RETOS PARA EL NUEVO GOBIERNO DE MYANMAR, Por Javier Gil

Las pasadas elecciones legislativas celebradas el 8 de noviembre en Myanmar han puesto de manifiesto los deseos de cambio profundo por parte de la sociedad.

De acuerdo a los datos facilitados por la comisión electoral, el partido liderado por Aung San Suu Kyi ha conseguido la mayoría absoluta en las dos cámaras representativas del país. Esta victoria, que ha sido celebrada a nivel internacional como una victoria de la libertad y la democracia, presenta algunas sombras importantes.

En primer lugar, a pesar de la victoria, Aung San Suu Kyi no podrá ser presidenta del país debido a que la constitución del país prohíbe a toda aquella persona con hijos con pasaporte no de Myanmar a ser presidente del país. Un segundo dato importante a resaltar sobre estas elecciones es que, de acuerdo a la constitución de Myanmar, los militares estarán representados en ambas cámaras con un 25% del total de escaños, lo cual les convierte en elementos esenciales para la futura estabilidad del país y, en consecuencia, su actuación política determinará el carácter real o no de la apertura política del país. 

Junto al gran tema del cambio estructural en el país que supone la celebración de

comicios libres, es necesario apuntar que una de las claves sobre el futuro de la democracia en Myanmar es el respeto a los resultados. Al día de hoy, parece muy lejana la posibilidad de que esos resultados no se respeten y se produzca de nuevo una involución política, similar a lo acontecido en 1990 cuando el partido de Aung San Suu Kyi ganó las elecciones pero la junta militar revocó dicho resultado y mandó a arresto domiciliario a Aung San Suu Kyi poniendo punto y final al desarrollo democrático del país.


Además de la variable democrática, Myanmar tiene ante sí otros tres grandes retos de carácter político, económico y de seguridad.

En el ámbito económico, Myanmar presenta unos paupérrimos datos económicos. A pesar de tener grandes recursos naturales como petróleo, gas piedras preciosas o madera tropical, es un país sumido en la pobreza. Junto a su débil situación económica, presenta uno de los mayores índices de corrupción del mundo, factor decisivo a la hora de atraer inversión extranjera que ayude a explotar sus ingentes recursos naturales.


En el ámbito de la seguridad, Myanmar vive desde su nacimiento como país independiente, un grave conflicto interno entre el estado central y diversos grupos étnicos del país. En muchos de los casos, existen débiles alto el fuego que ha permitido unos menores índices de violencia pero que siguen demostrando que Myanmar necesita buscar una nueva identidad que logre unir a todos los grupos étnicos del país bajo un mismo objetivo. Este es uno de los grandes dilemas políticos que enfrenta a Myanmar. En esa área, el nuevo gobierno tendrá que emplearse a fondo, si bien la no inclusión de musulmanes en sus listas, supone un mal presagio, al menos en lo relativo a la población rohingya del país.

Finalmente, Myanmar debe reposicionarse dentro del ascenso pausado pero claramente

positivo del Sureste Asiático como una región cada vez más importante geopolíticamente. Su posición geoestratégica es clave, tiene fronteras con los dos gigantes asiáticos emergentes, China e India, y su gran vecino al sur y este es Tailandia, país con el que mantiene importantes vínculos y país que acoge buena parte de la población que se ha visto obligada a abandonar Myanmar debido a la crónica y pésima situación política, económica y de seguridad.


Myanmar tiene ante sí la posibilidad de dejar atrás un largo ciclo de violencia política, debilidad económica y falta de derechos políticos. El tiempo marcará su devenir futuro.

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