ESPAÑA UN PRESIDENTE DEL CONSEJO DE SEGURIDAD RESPONSABLE Y COMPROMETIDO, Por Alberto Priego

Por quinta vez -cuarta en democracia- España forma parte del Consejo de Seguridad de

las Naciones Unidas. Esta condición permite a nuestro país estar en posición de ejercer una notable influencia en la Sociedad Internacional. Además, durante el mes de octubre presidiremos las reuniones dicho consejo, lo que convierte al presente mes en uno de los más importantes del año para nuestra política exterior. Dos han sido las prioridades que se han marcado desde el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación para esta presidencia: la igualdad de género y la lucha contra el terrorismo. La segunda prioridad tiene como propuesta estrella la creación de un Tribunal Internacional contra el terrorismo, un proyecto ambicioso que nos indica mucho de cómo es la política exterior de España. De hecho, esta presidencia nos permite identificar una serie de características que son al mismo tiempo las líneas maestras de una política exterior de España que no ha variado en exceso, a pesar del paso de los años y de los ministros. De este modo, podemos identificar al menos cuatro grandes rasgos en esta presidencia que también están presentes en la política exterior de España:


  • Enfoque Normativo: Salvando la necesidad de defender el interés nacional, podemos afirmar que España trata de mantener un enfoque normativo o kantiano en su política exterior. Las palabras del Ministro García Margallo afirmando que la creación del citado tribunal es, ante todo, una “obligación moral” de España son un buen ejemplo de esta visión. Aunque no sea objeto de este artículo, la elección de la igualdad de género también puede servir para ilustrar este enfoque normativo y a veces postmoderno de la política exterior de España.
  • Diplomacia Estructural: Desde hace algunos años nuestro país ha abanderado exitosas e influyentes iniciativas internacionales entre las que podemos destacar la Conferencia de Paz de Oriente Medio (1991) -por cierto sin la presencia de Siria-, el Proceso de Barcelona (1995) o más recientemente la tristemente criticada Alianza de Civilizaciones. Todas estas iniciativas tienen en común un deseo de influir en la estructura de la Sociedad Internacional creando instituciones, estableciendo costumbres o elaborando normas que tratan de marcar el devenir internacional. La iniciativa de crear un Tribunal contra el Terrorismo internacional es otro ejemplo de esta diplomacia estructural que busca influir en las relaciones entre los actores internacionales
  • Vocación Multilateral: Con algún periodo corto como excepción, España ha mostrado siempre su compromiso con el multilateralismo ya sea a nivel regional –con la UE o la OTAN- o en el marco de las Naciones Unidas. De hecho, en las últimas tres décadas España ha ocupado en cuatro ocasiones el sillón de miembro no permanente del Consejo de Seguridad, lo que demuestra confianza en la organización así como voluntad de contribuir a la paz mundial a través de la cooperación internacional. 

A esto hay que sumarle la elección de la presidencia del C. de Seguridad para lanzar la iniciativa del tribunal muestra del grado de confianza de España en la ONU para acabar con el terrorismo. Sin embargo no es algo nuevo ya que, a comienzos de este siglo un diplomático español, Javier Rupérez, fue el encargado de presidir el Comité de lucha contra el Terrorismo del Consejo de Seguridad.

  • Compromiso con la Legalidad Internacional: Con la excepción de la intervención en Irak, España ha mostrado un respeto escrupuloso por la legalidad internacional. De hecho, en los últimos años España ha sido celosa a la hora de embarcarse en intervenciones que no contaban con el respaldo del C.Seguridad. Es por esta razón por la que España, junto con Rumania  ha propuesto la creación de un tribunal de jurisdicción internacional para acabar con el problema del terrorismo internacional.

La iniciativa de crear un tribunal para los delitos de terrorismo internacional cumple con las

cuatro características de la política exterior de España. En primer lugar muestra la visión normativa de nuestra política exterior ya que se centra en lo que debe ser y no en lo que es. En segundo lugar, es un ejemplo de diplomacia estructural puesto que pretende crear instituciones internacionales que influyan en la Sociedad Internacional. En tercer lugar, es una muestra de una decidida vocación multilateral ya que el marco en el que se presenta y en el que se desarrollaría: el de las Naciones Unidas. En cuarto y último lugar debemos hablar de compromiso con la legalidad internacional ya que se busca acabar con el problema del terrorismo internacional a través de un instrumento jurídico que se apoyaría en las resoluciones previas como son la 1267 y 1373. 


En todo caso, a pesar de valentía de la iniciativa, existen una serie de problemas y de limitaciones derivadas de la naturaleza misma del Derecho Internacional con las que España tendrá que lidiar para que este nuevo proyecto tenga éxito.

Deja un comentario