LAS CONSECUENCIAS REGIONALES DEL ACUERDO NUCLEAR CON IRÁN, por Alberto Priego (@AlbertoPriego)

Después de varias semanas de negociación, Irán y el P5+1 han alcanzado un acuerdo. El acuerdo viene marcado por el deseo de Obama de reestructurar su posición en Oriente Medio. La Administración Obama ha supuesto un verdadero cambio en la política exterior de los EEUU y, por supuesto, Oriente Medio no ha sido una excepción. Como si de una hoja de ruta se tratará Washington va cumpliendo las cuatro prioridades que fijó el enviado especial para Oriente Medio Mitchell: la Paz entre israelíes y palestinos, mejorar la imagen de EEUU en la región, la retirada de Irak y la que resulta más compleja, la normalización de las relaciones con Irán.
 

Aunque pueda parecer que las conversaciones de Ginebra son un asunto que se ha gestado hace semanas, su germen se remonta varios años atrás, concretamente a 2009 cuando Obama envió el mensaje de felicitación del Novruz al pueblo iraní. Es en esta línea donde debemos encuadrar los posteriores intercambios de cartas entre Obama y Rouhani en la sede de la ONU y sobre todo los encuentros secretos entre Kerry y Zarif en Omán que si todo va por el camino marcado, nos permitirá afirmar, a más tardar en verano, que se ha cerrado la crisis nuclear que se abrió en 2002 con el descubrimiento de las instalaciones de Arak y Natanz.
 

Si bien es cierto que la mayor parte de la Sociedad Internacional considera que el acuerdo con Irán será positivo, no es menos cierto que algunos Estados han expresado, de una manera u otra, su preocupación. Cabe hacerse al menos tres preguntas: por qué, quién y a qué.

  • ¿Por qué preocupa la negociación? Podemos hablar de dos grandes temores que se han desatado con las reuniones del P5+1 y el reciente acuerdo. En primer lugar están las suspicacias que genera el enriquecimiento de uranio (U235) y su posible aplicación militar a través de los misiles que está desarrollando Irán. Si bien esta preocupación ya estaba en la agenda internacional, estamos hablando de un problema que aparecería más en largo plazo y por lo tanto de una importancia menor con respecto del segundo temor. Esta segunda inquietud tendría más que ver con la capacidad de proyección internacional que adquiriría Teherán si se todas levantaran las sanciones internacionales tras un hipotético acuerdo nuclear. Un Irán con capacidad financiera podría apoyar de forma más fehaciente a grupos como Hebollah o a regímenes como Siria o Venezuela. 
  • ¿Quién teme a un acuerdo con Irán? Esencialmente podemos hablar de tres grandes grupos de actores que temen un resurgir de Irán. En primer lugar, estaría Israel que ha tratado de combatir, a través de diferentes vías, un resurgir de Irán como hegemón regional que podría incluso tener capacidad nuclear. Sin negar la amenaza que puede suponer esta opción, no es menos cierto que algunos partidos israelíes han usado a Irán como enemigo exterior y por tanto como una herramienta para tapar los errores propios. En segundo lugar, están los Estados del Golfo Pérsico, especialmente aquellos donde hay minorías chiítas, esencialmente Arabia Saudí, Bahrein, Kuwait y en menor medida Omán y desde luego Qatar. El temor a un Irán con una influencia regional grande es tal, que los miembros el Consejo de Cooperación de Estados el Golfo el pasado diciembre dejaron a un lado sus diferencias y acordaron crear una fuerza naval y una policía fronteriza común con sede en Bahrein. Resulta curiosa la ubicación ya que es el Estado con mayor población chiítas. Tampoco podemos olvidar la cuestión de Yemén donde el pulso entre chistas y sunitas es una realidad. En tercer lugar, estaría el propio Estado Islámico quien vería limitadas enormemente sus posibilidades de éxito si Irán pudiera apoyar sin restricciones económicas y políticas a sus aliados regionales: el gobierno de Al Assad en Siria y el gobierno chiíta de Irak. Los primeros resultados de ese apoyo los estamos ya viendo en la ofensiva el gobierno de Irak en Tikrit, ya que gracias al apoyo de los “asesores iraníes”, las fuerzas del Estado Islámico por primera vez se han visto obligadas a retroceder. 
  • ¿Qué temen del resurgir de Irán? Aunque ya lo hemos anticipado, esencialmente se teme a un Irán que ejerza como líder regional reestructurando así el equilibrio de poder en Oriente Medio. Este temor no es infundado ya que el único freno que tenía Teherán era la oposición de Estados Unidos y tras la ruptura de otros consensos como la retirada de Irak o el actual apoyo de Washington a Al Assad, esta opción cobra más fuerza que nunca.
En este sentido actores como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos o Egipto ya han comenzado a pensar en una re-configuración regional de Oriente Medio teniendo en cuenta que Irán contará en un futuro cercano con una mayor capacidad de influir. En ese hipotético escenario las opciones son variadas aunque todos los Estados se están replanteando la política energética, la nuclear y sobre todo sus alianzas. Al mismo tiempo, actores externos a la región como Rusia también se verán obligados a adaptarse a los cambios que implicaría una normalización de las relaciones de EEUU con Irán. Por de pronto, las negociaciones entre Teherán y Washington han provocado un acercamiento entre El Cairo y Moscú que se cristaliza, entre otras muchas cosas, en la asistencia rusa en la construcción de una central nuclear en Egipto.

Así pues, el posible acuerdo con Irán no debe ser visto como un acuerdo meramente nuclear, sino como algo que supondría por un lado la consecución de uno de los objetivos de más ambiciosos de la estrategia americana en Oriente Medio, y por el otro, como una re-configuración del sistema regional de Oriente Medio que irremediablemente contará con más polos y por lo tanto será más inestable. Ante un cambio de tal calado no es extraño que surjan provocadores que traten de mantener una situación de status quo que se inició en 1979 con el triunfo de la Revolución Islámica en Irán y que se extiende hasta hoy.

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