En el contexto de la entrada en vigor del Tratado de Paz de San Francisco, que ponía fin a la ocupación norteamericana del territorio japonés, y del Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón (1952), estas fuerzas se acabarían transformando en las Fuerzas de Autodefensa en 1954. Desde el mismo momento de la creación de dichas fuerzas, y hasta el momento actual, se ha venido desarrollando un intenso debate en la sociedad japonesa entre aquellos que defienden la existencia de dichas fuerzas armadas y los que consideran que son anticonstitucionales.

En la actualidad se puede decir que Japón es una de las potencias militares más importantes del contexto asiático, aunque sus capacidades sean principalmente defensivas. Está por ver si Abe Shinzô va a lograr este objetivo prioritario que se ha marcado. Aunque previsiblemente obtendrá la mayoría necesaria en la Dieta Nacional para iniciar el proceso de reforma de la Constitución, después deberá convocar a la ciudadanía japonesa a votar en un referéndum. Si finalmente se convoca dicho referéndum, habrá que ver si el espíritu pacifista de la sociedad japonesa se impondrá sobre las aspiraciones del Partido Liberal Democrático, o si la creciente amenaza que representa la vecina Corea del Norte, o el ascenso militar de China, acabarán teniendo un impacto en la decisión del pueblo japonés.

Profesora Colaboradora Asociada del Departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad Pontificia de Comillas. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid, Master en Estudios Japoneses por SOAS (School of Oriental and African Studies, Londres) y Doctora en Historia del Arte por la Universidad Complutense de Madrid. Sus principales líneas de investigación son el arte y la cultura japonesa de los siglos XIX y XX y su relación con Occidente, indagando principalmente en cuestiones sobre la configuración de la identidad.

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