LA INCURSIÓN CHINA EN CENTROAMÉRICA: EL GRAN CANAL INTEROCEÁNICO, por Heike Pintor-Pirzkall

Al Canal de Panamá le ha salido un competidor. En el mes de diciembre se inician las obras de un macro-proyecto que costará 40.000 millones de dólares y que unirá el océano Pacífico y el Atlántico, conectando el Lago Nicaragua con el mar. El gobierno nicaragüense y la empresa china HKND Group firmaron el 14 de junio de 2013 un acuerdo marco para la construcción del proyecto Gran Canal Interoceánico, que contempla su concesión y explotación por 50 años, prorrogables por otros 50 años más. La ruta propuesta y aprobada es tres veces más larga que la del actual Canal de Panamá, unos 278 metros. Se espera que el canal nicaragüense esté parcialmente construido y parcialmente operativo para 2019, año en el que tendría capacidad para captar 416 millones de toneladas métricas, una cantidad inmensa que representaría casi un 4% de la carga marítima mundial. La zona de construcción del canal quiere ser declarada de “utilidad pública”. El proyecto del canal interoceánico de Nicaragua pretende ser una alternativa al de Panamá, al permitir el paso de buques más grandes y al ofrecer una vía más ancha que el Canal de Panamá un vez ampliado. Además se construirá una vía ferroviaria, oleoductos, dos puertos de aguas profundas, zonas francas y dos aeropuertos, tanto en del lado del Caribe como en el Pacífico. 


Según el gobierno nicaragüense la construcción del Gran Canal de Nicaragua aportará grandes beneficios a este humilde país centroamericano pero la oposición no opina lo mismo. La Bancada Alianza Partido Liberal Independiente (BAPLI) ha presentado ante la Asamblea Nacional una iniciativa de ley que tiene como objeto derogar el proyecto. Para que el proyecto de ley sea aprobado, necesitaría el voto de la mayoría del plenario de la Asamblea Nacional, votos que no tiene la oposición ya que el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) cuenta con mayoría absoluta en el Congreso. Las razones de la oposición son muchas: pérdida de la soberanía del pueblo nicaragüense de una parte de su territorio, desaparición de habitats naturales, contaminación de acuíferos, más de 120 especies protegidas en peligro y el desplazamiento y realojamiento de miles de personas. Además el BAPLI tiene sus dudas sobre la viabilidad del proyecto por la falta de experiencia de la empresa contratada en proyectos de esta magnitud y los costes de mantenimiento en el futuro. Aunque esté previsto que el comercio en el Pacífico aumente, no está claro sí será suficiente para que ambos canales sean rentables. El mayor beneficiario será en todo caso China. Además de beneficios económicos claros, conseguirá un posicionamiento geoestratégico frente a Estados Unidos, se crearán nuevas rutas transoceánicas, se consolidará como inversor principal en la región, y tendrá fácil acceso a recursos naturales y petrolíferos especialmente en Venezuela y países de la costa pacífica como Perú o Ecuador que potenciará aún más su crecimiento económico.



¿Y al final que le quedará a Nicaragua? Según Paul Oquist, Secretario Ejecutivo de la Comisión del Proyecto de Desarrollo del Canal de Nicaragua, el efecto multiplicador del canal en la economía nicaragüense acelerará la economía nacional, duplicará los ingresos gubernamentales, cortará a la mitad la pobreza extrema y alejará al 25 por ciento de la población del sector informal. Esperemos que aunque sólo sea parcialmente, las expectativas se cumplan.

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