LA CRISIS DEL DOKLAM Y EL FUTURO DE LAS RELACIONES SINO-INDIAS, por Mario López Areu.

Durante más de dos meses este verano, los ejércitos de China y la India han mantenido una tensa confrontación en un remoto enclave del Himalaya, el alto del Doklam. Este incidente, que por fortuna ha acabado con una resolución pacífica, podría en cualquier momento haber derivado en una guerra abierta entre dos superpotencias militares con capacidad nuclear.

Aquí queremos ofrecer no sólo un breve análisis de la crisis, sino también apuntar a algunas de sus consecuencias para la relación entre China y la India, países que están llamados a liderar Asia en las próximas décadas.

La crisis del Doklam

El incidente de este verano tuvo su origen en el intento por parte del ejército chino de extender una carretera situada en el alto del Doklam, en la ambigua frontera sino-butanesa. El 18 de junio, un destacamento de más de 250 soldados del ejército indio entró en territorio butanés para frenar las obras chinas. La llegada de las tropas indias resultó en una tensa, aunque pacífica, confrontación entre ambos ejércitos hasta la resolución del conflicto el 28 de agosto, cuando los Gobiernos de ambos países retiraron sus destacamentos y se restauró el statu quo fronterizo.

El Gobierno chino defendió la legalidad de sus acciones arguyendo que el terreno por el que iba a discurrir la nueva carretera se encuentra dentro de su territorio nacional. Por su parte, el Gobierno indio argumentó que el alto del Doklam es un área en disputa dentro de un largo y viejo conflicto fronterizo entre la India, China y Bután. Más allá de las razones formales que cada bando esgrime para justificar sus acciones, en el centro del conflicto se encuentra la importante posición estratégica del alto del Doklam. Esta área se encuentra situada justo encima del llamado corredor del Siliguri, la estrecha manga de territorio indio que une la región del nordeste del país con el resto de la India. La nueva carretera hubiese dado a China una importante ventaja ofensiva para controlar el corredor en caso de conflicto; de ahí la rápida y contundente reacción del ejército indio al proyecto.

A pesar del inusualmente agresivo lenguaje utilizado por los Gobiernos y medios de comunicación de ambos países, la resolución pacífica del conflicto demuestra el poco apetito para una guerra abierta entre dos superpotencias que comparten más de 4.000km de frontera terrestre e importantes vínculos políticos y económicos. La celebración en septiembre de la cumbre de los BRICS en Xiamen (China), grupo al que ambos países pertenecen, y del XIX Congreso del Partido Comunista Chino este mes, hizo que finalmente China prefiriese no empañar ambos eventos y desistiese de llevar a cabo la obra, devolviendo la situación al frágil statu quo anterior.

Implicaciones a largo plazo para las relaciones sino-indias

La resolución del conflicto aparta a Asia, y al mundo, del abismo de una guerra abierta entre dos potencias nucleares. Pero las consecuencias a largo plazo de esta crisis para las relaciones sino-indias deben ser también tenidas en cuenta.

La principal consecuencia que se puede extraer de la crisis del Doklam es que la política territorial expansionista de China bajo el mandato de Xi Jinping ha chocado contra su primer gran obstáculo. En los últimos cinco años, China ha adoptado una política exterior más agresiva, a través de su expansión territorial y militar en el Mar del Sur de China, tensionando sus relaciones con vecinos como Japón, Filipinas o Vietnam. La contundente respuesta militar india al intento de China de actuar de manera similar en su frontera en el Himalaya supone que el Gobierno chino sepa que cualquier intento de modificar el statu quo unilateralmente en el futuro supondrá tener que asumir un alto riesgo de confrontación militar y la necesidad de consignar una importante cantidad de recursos.

La segunda consecuencia de la crisis de este verano ha sido la intensificación del denominado “dilema de la seguridad” (Robert Jervis) entre las dos superpotencias asiáticas, menoscabando las buenas y beneficiosas relaciones económicas entre ambos países. La desconfianza mutua que existe entre China y la India en relación a sus objetivos geoestratégicos está haciendo daño a sus principales proyectos económicos. En el caso de China, sus proyectos estrella el One Belt, One Road y la Ruta de la Seda Marítima se han encontrado con una fuerte oposición india. La India ve en estos proyectos un intento chino de irrumpir en su área de influencia en Asia Meridional y el Océano Índico. La participación china en proyectos de construcción de puertos marítimos en Myanmar (Kyauk Pyu), Sri Lanka (Hanbantota) y Pakistán (Gwadar) o las infraestructuras terrestres del llamado Corredor Económico China-Pakistán son vistos desde Nueva Delhi como parte de un proyecto chino de envolvimiento de la India. En el caso indio, el acercamiento económico y militar entre la India, EEUU y Japón, incluyendo maniobras militares conjuntas, y su agenda Act East Policy de intensificación de las relaciones con ASEAN y la región del Pacífico, son vistas por China como un intento de la India por actuar como poder contrahegemónico en Asia Oriental.

Esa desconfianza mutua y sus puntuales escaladas militares, como la de este verano en Doklam, dan lugar al debilitamiento de ambiciosos proyectos políticos y económicos comunes entre ambos países, tales como el del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, del que son sus principales contribuyentes, o la agenda de los BRICS en asuntos clave de la gobernanza global.

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