BRASIL Y ALEMANIA COMO SOCIOS EN LA COOPERACIÓN AL DESARROLLO, por Cristina Marzal

Cristina Marzal es alumna de 5º Curso del Doble Grado en Relaciones Internacionales – Traducción e Interpretación. Ha hecho una estancia de investigación en Brasil como analista en prácticas del CAP. ( Centro de Análisis y Prospectiva de la Guardia Civil)
Desde sus inicios tras el nacimiento de la RFA en los años 50, la cooperación alemana al desarrollo ha ido desarrollándose y cobrando un peso cada vez mayor en su acción exterior. Hoy, Alemania es el tercer país en aportaciones de AOD, tras EEUU y Gran Bretaña, y desarrolla proyectos de cooperación social, técnica y financiera a nivel mundial. 

Como es lógico, este desarrollo no ha sido impulsado por mero altruismo, sino que también obedece a intereses nacionales clave en materia de geopolítica. Conforme ha ido cambiando el panorama geopolítico mundial, la cooperación alemana ha ido adaptándose y evolucionando. Uno de los últimos acontecimientos determinantes ha sido la aparición en escena de los BRICS, y la estrategia alemana para gestionar este acontecimiento se ha apoyado, entre otras cosas, en proyectos de cooperación al desarrollo. 

La evolución de esta estrategia, como era de esperar, debía centrarse en las relaciones con potencias regionales como Brasil, país que se ha convertido en uno de sus principales socios en proyectos de cooperación triangular. Las relaciones culturales preestablecidas por la existencia de una gran comunidad de origen alemán en Brasil y su fructífera relación comercial previa a las grandes guerras favorecieron el entendimiento entre ambas potencias en materia de cooperación, tramitado mediante reuniones bianuales entre los gobiernos de ambos países gracias a unas relaciones reforzadas desde la firma del Acuerdo Nuclear de 1975. 

Así, el paso a la cooperación de Alemania y Brasil en calidad de socios pudo servirse de las estructuras establecidas para la cooperación técnica de Alemania hacia Brasil anteriormente. La cooperación bilateral hacia Brasil, hoy reducida a proyectos de cooperación técnica y medioambiental, se llevaba a cabo a través de la ABC (Agência Brasileira de Cooperação), su homóloga alemana (GIZ, Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit) y los respectivos ministerios de los que dependen. En el caso de Brasil, la financiación y los objetivos de la ABC dependen de los Ministerios de Exteriores (para la cooperación técnica) y de Planificación, Presupuesto y Gestión (para la cooperación financiera). En cuanto a Alemania, la GIZ depende de los Ministerios de Cooperación y Desarrollo Económico y de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza y Seguridad Nuclear. 

Brasil pasa de ser receptor de AOD a donante tras su meteórico crecimiento económico en la primera década del siglo XXI, que le llevó a lo que Raúl Prebisch conoce como “semi periferia”. Durante los mandatos de Lula da Silva, el país adoptó una estrategia de “ofensiva diplomática” destinada a incrementar su influencia internacional, en especial en Latinoamérica y África, con el fin de obtener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad y reforzar su actividad económica internacional. Dicha estrategia incluía un aumento drástico de la cooperación brasileña al desarrollo, en especial cooperación multilateral y cooperación sur-sur. 

Su carácter de país emergente, así como de potencia regional en Sudamérica, convirtieron a Brasil en un socio interesante para proyectos de cooperación triangular con países desarrollados. En la actualidad, Brasil es receptor (aunque de forma cada vez menor) de AOD y desarrolla al mismo tiempo proyectos de cooperación triangular junto con agencias de países cooperantes como EEUU (USAID), España (AECID), Gran Bretaña (DFID), Francia, Japón (JICA) y Alemania (GIZ) en calidad de cooperante. 

Además de para los países receptores de la ayuda, la cooperación triangular ofrece beneficios para los dos socios cooperantes implicados. Para Alemania, la colaboración técnica y financiera con Brasil asegura un socio determinante para su influencia en Latinoamérica, tanto en el ámbito político como en el económico. Los proyectos de cooperación triangular entre estos dos países se realizan con frecuencia en colaboración con empresas alemanas, lo cual fomenta la ya tradicional presencia alemana en el sector de alta tecnología en Latinoamérica y pretende mantener su liderazgo en la expansión de este sector en la región. Sin embargo, hoy Alemania se enfrenta al desafío de mantener este puesto frente al avance de China como socio de Brasil en proyectos tecnológicos y dedicados a grandes infraestructuras. 

Por su parte, Brasil se beneficia de la experiencia alemana en proyectos de cooperación como guía para su propia consolidación como cooperante. Además, los recortes recientes en el presupuesto de la ABC como consecuencia del empeoramiento de crecimiento económico en Brasil han hecho que resulte más imperativo contar con otro socio cooperante de cara a repartir los gastos entre más agentes y poder mantener más proyectos activos. 

Esta situación pone sobre la mesa una serie de ventajas barajadas por Alemania, Brasil y China en lo referente a la asociación en proyectos de cooperación cuyo equilibrio dependerá de factores como el grado de interés estratégico alemán en Latinoamérica, el aumento de la influencia china en la región y por supuesto la situación económica y política dentro de cada país. China cuenta con la ventaja de pertenecer a los BRICS y poder adecuar su discurso al que propone Brasil, que apuesta por una relación de socios, horizontal y sin condicionalidad para los proyectos de cooperación frente a la tradicional relación donante-receptor. Por su parte, Alemania posee una fuerte relación con Brasil, y las primeras declaraciones del nuevo Ministro de Exteriores brasileño denotan un mayor interés por estrechar lazos con la UE que podría ser beneficioso para el mantenimiento de su influencia en la zona. 

En lo referente a Brasil, conforme avance el segundo mandato de Dilma Rousseff se definirán aspectos como la coyuntura económica del país y su posible reorientación hacia una mayor atracción de inversiones, determinantes de cara a la evolución de sus decisiones en materia de cooperación internacional al desarrollo.

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